A La Habana, en su quinto centenario

La niña que fui

La niña que fui

Mi infancia habanera.
A la rueda rueda. Tieso tieso.
El dulcero con su tablero
A la salida de la escuela.
La arena fina y el mar tranquilo.
Al doblar de la esquina,
Siempre Pilar me espera,
Descalza, sin sus zapatos rosa,
…pero va tan oronda.
«¡Di, mamá!
¿Tú sabes qué cosa es reina?»

Misa los domingos. La familia reunida.
Los mayores conversan; los niños juegan;
Se cuentan secretos las jovencitas.
La Habana y el Almendares en el estadio de El Cerro.
“Recuerde el alma dormida…”
La tarde muere. Y mi abuela leyéndome
poemas.

Por la radio galopan los Villalobos
Albertico Limonta no quiere hablar.
Las sombras de los almendros
Se mecen en las paredes de mi cuarto
de niña.
Con las ventanas abiertas,
Me arrulla. como una nana, la mar

El primer golpe me lo da la muerte.
Se lleva al padre amado, y mi inocencia.
Me consuelan el regazo de mi madre,
mis hermanos, los libros y anotar en mi cuaderno
tristezas, inquietudes, tiernos amores.

La Habana del primer beso, de la violencia
Y el danzón. La Habana de las bombas
Y los conciertos. Del miedo, y la ilusión,
Enmarcada en la ventana del ómnibus del colegio,
De ver mi nombre en letra impresa.

Adolescente, vino la partida, el desgarrón.
El largo, doloroso destierro. Las separaciones de familia.
Los parientes que nunca más volví a ver.
La pobreza estrenada. La vida siempre en otra parte.
Recordar, en ese momento antes de la conciencia dormida
Cada hogar amado, cada escuela, cada calle.
No quiero olvidar. Te recreo, Habana. Te reinvento.
Te escribo versos. Me dueles
como un hijo en las entrañas muerto.

Cuatro décadas demoró el regreso.
El reencuentro contigo, ciudad amada.
Me recibieron mis árboles, mis fuentes, mis parques.
Cantaron para mí los crotos, las aves.
Lloré en las tumbas de mis muertos
Y bebí ron y brisas en mi malecón habanero.

Hoy, aunque viva lejos, estoy libre de angustia,
en calma.
Te mando sobre la frente marmórea, un solo beso
¡Por tus cinco siglos de gloria coronada!
Y vuelve, al fin, ya en paz, el alma al alma.

La Habana, 2017. Al fondo, El Templete, donde se celebró la primera misa y el primer concilio el 16 de noviembre de 1519

Acerca de uvadearagon

escritora cubana
Esta entrada fue publicada en Cubanoamericanos, Diáspora cubana, Historia de Cuba, Mi familia, Mujeres cubanas, Poesía, Realidad cubana, Reconciliación de los cubanos, Viajes, Vida de la escritora, Vida en Cuba, Vida en Estados Unidos, Violencia. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a A La Habana, en su quinto centenario

  1. Kika dijo:

    Hermoso poema que corta y desgarra. Herida compartida por todos los cubanos ausentes. Daño irreparable a nuestra generacion que no olvida.

  2. Armando E. Cubillán B, dijo:

    Excelente POEMA del RECUERDO

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