Nueva era entre Washington y La Habana

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Estados Unidos y Cuba: intereses y riesgos

Publicado en El Nuevo Herald 7-16-2015

Pronto las embajadas de Estados Unidos y Cuba abrirán sus puertas en La Habana y Washington aunque falte un largo trecho para la normalización de relaciones. Cabe preguntarse qué desean y qué arriesgan las partes interesadas.

La administración del Presidente Obama insiste en su interés en presionar a favor del respeto a los derechos humanos en la Isla. Las declaraciones del departamento de Estado ante la detención de 100 opositores y los golpes propinados a Antonio Rodiles lo confirman. No puede descartarse que desee asimismo evitar éxodos como el del Mariel o la crisis de los balseros, e incluso beneficiar intereses económicos de empresas estadounidenses. También los Estados Unidos podrían mejorar sus relaciones con países de América Latina que consideran obsoleta la política de Washington hacia Cuba. Al mismo tiempo, el acercamiento sirve para aislar a Nicolás Maduro. Divide y vencerás. Pero principalmente, las relaciones con Cuba colocan a Estados Unidos en una posición mejor para tener cierta influencia durante un período de transición.

¿Qué arriesga Obama? Oposición de un ala del partido Republicano –en especial los cubanoamericanos y Jeb Bush que mantiene estrechos lazos con los exiliados–, al punto de que se le haga difícil nombrar a un embajador. Y críticas. Ya ha recibido algunas muy fuertes, aunque en definitiva el resultado de su política hacia Cuba lo juzgará la Historia.

Obama y Raul Casstro

¿Qué desea Raúl Castro? Tras la caída de la Unión Soviética, y el deterioro del régimen de Nicolás Maduro, necesita urgentemente rescatar la precaria economía del país. Raúl aspira, quizás aún más que Obama, a que el restablecimiento de la relaciones con Estados Unidos sea uno de sus legados principales. ¿Qué es lo que arriesga? Según Aleksei Valerievich Fenech, miembro del Consejo Asuntos Internacionales de Rusia, una estrecha cooperación con Estados Unidos podría resultar en un cambio de régimen para Cuba. Algunos en las esferas de poder en la Isla concuerdan. Piensan que negociar con los yanquis es vergonzoso. Lo ven como ceder, capitular ante el archienemigo de medio siglo. De ahí, tal vez, el aumento de la represión, de la que Raúl no está exento de responsabilidad y podría detener, pero que lo enfrentaría a los más ortodoxos. Quizás el régimen no sea tan monolítico como parece.

El discurso oficial actual, ambiguo y contradictorio, contra el “igualitarismo”, pone nerviosos a ciertos sectores de la población, sobre todo a los que dependen de la seguridad, por mínima que sea, que les ofrece el sistema. Para otros, las reformas son solo maquillaje, y tanto figuras célebres como cubanos de a pie expresan su desencanto. La mayoría, sin embargo, tiene muchas esperanzas de que las cosas mejoren a corto plazo. Un peligro para el gobierno es no lograr satisfacer esas expectativas. El otro es perder el control de la apertura, como sucedió en la Unión Soviética. Puesto en una balanza, Castro arriesga mucho más que Obama.

¿Qué quiere el exilio cubano? Algunos, impedir a toda costa lo que consideran una traición y una burla a su sufrimiento, y el de sus padres. Otros, por el contrario, le han facilitado el camino a Obama porque llevan años tendiendo puentes. Las últimas oleadas de inmigrantes ansían viajes más fáciles y baratos, y un mejor futuro para los familiares en la Isla.

La mayoría de los cubanas tienen la esperanza de que las relaciones con Estados Unidoss les traiga una vida mejor

La mayoría de los cubanas tienen la esperanza de que las relaciones con Estados Unidoss les traiga una vida mejor

¿A qué aspira el pueblo cubano? A tener más opciones en todo, desde las gastronomía a los estudios universitarios o de oficios técnicos. A ganar un salario decente, tener un carro, un negocito, una casa que no se esté cayendo a pedazos. Poder acceder al internet sin pagar una fortuna. Viajar, no hacer colas. Y poder reunirse en cualquier esquina a hablar en alta voz y sin miedo, no sólo de pelota.

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Cuando me fui de Cuba…

Me fui de Cuba 2 días después de cumplir 15 años, sin fiesta, ni vals, ni apenas regalos

Me fui de Cuba 2 días después de cumplir 15 años, sin fiesta, ni vals, ni apenas regalos

Hoy hace 56 años que me fui de Cuba, el 13 de Julio de 1959, dos días después de cumplir los quince, sin fiesta, ni vals, ni apenas regalos. A menudo he recordado esa mañana, el recorrido por la casa con ojos de adiós, la despedida a la abuela que no vería más, el desgarrón afectivo de separarme de todo cuanto conocía y amaba. He escrito poco, sin embargo, de esa tarde y esa noche. Es decir, de la llegada con mi madre y mi hermana Gloria de siete años a los Estados Unidos.

Hicimos escala en Miami y fui yo quien tuve que hablar con el oficial de inmigración. No hubo mayor problema pero me sorprendió que entendiera mi inglés. Aunque lo había estudiado desde niña, nunca había tenido oportunidad de desenvolverme por mi misma en otro país. A partir de ese momento, como mis padres no sabían el idioma – aunque luego lo aprendieron — , mi función de intérprete, no ya sólo lingüística sino cultural, me hizo sentirme más adulta. Pero eso fue con el paso de los meses. Ahora la preocupación era llegar a Washington y tener noticias de mi padre, que se había quedado escondido en La Habana, con planes de asilarse en le Embajada de Venezuela en cuanto nos fuéramos nosotras.

En el vuelo de Miami a la capital norteamericana nos encontramos a un cubano de pelo canoso pero no muy mayor. Me parece que se llamaba Roberto Ortega. Fue muy amable con nosotras y su compañía nos tranquilizó. En el aeropuerto tomamos un taxi al Hotel Ambassador en la Calle K esquina a 15. Creo recordar que mi hermana Lucía se había hospedado allí hacía poco, durante su luna de miel, y era el único hotel que conocíamos en esa ciudad. No se consultó a nadie porque nos fuimos casi en secreto.

En el Ambassador nos llevaron a una habitación que tenía tres “couchs” forrados de rojo y dijeron que pronto vendrían a hacernos las camas y nos subirían las maletas. Estuvimos sentadas un cuarto de hora sin poder hacer nada. Llamé a la recepción a quejarme. pero pasaron otros diez minutos y nadie venía. Me levanté y miré por la ventana hacia fuera. Era una vista interior pero me quedé allí parada de espaldas a mi madre, conteniendo las lágrimas. Me embargaba un inmenso cansancio y una tristeza profunda, cómo sólo recordaba haber sentido cuando murió mi padre. Y miedo. Miedo a lo desconocido. Y sobre todo, a que mi segundo padre no pudiera salir de Cuba, a que lo apresaran o lo mataran. Estoy segura de que mi madre estaba pensando lo mismo. Gloria se había recostado en la cama sin sábanas y me pareció ridícula la saya con una enorme sayuela abajo que tenía puesta. (Las usaban así las niñas entonces, pero debió estar muy incómoda en un viaje tan largo.) Acababa de tomar una clase de apreciación de arte y le dije a Mami:

–Se parece a una de Las Meninas….

No dio tiempo a que me contestara porque sonó el teléfono. Toda brincamos. Respondí yo, por si era de la carpeta. Pero no, era nuestro compañero de viaje, al que le habíamos dicho a dónde íbamos a parar, que llamaba para saber si estábamos bien. Al unísono las tres le explicamos amontonadas sobre el teléfono que no nos habían subido las maletas ni hecho las camas. Averiguó si había habitación en su hotel y nos hizo una reserva. En cuanto nos llamó con la noticia, bajamos corriendo, cogimos nuestras maletas que estaban aún en el lobby y sin esperar por el portero tomamos un taxi al Hotel Mayflower.

Desde allí, aunque era cerca de la medianoche, mi madre logró comunicar con mi tía Sara y saber que Carlos se había podido asilar. Ya Gloria dormía. Mi madre y yo nos abrazamos. Creo que las dos lloramos, ella por primera vez ese día.

Los tres días que pasamos en el Mayflower, hasta que encontramos un apartamentico amueblado, no dejó de llover. Sentadas en el lobby, una señora americana, muy mayor, o al menos así me lo pareció entonces, nos contó que había bailado una vez con no sé qué Presidente. El resto es una especie de mancha gris en mi memoria.

He recordado muchas veces lo que sentí en esos días, pero con los años he pensado lo duro que habrá sido para mi madre, y también para mi hermana, tan pequeñita. Aunque he regresado a la Isla, los 13 de julio se reabren las heridas de aquel ya lejano pero siempre doloroso día en que nos fuimos de Cuba. Creo que ningún cubano olvida esa fecha. Es el momento en la vida anterior se quiebra en mil pedazos, y sólo se recupera en la memoria.

Ningún cubano olvida la fecha en que se fue de Cuba

Ningún cubano olvida la fecha en que se fue de Cuba

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Vigía y ” Mis rececuerdos de Matanzas”

Un mangnífico número de la Revista Vigía, publicada en Matanzas, Cuba, con Mabel Cuesta como editora invitada. Mi texto “Mis recuerdos de Matanzas” puede leerse en la página 40.

https://www.academia.edu/13703757/Revista_del_Vig%C3%ADa_Matanzas_

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El legado de los presidentes

Artículo publicado en El Nuevo Herald 7-2-2’16

Abraham Lincoln es el president más admirado por los estadounidenses

Abraham Lincoln es el president más admirado por los estadounidenses

Los legados de algunos presidentes de Estados Unidos forman parte del imaginario nacional. Abraham Lincoln, que logró abolir la esclavitud y evitar la secesión de los estados del Sur, y George Washington, “Fundador de la Nación”, son los más ponderados. Les siguen Franklin D. Roosvelt que sacó al País de la Gran Recesión de 1929 y estableció el Seguro Social en 1935.

No a todos los presidentes se les recuerda a menudo, pero cada uno, a su modo, dejó un legado. Repasemos a grandes rasgos la huella más positiva de los más recientes.

Truman puso fin a la Segunda Guerra Mundial, y trajo paz y prosperidad. Dwight D. Eisenhower, el general con cara de buenazo, comenzó el sistema de carreteras interestatales y contribuyó a terminar con la segregación racial en los colegios e instituciones militares.

La modernidad llegó a la Casa Blanca con John F. Kennedy, cuyo carisma en los debates televisados lo favoreció en las urnas. Respaldó, como ningún otro presidente, el Movimiento de los Derechos Civiles. Lyndon B. Johnson, que tomó las riendas del poder ejecutivo tras el asesinato de Kennedy, firmó el histórico “Civil Rights Act”, la ley de Medicare y Medicaid, y nominó al primer juez afroamericano a la Corte Suprema, Marshall Thurgood

El Presidente Lyndon B. Johnson firma el "Civil Rights Act Bill", que trajo grandes cambios sociales sl país

El Presidente Lyndon B. Johnson firma el “Civil Rights Act Bill”, que trajo grandes cambios sociales sl país

A pesar del estigma del Watergate, se reconoce que con su visita a China en 1972, Richard Nixon abrió una nueva era en las relaciones sinoestadounidenses. Aunque no fue una decisión popular entonces, Gerald Ford ayudó a la nación a recuperar la confianza en sus instituciones cuando otorgó el perdón a Nixon por los cargos en su contra.

El respeto a los derechos humanos como fundamento de la política exterior estadounidense se le debe a James “Jimmy” Carter, aunque no ha sido considerado un buen presidente.

Un mandatario recordado por muchos con simpatía, Ronald Reagan, se destacó por haber instado a Mikhail Gorbachev a derribar el muro de Berlín, por contribuir en la derrota del comunismo y en concluir la Guerra Fría. Su sucesor, George Bush, padre, fortaleció el legado de Reagan, al manejar una era de dramáticos cambios geopolíticos con serenidad. En el caso de la Guerra del Golfo también fue prudente. Perdió la reelección por falta de visión en cuanto a la política interna de su país.

La presidencia de Bill Clinton se recuerda positivamente por la prosperidad que gozó el país durante esos años, le eliminación del déficit nacional y cómo preparó al país para la economía global con tratados como el de NAFTA, entre otros logros que hacen su gestión una de las mejores de las últimas décadas.

George W. Bush dejó la Casa Blanca con un porcentaje muy bajo de aprobación, y muchos analistas lo consideran uno de los peores presidentes de nuestra era. Tuvo, sin embargo, algunos logros modestos, como la ampliación de la ley de Medicare para que incluyera el costo de ciertas medicinas.

Cuál será el legado del Presidente Barack Obama? Más allá de haber sido el primer presidente afroamericano, tendrá el de haber salvado al país del peligro de una dramática recesión. Más importante aún, el haber logrado su “Affordable Health Care Act”, que en el futuro será algo tan natural como hoy el Seguro Social y el Medicare. No puede dársele todo el crédito por la histórica decisión de la Corte Suprema de legalizar a nivel nacional los matrimonios gays, pero los dos magistrados que nombró jugaron un papel decisivo. Pasará también a la historia entonando a capella el himno religioso “Amazing Grace” ante miles de personas en Charleston, S.C. durante su panegírico al Rev. Clementa Pinckney y a las otras ocho víctimas de un asesinato motivado por el racismo.

La imagen del Presidente Obama cantando  "Amazing Grace" pasará a la historia

La imagen del Presidente Obama cantando “Amazing Grace” pasará a la historia

De los 44 presidentes que ha tenido los Estados Unidos, los ha habido buenos, regulares, malos, brillantes y mediocres. Algunos han dejado una importante huella; otros son fáciles de olvidar. Una de las virtudes de la democracia estadounidense es que las instituciones son más perdurables que los hombres. Hay que aplaudir.

Los 44 Presidentes de Estados Unidos

Los 44 Presidentes de Estados Unidos

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Padura: Cronista de su tiempo

Publicado en El Nuevo Herald 6-17-2015

Nacido en Cuba en 1955, Leonardo Padura es el cronista de sus tiempos. Su alter ego, el detective Mario Conde, conoce bien la sólida amistad entre antiguos compañeros de aula; los jóvenes que envejecen y engordan atrapados en una silla de ruedas por causa de la Guerra de Angola; las noches de ron barato y música sublime que hace escapar de un chata realidad; las aventurillas eróticas –algunas solo imaginadas– que dejan un sabor amargo; las madres que con imaginación y sacrificio, hacen de la cena de cada noche un milagro culinario. El famoso detective cubano es un nostálgico que se aferra a los recuerdos y al sueño de ser escritor en vez de policía. Lucha en su interior por reconciliarse con los demonios de una generación derrotada.

Padura produce las historias “escuálidas y conmovedoras” que sueña Conde, el escritor frustrado, y nos va mostrando el peso de la desilusión de sus congéneres, que sólo se combate con dosis de alcohol, café y amistad, para espantar la efímera visión, siquiera en lo más íntimo del yo interior, de que las cosas pudieran haber sido distintas.

Por el camino, Padura/Conde nos ha dado un retrato devastador de la sociedad cubana: el machismo corrosivo, el maltrato a los homosexuales, la corrupción de altos miembros del gobierno, la avaricia que lleva a matar y morir, el sexo sin amor, la estoica vida de figuras de la cultura, marginadas por sus ideas u orientación sexual. En las novelas negras de Padura, lo más negro no es el crimen, sino todos los submundos adonde la investigación lleva al detective. Con todo, el autor se acerca a sus personajes con respeto y una compasión que se detiene antes de llegar a esa lástima que linda con el desprecio.

Sus últimas novelas han llevado a Leonardo Padura al plano de la gran literature universal

Sus últimas novelas han llevado a Leonardo Padura al plano de la gran literature universal

Sus tres últimas obras —La novela de mi vida, El hombre que amaba a los perros y Herejes—marcan un giro ascendente en su producción literaria. Por sus distintos planos narrativos, por la investigación histórica que conllevan, por los escenarios y tiempos distantes, se trata de novelas de una complejidad mucho mayor que las anteriores. Lo han colocado en el plano de la gran literatura y contribuido a que haya sido galardonado hace pocos días con el Premio Princesa de Asturias de las Letras 2015, “por la soberbia aventura del diálogo y la libertad”, según palabras de los jueces.

La frase no puede ser más exacta. Su obra es un diálogo del autor/personaje consigo mismo; entre generaciones y clases sociales (que las hay); entre las apariencias y la existencia cotidiana; entre la vida en su esencia más frágil y la muerte sorpresiva. Más allá de su pueblo de Mantilla y de la Isla, Padura ha logrado viajar, literal y metafóricamente a otras tierras, y más difícil aún, a otras eras históricas. Pero sus escapadas en jet o máquina del tiempo son siempre ilusorias. Al final, nos llevan de regreso al mismo lugar. Sus personajes, tan distintos, son siempre el hombre que se repite, enfrentando los límites.

No hay ser humano más libre en Cuba hoy que Leonardo Padura, aunque en ocasiones sufra dificultades, le censuren películas y apenas le dediquen unas líneas en Granma para reseñar el reconocimiento mayor a la literatura cubana desde que Guillermo Cabrera Infante recibiera el Premio Cervantes en 1997.(1) La suya es la libertad que encierran las historias profundamente adoloridas de una generación signada por el desengaño, que acaso encuentre su reivindicación en dejar testimonio, en contar la descarnada crónica de sus tiempos a través de la pluma del escritor.

Padura rodeado de amigos y admiradores. Miami 2014. (Elena y Carmelo Mesa Lago, Silvia Figueroa, Leonardo Padura y Uva de Aragón)

Padura rodeado de amigos y admiradores. Miami 2014. (Elena y Carmelo Mesa Lago, Silvia Figueroa, Leonardo Padura y Uva de Aragón)

Padura, de Madrid a Miami, de Nueva York a Nuevitas, de Barcelona a París, de Los Ángeles a Matanzas, tus lectores y amigos aplaudimos con júbilo. Que llegue hasta Mantilla nuestro abrazo cálido. ¡Bravo!

(1) La frase debería decir “la narrativa cubana” y no la “literatura cubana” porque en Poesía el Premio Reina Sofía fue concedida a Fina Garcia Marrúz en 2012, y el Premio Pablo Neruda de Poesía Iberoamericana a la misma Fina en 2007 y a José Kózer en 2013 y a Reina María Rodríguez en 2014. Se trata de premios tan o más importantes que el concedido a Padura.

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De Mantilla a Madrid a Miami: de fiesta la literatura cubana

Aplausos a Leonardo Padura que acaba de recibir el Premio Princesa de Asturias de las Letras, uno de los mas destacados de la literatura, nunca antes otorgado a un cubano.

De Miami a Mantilla, mi abrazo solidario por ese merecido reconocimiento a la “aventura soberbia del dialogo y la libertad” que es su vida y su obra. Las letras cubanas estan de fiesta.

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