Homenaje a Amelia del Castillo

El pasado sábado 9 de marzo el Pen Club de Escritores Cubanos en el Exilio rindió merecido homenaje a la poeta y escritora Amelia del Castillo. Estuve presente para aplaudir y abrazar a Amelia. Ahora, para unirme al reconocimiento, reproduzco este artículo publicado en Dario Las Américas el 23 de junio de 2005, uno de los muchos que he escrito sobre su obra. Este trabajo también aparece en mi libro El mundo y mi Cuba en el Diario, tanto en la edición de Ediciones Holguín publicada en Cuba en 2016 como la de Eriginal Books, de ese mismo año, que puede comprarse en Amazon.

Amelia del Castillo y su azul

La conozco desde hace muchos años y me una a ella una vieja amistad. Pero no nubla mi criterio el cariño que le profeso, ni el reconocimiento de sus virtudes como ser humano.

Los escritores Matías Montes Huidobro, Amelia del Castillo, Yara González de Montes, Rita Geada, Uva de Aragón y Orlando Rodríguez Sardiñas (Rossardi), durante la serie “Jueves de literatura” Miami 2005

Amelia del Castillo es una de las voces líricas más singulares de la poesía cubana de la segunda mitad del siglo XX. He leído todos sus libros. No necesito consultarlos para describir su poesía. Su forma: exacta, sin estridencias ni malabarismos. Su tono: entre el grito y el silencio. Sus temas: un ir y venir de la esperanza a la pena, del amor al desamor, del recuerdo al olvido, de la certeza a la duda, de la rosa a la espina. Quiere encauzar el tiempo, pero en cambio va tejiendo en su urdimbre voces del silencio. Siempre en diálogo con sí misma, al final descubre a géminis deshabitado. El hambre de sus espigas se mitiga, no se sacia.

Narra cuentos con oficio y prosa tersa, por más trampas y fantasías que ponga en ellos. Es en la poesía donde su espíritu va calando, como una llovizna tan fina y afilada que hiere sobre la piel. Se desnuda y se cubre con más velos que Salomé. Hay un misterio presentido que tiembla en cada verso. Su poesía no es oscura, ni hermética, pero su transparencia es engañosa, como un lago tranquilo que esconde el espíritu inquieto de una doncella dormida en su fondo.

Amelia del Castillo ha publicado hace pocos meses “Un pedazo de azul para el naufragio”. No está en estos versos el mar de espuma blanca y reír de campana de “Agua y espejos”, versos de juventud, premiados en la plenitud. En estas páginas, el mar de Amelia del Castillo está herido. Lo surcan orillas escabrosas, sangres de ausencia. Hay cruces y más cruces. La sed es insaciable y los perros mansos huyen junto a los fieros. En el portal del paraíso los hijos de la noche quebraron de un golpe los sueños con odios fratricidas. La furia del incendio arde sin tregua. Se burlan los espejos, y el viento se hace amigo del lamento y el naufragio. Hasta el blanco está sin luz

Hace varias semanas, en el Centro Cultural Español, se exhibieron cuadros de Carmen María Galigarcía –a quien también se debe la portada del cuaderno– junto a poemas de Amelia del Castillo. Pese al vínculo familiar que une a la poetisa y a la pintora, ninguna conocía la obra de la otra mientras la creaban. Se asombraron al descubrir cómo coincidían en el nivel de angustia existencial, la denuncia de atropellos e injusticias, y la compasión por el desvalido.

Se trata, en ambos casos, de una obra que nos coloca frente al horror. No son cuadros ni versos para agradar, sino para punzar. Están cocidos al fuego lento en las heridas, con todo el dolor del mundo amasado en lienzos y versos.

“Un pedazo de azul para el naufragio” no menciona a Cuba, pero es sobre Cuba, y, al mismo tiempo, la trasciende. Lo propio se vuelve de toda la humanidad. La isla se agiganta como una llaga que desgarra por los bordes. Al final, Amelia del Castillo, de regreso de tantos viajes de ida y vuelta por los caminos de la ausencia y el sacrificio, lanza un desafío. “No voy a renunciar a mi estatura, /ni a la raíz febril de mi andadura,/ ni al pabellón que la paciencia tiene.//Les reto desde el vórtice y el fuego./Desde la fe, desde la cruz y el ruego./Desde el legado azul que me sostiene.” // Yo apuesto por la poeta y su azul.

Acerca de uvadearagon

escritora cubana
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2 respuestas a Homenaje a Amelia del Castillo

  1. Rita Geada dijo:

    Uva, muy bueno y” a propósito “por bien merecido tu homenaje a Amelia con quien yo también he compartido por décadas amistad y poesía. Sin embargo , para asistir, tuvimos que enterarnos del acto el día antes por casualidad.

    • uvadearagon dijo:

      Así son las cosas, Rita. Por eso he incluido esta foto en que estamos tantos viejos amigos de Amelia. Ella me escribió un correo muy cariñoso. No te preocupes. Nada borra todo lo que hemos compartido por décadas.

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