Una muerte anunciada

Publicado en El Nuevo Herald 5-6-2015

Silver Spring, Maryland – La primavera irrumpe en las afueras de la capital estadounidense. El verde de los árboles, los cerezos en flor, y la belleza de los retoños en los jardines ofrecen un espectáculo singular. Sin embargo, en vísperas de mi llegada al aeropuerto de Baltimore, la violencia se había apoderado de las calles de esa ciudad.

Las manifestaciones comenzaron a raíz de la lesión que sufriera en la espina dorsal el afroamericano Freddie Gray mientras se encontraba bajo custodia de la policía. Su muerte el 19 de abril fue el detonante.

No era difícil predecir que Baltimore estallaría tarde o temprano. Las diferencias socioeconómicas y raciales se han agravado en las últimas décadas. Freddie Gray estaba condenado desde la cuna a una vida trágica. Su madre habitaba una vivienda en un barrio pobre, donde el uso de pinturas con plomo envenenó la sangre del bebé y su hermana gemela. Miles de niños en la ciudad padecen del mismo mal, que perjudica el desarrollo mental y puede provocar conductas violentas. Muchos reciben una compensación económica mensual, pero ninguna otra ayuda para escapar del círculo de pobreza y delincuencia en que están atrapados.

En los barrios negros no hay oportunidades de trabajo. La tasa de desempleo es cinco veces mayor que en otras zonas. La desconfianza entre los policías y la población es mutua.

No les falta razón a los afroamericanos. Hay cifras reveladoras. Del 2011 al 2014 la policía ha pagado $6 millones a personas que entablaron demandas por brutalidad policiaca. Otros $45 millones se pagaron a personas que sufrieron danos físicos. Dos de ellos quedaron paralíticos por los famosos “paseos violentos” que los policías ofrecen a sus detenidos en camiones revestidos de acero.

Naturalmente que todos los policías no son iguales, y nada justifica quemar tiendas y automóviles, ni el vandalismo observado en las calles de Baltimore. Por muy cargada de razones que esté la población afroamericana, ese comportamiento debilita sus demandas de justicia.

La fiscal de Baltimore, Marilyn J. Mosby, ha presentado cargos contra los seis policías involucrados en la muerte de Freddie Gray. Los ánimos se han ido aplacando, pero no todos están de acuerdo con la actuación rápida y firme de la joven abogada afroamericana. Aunque en apariencia haya calma, cualquier incidente puede hacer que estalle de nuevo la violencia.

Baltimore es un microcosmo de lo que sucede en muchas ciudades de Estados Unidos. La elección y reelección de un afroamericano como presidente ha revivido el racismo latente en la sociedad. Los departamentos de policía han recibido sobrantes de guerras como armamentos y se han convertido en pequeños ejércitos que ven a los ciudadanos como enemigos y no como personas que deben proteger. Los recortes en recursos para la educación y para ayudar a los menos favorecidos producen efectos negativos. No hay mecanismos que puedan nivelar a la sociedad para que exista igualdad de oportunidades.

El problema es serio. Ojalá la muerte trágica y predecible de tantos Freddie Gray despierte conciencias y surja un debate inteligente en el que se perfilen soluciones a nivel nacional. Es urgente invertir en las ciudades de Estados Unidos y detener la brecha cada vez mayor entre los have y los have nots. De lo contrario, tendremos un verano largo y caliente.

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Crítica teatral sobre la puesta en escena de “Memoria del silencio” en Caracas

http://www.ideasdebabel.com/home/memoria-del-silencio-reencuentro-y-perdon-por-yoyiana-ahumada/

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Günter Grass; ¿la conciencia herida?

Publicado en El Nuevo Herald 4-21-2015

Günter Grass

Günter Grass

Acaba de fallecer el premio Nobel alemán Günter Grass a los 87 años en la ciudad de Lübeck, donde vivía. Pocos escritores de la segunda mitad del siglo 20 han sido más versátiles, prolíficos y polémicos.

Alcanzó gran fama con su primera novela “El tambor de hojalata” publicada en 1959. En la Alemania de la posguerra, esta historia de un niño-hombre fue como un espejo que reflejaba los horrores del nazismo y el conflicto bélico. El éxito estuvo acompañado de acusaciones de pornógrafo y blasfemo. Llevada al cine en 1978, ganó el Oscar a la mejor película extranjera.

"El tambor de hojalata" lo lanzó a la fama en 1959

“El tambor de hojalata” lo lanzó a la fama en 1959

Además de una extensa obra literaria que abarcó todos los géneros, y que le hizo merecer el Premio Nobel y el Príncipe de Asturias en 1999, Grass diseñaba las portadas de sus libros, dibujaba, pintaba acuarelas, hacía grabados, esculpía. Le gustaba cocinar y bailar, y ambas cosas las hacía bien. Fue, además, un activista político. Estuvo muy cerca de Willy Brandt y otros miembros de la socialdemocracia alemana, aunque en los últimos años se distanció de ellos.

La revelación en su memoria “Pelando la cebolla” (2006) de que había pertenecido en su juventud a las Waffren-SS, unidades militares del cuerpo élite del partido Nazi, particularmente activo en la realización del Holocausto, ocasionó un verdadero escándalo. Tenía 17 años entonces, se sabía que era obligatorio alistarse en el ejército Nazi, y juró que no disparó ni un tiro. Pero no todos lo eximieron de culpa. Muchos consideraron hipócrita al escritor de izquierdas, feroz antifascista y conciencia moral de Alemania en las últimas décadas. Incluso Lech Walesa pidió que devolviera su condecoración como hijo ilustre de Gdansk, donde nació.

Grass explicó que antes no hubiera sabido cómo decirlo, y que fue en gran medida su sentimiento de culpa lo que lo llevó a la creación de su obra y a sus posturas críticas de los males de la sociedad. Lo cierto es que hasta su última entrevista mostró su preocupación por temas de actualidad, como el calentamiento global y la violencia entre los pueblos, que consideraba una tercera guerra mundial.

Testigo incómodo de tiempos nefastos, precisamente fueron sus vivencias y las heridas profundas que dejaron en su conciencia, la fuente principal de una obra en que se combinan la denuncia del mal con la belleza de metáforas complejas y el gusto insaciable por la vida.

La muerte de una figura de la categoría de Günter Grass nos lleva a meditar sobre el papel del intelectual en el mundo contemporáneo. Los que creemos firmemente en la libertad individual, aceptamos que un escritor pueda vivir dedicado solamente a la creación de una obra artística ajena al mundo que lo rodea. La belleza se justifica por sí misma, y el arte no necesita obligatoriamente que estar comprometido con ninguna causa, ni siquiera la más noble.

Pero todo escritor es, como dijera Antonio Machado, “voz esencial en su tiempo”. La de Günter Grass lo fue, quizás más poderosa precisamente por la experiencia de su juventud. Se entienden casos como el suyo en que un adolescente no pueda resistirse a las fuerzas de un régimen totalitario. Rara vez es posible justificar la complicidad de intelectuales en plena madurez. La intelligentsia tiene una doble responsabilidad a la hora de tomar parte en actividades represivas. Tarde o temprano, la historia siempre pasa la cuenta.

Este artículo también puede leerse en http://www.elnuevoherald.com/opinion-es/article19095603.html

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La casa de Mama Luya

Cuaderno de Viaje III

La Habana. 13 de febrero de 2015. Después de la inesperada visita al interior a la casa de mi infancia en la Calle de la Copa, mi amiga Marta me llevó, como ha hecho otras veces, al antiguo hogar de mi tía Sara y mi abuela materna, Mama Lila. Ahora me acompaña, Jeffrey Barnett, para quien se trata principalmente de uno de los escenarios importantes de mi novela “Memoria del silencio”, a la que le dedicó cinco veranos a traducirla y que hemos venido a presentar en la Feria del Libro.

En mi primer viaje de regreso a Cuba en 1999, una de las primeros lugares que visitamos mi hermana Lucía y yo fue esta casa en el Reparto La Sierra, llena de tantísimos gratos recuerdos. No sabíamos la dirección exacta pero llegamos perfectamente. Vimos en la acera a una mujer de unos treinta y pocos años, y le preguntamos tímidamente si ahí vivía Estrellita, la chica que con su esposo trabajaba para mi abuela y mi tía en 1961, y que ellas se habían esforzado para que pudieran quedarse en la casa. Lucía y yo nos habíamos ido adolescentes y regresábamos sesentonas. Pero aquella joven mujer que no había nacido entonces ni había visto fotos recientes de nosotras, nos miró una vez y entró a la casa
gritando:

–Papá, Papá, aquí están Lucía y Uvita.

Con Samá. Paula (Estrellita), sus hijas Ana María y Maritza y una de las nietas

Con Samá. Paula (Estrellita), sus hijas Ana María y Maritza y una de las nietas

Desde entonces los Samá han sido mi familia de La Habana. Cada vez que voy me reciben con gran cariño, se las arreglan para tenerme preparado las comiditas más sabrosas, y han buscado algún recuerdo de familia que regalarme. En una ocasión me entregaron el misal de mi abuela. Por nuestra parte, hemos tratado de ayudarlos lo más posible. A través de estos años, he ido conociendo mejor a sus hijas y nietos, y ya todos se han robado mi corazón. Lo más sorprendente es que tantas cosas se mantienen igual. Muchos adornos son los mismos. Muchos muebles permanecen en el mismo lugar. En el primer viaje nuestra emoción fue indescriptible, pero ahora cada visita me produce la cómoda sensación de llegar a mi casa.

Muchos llibros, adornos y muebles permanecen en el mismo lugar despúes de más de cincuenta años

Muchos llibros, adornos y muebles permanecen en el mismo lugar despúes de más de cincuenta años

Como de costumbre, en este viaje me dieron una cálida acogida, que se extiende siempre a quiénes me acompañen. Después de que me “confesaran” sobre todos los miembros de la familia me entregaron cuatro fotos maravillosas de mi abuelo. Estrellita – que en realidad se llama Paula, pero que mi abuela la apodó de esa manera – nos tenía preparadas croquetas, frituras de malangas, plátanos maduros y un flan. No los sirvió en los platos de la vajilla de mi abuela, que sólo usa en ocasiones especiales. Cuando lo comenté que todo lo que comía allí me daba la sensación que me lo había preparado Mama Lila, me contestó;

–Ella fue quien me enseñó a cocinar, yo todavía uso sus recetas…- y me fue describiendo cómo hacer la salsa bechamel, que también hacía mi madre. Naturalmente que conseguir todos estos ingredientes en Cuba tiene un mérito que conmueve.

El flan preparado con la receta de mi abuela y servido en los platos de su vajilla

El flan preparado con la receta de mi abuela y servido en los platos de su vajilla

A Jeffrey – me lo ha dicho después – le fascinó que yo le contara que en esa casa vivió Rómulo Gallegos con su familia cuando salió exiliado de Venezuela tras el golpe de estado, y que a las tertulias que allí celebraba mi tía Sara acudía la flor y nata de la intelectualidad cubana, de Alejo Carpentier a Luis Carbonell, de Raú Roa y Ada Kourí a Bola de Nieve, del caricaturista David a Enrique Labrador Ruiz, y un largo etc.

Con Jeffrey Barnet. Yo estoy sentada donde siempre lo hacía mi abuela y Mama Luya, el personaje de la novela

Con Jeffrey Barnet. Yo estoy sentada donde siempre lo hacía mi abuela y Mama Luya, el personaje de la novela

La casa no es ya sola la de mi abuela y mi tía, ni la de los Samá, sino la de los personajes de mi novela. En esa casa vive y muere Mama Luya, y tras cuarenta años de exilio, a ella regresa Lauri. En el pasaje a continuación, llega con su hermano menor Pedritín y su hermana gemela Menchu a reencontrarse con su madre:

“A veces me parecía que era niña otra vez y que íbamos a casa de mi abuela. De pronto todo me era tan familiar como si nunca me hubiera ido. Cuando llegamos y vi la casita tan despintada sentí un latigazo de dolor y de vergüenza.
La reja del jardincito del frente, las losetas verdinegras que llegaban hasta los tres escalones de entrada, el farolito de la luz, todo estaba idéntico. Nunca antes había sentido una emoción mayor, pero, al mismo tiempo, me encontraba serena.

La Casa del Reparto La Sierra en 1999

La Casa del Reparto La Sierra en 1999


—Déjame entrar sola. Como estoy vestida igual que tú y no ve bien, y como no me espera, me confundirá contigo.
—Entra diciéndole «¿Qué hay, viejita, dormiste bien el mediodía?», y dale un beso.
Seguí las instrucciones de mi hermana.
—Bien… mijita, dormí bien y tuve un sueño muy lindo. Enseguida te lo cuento, pero primero alcánzame un vaso de agua.
Entré derecho a la cocina. Se me llenaron de lágrimas los ojos cuando vi los mismos vasos de aluminio que teníamos cuando me fui, cada uno de un color distinto. Nunca más había pensado en ellos, y ahora recordaba perfectamente que el de Mamá era el verde. Pero no estaba allí. Entonces se me ocurrió abrir el refrigerador y lo encontré dentro.
—Toma, Mamá.
—Gracias, mija.
Me senté en la butaca al lado de mi madre. Tenía unas ganas locas de abrazarla, de echarme en su regazo llorando, pero me contuve.

Butacas donde Mama Luya y Lauri se sientan

Butacas donde Mama Luya y Lauri se sientan

—Bueno, ¿no me vas a contar el sueño?
—No lo recuerdo bien… tú sabes como son los sueños… pero era algo de un hombre que tenía dos hijos, uno que se va por muchos años y el otro se queda…
Me quedé sin respiración. ¿Me habría reconocido?
—¿Y…?
—No… son boberías mías… luego te lo cuento… ven… acércate, que ahí estás a contra luz y casi no te veo…
Me senté en el suelo, a los pies de mi madre, como cuando niña lo hacía a los de mi abuela. Me acarició el pelo.
-Tú sabes que con este problema de la vista, a veces ando bizca…
—¿Sí?
—Fíjate que raro, tú estás aquí conmigo y a mí me parece como si te viera por ahí por un pasillo… ¿No será tu hermana…? ”

Para más información sobre Memoria del Silencio/The Memory of silence ir a http://www.csuchico.edu/cubanabooks/TITLES/memory_of_silence.html

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“Memoria del silencio” sigue recorriendo el mundo

En Caracas, a un año de su estreno, Ago Teatro lleva de nuevo a las tablas con gran éxito

flyer caracas

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Lectura the The Memory of Silence/Memoria del Silencio en Silver Spring, Md. el 6 de mayo

Lucy Pérez is proud to invite you

to the book presentation of the bilingual edition of her sister´s novel

THE MEMORY OF SILENCE/MEMORIA DEL SILENCIO

By Uva de Aragón
(Translated by Jeffrey C. Barnett)

Wednesday, May 6, 2015, 7:00 P.M

Party Room, the Greens Bldg. 2, Leisure World
15107 Interlachen Drive, Silver Spring, Md.

The Memory of Silence/Memoria del silencio explores the lives of twin sisters separated for forty years by the Cuban Revolution.

Readings by Uva, Jeffrey and myself

Light refreshments and book signing to follow readings
R.S. V. P. by May 1st (301) 598-3553

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For information on reading sponsored by el Centro Cultural Cubana de NY y Baruch College on May 8th at 6;15 pp.m., go to

http://www.cubanculturalcenter.org/events/2015/04/the-memory-of-silence/

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El verde en el arcoiris

Publicado en El Nuevo Herald 4-8-2015

Cuando el Gobernador de Indiana Mike Pence, miembro del Partido Republicano y del Tea Party, firmó el pasado 26 de marzo la “Ley de Reforma de la Libertad de Religión” que permitía la discriminación contra personas gays, la reacción nacional no se hizo esperar. Tanta fue la presión que días después Pence tuvo que cambiar su postura, y trabajar apresuradamente con la legislatura para enmendar la ley. Ahora, por primera vez en la historia de Indiana, considerado un estado “rojo” por su mayoría republicana, hay un mandato legal que específicamente protege los derechos de los LGBT, como se conoce a la comunidad de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales.

Como era de esperar, inmediatamente los miembros de este grupo, que tienen un arcoíris como símbolo de su causa, protestaron públicamente. Sus voces, sin embargo, no habrían sido tan efectivas de no haber recibido el respaldo decisivo de importantes personalidades y de grandes corporaciones como Angie´s List, Yelp, Salesforce, Eli Lilly, Starbucks, Apple y otras. Incluso Gen Con, la mayor convención de juegos de mesas, que tiene programada su reunión anual de más de 50,000 personas en la Centro de Convenciones de Indianápolis, amenazó con cancelar el evento. Igualmente, la liga atlética universitaria NCAA, que tendrá esta semana sus cuatro juegos finales en esa ciudad, advirtió que haría lo mismo si no se modificaba la ley. El impacto económico para el Estado hubiera sido devastador.

Protestas en Indianapolis

Protestas en Indianapolis

Esta alianza entre los LGBT y el mundo empresarial no es casualidad. Los primeros han estado forjándola por largo tiempo, conscientes del valor que tendría en algún momento. ¿Cómo fue posible que un grupo minoritario de la sociedad, en general respaldado por los sectores más progresistas del país, consiguiera el amparo de instituciones representativas del capitalismo, normalmente más a fin al Partido Republicano y a ideas conservadoras? Los ejecutivos sin duda hicieron sus cálculos y comprendieron que sería económicamente perjudicial para sus empresas un boicot de sus productos por parte de este ya poderoso y organizado movimiento, que cuenta además con gran apoyo a nivel nacional. No dudo que entre los miembros de estos negocios haya también personas que crean en el respeto a los derechos de las minorías discriminadas, pero me atrevo a pensar que en este caso la razón primordial de su colaboración se basa en poderoso Don Dinero. Lo que importa es el cash.

El mismo razonamiento debió llevar al Gobernador Pence a dar un giro total en su posición. Hubiera podido ignorar a los manifestantes con sus banderas de arcoíris, pero cuando se trata de billetes verdecitos huyendo del estado, las cosas cambian.

El asunto tiene implicaciones muy serias para el Partido Republicano. Cuentan con una base de extremistas religiosos que utilizan sus interpretaciones de la Biblia para oponerse ferozmente a los gays. La libertad de religión permite sus opiniones, pero los valores y leyes de la sociedad estadounidense cada vez tienden más a condenar cualquier conducta discriminatoria. Será interesante ver cómo los Republicanos transitan por este campo minado.

Aunque la economía y la seguridad nacional probablemente sean los asuntos más importantes en la campaña presidencial de 2016, no se puede desestimar el peso de los problemas sociales, como el derecho de los gays. Lo sucedido en Indiana es un indicio de cómo soplan los vientos. El verde del arcoíris hoy luce más resplandeciente que nunca.

Este artículo también puede leerse en http://www.elnuevoherald.com/opinion-es/article17574674.html

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Cuaderno II – Viaje a la semilla

La Habana. 13 de febrero de 2015. Deseo enseñarle a Jeffrey Barnet, que ha traducido Memoria del silencio, los escenarios de mi novela, y después de ver por fuera la casa de mi abuela paterna en la Calle C, nos dirigimos a la Calle 42 (o Calle de la Copa) No. 115, entre 1era y 3era en Miramar, ahora Playa. Esta casa la mandó a construir mi padre y nos mudamos a ella en 1946 cuando yo tenía dos años. De ella salí el 13 de julio de 1959 para el exilio. Fue el reino de mi infancia, de nuestra familia.

Cuando mi hermana Lucía y yo vinimos a Cuba por primera vez en 1999, no nos dejaron entrar. Por muchos años la ocupó la embajada de Yugoslavia, luego Serbia, pero en mi viaje anterior a finales de 2013, que pasé frente a ella casi por casualidad, estaba vacía y abandonada. Me dejó un sabor amargo verla así. La casa no aparece apenas en la novela, pero de todas formas deseaba enseñarle a Jeff donde vivía, así como el barrio donde crecí, que se ha mantenido igual en muchos sentidos, aunque ha cambiado para peor.

Esperaba que sería una visita breve, de pasar frente a la casa, ir en el carro por las dos o tres cuadras donde tanto monté bicicleta, ver el centro comercial, el lugar donde estaba la Casa Fuentes, la quincalla donde compré por vez primera con mi propio dinero unos libritos de Ediciones Pulgar…

Al llegar encontramos gente entrando y saliendo, y otra insignia (que resultó ser la de la Embajada de Ghana).

Cuando llegamos a mi antigua casa, nos encontramos gente entrando y saiendo

Cuando llegamos a mi antigua casa, nos encontramos gente entrando y saiendo

Le pregunté a un señor si trabajaba allí, le expliqué que había vivido en esa casa y le pedí permiso para entrar. Me dijo que sin cámara y solo hasta la puerta, pero se fue a averiguar. Me quedé en el jardincito del frente con Jeff y retrate una pequeña palma que han plantado en el centro.

Han plantado una pequeña palma en el jardín de enfrente

Han plantado una pequeña palma en el jardín de enfrente

Al momento salió una señora de unos 40 y pico, ó 50 años, educada, amable, y me invitó a pasar y a tomar fotos. Me llevó a la cocina que han remodelado y no quise mirarla mucho porque prefería recordarla como era antes. Fuimos por el pasillo hasta el comedor, y allí vi la pequeña escalera de servicio y me dio un pálpito el corazón. ¡Tanto que subí y bajé esas escalones! Esa no había cambiado.

La escalera de servicio fue una de las cosas que me emocionó ver

La escalera de servicio fue una de las cosas que me emocionó ver

El comedor estaba lleno de muebles – se estaban mudando – pero la vitrina donde mi madre exhibía unos bellos platos de porcelana se mantenía exacta. En la sala no había muchos cambios. La terraza estaba cerrada porque hacían reparaciones al igual que en el jardín de atrás.

La biblioteca mantenía intactos los libreros de madera a la medida que mi padre había mandado a hacer. (Aunque no había un solo volumen en ellos.) Una chica trabajaba tras un buró, con una mesa auxiliar con una computadora al lado. Le dije que a lo mejor no quería que le retratara pero deseaba tomar fotos de la biblioteca…se apartó, me dijo que me sentara, que me tomaba una foto en el escritorio…

Los libreros estaban intactos pero sin libros, y faltaba naturalmente e,l oleo de mi madre donde ahora hay un reloj

Los libreros estaban intactos pero sin libros, y faltaba naturalmente e,l oleo de mi madre donde ahora hay un reloj

Salimos de nuevo al foyer de entrada. Pregunté por las matas de anón y la amable cubana que me servía de guía, y que parecía querer mi aprobación de los cambios hechos, me dijo que el embajador las había mandado a quitar para hacer unas plazas de parqueo.

– Qué pena, las sembró mi padre, tres de este lado por cada una de sus hijas, y una de este otro, por mi madre

– ¿Cómo se llamaba su padre?

– Ernesto R. de Aragón, era médico, y murió en esta casa, arriba, en la habitación del fondo, a mano derecha…

Se excusó que no podía dejarme subir porque estaba al llegar el embajador. Empecé a describirle los altos. Sin dejarme terminar, tomó mi cámara y corrió escaleras arriba a tomarme fotos.

Me quedé en el hall de entrada esperándola con Jeff. Le expliqué que, cosa rara en Cuba, la casa a la entrada tenía dos closets de abrigos… retraté la escalera principal. Cuando regresó la señora, que parecía ser una asistente ejecutiva, y me devolvió la cámara, me preguntó si la había encontrado todo bien… Le aseguré que sí y dijo algo sobre que conocía el dolor de los que regresaban y veían sus casas hechas verdaderos desastres.

Nos tomamos unas fotos en la puerta de la casa, le di las gracias, y regresamos al carro de mi amiga Marta Rosa que nos esperaba.

Le conté lo amable que había sido la señora y que me había emocionado ver la casa. Jeff aclaró:

–Tú estabas muy serena, la que estaba a punto de llorar era la señora…

Luego las fotos me han mostrado sus ojos rojos y húmedos.

Comenté a mis amistades que la serenidad, casi frialdad con que recorrí la casa, el hecho que no llorara, era una buena señal: mis viajes a Cuba no eran ya sobre el pasado, sino sobre el futuro. No viajaba en busca de mis raíces, sino con la ilusión de presentar un libro, ofrecer una conferencia, investigar para mi próxima novela.

Posdata: 30 de marzo. Mes y medio después de esa visita, creo que me engañaba, que mi distanciamiento se debió a la sorpresa y a un mecanismo de defensa. Desde entonces he lamentado no pedir ver el patio del costado, con su lavadero…Pero sobretodo, me han regresado mil sonidos e imágenes. Escucho la voz y los tacones de mi madre en la casa. Oigo los disco de los Panchos en el tocadiscos. De pronto Lucía está bailando cha chá chá en la terraza. Gloria se despierta de la siesta en su cunita. La enfermedad y muerte de mi padre, los años de la campaña política de Carlos, la infancia, adolescencia, los amigos, primos, mi abuela, mi tía Sara, mis hermanos mayores, todos entran y salen, hablan, vuelven a la vida en esa casa. A veces me alegra recuperarlos. Otras veces me duele su ausencia. No sé. Es algo muy confuso que no he sentido antes y que nada tiene que ver con desear recuperar esa propiedad, lo cual no me interesa. ¿Quién podría devolverme el reino de una familia? A veces por las madrugadas me pongo a ver las fotos…descubro que el escritorio era el de mi padre… es inconfundible por la madera tallada…allí se sentaba a calificar con un lápiz rojo y azul los exámenes de sus alumnus

Sentada en el antiguo escritorio de mi padre. Antes estaba colocado en forna diagonal y no estaban las cortinas.

Sentada en el antiguo escritorio de mi padre. Antes estaba colocado en forna diagonal y no estaban las cortinas.

De las que tomó arriba la señora no puedo distinguir las habitaciones porque son ahora oficinas, pero hay dos que me han conmovido inmensamente, y responden al pasaje de mi novela a continuación , cuando Lauri, una de las protagonistas, se despide de su abuela. Está basado en la realidad. Fue la última vez que vi a Mama Lila, mi abuela materna.

Mama Luya no quiere venir al aeropuerto. Papá dice que es mejor así, porque no vamos a caber todos en la máquina. Me despido de ella en los altos de la escalera. Aspiro su fragancia a jazmín y siento la suavidad de su cutis contra el mío. En el rellano, alzo la vista y la contemplo. Su cabeza cana y sus ojos gris acero. Sé que en cuanto me vaya se echará a llorar, pero ahora me sostiene la mirada y me sonríe. Le tiro un beso y corro escaleras abajo, temerosa de que si la vuelvo a ver la abrazaré llorando y no habrá quien me separe de ella.

Detrás de la varanda de la escalera estaba parade mi abuela cuando la vi oor última vez

Detrás de la varanda de la escalera estaba parade mi abuela cuando la vi oor última vez

Parada en el rellano de la escalera, mire hacia arriba y ví a mi abuela por última vez. La imagen me acompaña desde entonces.

Parada en el rellano de la escalera, mire hacia arriba y ví a mi abuela por última vez. La imagen me acompaña desde entonces.

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