Entrevista sobre The Miracle of Saint Lazarus

Gracias a Teresa Dovalpage por esta entrevista publicada en Cubanecuentro

Uva de Aragón: La escritura en la sangre

Entrevista a la narradora, ensayista y profesora universitaria que reside en Miami

Teresa Dovalpage, New Mexico | 04/10/2019

Uva de Aragón (La Habana, 1944) nació en una familia de escritores. Su abuelo fue Alfonso Hernández-Catá, famoso narrador de la primera generación cubana, y su bisabuelo, Waldo A. Insúa, fundador y director de El Eco de Galicia durante la Cuba colonial. Pero fue su tía, la periodista Sara Hernández-Catá, quien la inspiró a escribir. “Yo tenía nueve años cuando me puso una pluma en la mano,” refiere la autora que, definitivamente, tiene la literatura en la sangre.

Entre sus obras se encuentran El milagro de San Lázaro (Eriginal Books, 2016), Memoria del silencio (Ediciones Universal, 2002) que también está en edición bilingüe como The Memory of Silence/Memoria del silencio (Cubanabooks, 2014) así como las colecciones No puedo más y otros cuentos (Ediciones Universal, 1989) y Ni verdad ni mentira y otros cuentos (Ediciones Universal, 1977). Ganadora de la Beca Cintas, publicó los ensayos El caimán ante el espejo. Un ensayo de interpretación de lo cubano (Ediciones Universal, 1993 y 2000) y Alfonso Hernández-Catá. Un escritor cubano, salmantino y universal (Universidad Pontificia de Salamanca, 1996).

Doctora en literatura española e hispanoamericana de la Universidad de Miami, Uva fue subdirectora del Instituto de Investigaciones Cubanas de la Universidad Internacional de la Florida, donde también ejerció como profesora y fue, de 1998 a 2006, editora asociada de la revista académica Cuban Studies.

Para 2016 llevaba casi cinco años jubilada y había comenzado a leer novelas policíacas, no sólo de Leonardo Padura, al que ya conocía, sino también de Roberto Ampuero, Manuel Vázquez Montalbán, Donna Leon, Andrea Camilleri y otros autores. Así descubrió que el género de la novela policiaca había cambiado, incorporando más la vida personal del detective y que incluía además elementos sociales y gastronómicos. Comenzó a escribir y así surgió El Milagro de San Lázaro, suya traducción al inglés ha sido publicada en septiembre de 2019 por la editorial Mango Publishing. Sobre esta obra y, en general, su incursión en el género detectivesco, conversamos con la escritora.

¿Qué te motivó a escribir una novela policíaca ambientada en Miami con una detective mujer?

Siempre he creído que las obras mejores son aquellas que parten de una realidad que el autor conoce. Por eso situé la novela en Miami, y ya en ese punto, hice un esfuerzo consciente de que reflejara la diversidad étnica de la ciudad. María Duquesne, la detective, es cubanoamericana; pero además de cubanos, hay personajes españoles, haitianos, puertorriqueños, polacos judíos…

En cuanto a que la detective fuera mujer, no se me ocurrió otra cosa. Después me he dado cuenta de algunos aspectos que surgieron inconscientemente. Mientras que en mi novela anterior, las protagonistas eran de mi edad, en ésta María Duquesne tiene más o menos los mismos años que mi hija. También su compañero, Iván Fernández, es gay lo cual me parece que le permite trabajar con María como jefa más a gusto que si fuera un hombre con su inevitable dosis de machismo.

Y esto nos lleva a una pregunta que aborda la cuestión desde el ángulo feminista. Escribe Nina Molinaro in Writing: “La ficción detectivesca presenta una amplia oportunidad para incorporar una agenda feminista al examinar el sexismo y la misoginia, y proporcionar escenarios en los que las mujeres asumen poder y autoridad, en marcado contraste con los orígenes del género en el que las mujeres, si aparecían en algún momento, eran simples acompañantes o antagonistas de los héroes masculinos.” ¿Cómo relacionas estas palabras con tu propia experiencia al crear tus personajes?

Sin duda que esas palabras pueden aplicarse a María Duquesne, que combina el profesionalismo con la intuición, un sentido patológico del deber con una ternura contenida que reserva para su familia. Siempre está en control de la situación. Resuelve. Es decidida, capacitada y competente. Ella ha nacido en Estados Unidos, hija de exiliados, mientras Iván Fernández ha nacido en Cuba. En eso se complementan. Y no sé, me pregunto si también sin darme cuenta he creado una especie de contraparte de Mario Conde, ya que el detective habanero de Padura es mujeriego, melancólico, emblemático de una generación frustrada, mientras que Duquesne es una chica de familia, sin grandes nostalgias, y con una carrera en ascenso. En fin, el símbolo del sueño americano encarnado en la hija de refugiados. A los dos detectives los une que tienen gran olfato.

Y lo usan a conciencia. ¿Cómo definirías tu novela? ¿De misterio? ¿Policíaca?

El milagro de San Lázaro. Un misterio de veinte años es sin duda una novela policiaca, de detective, con una trama que intenta al menos mantener una historia central que mantenga el suspense. Deseo creer que es más que eso, pues tiene muchas historias dentro de la historia. Eso no es nada nuevo en literatura. A mí me lo enseñó Cervantes en El Quijote.

Sin dudas que hay varis tramas dentro de la principal, y el lector goza descubriéndolas. ¿Crees que el género policíaco tiene un objetivo social (crítica y denuncia, por ejemplo) al mismo tiempo que cuenta una historia? ¿Pensabas en eso al escribir tu novela?

Pienso que los escritores —y posiblemente todo el mundo— tenemos cuatro ideas claves, cuatro fantasmas, cuatro obsesiones que afloran a través de todo lo que uno escribe. En mi periodismo, en muchos de mis ensayos, en mis cuentos, quizás hasta en algunos poemas, está siempre la crítica social, la denuncia. Este libro no podía escaparse de eso, aunque detesto el didactismo en literatura, así que espero que no se vean las costuras. También está el feminismo, el exilio y la familia, temas recurrentes en mi obra.

No soy la única. Padura toca en sus novelas asuntos incómodos dentro de Cuba, como la corrupción y la persecución a los homosexuales. Los libros de Roberto Ampuero están a menudo enmarcados en la realidad sociopolítica de Chile. Tú novela Death comes through the Kitchen contiene críticas al régimen de La Habana, al igual que se burla de la ingenuidad con que muchos estadounidenses viajan a la Isla.

Bueno, gracias por la mención. ¿Y en qué estás trabajando ahora? ¿Algún nuevo libro en el horno, o ya fuera del mismo?

En la novela que acabo de terminar El crimen de Biltmore Way, que los pocos que la han leído me dicen que es mejor que El milagro…, tanto el personaje de María Duquesne como el de Iván Fernández se van perfilando aún mejor. Me pregunto si hay muchos detectives gay en la literatura como Iván. Es un chico muy listo. Le he cogido mucho cariño. Claro, y a María también.

Muchas gracias por tu entrevista. Uva, y espero leer pronto El crimen de Biltmore Way.

The Miracle of Saint Lazarus: A Mystery Twenty Years in the Making se presentará el viernes 25 de octubre de 8:00 p.m. a 9:30 p.m. en Books & Books de Coral Gables. Este libro, así como el original en español, también están disponibles en Amazon.

https://www.cubaencuentro.com/entrevistas/articulos/uva-de-aragon-la-escritura-en-la-sangre-336133#disqus_thread

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About The Miracle of Saint Lazarus

A dead man. A missing baby. A few shadowy characters. And a mother who has never stopped looking for her daughter. With these elements Uva de Aragón builds a fast-faced novel that has a strong sense of place (you’ll feel you are in Miami, drinking Cuban coffee) and nuanced, sympathetic characters. Plus a healthy serving of Cuban food.

When detective María Duquesne is assigned a cold case, she chooses a young assistant, Iván Fernández, to help her with the investigation. Its twists and turns take them back to the Mariel boatlift days, with a hop to today’s New York. This is a solid mystery with an impeccable ending that will hook you from the first line.

Teresa Dovalpage
Professor of Spanish and ESL
New Mexico Junior College
Novelist, author among others
of the detective novel “Death Comes
in through the Kitchen”

Please help me make it a best seller. Pre-order your copy today

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The Miracle of Saint Lazarus. A Mystery Twenty Years in the Making

I just finished revising the final proofs of my detective mystery book coming out October 15. I realized for the first time that the story includes some very current topics such as the life of immigrants in the United States- Please pre-order your copy from Amazon. We need more than 100 books ordered before pub date so it will come out among the top in its category. If you read it in Spanish, buy one or more as gifts for your children, grandchildren or friends. Let me know when you do so I can keep a count. Thanks!

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Presentación de un nuevo llbro Octubre 25

La traducción al inglés por Jeffrey C. Barnett y Kathleen Bulger-Barnett de mi novela de detective El Milagro de San Lázaro. Un milagro de más de veinte años. (Miami: Eriginal Books, 2016) está en proceso de edición por Mango Publishing. La fecha de publicación es Octubre 15 y se puede ordenar con anticipación en https://www.amazon.com/Miracle-Saint-Lazarus-Mystery-Twenty-ebook/dp/B07RQVKQTK/ref=sr_1_1?crid=ORVI2WMTGXQM&keywords=uva+de+aragon&qid=1563821988&s=gateway&sprefix=Uva+de+%2Caps%2C144&sr=8-1

Espero ver a los amigos y lectores de Miami en Books and Books el 25 de Octubre

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Celia, lo mejor de nosotros

En el aniversario de su muerte reproduzco este artículo publicado en
Diario Las Américas, el 24 de julio de 2003 y que aparece en mi libro Morir de exilio (Miami: Ediciones Universal, 2006)

Celia Cruz

Todos –y ella también– conocíamos de la grandeza y la fama de Celia. No tuvo que morir para recoger aplausos, premios y elogios que no erosionaron su elegante sencillez. Pero nadie previó la conmoción mundial que ha causado su muerte. Los rotativos más importantes le han dedicado páginas y páginas. The Washington Post, hasta un editorial. Se recibieron visitas o mensajes de pésame de los más altos dignatarios. Famosos artistas la acompañaron en su última gira. En Miami y en Nueva York, sus admiradores le dijeron adiós en un velorio que mezclaba el dolor de su partida con la alegría que nos legó en una música que la sobrevive. Cubanos, venezolanos, puertorriqueños, mejicanos, españoles, argentinos, nicaragüenses, todos dijeron presente. Viajaron desde lejos. Hicieron cola bajo el sol. Llevaban banderas, letreros, estampitas, fotos de Celia, sobrecitos de azúcar prendidos a la ropa. “La negra tiene tumbao” escribieron en sus camisetas. Lloraban, reían, aplaudían, rezaban, bailaban. Todo en la mayor armonía, el mayor respeto. Y como si un hálito de poesía los animara, hablaban a la prensa en hermosas frases: “Celia es la estrella de la bandera”. “Celia es la garganta de la isla”. “Se nos fue la reina negra”. “Se llevó el azúcar para el cielo.”

¿Qué extraño secreto guardaba esta mujer que conquistó tanta fama como cariño? Celia poseía las mayores virtudes de los cubanos, y ningunos de nuestros defectos.

Los cubanos nos hemos destacado en todo, o casi todo: –literatura, artes plásticas, ballet, medicina, negocios, docencia, béisbol, boxeo, ajedrez, esgrima– pero en ningún campo hemos mostrado mayor talento que en el de la música. De Esteban Salas a Leo Brauer, de Ignacio Cervantes a Manuel Barruecos, de José White a Aurelio de la Vega, de Eduardo Sánchez de Fuente a Julián Orbón, de Ernesto Lecuona a Silvio Rodríguez, de Gonzalo Roig a Pablito Milanés, de René Touzet a Arturo Sandoval, de Sindo Garay a Polo Montanés, de Esther Borja a Albita, de Compay Segundo a Paquito D´Rivera, de Elena Burke a Olga Guillot, de Jorge Bolet a Olga Díaz, de Bola de Nieve a Chucho Valdés, de Rita Montaner a Gloria Estefan, del Trío Matamoros a los Van Van, de Benny Moré a Celia Cruz, la lista de compositores e intérpretes que han paseado nuestra música por la isla y por el mundo entero sería interminable. Y en esa constelación, Celia brilló con luz propia. Por su innato talento. Por su voz inigualable. Por el ritmo de su cuerpo. Por su capacidad de trabajo. Su profesionalismo. Su calidad humana.

Celia nació pobre, mujer y negra. La situación política en su país la convirtió en exiliada. Estas desventajas no la desanimaron. Su exitosa carrera musical representa, también, el triunfo del espíritu emprendedor de sus compatriotas sobre todas las adversidades. Su matrimonio con Pedro Knight, los lazos tan estrechos que la unían a sus hermanos, sobrinos, ahijados e íntimos son reflejo de los valores de familia y amistad de la Cuba mejor.

Supo combinar la disciplina más férrea con la espontaneidad más natural. Siendo la más cubana de las cubanas, también fue la más universal. No sólo cantó en el mundo entero, sino que incorporó ritmos de otras tierras a los de la suya. Permitió, como Martí quería, que el mundo se insertara en Cuba.

La humildad no es característica que nos distinga. Los hijos de la Perla de las Antillas solemos creer que nos las sabemos todas. Celia, sin embargo, escuchaba consejos. Nunca la fama alimentó su vanidad. Por el contrario, sus triunfos la hicieron más accesible a su público. Para cientos de jóvenes artistas no sólo fue ejemplo y guía, sino que los ayudó en cuanto estuvo a su alcance. Compartió escenarios con todos: desde Pavarotti a nuevos talentos.

Se mantuvo vigente hasta el final, porque no quiso, como otros, vivir del pasado. Su reloj no se detuvo el día que se fue de Cuba ni vivió de la nostalgia. Se reinventó a sí misma a cada paso. Por eso su éxito fue inagotable. Por eso generaciones y generaciones han bailado y bailan con sus discos. Yo lo hice en mi adolescencia con su “hierberito”. Hoy mis nietos se contonean al ritmo de “La vida es un carnaval”.

A Celia nunca se le escuchó una palabra peyorativa sobre nadie. Parecía alérgica al chisme, las capillitas, los celos, las mezquindades. Su generosidad no tuvo límites. Dio de su tiempo y talento a importantes obras caritativas, como la Liga Contra el Cáncer. También se daba de otra forma: con una palabra cariñosa, un gesto inesperado, la dedicatoria en una foto, el envío de una postal de su puño y letra. Muchas anécdotas sobre Celia reflejan esa capacidad suya para el toque íntimo, personal.

Le dolía no poder cantar en su Patria. Pero cantó para ella en todos los escenarios del mundo. Nunca se dejó utilizar ni por tirios ni troyanos. Supo distinguir entre el estado y la nación, entre la ciudadanía y la nacionalidad. Por eso no necesitaba retórica barata ni estridencias altisonantes. Lo suyo era Cuba, y llevar alto su nombre. Sus éxitos eran los de la nación, y lo sabía. Quizás, por eso, la decencia y la sencillez presidieron todos sus actos. No importaba que llevara pasaporte americano. Apenas hablaba inglés. Su garganta estaba hecha de tambores y huracanes. Su corazón, de azúcar. Su cuerpo se movía con la gracia de un cañaveral. Los colores del trópico –naranja sol, azul Varadero, blanco cresta de ola, verde cañaveral, plata de luna– rompían en arco iris en sus vestidos y pelucas.

Nos daba, entre tantos regalos, lo que más tenía: tumbao, carnaval, son, guaracha, alegría de vivir. Pero nos dio más. Nos dio un ejemplo de serena dignidad, una lección callada entre tanta sandunga. Al final, cumplió el deseo de su padre de ser Maestra, y con mayúscula. Criolla y cosmopolita, risueña y profunda, populachera y elegante, en su música dejó un legado imperecedero que trasciende tiempo y espacio. Vence a la muerte.Celia reinó en una isla que nunca tuvo monarquía. Se fue de Cuba pero vivía también allí. Como Cuba vivía en ella. Representa, sin duda, lo mejor de nosotros.

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Memoria del silencio/The Memory of silence still captures attention

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Tres cuartos de siglo de vida

La Habana, circa 1946

El 11 de julio de 1944 el Dr. Ernesto R. de Aragón asistió a su esposa Uva Hernández-Catá en el Hospital Anglo American en la Calle 2 esquina a 15 en El Vedado, con el parto de la segunda hija de ambos a quien bautizaron con el nombre de Uva de los Ángeles. Este jueves, pues, cumplo tres cuartos de siglo de vida.

Siempre me parece que los aniversarios son fechas no sólo para celebrar, sino para pasar balance, reflexionar. Veo mi vida en etapas. Mi infancia y adolescencia habanera, rodeada de amor y personas extraordinarias, donde sufrí también el dolor de la temprana muerte de mi padre. Los primeros años de exilio. En Washington: estudiante protegida por mis padres, descubriendo un mundo nuevo, sufriendo el desgarrón de dejar atrás todo lo que conozco y amo. Nueva York: joven novia y esposa enamorada. Maryland: la maternidad, la pobreza antes desconocida, nuevos amigos, mis primeros libros, el cambio de las estaciones, ver a mis hijas crecer. Y siempre, siempre, la ilusión del regreso.

Mudada a Miami en 1978. Reencuentro con el mar y los sabores de la infancia. Mis padres junto a nosotros al retirarse. Estudiar hasta terminar el doctorado. Mis años trabajando en FIU. Colegas. Alumnos. Mi columna en Diario Las Américas. Ver a Cuba con otros ojos. Las hijas haciéndose mujeres, casándose, dejando el hogar, convirtiéndome en abuela. La muerte de mis padres. El divorcio, doloroso al principio, pero que con el tiempo deviene en amistad. Nuevos libros publicados. Viajes. Nuevos amores. El regreso a Cuba. Tecnologías que me acercan a viejos amigos, me permiten ver crecer a los niños que están lejos. La jubilación. Los nietos haciéndose hombres, uno ya casado. Ir envejeciendo. La muerte de los mayores de la familia, y ahora, de amigos de mi propia edad.

En todas estas etapas voy creciendo, reafirmando mi personalidad. Tímida de joven; aventurera cuando mujer madura. Amante de mi soledad tanto como del tiempo compartido entre familiares y amigos. No dejo de tener mis egoísmos pero perdura la voluntad de servicio inculcado desde la cuna. Me enojan las injusticias. Me apasiono al discutir. Amo el mar. Prefiero, sin embargo, el asfalto bajo los pies. Caminar las calles de Madrid, La Habana, Nueva York, París. Soy amiga de mis amigos y disfruto sus éxitos como propios. Me encanta que vengan a mi casa. Aunque mi escritorio sea un reguero indescriptible, organizo mi tiempo. Me siento culpable si pasa un día sin hacer algo útil. Reconozco mis defectos; me esfuerzo por ser mejor todos los días. Mis cruces –y no me faltan– intento llevarlas con dignidad. No voy mucho a la Iglesia, pero tengo una fe inquebrantable en Dios y el poder de la oración.

En todos estos años, hay ciertas constantes: amor a la familia, los amigos, los libros y Cuba; compromiso con mi obra literaria; curiosidad intelectual; conciencia de los eventos mundiales y nacionales; respeto por las libertades individuales; devoción por la historia, las tradiciones; afán de modernidad. Y un goce inagotable por las cosas pequeñas que ofrece la vida

Los últimos dos años, desde que en mayo del 2017 me caí y sufrí una fractura múltiple del fémur, han sido de los más difíciles de mi vida. Semanas en un centro de rehabilitación, meses en una silla de ruedas dependiendo de otras personas para todo, han sido lecciones en humildad. Volver a subir un escalón, manejar, caminar con bastón, metas alcanzadas con dolor, voluntad, esfuerzo.

Hay cosas que no volveré a hacer. No podré bañarme en el mar, pero sí verlo, aspirar sus aromas, escuchar su respiración. No caminaré de nuevo sola por ciudades que amo, pero regresaré a algunas del brazo de seres queridos, y me sentaré en un balcón o un café a observar a los que transitan por las calles que antes yo recorría.

No soy la única con problemas de salud. También mi hermana Lucía se fracturó el fémur como yo y mi hermana Gloria, tanto menor que nosotras, tuvo serios problemas pulmonares. Me preocupan. Otros amigos y familiares padecen asimismo diversos achaques o enfermedades. Claro que mal de muchos consuelo de tontos. Todos ansiamos sentirnos bien y “vivir siempre, así fuese de barriga”, como escribió Vallejo.

Agradezco, pues, estar viva. En los últimos meses se me han ido, sin tiempo para adioses, queridos amigos – la periodista Juana Isa, la profesora Ana Cairo, el poeta Armando Álvarez Bravo, los compañeros de Ruston Academy, Otalio Soca, Ruben Ortiz y Joaquín Rodríguez, el vecino de los primeros años del exilio Charles Rodríguez. Con cada uno, se va algo de mí misma.

Quisiera creer que aunque tenga mis momentos malos, estos tiempos difíciles hayan servido para ofrecerles a hijas y nietos un ejemplo de cómo afrontar la adversidad. No me dejo vencer. Escribo. Me invento ilusiones, aunque no sean las mismas de antes. Pero yo soy la misma todavía. Es suficiente para dar gracias a Dios. Y celebrar tres cuartos de siglo de vida. Tómate hoy una copa por mí.

Foto reciente por Alberto Romeu

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