Epistolario

Carta de un buen padre

Tengo grandes deudas con personas que a lo largo de mi vida, me han estimulado en la solitaria y dolorosa vocación de escribir, que se hizo aún más difícil cuando salí de Cuba a los 15 años y me vi rodeada de inglés y nieves por todas partes. Por unos años escribí en el idioma de Shakespeare pero pronto volví a mi lengua madre. Nunca la he abandonado desde una madrugada de desvelos en que comprendí que había un nexo muy íntimo entre sentir como cubana y escribir en español. No era fácil hacerse escritor, trabajando de secretaria, creando y criando una familia, sin estudios universitarios, ni dinero para libros, ni compañeros con las mismas inquietudes. Sin embargo, hubo quien tuvo fe en que no debía dejar la literatura, y quien que en esos años más me insistió en ello fue mi segundo padre, Carlos Marquez Sterling. Esta carta, que he conservado por casi 50 años como un tesoro, así lo atestigua. En realidad no recuerdo a qué textos míos se refiere en los primeros párrafos, pero me conmueve que tuviera tal fe en mí cuando tenia 22 años y apenas había publicado. Me anuncia asimismo que me mandaba la Revista Exilio. Durante esos años, fue principalmente gracias a sus envios que pude leer en español. Aún conservo el ejemplar de Cien años de soledad y su notica cuando mi hizo llegar ese libro extraordinario. Gracias, Carlos.

Carta de mi Carlos Marquez Sterling, 1955

Carta de mi Carlos Marquez Sterling, 1955

***

Unas semanas después de recibir la carta de José María Chacón y Calvo que aparece más abajo, vino a cenar una noche a mi casa Gastón Baquero. Yo tenía simpatía por aquel mulato altísimo que hababla como una especie de brujo, culto y sencillo a la vez, criollo y elegante como un Lord ingles. De pronto me miró y me dijo “De ti hablan hoy en el periódico, ¿no?” Me quedé extrañada. Solía leer la prensa a diario — no había cumplido aún 14 años — pero era sábado y no lo había hecho ese día. Baquero pidió que le trajeran el Diario de La Marina, buscó entre sus páginas y comenzó a leer con su voz de trueno:

“La gracia y la inteligencia, guiadas por la noble curiosidad, madre fecunda de todo noble saber, llaman hoy a las puertas de la Acedemia. Una señorita que realza sus encantos con los blasones de sus dos apellidos, ambos iluestres, el uno en los fastos de la medicina, Aragón, el otro en la historia de las letras, Hernández-Catá, nos honra y favorece con una consulta-”

Santada en el suelo a los pies del poeta, lo escuchaba incrédula. E igualmente sorprendida debía estar toda mi familia porque el silencio era total. Sólo se oía la voz de Gastón.

Lo que leyó después, motivado por mi consulta sobre si debería llevar un acento diacrítico el dí enfático del imperativo para difenciarlo del di de dar, apenas lo entendí. Me parecía escuchar una sinfonía celestial. Entonces llegó al ultimo párrafo

“Por eso precisamente, porque el lenguaje es música, creo yo que Uva de Aragón y Hernández Catá obrará bien poniendo una tilde sobre el di de decir. Y también porque el extranjero que ignore la pronunciación y el significado de las palabras de nuestro romance sin par, cada vez que vea una de esas vírgulas intuirá y sentirá que la raza imprimió en la vocal a que sirve de penacho, un poco, o un mucho de fuerza, de armonía, de pasóon y de vida.”

El artículo lo firmaba el gramático y profesor Juan Fonseca y Martinez quien tuvo la amabilidad de enviármelo con una carta que reproduzco abajo.´

Muchos años después, cuando tomé un curso graduado sobre la historia de la lengua y releí su artículo, me eché a llorar, no solo por el honor que me hizo al escribirlo, sino por la belleza de la teoría que desarolla y que pude por fin comprender.

Aunque mantuve amistad con Baquero hasta su muerte (y más allá) nunca supe más del profesor Fonseca. Estoy segura que contesté su carta. No sé si como él pronosticaba he estado ” a la vanguardia de la intelectualidad cubana” pero he vivido esforzándome por no defrauder a los que como él estimularon desde casi niña mi vocación literaria y mis preocupaciones lingüístivas.

Carta del Profesor fosnseca. primera página

Carta del Profesor fosnseca. primera página

Carta del Profesor Fonseca. página 2

Carta del Profesor Fonseca. página 2

Juan Fonseca sobre

Transcripción de la Carta del Dr. Fonseca

Dr. Juan Fonseca y Martínez
Profesor de la Universidad Católica

La Habana, 4 de Julio de 1958

Señorita
Uva de Aragón y Hernández Catá
Ciudad

Muy distinguida señorita:

Cumpliendo, gustoso, el encargo con que me honró el doctor José María Chacón y Calvo, Director dela Academia Cubana de la Lengua, he dado respuesta en el adjunto artículo a la amable carta que usted tuvo la bondad de dirigirle recientemente.

La Academia Cubana de la Lengua se complace en manifestar a usted por mi conducto que escuchó la lectura de su carta en su última junta ordinaria y la satisfacción que le produce ver que una joven llamada por ser de su doble gloriosa estirpe y por su inteligencia a figurar a la vanguardia de la intelectualidad cubana, muestra tan vivo y loable interés en que se conserven y (ilegible) la pureza y la hermosura de nuestra lengua.

Aprovecho la oportunidad, señorita, para ofrecer a usted el testimonio de mi respeto y admiración

Firmado: Dr. Juan Fonseca

Artículo del Dr. Juan Fonseca

****************

Lo he contado muchas veces, pero no recuerdo haberlo escrito antes. Cursaba el primer año de Baachillerato en las aulas de Ruston Academy en el Biltmore. La Dra. Beatriz Varela de Cuéllar nos enseñaba los acentos diacríticos. Le pregunté si se utilizaba una tilde para diferenciar el di da dar, como “Te di las llaves”, del imperativo y enfático de decir, como “Di la verdad”. Me aseguró que no; yo le insistía con toda la pasion de mis trece años que debería haberlo. Cansada mi buena maestra de la impertinencia de su alumna, y dándome ya por incorrigible, me contestó desesperada: “!Pues si no está de acuerdo, escríbale a la Academia de la Lengua”. Y ni corta ni perezosa, así lo hice. A los pocos días recibí la carta que aquí reproduzco y que traje entre las escasas pertenencias que saqué de Cuba al irme poco más de un año después. Aunque no tengo copia de mi epístola a Don José María Chacón y Calvo, la suya ofrece una idea clara de su contenido. Aquí no terminó el asunto, pero la segunda carta y el resto de la historia lo dejo para la próxima entrada.

Sobre Chacon y Calvo 58

Carta Chacon y Calvo 58

* * * *

Inauguro hoy la sección “Epistolario” en mi blog, donde iré colocando reproducciones de cartas que guardo de importantes intelectuales, principalmente cubanos.

He comenzado con una de Antonio Ortega (Gijón 1903- Caracas 1970), porque su nombre salió a relucir recientemente en una intercambio de correos electrónicos con Rita Martin, y ella me ha pedido con toda razón que no deje de ir publicando estos papeles, que en su momento donaré al Cuban Heritage Collection, pero que ahora puedo ir añadiendo el contexto en que surgieron. Es decir, contar la historia detrás de cada carta, ya que en muy pocos casos guardo las mías a estos corresponsales.

La que aquí reproduzco, escrita a mano el 2 de julio de 1958, y pasada a máquina por mí para que pueda leerse más claramente, fue sin duda motivada por mis comentarios sobre la novela “Ready” de Antonio Ortega, exiliado republicano español, que llegó a ser jefe de redacción de la Revista Bohemia y director de Carteles a partir de 1954. Desde esas páginas ayudó a difundir la cuentística cubana. Fue precisamente en el género del cuento donde Ortega más se distinguió y recibió varios premios, entre ellos el que llevaba el nombre de mi abuelo, Alfonso Hernández-Catá, y poco antes de morir, en 1969, el premio Lena en su Asturias natal.

Yo sabía poco o nada de la historia de Antonio Ortega a los 13 años, cuando publiqué una reseña sobre “El caballito verde” que escribió con Anita Arroyo, uno de los ídolos de mi infancia, por ser, con excepción de mi tía Sara, la única mujer escritora que conocía y porque amaba su libro “El pájaro de lata”. Ese articulito, que sin encomendarme a nadie, envié a Diario La Marina donde apareció, hizo que mi tía Sara me regalara Ready, novela emparentada con el género de la picaresca – solo lo he comprendido muchos años después – sobre un perro sato que recorre los barrios habaneros y observa con ternura y humor la vida en diversos barrios. Esa lectura motivó mi carta al autor, que él contesta.

Carta del director de Carteles a una  adolescente

Carta del director de Carteles a una adolescente

Carta de Antonio Ortega, 1958

No recuerdo si llegué a entregarle mis “estampas” (que luego se convirtieron en parte de mi primer libro, “Eternidad”) ni creo que me haya dado a leer el libro inédito de cuentos que menciona, aunque ya la oferta, hecha a una jovencita, es de agradecer. Recuerdo con claridad, sin embargo, que insistencia mía, mi tía me llevó a Carteles a conocerlo. Si la memoria no me falla, no era muy alto de estatura, tenía una amplia frente y un bigote fino, más encanecido que el resto de sus cabellos aún negros. Mantenía su acento español. No sé de qué hablamos pero sentía que flotaba cuando salimos de la redacción de Carteles.

Un año después de recibir la carta de Antonio Ortega, en julio de 1959, me fui de Cuba. No lo vi más ni he leído desde entonces ningún texto suyo. Pero en mi escaso equipaje llevaba su carta, el noble gesto de un gran escritor que se acercaba con generosidad a una adolescente que aspiraba serlo. Siempre se lo he agradecido, y más cuando he comprendido que debió de llevar siempre consigo la herida abierta de su largo exilio.

****

Texto de la carta:

El Director de Carteles
Srta. Uva de Aragón Hernández-Catá
Marianao

Mi querida amiga: antes que nada perdóname por no haber contestado antes a tu simpática y amable carta de primeros de mayo. Ya sabes lo que somos los periodistas: hombres tan preocupados de la actualidad de los demás que nunca tenemos tiempo de pensar en la propia, lo que nos obliga, si no a ser desagradecidos, cuando menos a no poder expresar en el momento oportuno nuestra gratitud. Y yo te debo al menos, unas palabras de satisfacción por tu carta, que quiero pagar inmediatamente.
Créeme que, comentarios como los tuyos, valen para mí mucho más que los que lo mejores críticos puedan decir sobre mis trabajos; ya que, al fin y al cabo, cuando escribo, lo hago más bien por íntima satisfacción personal que con ánimo de solicitar el reconocimiento ajeno de las propias habilidades. En ese aspecto, tus líneas, por sentidas, tienen para mí un extraordinario valor, que te agradezco sinceramente con el corazón en la mano.
¿Qué otra cosa pudiera decirte? Mándame por tu tía Sara tus estampas que leeré con interés y criticaré implacablemente, sin que me ablanden los elogios que me has dedicado. Por mi parte te enviaré, también por Sara, un libro inédito de cuentos que pienso publicar algún día, para que me des tu opinión.
Te saluda cariñosamente tu buen amigo y compañero

Fmdo. Antonio Ortega

2-VII-58

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