La historia de Teo

Para Lisandro, que rescató a Teo.

Y para Osvaldo, Janet, Pepe, Paco, Gabriela y Laura que le dieron un hogar

Había una vez un niño que vivía en una Isla muy hermosa llamada Cuba. Jose creció en una zona de La Habana conocida como la Puntilla, donde termina el
el río Almendares, y las aguas del mar acarician una costa rocosa.

La Habana desde la Puntilla

Cada vez que podía, el niño se iba a la playita cerca de su casa. El mar era su mejor amigo. La abuela le decía que parecía un pez.

El niño se hizo hombre, se casó, y su mujer tuvo una bebé. Él la llevaba a bañarse en el mar, para que lo amara tanto como él.

Con los años empezaron a faltar muchos alimentos en la Isla. Los cubanos apenas tenían que comer. Desesperados, comenzaron a irse para Estados Unidos en pequeños barquitos o balsas. Como aquel niño, ya hombre, no le temía al mar, un día le dio un beso a su madre y a su niña, y se fue con un pomo de agua y un paquete de galletas hasta la orilla. Allí se subió a una improvisada embarcación.

Jose se fue en una balsa….

Aunque el mar era su amigo, las tres noches que pasó antes de pisar tierra firme a veces tuvo miedo. Pero llegó a Miami y aunque dio algunos tumbos al principio, por fin comenzó a trabajar en una fábrica de juguetes en Hialeah. El trabajo era aburrido, pues tenía que estar parado todo el tiempo para ponerles los ojitos a unos osos de peluche antes de que una gran máquina los presionara. Así quedaban pegados a Mr. Teddy, como se llamaba ese juguete, que había sido inspirado por un presidente americano llamado Theodore Roosvelt.

De vez en cuando el supervisor pasaba por el salón a ver cómo iban las cosas. Un día cogió a un oso por una pata y lo sacó de la hilera. Le gritó a Jose:

__Así no se trabaja. Este oso tiene un ojo más bajo que el otro. Los juguetes con nuestra marca no pueden tener imperfecciones. Tíralo a la la basura y ten más cuidado.

Jose pensó en cuando era niño y había que esperar a ver qué juguete le tocaba a uno cuando los repartían. Ahora mismo a él le hubiera encantado poder mandarle ese gran oso a su hijita. En vez, lo guardó en su taquilla, aunque era el oso era tan grande que casi no cabía.

Mr. Teddy pasó a llamarse Teo

Le daba pena aquel oso. Se preguntaba qué pasaría en el mundo si tiraran a la basura a todo el que tuviera un desperfecto. Ya a él lo hubieran eliminado porque desde niño tenía los pies planos.

A la hora de almuerzo, Jose sacaba al oso y lo sentaba a su lado. Comenzó a hacerle cuentos de su niñez en esa tierra encantada de palmeras y playas. Una vez una compañera de trabajo lo escuchó.

__Yo soy de Nicaragüa y también extraño mi país. Pero ese oso no te entiende. Se llama Mr. Teddy. No sabe español _ le dijo.

Jose no le hizo caso. A él le parecía que el oso lo escuchaba e incluso a veces le sonreía. y otras veces los ojitos le brillaban como si estuvieran húmedos. Decidió cambiarle el nombre. Le puso Teodoro. Le decía Teo. Por varios años Teo escuchó las penas y nostalgias de Jose, su alegría cuando recibía noticias de su familia, y sus sueños para traer a su niña, que era ya una mujercita.

Teo entendía todo lo que le contaba Jose

Un día el dueño de la fábrica vino a hacer una inspección. Traía con él a su hijo menor, un chiquillo con la cara llena de pecas y el pelo rubio que se quejaba de que había mucho calor. De pronto vio a Teo y lo cargó. Jose se lo quitó suavemente y lo guardó en su taquilla. A la hora de irse con el padre, el niño se antojó en llevarse al oso. Le dieron uno nuevo y con los ojos parejitos, pero el hijo del dueño pataleaba porque quería el de Jose.

–Mire, ni siquiera lleva la marca de la firma porque tiene un desperfecto-– explicó Jose al padre con la ilusión que se acabara de llevar a su hijo. Fue inútil. Tuvo que darle el oso al niño.

El tiempo pasó y Jose pudo ir a ver a su hija a Cuba y más tarde traerla a vivir a Miami, con su esposo e hijita. Aquel niño que parecía un pez era ya un abuelo y podía comprarle juguetes a su nieta, pero siempre se preguntó a donde habría ido a parar Teo.

Teo se había ido a vivir a Coral Gables con Johnny, el niño pecoso. Por muchos años Johnny lo quiso mucho. Como su mamá y su papá trabajaban todo el tiempo y él pasaba horas solo, el osito, que volvió a llamarse Mr. Teddy, se convirtió en su mejor amigo. Lo sentaba a la mesa a la hora de comer, lo llevaba a la cama cuando dormía.

Johnny pasaba mucho tiempo con su osito

Mr. Teddy viajó con su dueño a Nueva York, Chicago y otras ciudades. Johnny le hablaba en inglés. Una vez su nana lo escuchó y le dijo:

__Tienes que hablarle en español. El nació en Hialeah y su papá era cubano así que no entiende inglés bien.

Johnny pensó que la nana estaba loca. Él sabía que el oso no entendía, así le hablaran en inglés o español, sino porque los osos no entienden ningún idioma. Bueno, eso no era del todo cierto. Los osos entienden el lenguaje del corazón. De todas formas, ya no le hablo más. Johnny era ahora un adolescente y se pasaba la vida frente a una pantalla con juegos de videos. También tenía una amiga invisible llamada Alexa que sí le contestaba cuando él le hablaba.

Teddy quedó abandonado en un closet

Mr. Teddy quedó olvidado en un closet hasta que un día hicieron una limpieza y fue a parar a un basurero en Coral Gables. Estaba triste y asustado, pero sacó fuerzas de la tristeza, logró limpiarse un poco y sentarse en lo más alto de la basura, con la esperanza de que alguien lo viera y lo rescatara.

En efecto, al día siguiente a un inquilino del edificio le llamó la atención aquel oso tan bien cuidado sentado sobre la basura como si lo estuviera mirando todo. Ya sus hijos y nieta estaban grandes, pero el hombre, un profesor que quería mucho a Cuba, donde había nacido, pensó en cuántos niños en su país y a allí mismo en Miami apenas tenían juguetes. Acababa de pasar la Navidad y quizás algunos estaban tristes porque no habían recibido los regalos ansiados.

El profesor retrató al oso sentado sobre la basura y puso la foto en Facebook. ¿Alguien lo ha botado por error? – preguntó.

La foto de Teo salió en Facebook

Nadie le contestó y al día siguiente el profesor recogió al oso, lo subió al asiento de su carro y le puso el cinturón de seguridad. Colocó la nueva foto en FB y le preguntó a sus amigos qué debía hacer con él.

Algunos le dieron nombres de lugares donde donarlo. Otro le aconsejó que le abriera la barriga por si llevaba algo de contrabando dentro. Una amiga le habló de una familia recién llegada de Cuba con cuatro hijos.

–Seguro que ellos lo querrían…

A los dos días el profesor llevó a Mr. Teddy a casa de su amiga.

Ella lo cuidó con esmero e hizo todo lo posible para que estuviera contento. Hasta lo dejó sentarse en el mejor butacón de la casa

La amiga del profesor cuidó a Teo unos días

Poco después la familia Gallardo – Papá Osvaldo, Mamá Janet, Pepe el caso, Pablo el bueno, Gabriela la inteligente y Laura la risa, vinieron a su casa a buscar al oso.

No le habían dicho que ya tenían otro, pues les daba pena el cariño con que se les ofrecía. Y ellos querían a esa abuela un poco loca que tenía en su jardín del frente una casita en un árbol y caminaba con un bastón de flores.

Además, les parecía que el oso, como ellos, era un refugiado.

En cuanto lo vieron, Pablo dijo:

__Vamos a llamarlo Teo.

__Mira, dijo Gabriela, si ha sonreído. ¿No lo ves, Papá, que se ha reído?

__Si, hasta con los ojitos se ríe, y se le pone uno más chiquito, __observó Laura.

__ Será que es un osito cubano __ dijo el padre.

__Pues ya es parte de la familia. __dijo la madre.

__Le dedicaré una entrada en mi blog __ añadió Pepe, que era ya un joven escritor.

Y Teo, que sabía escuchar y entendía bien la nostalgia de los cubanos fuera de su país, se fue contento a su nuevo hogar donde fue muy querido y vivió muchos años. Incluso una vez hasta lo llevaron de visita a Cuba…y si no es por Mamá Janet que lo rescató, ¡hasta lo bañan en el mar!

Colorín Colorao….

Teo en un banco en Camagüey con Laura

Acerca de uvadearagon

escritora cubana
Esta entrada fue publicada en Cubanoamericanos, Cuento, Diáspora cubana, Realidad cubana, Vida de la escritora, Vida en Cuba, Vida en Estados Unidos. Guarda el enlace permanente.

5 respuestas a La historia de Teo

  1. Coky Michel dijo:

    Qué cuento más bonito! Me encantó! 😊❤️😘

    Sent from my iPhone

    >

  2. TERESA EMILIA FERNANDEZ SONEIRA dijo:

    Muy bonito y tierno el escrito de Teo. felicidades!

  3. Julieta Valls dijo:

    Me has emocionado intensamente, Uva. Que bello y tierno tu cuento, mil gracias!

  4. Arnoldo Muller dijo:

    Uva: Te agradezco muchisimo hayas creado a Teo: me ha hecho llorar…..y creo que, aunque no te lo digan, a otros tambien…

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