Conversaciones con Nikulas

Publicado en El Nuevo Herald 1-24-2018

Mi nieto menor, de 21 años recién cumplidos, es desordenado, bohemio, culto, inteligente, y muy liberal. Durante la campaña presidencial de 2016 apoyó a Bernie Sanders. Me aseguró que Hillary Clinton no ganaría la presidencia. Por principios, votó por Jill Stein, la candidata del Partido Verde.

Mi nieto menor, Nikulas García

Cuando me visitó recientemente, le comenté mi indignación por los comentarios del Presidente Trump sobre Haití, El Salvador y las naciones de África, a las que según fuentes fidedignas calificó como “países de mierda”. También le dije que dedicaría mi próxima columna al tema, porque era un momento en que afroamericanos e hispanos no podíamos callarnos; que algún día tendríamos que responder si ahora no protestábamos. Continué mis quejas sobre las muchas barbaridades que a menudo dice o escribe por Twitter el primer mandatario. Me pregunté retóricamente si no sufriría de principios de Alzheimer.

–Le das demasiado crédito, Aba –fue la respuesta de mi nieto–. Trump sabe lo que hace y la mayoría cae en su trampa. Distrae. Así todos hablan de lo que dice y no de los hechos.

Nikulas me recordó cómo en fecha reciente el Congreso, incluyendo los Demócratas, habían votado a favor de continuar algunas partes del “Patriot Act” que estaban al expirar. Según Nikulas, aunque creamos que no nos importa que el gobierno escuche nuestras conversaciones telefónicas, ceder nuestro derecho a la privacidad en nombre de posibles amenazas terroristas es una forma más de disminuir las libertades individuales y conceder poderes excesivos al Estado. Me habló de regulaciones que se han eliminado, algunas de ellas perjudiciales para las fincas pequeñas, pese al gran apoyo que ha recibido Trump de los agricultores. Se quejó del daño que hace al país haberse retirado de tratados comerciales, y en especial del Acuerdo de París, sobre el cambio climático. Me aseguró que éramos, con razón, el hazmerreír de Europa.

En cuanto al tema de los “Dreamers” y de la reforma migratoria, Nikulas me señaló que no se habla de la cantidad de personas que deportan todos los días, a menos que fueran casos muy dramáticos, como el de un mexicano en Detroit que expulsaron a pesar de 30 años en EEUU sin siquiera una multa de tráfico, y con una esposa y tres hijos americanos. Me aseguró –algo que comprobé luego– que ha habido menos deportaciones en 2017 que durante el último año de la presidencia de Obama.

Las deportaciones de indocumentados son continuas

–No es por falta de voluntad o presión, Aba. Es que han disminuido los que se atreven a cruzar la frontera, y también los indocumentados con cargos criminales. Ahora arrestan a personas que no son “bad hombres”–. También en esto tiene razón mi nieto, pero al ir a comprobar su información, me consoló enterarme del gran número de abogados que están trabajando pro bono para defender a los detenidos en los tribunales.

Sobre la posible candidatura de Operah Winfrey a la presidencia, Nikulas manifestó sus simpatías por ella, pero opinó que sería lamentable si fuera electa. Con la fascinación de los americanos por las celebridades, en lo adelante podrían ser los famosos, en vez de políticos serios, quienes lleguen a la Casa Blanca. ¿Quién sería la próxima, una de las hermanas Kardashian?

Nikulas sabe que los “millenials”, al graduarse de las universidades, ganan menos que sus padres hace 30 años, pero que sin un título universitario no encontrarían un trabajo bien recompensando ni podrían acceder a servicios médicos adecuados. Le indigna que se invierta tan poco en la educación, y que los préstamos a estudiantes conlleven intereses tan altos. Asegura que la desigualdad económica está en aumento y que el sueño americano va muriendo. Ya no hay la misma movilidad social. En eso, Canadá supera a los Estados Unidos. Para él, el país se ha convertido en una oligarquía.

La educación universitaria es cada día más necesaria

Mi nieto ha perdido fe en el sistema, que considera corrupto y que no ofrece igualdad de oportunidades. Piensa que se ha agotado la fórmula bipartidista; que debería haber otros partidos políticos, y tal como en los gobiernos parlamentarios, la necesidad de formar coaliciones para gobernar. El sistema electoral, según Nikulas, también necesita reformas. Su opinión del Congreso no podría ser más negativa. El cierre del gobierno le ha puesto la tapa al pomo.

Nikulas no tiene fe en el Congreso ni en el sistema

A menudo le digo que se equivoca. Defiendo el sistema, achaco los problemas a los males propios de la democracia, a los cambios traídos por la globalización. Me duele un escepticismo tan profundo en un chico tan joven. Otras veces creo que tiene razón, y que no lo impulsa la falta de fe, sino su convicción de que la actual generación a la que pertenece lleva sobre sus hombros la responsabilidad de lograr cambios radicales.

Cuando toma su mochila y se acerca a despedirse, lo abrazo muy fuerte, porque muchas veces en mis conversaciones con Nikulas, no sé qué contestarle.

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El poder de las mujeres y la prensa

Publicado en El Nuevo Herald 1-10-2018

Sobrevivientes de agresiones sexuales y sus partidarios marchan en Los Angeles, el 12 de noviembre. El movimiento #MeToo contra el acoso sexual ha cobrado fuerza en todo el país. Gary Coronado

Al comenzar, 2017 no parecía que fuera un año propicio para las mujeres ni para los periodistas. Donald Trump había derrotado a la primera mujer candidata a la presidencia, y estaba al juramentar el cargo como primer mandatario de los Estados Unidos. Había sido electo a pesar de sus muchos insultos y faltas de respeto a la población femenina. A la prensa la acusaba constantemente de emitir fake news, noticias inventadas. Con todo, el 21 de enero, al día siguiente de la ceremonia de inauguración, las mujeres marcharon por las calles de la capital reclamando sus derechos.

El 5 de octubre The New York Times publicó un exposé dando a conocer los abusos sexuales cometidos durante 30 años por el famoso productor de Hollywood Harvey Weinstein. Y lo que se iba cociendo lentamente, estalló en uno de los movimientos más vertiginosos y con más posibilidades de lograr cambios culturales, como no se había visto desde hacía mucho tiempo.

En las últimas semanas hemos contemplado a cientos de mujeres denunciar acosos y abusos sexuales, algunos sufridos hace veinte años o más. La mayoría fueron cometidos por figuras destacadas de la televisión, Hollywood, la política, el mundo empresarial y el académico. Ha habido despidos y renuncias. Algunos hombres han negado los cargos; otros se han declarado culpables y pedido perdón. Time Magazine escogió a estas mujeres como las personas del año por su coraje, a pesar de la relevancia que en el 2017 tuvieron Trump, el presidente chino Xi Jinping y el dictador coreano Kim Jong Un. Todos habían sido considerados para ocupar la portada de la revista… hasta que las mujeres comenzaron a hablar.

Sus historias tuvieron gran repercusión y la frase #metoo o #yotambién recorrió el mundo a través de los medios sociales. Todas teníamos uno o más episodios desagradables que habíamos confrontado, y por fin rompimos el silencio. Al mismo tiempo, el periodismo investigativo, en especial el de The New York Times y The Washington Post, actuó no sólo como caja de resonancia, sino que garantizó la credibilidad de las mujeres, puesto que sus acusaciones fueron investigadas antes de darlas a la publicidad.

No es arriesgado sentirse optimista sobre los cambios culturales que este movimiento podría ser capaz de alcanzar. No se trata solo del valor personal de las mujeres al romper el silencio, sino de la pronta reacción de instituciones y compañías para despedir o forzar la renuncia de los acusados.

Otra causa de satisfacción es que en un momento en que se cuestiona la integridad de muchas instituciones, el movimiento de las mujeres ha surgido de abajo hacia arriba. No lo ha impulsado un grupo o partido, sino la valentía individual de las abusadas. Y a pesar de lo que se ha querido desprestigiar a la prensa y se la ha acusado de ser enemiga del pueblo, se ha comprobado que continúa siendo el cuarto poder.

La lucha de las mujeres por recibir un trato justo en la sociedad ha sido muy larga. Precisamente en 2018 se cumplen 200 años del nacimiento de Emily Brontë, que se vio obligada a publicar su única novela, Cumbres Borrascosas, bajo el seudónimo masculino de Ellis Bell. Aun así, creó un escándalo por la pasión amorosa expresada con libertad, y por la fuerza de los personajes femeninos. Su hermana Charlotte también firmó Jane Eyre con nombre masculino, Currer Bell. Ambas novelas, consideradas feministas y adelantadas a su tiempo en la era victoriana, son hoy clásicos de la literatura. Otro ejemplo de cómo los esfuerzos personales tienen mérito y consecuencias.

Esperamos que los hechos del año que termina sean un augurio positivo sobre los derechos de la prensa y las mujeres. Ya muchas de ellas están considerando postularse para distintos cargos en las elecciones de 2018. Al terminar esta columna, la noticia de última hora es que Oprah Winfrey no descarta la posibilidad de aspirar a la presidencia en 2020. Buena señal.

Este artículo también puede leerse en http://www.elnuevoherald.com/opinion-es/article193601859.html

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Nostalgias y milagros navideños

Es época de Navidad. La familia está reunida. La mesa desborda en abundancia de alimentos y cariño. Los amigos visitan, llaman, envían postales. Luces, adornos, villancicos, intercambio de regalos… Y en medio de la algarabía, la certeza del milagro del nacimiento del Niño Dios.

Cuando llegamos a la tercera edad, estos días también despiertan nostalgias, especialmente por los seres queridos que no nos acompañan: padres, abuelos, tíos, hermanos, primos. Personalmente, me refugio en el recuerdo de las tres etapas en que fui más feliz durante las celebraciones de diciembre.

La tienda Fin de Siglos decorada por las Navidades en La Habana de mi infancia

Infancia habanera. Mi padre conduciendo por el malecón de noche para llevarnos a ver las luces y vidrieras de la ciudad. Mi madre adornando el arbolito. Mi tía enseñándonos villancicos: “La virgen se está peinando/entre cortina y cortina/los cabellos son de oro/el peine de plata fina”. Aquel calendario de cartón en que íbamos abriendo ventanitas cada día hasta la llegada de la Nochebuena. Saboreo el turrón de yema de la Casa Suárez y la inquietud de aquellas horas en espera de la mañana de Navidad. Apurar a los padres para que se despierten. Correr escaleras abajo junto a mi hermana con la ilusión de encontrar los juguetes anhelados. Recuerdo en especial cuando hallé junto al árbol un carrito de helados, hecho a la medida de mis cinco años, con el rótulo en grandes letras “Helados Uvita”. (Muchos años después me conmovió enterarme que mi padre lo había encargado a un carpintero).

Salto en el tiempo y en el espacio. Navidades bajo el frío en las afueras de Washington junto a mis adoradas hijas. La tradicional excursión para admirar el gran árbol en los jardines de la Casa Blanca, a menudo sobre un manto de nieve. Escoger nuestro pino, adornarlo con la ayuda de mis niñas. La Misa de Gallo con una de ellas sobre mi regazo. Tarde en la madrugada de Nochebuena armando los regalos. Y el ritual que se repite en ellas, despertando a los padres soñolientos, y todo se torna en reguero de papeles de envolver, risas, alegría y amor de familia. ¡Mira mi muñeca! ¡Me trajeron la cocinita que pedí!

Mis hijas Uvi y Cristina abriendo sus regalos. Silver Spring, Md. Navidades 72

Sigo caminando en el tiempo y rememoro el nacimiento de mis cuatro nietos entre 1992 y 1996. Todos esos años tuvimos un bebé bajo el árbol, como si nuestro pesebre fuera viviente. Con cada niño, se acentuó aún más la alegría, y esa oración íntima y profunda para que crezcan en un mundo de paz. Y otra vez coloqué con renovada ilusión mi árbol y adornos (algunos hechos por sus madres cuando niñas), y los nacimientos comprados en distintas partes del mundo. Y fueron ellos, los nietos, los que en su niñez venían a ayudarme a decorar la casa. Era en el brillo de sus ojos donde se reflejaba de nuevo la magia de estas fiestas la mañana del 25 de diciembre.

Con mis hijas Uvi y Cristina y mis dos nietos mayores Zachary y Cristian, Navidades 94

No hay ahora niños en el núcleo íntimo de la familia. Los nietos han crecido. Este año se ha roto el pequeño árbol que compré con ellos y que al girar se encendía con luces de colores. Como estoy aún convaleciente por la fractura del fémur, no he comprado otro y apenas he puesto adornos. Me pregunto si alcanzaré a ver a los bisnietos.

En estas fechas festivas, espero un momento, aunque sea breve, en que se me revela el milagro de la Navidad. Nada tiene que ver con cosas materiales. A veces es una melodía que remueve algo en mi interior y humedece mis ojos. En ocasiones, es la voz de un amigo que llama inesperadamente. En otras, un instante de armonía y risas en familia, cuando las bendiciones nos colman de una melancólica alegría. Ese instante de magia puede llegar en la iglesia al escuchar al coro o en el momento más imprevisto. Lo sentí hace muchos años en Nueva York cuando saliendo de una tienda, abrí el paraguas porque nevaba y se me cayeron los regalos. Un desconocido se agachó para ayudarme a recogerlos. No siempre son escenas así estilo Hollywood. Por lo general, son instantáneas, soplos, rendijas por las que intuimos la verdadera grandeza, el misterio insondable del nacimiento en un pesebre en el villorrio de Belén de un niño iluminado que vino al mundo a morir por nosotros.

Es causa suficiente para ahuyentar nostalgias y recibir el nuevo año con renovada esperanza.

Este artículo también puede leerse en
http://www.elnuevoherald.com/opinion-es/article191578199.html

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Olga Connor y “El arte de la entrevista”

Publicado en El Nuevo Herald 12-13-17

La periodista Olga Connor – Foto Pedro Portal

Considero la entrevista el género más difícil del periodismo. Olga Connor lo domina a la perfección. Así lo ha demostrado a través de los años en sus conversaciones con diversos personajes, publicadas en las páginas de “El Nuevo Herald”. Ha hecho bien en reunir las entrevistas a escritores de 1989 al presente en el volumen “El arte de la entrevista”, recién publicado por Alexandria Publishing House en Miami y presentado en la última Feria del Libro.

En la introducción, la autora explica que ha agrupado en tres grupos los trabajos. Primero aparecen entrevistas hechas a cubanoamericanos, norteamericanos y extranjeros en Norteamérica, después a latinoamericanos y españoles, y finalmente a cubanos en distintas partes del mundo. Anuncia que habrá futuros tomos con más reseñas y encuentros a lo largo de sus 30 años en el periodismo.

La estructura del libro es un acierto porque nos permite ver algunos temas recurrentes en distintos autores. Por ejemplo, los cubanoamericanos parecen angustiados por la identidad, la armonía entre las dos culturas en las que viven o conviven. Así, Gustavo Pérez Firmat reconoce que en su traducción de “Life on the Hyphen” a “Vidas en vilo” hay un cambio de estado de ánimo, una melancolización. “El “hyphen” divierte, el vilo angustia” dice Pérez Firmat. Cristina García no ve su identidad americana o cubana como algo fijo, sino mudable. A Oscar Hijuelos le molestan los estereotipos con que otros nos ven. Andy García, cuando filma “Lost City” enfoca el drama de la Isla con una dimensión universal. Otro motivo que atraviesa las entrevistas a los cubanos es la música, presente desde la infancia en muchos de ellos.

Los diálogos con figuras como la periodista Ellen Goodman, el disidente ruso Eugenio Evtushenko, el presidente Bill Clinton y otros, incluyen temas claves que nos han tocado vivir en el siglo pasado y el actual: el feminismo, las injusticias sociales y raciales, el papel del “glasnost” y la “perestroika” en la caída del sistema comunista, y la creciente importancia de las minorías en Estados Unidos, entre muchos otros. Hay anécdotas reveladoras como cuando Evtushensko relata que Gorbachev le contó que siendo estudiante lo había escuchado a él y a otros jóvenes leer sus poemas, lo cual había cambiado su vida, prueba indudable de la fuerza de la poesía para alterar el curso de la historia.

No debe ser casual que las entrevistas, cada una en tres partes, a los poetas Octavio Paz y Gonzalo Rojas, mexicano y chileno respectivamente, están colocadas en el centro del volumen, pues son sin dudas las de mayor peso. Siempre he dicho que el éxito de una entrevista, ya sea por radio, televisión o escrita, depende del entrevistador. El entrevistado hablará de su vida, su obra, temas que domina perfectamente. El periodista necesita prepararse para la ocasión, tener pensada o escritas las interrogaciones, pero lo que es más difícil, interrumpir al personaje que tiene frente así, retarlo sutilmente, mientras que al mismo tiempo lo hace sentirse cómodo, como si más nadie se fuera a enterar de lo que conversan. Además, el entrevistador establece el ritmo y el tono.

En su introducción, Olga Connor cuenta algunas de sus peripecias y errores en sus primeras entrevistas y como ha ido desarrollando un arte que tiene pocas reglas, y en el que según ella, como en el amor y la guerra, todo es válido. Añádasele su interés, desde muy joven, por la filosofía y el rigor en los análisis de textos que adquirió en sus estudios de doctorado en literatura. Esos conocimientos la hacen conversar con Paz y Rojas a un mismo nivel, incluso mostrándoles sus contradicciones – inevitables en los genuinos pensadores. Ninguno de los dos se ofende. Por el contrario, meditan sus respuestas.

No puede escaparse la presencia de la política, pero no aparece en un primer plano. La historia del exilio surge en varias ocasiones, como en la entrevista a Emilio Estefan; también, en la reseña de la exhibición de “La bella de la Alhambra” de Enrique Pineda Barnet asoma el tema de la reconciliación.

“El arte de la entrevista” de Olga Connor tiene muchas lecturas. En sus páginas disfrutamos la riqueza de cada conversación. En conjunto, dan una visión de las preocupaciones de escritores cubanos y de distintas partes del mundo a fines del siglo XX y principios del nuevo milenio. A su vez, este libro revela mucho de la autora, de su arte para entrevistar, pulir estas conversaciones, enmarcarlas bien y hacerlas fluir con esa difícil facilidad con que se eliminan los artificios. Nos muestra también su dominio del idioma, sus intereses, su cultura, su sentido del humor, su personalidad multifacética. En cierta forma, el libro es asimismo un retrato de Olga Connor, una intelectual comprometida con sus tiempos y la búsqueda de la excelencia.

Esta entrevista también puede leerse en http://www.elnuevoherald.com/opinion-es/article189195879.html

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Margarita Oteiza: mi maestra

Publicado en El Nuevo Herald 11-29-2017

Casi todos tenemos la suerte de haber tenido durante la infancia alguna maestra que hemos recordado siempre por su impacto duradero en nuestra vida. Soy afortunada. Tuve varias, entre ellas Margarita Oteiza, mi profesora de inglés en octavo grado en Ruston Academy en La Habana.

Miss Oteiza era entonces muy joven –calculo que no más de 25 o 26 años – alta, esbelta y con una larga y hermosa cabellera negra. No dudo que todos los varones de la clase estuvieran enamorados de ella. Sin alzar la voz jamás, siempre calmada y amable, se daba a respetar. Mañana a mañana estudiábamos ortografía, gramática, expresiones idiomáticas. Si nos portábamos bien, los viernes la maestra nos compensaba leyéndonos obras literarias en la lengua de Shakespeare. Nos sentábamos en forma de semicírculo a su alrededor y la atendíamos como embrujados. Un día nos leyó un cuento de Edgar Allan Poe y sentí una especie de escalofrío. No era por el tema macabro de la narración. Presentí que había topado con algo distinto de lo que conocía hasta entonces.

Con ella, como con todos los maestros en el Ruston, se podía conversar en los pasillos, antes o después de las clases. Le expresé mi curiosidad por el escritor americano y me mandó para la biblioteca donde la Doctora Raquel Romeu me entregó dos libros, uno de relatos cortos de Poe, y otro sobre su teoría literaria. El primero lo devoré en pocas noches. El segundo cambió mi vida. Aprendí las sabias máximas del autor sobre las narraciones cortas: que sea breve y todo contribuya al tema principal; escoger de antemano el tono, el tema, el ambiente (que no es lo mismo que la trama o el estilo); establecer un climax y terminar con un final que sorprenda al lector. En fin, Poe apostaba por el cuento cerrado, donde nada sobrara ni nada faltara. Esas lecturas de mis 13 años me enseñaron a escribir cuentos. Años más tarde, a menudo tuve oportunidad de agradecérselo a Miss Oteiza.

Mucho después he sabido que desde mediados de 1960 hasta principios de 1961 que se fue de Cuba, Margarita Oteiza ayudó a Mr. James Baker, director de Ruston Academy, a recoger y llevar los documentos a casa de los padres que deseaban sacar de Cuba a sus hijos por el programa de Pedro Pan. Cuando por fin llegó a Miami, enseñó inglés a esos muchachos, primero en una casita en Brickell, y luego en el campamento de Matacumbe, bajo un gran árbol y con viejos asientos de ómnibus como improvisados pupitres. Se desplazaba por la US 1 y una carretera de tierra en un viejo carro verde al que había que echarle agua con botellas de Coca Cola porque tenía un hueco en el motor. Se ganó el respeto y el cariño de sus alumnos. En una entrevista de 2010 comentó que le extrañaba el nombre del programa, porque Pedro Pan era un niño feliz, y aquellos cubanitos estaban siempre tristes.

Debió ser una época difícil para ella también. Su esposo Alberto González Recio, que había luchado contra Batista, pronto comenzó a conspirar contra Castro. Salió del país y se unió a la Brigada 2506. Murió en la invasión del 17 de abril. Años después Margarita se casó de nuevo y tuvo los hijos que tanto ansiaba.

Sus vínculos con Ruston Academy, donde estudió desde el quinto grado hasta terminar el Baachillerato y el “High School”, y donde enseñó durante seis años, se mantuvieron siempre. Fue una de las principales organizadoras de primera de las muchas reuniones que hemos tenido los ex alumnos y maestros de ese magnífico centro docente, y presidió primero, y fue miembro desde su fundación en 1992 hasta su muerte, de la Junta de Directores del Ruston Baker Education Instiution, que soñaba con poder reabrir el colegio en Cuba. Hasta el final, lucía su larga cabellera negra.

Hace unos meses, tal vez un año, una compañera de clase me dijo que Margarita sufría de Alzheimer y estaba en un “home”, que a veces conocía y otras no, y que ella no sabía si ir a verla. Le insistí que fuéramos juntas. Nunca me avisó.

Hace pocos días me ha enterado de su fallecimiento a los 84 años de edad. Con ella se me muere de nuevo mi adolescencia, mis años de estudiante en las aulas llenas de luz de Ruston Academy. Pienso en sus hijos. No sé cómo localizarlos. Ojalá llegue hasta ellos y hasta todos sus ex alumnos este adiós adolorido a mi maestra de inglés, a quien siempre agradeceré sus enseñanzas y en especial la de la obra de Edgar Allan Poe, que tanta influencia ha tenido en mi narrativa. Gracias de nuevo, Miss Oteiza.

Este artículo también puede leerse en http://www.elnuevoherald.com/opinion-es/article186756573.html

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Trump´s Measures On Cuba

Published in Spanish in El Nuevo Herald on 11-15-2017 (Translated by CubaCívica)

We were expecting them. The strange thing is that they took so long. A few months ago, President Donald Trump had announced that the change the rules regarding travel to Cuba. His motives are to destroy everything that was done by the Obama administration, and to please a few politicians and part of the Cuban-American community. In doing so, he believes he will be able to count on the first group in Congress, and on the second, at the ballot box. It is ironic that the new rules whose expressed intention is to jeopardize the Cuban military and favor Cuba’s self-employed people (cuentapropistas) were announced the very same day Trump was in China, all the while ignoring that country’s human rights violations, as well as its barely ethical business practices, both of which he had denounced so often during his campaign.

President Trump announces his new policy towards Cuba surrounded by Cuban-Americans in Miami in June 2017

Relations between the White House and the State Department are not good. There has been a 60% reduction in the number of U.S. ambassadors, and applications for employment with the Foreign Service are down by 50%. There are numerous, important positions that remain vacant. I don’t know if that could be one of the reasons the new measures regarding travel to Cuba are so ridiculous. Even if the Treasury Department is issuing them, it would be logical for it to take the advice from foreign relations experts under consideration.

On the one hand, the first extremely obvious item is the publication of a detailed list of hotels where Americans should not stay, and of products, including even soft drinks, they should not consume because they allegedly benefit the economic interests of the military and former members of the armed forces. On the other hand, a series of services controlled by the Cuban State are accepted and promoted. When American tourists were able to travel alone, they were likely to have many more opportunities to interact with Cuban people than they will from now on, when going in groups. The manner in which these official rules are now written the end result will be exactly the opposite of the original intention was.

The new regulations prohibit tourist from consuming some soft drinks, like “Cachito.” When tourists from any country spend money in Cuba, part of it irremediably goes to the State, and part of it circulates amongst Cubans. There is no doubt that the government benefits from the very moment a currency exchange turns dollars or Euros into convertible currency. However, paladar owners, taxi drivers, waiters, musicians, those who rent rooms in private homes, and many, many more, also benefit from this. Even if someone stays at a hotel that is now forbidden, it may still help the military who are now technocrats, but it will also help the hotel’s employees, who receive better salaries, tips, and the benefit of reading some forgotten magazine left by a guest, or hearing stories from some other guest about what life is like in his or her country.

The new regulations prohibits tourists consuming some soft drinls, such as”Cachito”

When tourists from any country spend money in Cuba, part of it irremediably goes to the State, and part of it circulates amongst Cubans. There is no doubt that the government benefits from the very moment a currency exchange turns dollars or Euros into convertible currency. However, paladar owners, taxi drivers, waiters, musicians, those who rent rooms in private homes, and many, many more, also benefit from this. Even if someone stays at a hotel that is now forbidden, it may still help the military who are now technocrats, but it will also help the hotel’s employees, who receive better salaries, tips, and the benefit of reading some forgotten magazine left by a guest, or hearing stories from some other guest about what life is like in his or her country.

Tourists lunch at El callejón del peluquero.

The more people travel to Cuba, the more the island’s self-employed will prosper. These economic benefits separate the individual from the State because he or she no longer depends on the miserly salary earned at a previously owned stall; he or she also feels freer, in every sense. I’ll say it again: far from benefiting the Cuban people, the current measures hurt them.

The humblest of the self-employed, the bicitaxi driver, benefits from tourism. Photos by Uva de Aragón

There’s more. While we Cuban-Americans can freely travel to the island, U.S. citizens cannot. I believe this is a form of discrimination that has gone on for years, one that should infuriate any American citizen. I fear, however, that soon, there will be new regulations that will also limit travel for those born in the Pearl of the Antilles.

I would like for those who read this column to think on what possible objective these measures might have, since they are cumbersome, difficult to implement, limits the rights of Americans, and no doubt are overwhelmingly detrimental to the Cuban people, who already endure too many scarcities.

Perhaps the Cuban-American politicians who have urged President Trump to make these changes are not really in tune with the community that elected them. It would suffice for them to read surveys conducted by Florida International University (FIU). For example, last year, 67% of Cuban-American voters favored unrestricted travel to Cuba for Americans. I am hopeful that those voters will clearly communicate this to the next election’s candidates.

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Medidas de Trump sobre Cuba

Publicado en El Nuevo Herald 11-15-2017

Las esperábamos. Lo extraño es que han demorado tanto. Ya hace unos meses el Presidente Donald Trump había anunciado que cambiaría las reglas en cuanto a los viajes a Cuba. Sus motivos son destruir todo lo hecho por la administración de Obama, y complacer a algunos políticos y a una porción de la comunidad cubanoamericana. Piensa que así contará con el apoyo de los primeros en el Congreso, y de los segundos en las urnas. Sus propósitos nada tienen ver que con ayudar al pueblo cubano. Es una ironía que las nuevas reglas que anuncian la intención de perjudicar a los militares cubanos y favorecer a los cuentapropistas se dieran a conocer el mismo día que Trump se encontraba en China, y pasaba por alto tanto las violaciones de derechos humanos así como las prácticas poco éticas en el comercio de ese país, que había denunciado a menudo en su campaña.

El Presidente Donald Trump anuncia su nueva política hacia Cuba rodeado de cubanoamericanos en Miami en Junio de 2017

Las relaciones entre la Casa Blanca y el Departamento de Estado no son buenas. Este año han renunciado un 60% de los embajadores estadounidenses, y las solicitudes para buscar empleo en el servicio exterior han disminuido un 50%. Hay varias posiciones importantes vacantes. No sé si ésa sea una de las causas por las que las nuevas medidas sobre los viajes a Cuba sean tan disparatadas, pues aunque las emite el Departamento del Tesoro, lo lógico es que tomen en cuenta los consejos de los expertos en relaciones exteriores.

Lo primero que salta a la vista es que, por una parte, se ofrece una lista detallada de hoteles donde los estadounidenses no deben hospedarse, y productos, incluyendo hasta refrescos gaseosas, que no deben consumir porque alegan que beneficiarían los intereses económicos de los militares y ex militares. Por otra parte, acepta y estimula una serie de servicios controlados por el estado cubano. Cuando el turista estadounidense podía viajar solo, tenía muchas más oportunidades de interactuar con el pueblo cubano que las que tendrá de ahora en adelante al hacerlo en grupos. De la forma que están escritas las disposiciones oficiales, el resultado será todo lo contrario al que pretende obtener.

Las nuevas regulaciones prohiben que los turistan consuman algunos refrescos como “Cachito”

Cuando los turistas de cualquier país gastan dinero en Cuba, parte va irremediablemente al estado y parte circula entre los cubanos. Sin duda el gobierno se beneficia desde el momento que una casa de cambio convierte los dólares o euros en moneda convertible. Pero se favorecen así mismo los dueños de paladares, taxistas, camareros, músicos, quienes alquilan habitaciones en casas privadas y un largo etcétera. Incluso si alguien se hospeda en un hotel de los ahora prohibidos, podrá ayudar a los militares ahora convertidos en tecnócratas, pero también a los empleados del lugar, que reciben mejores salarios, propinas y el beneficio de leer alguna revista que quede olvidada, o de escuchar de algún huésped historias de cómo se vive en su país.

Turistas almuerzan en el Callejón del Peluquero. Foto; Uva de Aragón

Mientras más personas viajen a Cuba más prosperarán los cuentapropistas. Estos beneficios económicos separan al individuo del estado, pues ya no depende del mísero salario del puestecito que tenía antes, y se siente más libre, en todos los sentidos. Lo repito: las actuales medidas, lejos de beneficiar al pueblo cubano, lo perjudica.

Los cuentapropistas más humildes, como los conductores de bicitaxis, se favorecen del turismo. Foto; Uva de Aragón

Hay más. Mientras que los cubanoamericanos podemos viajar libremente a la Isla, los estadounidenses no. Creo que es una discriminación que ha perdurado por años y que debería enfurecer a cualquier ciudadano de este país. Me temo, sin embargo, que pronto vendrán nuevas regulaciones que limitarán asimismo los viajes de los nacidos en la Perla de las Antillas.

Desearía que los lectores de esta columna también meditaran sobre qué objetivo pueden tener unas medidas tan engorrosas, difíciles de implementar, que limitan los derechos de los estadounidenses y que perjudicarán más que a nadie –y en eso no caben dudas—al propio pueblo cubano, que ya de por sí sufre demasiadas carencias.

Tal vez los políticos cubanoamericanos que han impulsado al Presidente Trump a hacer estos cambios no le han tomado bien el pulso a la comunidad que los eligió. Bastaría que leyeran las encuestas hechas por la Universidad Internacional de la Florida (FIU). Por ejemplo, el año pasado, el 67% de los votantes cubanoamericanos favorecían los viajes sin restricciones de los estadounidenses a Cuba. Tengo la esperanza de que se los electores se lo hagan saber a los candidatos en las próximas elecciones.

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