El miedo y sus antídotos en la era del Coronavirus

Tengo miedo. A veces, mucho. En primer término, por mi familia y seres queridos. La idea de que uno de ellos contraiga el Coronavirus me espanta. Pensarlo me ha llevado en días pasados a ataques de llantos, y no soy nada llorona. Tengo miedo. Por mi propia salud y la posibilidad de la muerte. Me asusta sobretodo que el que se enferme tiene que estar solo, lejos de sus seres queridos, incluso si le llega el momento final. Temo por los Estados Unidos, Cuba, España donde tengo tantos afectos. Me duele Italia. Me duele la humanidad.

Busco formas de aliviar el miedo. Trato de racionar las horas frente al televisor y de no leer todo lo que se publica en las redes sociales. Intento preocuparme menos y ocuparme más. Tomo las precauciones debidas. Invierto el tiempo escribiendo, leyendo, viendo Netflix, arreglando gavetas. (En realidad, desde niña, nunca me aburro.) Y llamo por lo menos a una persona querida al día, además, claro, de hablar con la familia más cercana, como siempre. He comenzado con los mayores, desde una prima que recién cumplió 100 años, hasta mis queridos nonagenarios. Lo agradecen. También, me comunico con primos, amigos de la infancia. Tanta vida compartida es un vínculo que nos renueva y protege.

A veces me consuela recordar, cerrar los ojos en ese momento de vigilia antes del sueño y recobrar los rostros de mi madre, mi abuela, mi tía Sara; el tacto de la mano de mi padre; la voz de mi segundo padre; los juegos con mis hermanas; las aulas y maestros de mi infancia; la risa de mis hijas cuando chicas; las caritas nerviosas de mis nietos cuando los perseguía por la casa como si fuera un monstruo… También, más aún, me alivia soñar. Visualizar cuando me reúna con a mi hermana Lucía, y celebremos la vida con unas margaritas gigantes; cuando conozca a mi sobrino nieto Sterling Santiago, nacido hace dos meses; cuando publique nuevos libros; cuando reciba a amigos y familiares y disfrutemos de tremendo fiestón en la terraza de mi casa.

Tengo miedo. También, gratitud. Por los médicos, enfermeras, y todos los que en primera fila, a riesgo de sus propias vidas, atienden a los pacientes. Agradezco el servicio que aún nos dan a diario los que trabajan en los mercados, las farmacias; los que limpian, reparten cartas, recogen basura, manejan para traernos a la puerta de la casa lo que ordenamos por la red, ya sea comida o medicinas. En fin, los que aún nos ofrecen servicios imprescindibles.

Tengo miedo. Pero también, esperanza. No sólo de que a nivel familiar, nacional y global sobreviremos, sino que esta pandemia nos hará darnos cuenta de cuáles son las verdaderas prioridades. Importa más la salud que las compras, más lo que nos une como seres humanos, que los que nos diferencia. El virus y la muerte nos igualan. No les importa el origen étnico, el estatus migratorio, el nivel socioeconómico. Ataca sin discriminación. Los abrazos que hoy no podemos darnos cobrarán mayor valor en el futuro.

Tengo miedo. Pero más aún, tengo fe. Fe en que Dios nos protegerá, ayudará, consolará, acogerá a los que les toque partir. Rezo. Hablo con Dios. Le cuento mis angustias. No logro descifrar sus respuestas, pero la conversación me devuelve la serenidad. Sé que nunca es más oscura la noche, que antes de que amanezca.

Para ahuyentar el miedo, escribo, me ocupo, llamo a mis seres querido, recuerdo, sueño, agradezco, espero, rezo. Miro hace dentro, y sé que aún hay fuerza y amor. Gracias, Dios.

Acerca de uvadearagon

escritora cubana
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8 respuestas a El miedo y sus antídotos en la era del Coronavirus

  1. Cristobal Díaz dijo:

    De miedo, nada.Salvo la segunda Guerra mundial, desde que el hombre transita por la tiierra, ningún suceso ha producido la cantidad de víctimas que se supone tenga Cavid 19; a rezar porqe Cavid no gane…Además, cuando la Guerra, era muy poco lo que podíamos hacer porque disminuyeran los Muertos; aquí i tenemos un mejor papel; aquí podemos exhortar a nuestros parientes, amigos, que cumplan las medidas de seguridad, que han probado ser efectivas… De miedo, nada! CDA

  2. callearena dijo:

    Gracias, Uva.

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  3. marielena peña dijo:

    Muy hermoso y oportuno… gracias y bendiciones!

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    • uvadearagon dijo:

      Gracias a todos por sus mensajes en esta página y los muchos que he recibido por correo electrónico. Agradecida inmensamente por las llamadas desde La Habana, Belice, Madrid y Córdoba, Argentina. Algunos en sus mensajes me dicen que no tenga miedo. Otros me agradecen que haya confesado el mío porque refleja el que ellos sienten. No debemos avergorzarnos de tener miedo. Lo importante es lograr vencerlo. En eso precisamente reside el coraje.

  4. TERESA FERNANDEZ SONEIRA dijo:

    “Si Dios está con nosotros, quién estará contra nosotros? ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?” Romanos 8
    Nada de miedo. Encomiéndate a Dios, cuídate y reza. Nada más. Y ve planificando tus próximos libros.

  5. Monica Santibanez dijo:

    Buenos días Uva siempre me gusta leer sus comentarios solo una sugerencia para tu tranquilidad lee el salmo 91 y salmo 46
    Cuidate

  6. cecilio1942 dijo:

    Querida Uva: Gracias por esta confesión. Comparto con Cristóbal la opinión que no hay que tener miedo, pero eso no significa que no lo tengamos. Sobre todo preocupación, que podría confundirse con miedo. Gracias por la altura moral de tus palabras que reflejan preocupación por la humanidad por encima de todo. ¡¡Gracias!!
    PD Con tu permiso lo comparto en FB.

  7. uvadearagon dijo:

    Gracias, Cecilio, por todos sus “me gusta” , que tanto me animan, y por este comentario y compartir mi entrada en FB. Si es miedo o preocupación lo que sentimos es cuestión de semántica. Me parece casi imposible no inquietarnos; lo importante es no dejarnos vencer por pensamientos negativos. Para ello, la música es también un buen antídoto. Y en esta semana en especial, los servicios religiosos. He escogido oir la misa de alguna parroquia en Cuba. De alguna forma, me hace sentirme cerca de los cubanos y de mi raíz. ¡Los milagros de la tecnología moderna! Cuídese y gracias de nuevo.

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