Las obsesiones de Rosa Montero

Publicado en El Nuevo Herald 5-16-2017

Invitada por Miami Dade College y la Feria del Libro, la escritora española Rosa Montero visitó recientemente Miami para impartir un seminario sobre escritura creativa, y presentar La carne, su novela más reciente. Con una docena de novelas publicadas, una larga trayectoria como periodista y entrevistadora, un sinfín de premios y otras actividades que adornan su hoja de vida, Montero es sin lugar a dudas una de las voces más importantes de la literatura contemporánea en la lengua de Cervantes.

Hace más de veinte años tuve la satisfacción de entrevistarla en un café en el Paseo de la Castellana, en Madrid, su ciudad natal. Pero la tarde en que sostuvo un ameno conversatorio con la galardonada escritora cubana Daína Chaviano en el Koubek Center, no hubo oportunidad de acercarme a ella. Sin embargo, con la misma gracia que la ha acompañado desde siempre, y con mayor sabiduría, la novelista tocó el tema que más me interesaba preguntarle.

Se refirió como cada escritor –algo que a la larga todos descubrimos– tenemos siempre ciertos demonios dentro que afloran en todas nuestras obras. Las obsesiones de Rosa Montero son el paso del tiempo y la muerte. Están presentes desde Crónicas del Desamor, su primera novela publicada a los 28 años, hasta la última que acaba de ver la luz.

La muerte, de una forma u otra, es uno de los motivos por que se escribe o se crea cualquier forma de arte. Es el desafío del ser humano frente a su mortalidad, la rebeldía ante el olvido de nuestra existencia, el no conformarse con que algún día nadie nos recordará.

Pero la obsesión de Rosa Montero va más allá. Le aterra la brevedad de la vida, y aunque le teme a la vejez, como César Vallejo, querría vivir para siempre. Más que morirse, resiente que tendrá que dejar la vida que ama y enfrenta con energía, humor y un colocarse justo al margen de las normas establecidas. En ese borde, que no es el de quien está en la cerca para no tomar partido, sino por el contrario, el peligroso puesto desde donde se ve o prevé el precipicio. Su rebeldía ante la muerte ha sido también una protesta contra las injusticias de la vida, tal como lo refleja, en especial, su periodismo.

Soledad Alegría, el personaje principal de La carne, cuyo nombre ya refleja la ironía y el humor que caracterizan la narrativa de Montero, es una mujer de casi sesenta años, que ha disfrutado de muchos amantes y de ningún gran amor. Se pregunta muchas cosas, entre ellas, cuando disfruta de relaciones sexuales con su actual joven amante, si será la última vez. Sin duda, hay un momento en la vida que todos, hombres y mujeres, comenzamos a hacernos preguntas semejantes. ¿Volveré a enamorarme? ¿Tendré la capacidad para hacerlo? ¿Puedo aún atraer al sexo opuesto? ¿Será éste el último viaje a Europa? ¿Moriré sin visitar tal ciudad soñada? ¿Viviré para ver a los nietos casarse, tener hijos? ¿Hasta cuándo podré hacer ciertas cosas, como conducir, cocinar, valerme por mí mismo y hasta escribir, pintar o componer?

No voy a comentar la trama de La carne pero sí decir que en el final alienta la esperanza de que la vida siempre renace dentro de cada uno con nuevas ilusiones, quizás recortadas a la medida de nuestros años.

En su animada charla. Rosa Montero señaló que aunque pocas, hay ciertas ventajas en el paso de los años, como la sabiduría que nos trae, la seguridad en uno mismo, y ese tejido de amistades y seres queridos con los que hemos crecido a través de los años. Aseguró, sin pedantería alguna, que sus últimas tres novelas las escribió con menos desasosiego.

Las obsesiones de Rosa Montero con el tiempo y la muerte nada le han robado, sino por el contrario, han alimentado su goce por la vida y el compromiso con su obra, que gana en profundidad por su angustia existencial. La carne plantea un tema especialmente vigente en momentos en que se suele vivir más años, y todos queremos morirnos con buena salud.

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Desi Arnaz, un precursor

Publicado en El Nuevo Herald 5-3-2017

Hace pocas semanas, el 2 de marzo, se cumplieron cien años del nacimiento en Santiago de Cuba de Desiderio Alberto Arnaz y de Acha III, más conocido como Desi Arnaz. Miembro de una familia acomodada, su padre fue alcalde de Santiago durante el gobierno de Gerardo Machado. Con el triunfo de la Revolución del 33, le confiscaron sus propiedades y lo encarcelaron (fue liberado seis meses después.) Desi llegó a Miami exiliado con su madre en 1933. Tenía 16 años. Terminó la escuela secundaria y tomó clases para mejorar el inglés.

Desi Arnaz siempre soñó con desarrollar una carrera musical

En 1937, logró dar pasos importantes para realizar su sueño de desarrollar una carrera musical. Se unió a la banda de Xavier Cougat además de formar su propio conjunto. Dos años después le dieron un papel en el show de Broadway Too Many Girls. Allí conoció a una pelirroja con talento para la comedia, Lucille Ball. Se fugaron para casarse.

Durante una década Lucille vivía en Hollywood haciendo películas mientras Desi viajaba con su banda, gira tras gira. Los dos querían trabajar como pareja e inventaron el concepto de actuar juntos en una serie de televisión que titularon I Love Lucy. No lograron convencer a Columbia Broadcasting System (CBS) de que podrían tener éxito. Una de las mayores objeciones era el fuerte acento cubano de Arnaz. EL matrimonio quiso mostrarles que estaban equivocados. Comenzaron una gira actuando con gran éxito ante diversas audiencias. Invirtieron sus ahorros –$5,000—en producir un programa piloto, y CBS accedió a darles una oportunidad. Cuando I Love Lucy debutó el 15 de octubre de 1951 se convirtió inmediatamente en uno de los programas más populares del país. Los lunes por las noches las familias en todo los Estados Unidos se reunían alrededor del que probablemente era su primer aparato de televisión (en blanco y negro, naturalmente) para disfrutar de las aventuras de Lucy y Ricky Ricardo, junto con sus vecinos y mejores amigos, Fred y Ethel Mertz, representados por los actores William Frawley y Vivian Vance.

“I Love Lucy” ha sido una de las series de televisión de mayor éxito en la televisión en Estados Unidos

Desi Arnaz fue un pionero de la televisión estadounidense porque insistió que se filmaran los episodios con tres cámaras, frente a una audiencia, y con un tipo de filme que se ha podido preservar y rodar de nuevo en las pantallas durante años, por la cual el show es conocido por varias generaciones. También, se atrevió a romper moldes. La idea de que una mujer embarazada apareciera en la televisión causó gran revuelo, pero el tenaz cubano ganó de nuevo la batalla, e incorporó el embarazo real de Lucy en la trama de la serie, al punto de que filmaron un episodio sobre el nacimiento de Ricky, el bebé de la pareja ficticia, el 19 de enero de 1958 –el mismo día que Lucy dio a luz al segundo hijo del matrimonio–. Fue un programa visto por aproximadamente 44 millones de personas, más de las que sintonizaron la inauguración del Presidente Dwight D. Eisenhower al día siguiente.

Su orquesta “Baalau” y su identidad cubana fueron elementos importantes del éxito de Desi Arnaz

La serie resultó un verdadero éxito y ganó múltiples premios. Desi Arnaz, contrario a las objeciones iniciales de CBS, creó su personaje de Ricky Ricardo exagerando precisamente su cubanidad y los estereotipos latinos. Fumaba tabacos; era machista, celoso, controlador; hablaba con un fuerte acento, le arrebataban la música y los bongós de su banda, se disparaba a hablar en español cuando Lucy le hacía perder la paciencia, pero era trabajador y responsable, y tenía un corazón de oro que a la larga lo llevaban a ceder a los caprichos de su mujer. Mucho antes de la gran oleada de cubanos que vinimos a Estados Unidos a partir de 1959, Desi Arnaz ya había popularizado las características más sobresalientes de nuestra identidad.

Hizo mucho en su vida Desi Arnaz. Sirvió dos años en el ejército. Filmó varias películas, y la compañía de la pareja, Desilu Productions, creó un número de series de televisión que se convirtieron en clásicos de la TV americana como The Untouchables, The Andy Griffith Show, The Dick Van Dyke Show, Mission Impossible y otras.

No todo fueron éxitos. El matrimonio terminó en divorcio después de 20 años, aunque Lucy y Desi siempre se respetaron y nunca hablaron mal el uno del otro. Desi luchó contra su adicción al alcohol especialmente después que murió su segunda esposa en 1985.

En 1982 recibió el primer galardón de Rey del Carnaval de la Calle Ocho. Murió el 2 de diciembre de 1986 a los 69 años.

Como muchos cubanos en décadas posteriores, llegó a Estados Unidos sin otra cosa más que su talento y espíritu emprendedor. No se amedrantó ante la desgracia y siempre mantuvo la esperanza de que esforzándose podría triunfar. Se hizo famoso en el país entero y lo consiguió acentuando los rasgos de su identidad. Merece que lo recordemos en el centenario de su nacimiento.

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Rusia y nuestro mayor peligro

Publicado en El Nuevo Herald 4-18-17

Dados los pronunciamientos aislacionistas de Donald Trump durante la campaña presidencial, el ataque a la base área de Siria, el uso de “la madre de todas las bombas” en Afganistán, sus elogios al presidente chino Xi Jinping y a la OTAN, y sus advertencias belicosas al régimen de Corea del Norte la pasada semana, han sorprendido a muchos.

El bombardeo americano en Afganistán sorprendió a muchos

Algunos atribuyen este giro de 180 grados a que la realidad es otra cuando se ve desde la Oficina Oval de la Casa Blanca. Otros especulan que el Presidente ha comenzado a escuchar a consejeros más realistas. Hay quienes piensan que se trata de una estrategia para distraer la atención ante los fracasos que ha enfrentado en política interna.

El comentario de Sean Spicer, secretario de prensa de la Casa, de que Hitler nunca había utilizado armas químicas contra su pueblo, ha dejado claro que Trump y Spicer merecen una “F” en dos asignaturas importantes: Historia y Ciencias Políticas. No importa que cada presidente tenga una visión y una plataforma distinta a la de sus antecesores. El pasado influye sobre el presente. Y hay ciertas constancias en la esencia misma de los Estados Unidos que permanecen afortunadamente inalterables.

Por ejemplo, hace pocas semanas vimos, quizás más claramente que nunca antes en las últimas décadas, cómo funciona el equilibrio de poderes en Estados Unidos. El Departamento de Justicia frenó el famoso “travel ban” tan cacareado por Trump y del que apenas ya se habla. Por su parte, el Congreso, pese a contar con mayoría republicana, no logró acabar de un plumazo con el Obamacare.

También los acontecimientos recientes han agriado la luna de miel entre el presidente Trump y Vladimir Putin. El líder ruso tiene mucho capital político, estratégico y personal invertido con el gobierno de Siria como para no reaccionar ante las amenazas abiertas de Washington sobre la necesidad de que Bashar al Assad deje el poder.

Las relaciones entre Estados Unidos y Rusia se han deteriorado

Algunos analistas han indicado alarmados que la relación entre Estados Unidos y Rusia ha estado en su momento más tenso desde 1962, cuando la crisis de Octubre en Cuba. Los misiles lanzados por Estados Unidos a la base aérea siria fueron, sin embargo, una respuesta casi simbólica, porque poco tiempo después despegaban de nuevo aviones de las instalaciones atacadas. No creo que la administración actual vaya a insistir en un cambio de gobierno en Siria, por la misma razón que no lo hizo Obama. Después de los resultados de las guerras en Afganistán e Irak, el pueblo estadounidense, y muy en especial los partidarios de Trump, no desean involucrarse en un nuevo conflicto bélico. Sin duda la actuación de Rusia en Siria le ha dado a Putin y a su país un papel relevante en el Medio Oriente, pero también la aventura siria tiene un costo financiero e interno, ya que por lo menos un 20% de la población rusa no aprueba esta política.

El peligro que representa Rusia para Estados Unidos es mucho mayor y sutil que el conflicto en Siria. Los acontecimientos en política internacional han distraído la atención sobre la injerencia de Rusia en las elecciones presidenciales de 2016. Nadie va a darle marcha atrás al calendario y disputarle a estas alturas su victoria a Trump; pero la capacidad tecnológica rusa de influir sobre la opinión pública en Estados Unidos y en el mundo no puede pasarse por alto. Después del ataque estadounidense a la base siria, las fotografías del efecto que tuvieron las armas químicas contra civiles, incluyendo niños, indignaron al mundo. Rusia se dedicó entonces a infiltrar las redes sociales con la historia de que el video era un montaje de Estados Unidos para justificar su acción militar, versión que repitió ante las cámaras Al Assad tan fresco como una lechuga. Lamentablemente, algunos incautos, incluso estadounidenses, lo creen.

Los rusos han circulado en las redes sociales la falsa noticia que los videos de los ataques con armas químicas en Siria son un montaje de Estados Unidos


Si hay un ápice de sinceridad e inteligencia en el presidente Trump y sus consejeros, harían bien en cooperar y llegar al fondo de la verdad sobre del poder de penetración de Putin y sus expertos en tecnología. La influencia que pudieran tener en elecciones en Europa y aquí en Estados Unidos en 2018 y 2020 es temible. Si pensamos además en que todo el mundo moderno –desde la Banca hasta las plantas eléctricas, para dar solo dos ejemplos– funciona a base de computadoras, nuestra vulnerabilidad es de tal magnitud como para aterrar al más valiente. Ojalá también al presidente Trump.

La larga mano rusa puede llegar muy lejos

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Miguel Hernández y la luz

Publicado en El Nuevo Herald 4-5-2017

Miguel Hernández lee sus poemas

El pasado 28 de marzo se cumplieron 75 años de la muerte del poeta español Miguel Hernández en la cárcel de Alicante, condenado a treinta años por el régimen franquista. En uno de sus poemas había escrito, “Cantando espero a la muerte, que hay ruiseñores que cantan encima de los fusiles y en medio de las batallas”. En el mundo en que vivimos, donde la violencia acecha en cada esquina y las guerras tienen mil rostros distintos, sus versos cobran especial relevancia

Miguel Hernández fue pastor de ovejas, autodidacta, lector incansable de los poetas del Siglo de Oro, redactor de un diccionario taurino, dramaturgo, periodista, soldado republicano, comunista, fugitivo, preso político, condenado a muerte, esposo amante, padre, y sobre todo, poeta. Pese a su breve vida de 31 años, dejó una obra considerable, donde se distinguen dos vertientes: la del poeta de la guerra, la denuncia y la esperanza de un futuro mejor para España; y la del ser humano sensible hasta el temblor, hombre enamorado, padre que sufre la muerte de su primer hijo y el hambre del segundo.

En ocasiones ambas temáticas, inevitablemente, se unen, como en la “Canción del esposo soldado”, en que después de asegurarle a su mujer embarazada que la quiere “cercado por las balas/ ansiado por el plomo. Sobre los ataúdes feroces en acecho, sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa”, se atreve a soñar que “para el hijo será la paz que estoy forjando.”

Lloró muchas muertes y siempre sintió cerca la propia, como se transparenta en su “Elegía primera” ante el asesinato del poeta y amigo: “Rodea mi garganta tu agonía/como un hierro de horca/ y pruebo una bebida funeraria./Tú sabes, Federico García Lorca,/ que soy de los que gozan una muerte diaria.”

Le cantó a Rusia, porque a menos de 20 años de la revolución bolchevique el comunismo fue una utopía que engaño a muchos hombres buenos como él: “Los chozas se convierten en casas de granito./El corazón se queda desnudo entre verdades./ Y como una visión real de lo inaudito,/brotan sobre la nada bandadas de ciudades.”

Pero son su tierra y sus compatriotas los que más le duelen y a quienes exalta: “Despierta, toro: esgrime, desencadena, víbrate. /Levanta, toro; truena, toro, abalánzate. Atorbellínate, toro, revuélvete. /Sálvate, denso toro de emoción y de España. /Sálvate.”

La tragedia personal se inmortaliza en poesía. Cuando la esposa le escribe el hijo y ella cuentan solo con pan y cebolla para alimentarse, escribe su inmortal “Nanas de la cebolla”. Al niño “en la cuna del hambre”, le pide “Alondra de mi casa,/ríete mucho. Es tu risa en los ojos/la luz del mundo.”

Dicen que cuando murió, enfermo de tisis, no pudieron cerrarle los ojos a Miguel Hernández. Leyenda o realidad, es una metáfora acertada para un poeta que desde la prisión escribió sobre papel higiénico cuentos infantiles a su hijo. En tiempos oscuros, buscó siempre la luz. En tiempos de guerra, cantó sobre el horror. En tiempos de muerte, lloró hacia dentro, y allí, siempre, encontró el amor, la risa de su hijo, las raíces de su tierra, y la luz, real o imaginada, que llevaba consigo.

Pablo Neruda la sabía y lo expresó así; “No tenía Miguel la luz cenital del Sur como los poetas rectilíneos de Andalucía sino la luz de tierra, de mañana pedregosa, luz espesa de panal despertado. Con esta materia dura como el oro, viva como la sangre, trazó su poesía duradera.” Al poeta chileno le dolía que en su momento España lo haya desterrado a la sombra, y pidió: “¡Darle la luz! ¡Dársela a golpes de recuerdo, a paletadas de claridad que lo revelen, arcángel de una gloria terrestre que cayó en la noche armado con la espada de la luz!”

Los vecinos de Orihuela rinden homenaje a Miguel Hernández con murales en todo el pueblo

Y eso mismo está haciendo España al cumplirse tres cuartos de siglo de la muerte del poeta. Se han descubierto textos inéditos; se han escrito varias biografías y estudios críticos. Se publican nuevas ediciones de sus cuadernos; se inauguran en todo el país exposiciones sobre su producción literaria y su trayectoria vital. Orihuela, donde nació, la ha dedicado el año, que comenzó en enero con paseos teatralizados. Quizás el mayor de los homenajes sea los murales con sus versos, y dibujos sobre su vida que adornan el modesto pueblo de Alicante. Museo al aire libre. “Una paletada de claridad”, como quería Neruda. Y de amor, el de su barrio, y el de la España, para la que escribió, luchó y supo morir.

La luz nunca queda a la sombra para siempre, ni siquiera en la muerte. Los ojos abiertos del poeta lo sabían.

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Conferencia en la University of California, Chico

Uva de Aragón ante una audiencia principalmente de estudiantes en la Universidad de California, Chico

Recientemente fui invitada por la Univeridad de California en Chico a hablar sobre The Memory of Silenc/Memoria del silencio. El evento lo orgnizó la profesora Sara E. Cooper, editora de Cubanabooks y de la edición bilingue de mi novela, con la colaboración de los estudiantes del grupo ELACC y los internos de Cubanaboooks.

Fue muy grato compartir con muchas estudiantes que habían leído la novela y profesores que lo enseñaron. Ninguno era cubano y sin embargo se identificaron con la historia, me hicieron preguntas y comentarios inteligentes y profundos.

Uva de Aragón comparte con los estudiantes

Abajo está el enlace a la charla, en ingles. Luego la audiencia se dividió en grupos para discutir varios temas y me fui acercando a ellos para compartir. También firmé muchos libros y los chicos y chicas me contaron sus propias historias y los aspectos que más le conmovieron del libro. Algunos estaban ansiosos porque sus padres leyeran mi novela, porque pensaba que allí estaba también la historia de su familia.

Fue una experiencia inolvidable.

https://media.csuchico.edu/media/The+Memory+of+SilenceA+Immigrant+Experience+and+Identity/0_doo7oapg

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Cuando un amigo se va…

Publicado en El Nuevo Herald 21 de marzo de 2017

El Dr- Leonel A. de la Cuesta durante la presentación de su libro “Constituciones cubanas. De 1812 hasta nuestros días” FIU, 2007

Recuerdo claramente el día que lo conocí, a mediados de diciembre de 1973, en el Primer Congreso de Literatura Cubana en el Exilio, que tuvo lugar en la iglesia St. John the Divine en Nueva York. Era mi inicio en el mundo cultural y académico del destierro, la primera vez que conocía a personas de mi edad y un poco mayores, que compartían mis inquietudes e intereses.

Entre tantos rostros nuevos, muchos de los cuales luego se convirtieron en los de queridos amigos, se distinguía un joven de poco más de 30 de años, no muy alto, de cara redonda, cabellos rubios, ojos claros, simpatía criolla y una gran medalla en el pecho que ostentaba con orgullo. Luego supe que aquel pintoresco pinareño era el Dr. Leonel Antonio de la Cuesta, y que tenía ya cuatro títulos, Doctor en Derecho (Universidad de Villanueva) y Derecho Diplomático y Consular (Universidad de La Habana), Derecho Internacional y Constitucional (La Sorbonne) y un Ph.D. en Literatura y Lingüística de la Unversidad de Johns Hopkins. El galardón con cinta tricolor que lucía era de la Universidad de París.

No me acuerdo del tema de su ponencia en aquella jornada, pero sí la impresión que me hizo su forma de hablar. No en balde en La Habana había ganado concursos de oratoria.

Desde entonces a la fecha Leonel A de la Cuesta publicó 14 libros, y numerosos artículos en prestigiosas revistas. Desarrolló una carrera docente durante tres décadas. Dos de ellas fueron en Florida International University, donde fundó y dirigió el programa de formación de traductores e intérpretes.

Antes de ser colegas en FIU, nuestra amistad era ya entrañable. En una época me llamaba desde Bowling Green, Ohio, donde enseñaba, a mi casa en Maryland para aliviar la soledad con esas comunicaciones telefónicas, que entonces costaban dinero, pero en realidad no tenían precio.

Ya ambos residiendo en esta ciudad, era invitado fijo a todas las reuniones en mi casa, que animaba recitando con gracia tanto poemas afrocubanos a lo Luis Carbonell (“Los quince de Florita”, “Y tu abuela ¿aonde está?” ) como, en el más castizo acento, páginas del Siglo de Oro. Entremezclaba con los versos nombres de los anfitriones o los invitados con facilidad inusitada.

En mi familia todos lo queríamos, desde mi segundo padre, Carlos Márquez Sterling, a quien Leonel distinguía, y con quien charlaba por horas sobre derecho constitucional, hasta mis hijas, entonces jovencitas, a quienes les divertían sus declamaciones y porte histriónico.

Otras veces nos invitaba a su apartamento en Kendall. Le debo, entre muchas otras cosas, que me presentara en su casa a María Cristina Herrera, aunque en esos momentos pensábamos de formas distintas. Con el tiempo resultó no sólo gran amiga sino una mujer que admiré grandemente. También en las deliciosas tertulias de María Cristina disfruté a menudo compartir con Leonel.

Leonel de la Cuesta era un hombre erudito y sencillo; profundo y ligero; criollo y universal; maestro con curiosidad de alumno; actor de muchas máscaras que llevaba al desnudo el alma limpia, como de niño. Era intérprete no sólo de lenguas sino de la esencia misma de la vida. Amigo fiel, reclamaba de uno para servir causas que creía justas, nunca para sí mismo. Mi “hermano astral”, como él me recordaba siempre, pues compartíamos el signo de Cáncer, era, sobre todas las virtudes que lo adornaban y las carreras que ejerció, un buen cristiano y un excelente Maestro, así, con mayúscula.

Precisamente estaba en FIU cuando me enteré de su muerte el pasado 21 de febrero. Me sentí culpable, pues lo sabía enfermo y no lo había visto ni llamado en los últimos meses. Acudí al velorio a abrazar a su prima, la única familia que tenía. Tras la misa en la Iglesia de la Divina Providencia despidieron el duelo dos de sus alumnos, un joven y una muchacha, ambos con las voces entrecortadas por el llanto. Supe entonces que además de su obra escrita –que merecerá un largo comentario en otros momentos– Leonel A. de la Cuesta había sembrado muchas semillas en sus discípulos. No sólo enseñaba, sino que guiaba, aconsejaba. Dejaba huella. Quien fue su alumno jamás lo olvidará. Cientos de ellos se sienten hoy huérfanos sin su presencia tutelar.

A mí no deja de darme vueltas en la cabeza la famosa sevillana:
.
Cuando un amigo se va
queda un espacio vacío
que no lo puede llenar
la llegada de otro amigo.

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Cuba: Ni Obama ni Trump. la gran preocupacion son las papas

Reportaje en El Nuevo Herald

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