Tres cuartos de siglo de vida

La Habana, circa 1946

El 11 de julio de 1944 el Dr. Ernesto R. de Aragón asistió a su esposa Uva Hernández-Catá en el Hospital Anglo American en la Calle 2 esquina a 15 en El Vedado, con el parto de la segunda hija de ambos a quien bautizaron con el nombre de Uva de los Ángeles. Este jueves, pues, cumplo tres cuartos de siglo de vida.

Siempre me parece que los aniversarios son fechas no sólo para celebrar, sino para pasar balance, reflexionar. Veo mi vida en etapas. Mi infancia y adolescencia habanera, rodeada de amor y personas extraordinarias, donde sufrí también el dolor de la temprana muerte de mi padre. Los primeros años de exilio. En Washington: estudiante protegida por mis padres, descubriendo un mundo nuevo, sufriendo el desgarrón de dejar atrás todo lo que conozco y amo. Nueva York: joven novia y esposa enamorada. Maryland: la maternidad, la pobreza antes desconocida, nuevos amigos, mis primeros libros, el cambio de las estaciones, ver a mis hijas crecer. Y siempre, siempre, la ilusión del regreso.

Mudada a Miami en 1978. Reencuentro con el mar y los sabores de la infancia. Mis padres junto a nosotros al retirarse. Estudiar hasta terminar el doctorado. Mis años trabajando en FIU. Colegas. Alumnos. Mi columna en Diario Las Américas. Ver a Cuba con otros ojos. Las hijas haciéndose mujeres, casándose, dejando el hogar, convirtiéndome en abuela. La muerte de mis padres. El divorcio, doloroso al principio, pero que con el tiempo deviene en amistad. Nuevos libros publicados. Viajes. Nuevos amores. El regreso a Cuba. Tecnologías que me acercan a viejos amigos, me permiten ver crecer a los niños que están lejos. La jubilación. Los nietos haciéndose hombres, uno ya casado. Ir envejeciendo. La muerte de los mayores de la familia, y ahora, de amigos de mi propia edad.

En todas estas etapas voy creciendo, reafirmando mi personalidad. Tímida de joven; aventurera cuando mujer madura. Amante de mi soledad tanto como del tiempo compartido entre familiares y amigos. No dejo de tener mis egoísmos pero perdura la voluntad de servicio inculcado desde la cuna. Me enojan las injusticias. Me apasiono al discutir. Amo el mar. Prefiero, sin embargo, el asfalto bajo los pies. Caminar las calles de Madrid, La Habana, Nueva York, París. Soy amiga de mis amigos y disfruto sus éxitos como propios. Me encanta que vengan a mi casa. Aunque mi escritorio sea un reguero indescriptible, organizo mi tiempo. Me siento culpable si pasa un día sin hacer algo útil. Reconozco mis defectos; me esfuerzo por ser mejor todos los días. Mis cruces –y no me faltan– intento llevarlas con dignidad. No voy mucho a la Iglesia, pero tengo una fe inquebrantable en Dios y el poder de la oración.

En todos estos años, hay ciertas constantes: amor a la familia, los amigos, los libros y Cuba; compromiso con mi obra literaria; curiosidad intelectual; conciencia de los eventos mundiales y nacionales; respeto por las libertades individuales; devoción por la historia, las tradiciones; afán de modernidad. Y un goce inagotable por las cosas pequeñas que ofrece la vida

Los últimos dos años, desde que en mayo del 2017 me caí y sufrí una fractura múltiple del fémur, han sido de los más difíciles de mi vida. Semanas en un centro de rehabilitación, meses en una silla de ruedas dependiendo de otras personas para todo, han sido lecciones en humildad. Volver a subir un escalón, manejar, caminar con bastón, metas alcanzadas con dolor, voluntad, esfuerzo.

Hay cosas que no volveré a hacer. No podré bañarme en el mar, pero sí verlo, aspirar sus aromas, escuchar su respiración. No caminaré de nuevo sola por ciudades que amo, pero regresaré a algunas del brazo de seres queridos, y me sentaré en un balcón o un café a observar a los que transitan por las calles que antes yo recorría.

No soy la única con problemas de salud. También mi hermana Lucía se fracturó el fémur como yo y mi hermana Gloria, tanto menor que nosotras, tuvo serios problemas pulmonares. Me preocupan. Otros amigos y familiares padecen asimismo diversos achaques o enfermedades. Claro que mal de muchos consuelo de tontos. Todos ansiamos sentirnos bien y “vivir siempre, así fuese de barriga”, como escribió Vallejo.

Agradezco, pues, estar viva. En los últimos meses se me han ido, sin tiempo para adioses, queridos amigos – la periodista Juana Isa, la profesora Ana Cairo, el poeta Armando Álvarez Bravo, los compañeros de Ruston Academy, Otalio Soca, Ruben Ortiz y Joaquín Rodríguez, el vecino de los primeros años del exilio Charles Rodríguez. Con cada uno, se va algo de mí misma.

Quisiera creer que aunque tenga mis momentos malos, estos tiempos difíciles hayan servido para ofrecerles a hijas y nietos un ejemplo de cómo afrontar la adversidad. No me dejo vencer. Escribo. Me invento ilusiones, aunque no sean las mismas de antes. Pero yo soy la misma todavía. Es suficiente para dar gracias a Dios. Y celebrar tres cuartos de siglo de vida. Tómate hoy una copa por mí.

Foto reciente por Alberto Romeu

Acerca de uvadearagon

escritora cubana
Esta entrada fue publicada en Actividades académicas, Actividades culturales, Cubanoamericanos, Diáspora cubana, La vejez, Libros cubanos, Mi familia, Miami, Mis libros, Mujeres cubanas, Nuevas teconologías, Periodismo, Reconciliación de los cubanos, Religión, Salud, Vida de la escritora, Vida en Cuba, Vida en Estados Unidos. Guarda el enlace permanente.

6 respuestas a Tres cuartos de siglo de vida

  1. marielena peña dijo:

    Bendiciones y muchas alegrías en tu sabia madurez! Happy todo pa’ti!❤️😘

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    >

  2. Oria dijo:

    Que bonito. Claro que me tomaré una copa

  3. Armandito dijo:

    MUCHAS FELICIDADES, querida prima.

  4. Mario Mendoza dijo:

    Felicidades Uvita, por cumplir años. Tu me has dado unas grandes demostraciones de cariño cada vez que he acudido a ti con algún favor. Me has sido de una enorme ayuda a poder escribir. Tu eres como me gusta la gente: igual siempre. Me inspiras como escritora y te mando mucho cariño.

    Mario Mendoza,
    Wellington, Florida

  5. cecilio1942 dijo:

    ¡Felicidades adelantadas y gracias por estar ahí compartiendo sus experiencias! Un abrazo

  6. Angela E. Lopez dijo:

    Uva: te deseo muchas felicidades en tu día, y mucha salud rodeada de tus seres queridos. Me gusto mucho tu reflexión de tu vida, que en muchos aspectos se parece a la mía: Nací en La Habana y tuve que venir a EEUU a principios de los años 60s. Viví y me casé en NYC y allí nacieron mis hijos y trabajé en Universidades, estudié e hice el doctorado y después de retirarme me mude a Miami. Cada persona tiene vivencias únicas, pero como te cuente en breve , tenemos mucho en común. Te admiro mucho y te deseo lo mejor. Ángela E. Lopez (305) 968-1119.

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