Cuba y sus médicos

El Dr. Federico Justiniani, hombre multifacético, que además de destacarse en la medicina y la docencia, escribe, compone, toca guitarra y es un excelente fotógrafo, acaba de publicar Personalidades en la historia de la medicina cubana 1760-1959. A través de las biografías de unos cien destacados galenos, organizadas por orden cronológico, con fechas de nacimientos que van de 1764 a 1905, Justiniani nos muestra el desarrollo de la medicina en Cuba a lo largo de dos siglos y, en gran medida, la forja de una nación.

Aunque es tentador detenerse en algunas historias particulares, quisiera resaltar los aspectos que tienen en común estas vidas dedicadas a la ciencia de Hipócrates. En todas, la Universidad de La Habana ocupa un lugar prominente, por lo que hizo bien el autor en incluir una breve historia de este centro docente, así como del Hospital Calixto García. En el curso que da comienzos al siglo XIX, de 1800 a 1801, había matriculados solo 8 estudiantes en la Cátedra de Medicina. Todavía la enseñanza estaba dominada por un espíritu escolástico medieval, que fue evolucionando al secularizarse la institución en 1842 y al mudarse a la colina de Aróstegui en 1902 con el comienzo de la República. Los estudios constaban de cinco años para alcanzar el título de Bachiller en Medicina, dos años de prácticas con un médico para el grado de Licenciado y otro más para el de Doctor. Todos estos galenos estudiaron o revalidaron sus carreras en la Universidad de La Habana y fueron catedráticos de la misma. Su labor como profesores fue notable en la formación de los médicos de la Isla. Varios llegaron a ser decanos de la Escuela de Medicina e incluso rectores de la Universidad.

Durante los años de la Colonia, hubo tres acontecimientos políticos que afectaron a los médicos: la Guerra de los Diez Años (1868-1869), el fusilamiento de los estudiantes de medicina en 1871 y la Guerra del 95. Como consecuencia, muchos sufrieron persecución, cárcel y exilio. Otros pelearon en la manigua o prestaron servicios médicos a los mambises. Varios tuvieron estrechas relaciones con los fundadores de la Patria, como José Martí, Antonio Maceo, Máximo Gómez, Calixto García. Las condiciones en la Isla llevaron a un gran número de estudiantes a las aulas de universidades españolas en Madrid, Zaragoza, Barcelona. Fue París, sin embargo, la ciudad que más influyó en los cubanos, donde aprendieron, investigaron, practicaron la medicina al lado de los más avanzados científicos. También algunos se trasladaron a cursar sus carreras en Estados Unidos, especialmente en la Universidad de Pennsylvania en Filadelfia. Ya en la época republicana los vínculos con los Estados Unidos se fortalecieron mientras que se debilitaron los contactos con las universidades en la Madre Patria. Francia siempre fue un referente medular.

A través del libro del Dr. Justiniani, vamos aprendiendo sobre la fundación de innumerables instituciones, entre la que se destaca la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de la Habana. Leemos asimismo sobre las diversas publicaciones médicas que van surgiendo y sobre la creación y el desarrollo de distintas especialidades. Quizás dos de las palabras que más se repitan sean fundar y primero, pues estos médicos fueron precursores en sus especialidades, ya fuera la cancerología, la dermatología, la embriología, la hematología, la medicina legal, la medicina interna, la oftalmología, la ortopedia, la psiquiatría, la radiología y otras ramas. Fundaron cátedras, hospitales, revistas, dispensarios. Organizaron congresos. Muchas veces fueron los primeros no sólo en Cuba sino en la América Latina en hacer un tipo de cirugía, en introducir un método de cura o una vacuna. Se incluye a la primera mujer que se graduó de medicina en 1889, la Dra. Laura Martínez de Carvajal y del Camino.

Otro aspecto común de este centenar de médicos es su preocupación constante por la Salud Pública, sus esfuerzos a favor de la higiene y la salubridad, y su constante quehacer por combatir enfermedades infeccionas y tropicales. Lucharon para disminuir la mortalidad infantil y a favor de la salud de los niños. Había en ellos un gran sentido de justicia social, y muchos dedicaron su tiempo, su talento e incluso su dinero al tratamiento de enfermos de pocos recursos.

Una mayoría de estos destacados galenos nacieron en La Habana y provenían de familias pudientes, pero también otros eran de Matanzas, Las Villas, Camagüey, Oriente. Algunos vinieron de España a temprana edad y se sentían cubanos. Quizás porque la expectativa de vida era mucho menor entonces, hay varios casos de médicos que quedaron huérfanos cuando niños, y fueron criados por familiares o personas piadosas. Los hay de extracción humilde. Quizás el caso más emblemático es el del gran amigo de Martí, el Dr. Fermín Valdés Domínguez, cuya madre lo dejó en el torno de la Beneficencia con una nota informando su fecha de nacimiento y que no había sido bautizado. En todos había tal vocación por la medicina que vencieron los obstáculos en sus caminos.

Es notable la cultura tan amplia de estos cubanos, muchos de ellos políglota, que publicaron en varios idiomas, pertenecían a sociedades médicas de diversos países y recibieron reconocimientos más allá de las fronteras de su isla. No pocos estudiaron más de una carrera, y eran además dentistas, farmacéuticos o doctores en otra disciplina.

El libro va acompañado con fotografías de los doctores así como de algunos hospitales, publicaciones, y homenajes, tales como bustos o placas. Incluye un índice onomástico, otro por especialización y notas que revelan las fuentes utilizadas. No puede pedirse mayor rigor.

Podría parecer aburrido leer más de un centenar de curriculum vitaes de médicos, pero a mí me ha fascinado este libro porque documenta el desarrollo de la medicina cubana, algo de lo que hay razones sobradas para sentirnos orgullosos. Hasta los títulos de las tesis son una indicación de los temas que se investigaban en esos momentos.

Consideraría útil que el doctor Justiniani extendiera su labor para incluir las últimas generaciones de médicos cubanos que se graduaron y ejercieron su profesión durante los últimos años de la República e incluso aquí en el exilio.

Personalidades en la historia de la medicina cubana 1760-1959 es un libro que debería estar en todos los hogares cubanos y en la de muchos médicos hispanos. Encontraremos en él una visión acertada de cómo se forjó uno de los aspectos más sobresalientes de la nación cubana.

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
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