Mis tres Habanas

Publico de nuevo este artículo como homenaje a mi ciudad natal, que el pasado 15 de noviembre, cumplió 499 años de fundada.

Nací y crecí en La Habana hasta los quince años, esa edad símbolo en nuestra cultura de la plenitud de la adolescencia. En esa ciudad aprendí a caminar, leer, escribir. En sus parques y playas quedó la inocencia de mis primeros años. “Señora Santa Ana,¿por que llora el niño…?”

Mañana de domingo. Misa en la Iglesia de San Antonio. En la acera le doy unas monedas a una viejecita y me regala una estampita que guardo en mi misal. Al regreso a la casa, los discos de 78 en el tocadiscos. Las guitarras de los Panchos llenan el aire. “Como un rayito de luna…” Una copita de Oporto para los mayores mientras en la cocina dan los últimos toques al almuerzo. Hoy todos juntos alrededor de la mesa. La tarde en casa de la abuela jugando en el zaguán con los primos a los escondidos, los pasos americanos, las estatuas.

Habana de mis escuelas, mis maestros, mis compañeros de aula. Habana de mis primeras lecturas, mis primeras cuartillas. Habana y Pilar con sus zapatos rosa. Habana de Primera Comunión. Habana enmarcada por le ventana del ómnibus escolar mientras sueño con ser escritora, publicar libros…

La Habana y mi padre. Su mano que toma la mía para cruzar la calle. Vamos a la Casa Suárez a comprar turrones. Mi padre en los juegos de pelota. Mi padre en el Hospital Calixto García y la Clínica Miramar visitando a sus pacientes. Mi padre, león dormido, al que sus niñas tratan de robar una flor imaginaria, y despierta rugiendo para comernos a besos.

La Habana del primer gran dolor. La casa entristecida. Batas blancas que van y vienen. Cámara de oxígeno. Voces que susurran. Mi padre ha muerto. La niña no es niña más.

La Habana y mi madre. El tintineo de las medallas que prende a su ropón hieren el silencio de la madrugada cuando se inclina ante las camas de sus hijas para asegurarse que duermen tranquilas. Mi madre adornando un nacimiento. Mi madre llevándonos de compras a La Habana Vieja. Qué salto me da el corazón cuando pasamos por la Beneficencia y pienso en los pobres huérfanos… Mi madre viuda. Mi madre enamorada. Vuelta a casar. La casa llena de sol y vida.

La Habana y Mamá Lila. La abuela que me lee poesía. Me hace cuentos del abuelo escritor. Me enseña el romancero. Me canta…”Había una vez un barquito chiquitico, había una vez…”

La Habana y las tertulias en casa de mi tia Sara. Escritores, pintores. Luis Carbonell recitando. Ella reina entre todos.

La Habana de los primeros bailecitos, el primer amor, el primer beso. Habana de carnavales. Habana de boleros y chachachá. “Cuando Miñoso batea de verdad…” Habana de ciclones. Habana de paseos por el Malecón.

La Habana de violencia, bombas, tiroteos, dictadores, revolución. “Mambrú se fue a la guerra qué dolor qué dolor qué pena…”

La Habana del adiós, el desgarrón, el corazón adolorido. “Cuando me fui de Cuba…”

Mi segunda Habana. La Habana del exilio. La Habana del recuerdo. Por las noches, antes de dormir, recorro mentalmente mis caminos. De mi casa a la de mi abuela, de mi casa a mi escuela, de la capilla del cementerio a la tumba de mi padre, a la de mi abuelo. No quiero olvidar mi ciudad. Quiero fijar en la memoria sus imágenes. Sus calles, sus edificios, sus barrios, sus monumentos, sus iglesias, sus paseos. La Habana en mis noches de desvelo. La Habana en versos ungidos de nostalgia.

Mi tercera Habana. La Habana del regreso. Del reencuentro. Con familiares y amigos que quedaron atrás. Con mis árboles. Con los lugares grabados con exactitud en la memoria pese al largo paso del tiempo. Todo a la medida de mi recuerdo. Habana que redescubro, que camino con mis pies de desterrada, con mi baúl de preguntas sin respuestas, con mis heridas abiertas. Como yo, La Habana está más vieja, con más cicatrices, más necesitada de pintura. Con sus zonas de ruinas y pobreza. Con su arquitectura monumental y única. Medios puntos y enrejados. Fortificaciones y palacetes.

Habana de plazas, marchas, consignas, pancartas. Habana íntima, de viejos y nuevos afectos. Habana de los poetas. Mito y realidad, pecado y salvación, horror y paraíso. Mi Habana en tres tiempos. Todo en ti cabe, ciudad donde nací y donde algún día descansarán mis huesos.

Diario Las Américas, 16 de Septiembre de 2004

Este artícuo aparece en El mundo y mi Cuba en el Diario. Compilación y prólogo de Vitalina Alfonso. Holguín, Cuba: Ediciones Holguín, 2015. Segunda edición. Miami, Florida: Eriginal Books, 2016 Puede obtenerse en Amazon https://www.amazon.com/El-mundo-Cuba-Diario-Spanish/dp/1613700911/ref=sr_1_11?s=black-friday&ie=UTF8&qid=1542512268&sr=8-11&keywords=Uva+de+Aragon

Acerca de uvadearagon

escritora cubana
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2 respuestas a Mis tres Habanas

  1. Lori B. Celaya dijo:

    Tu escritura salta de las paginas a través de la nostalgia Uva. Me encanta!

    • uvadearagon dijo:

      Es cierto, Lori, que aunque crea que me he curado de la nostalgia, me engaño. La peor melancolía es la añoranza por lo que pudo ser, más que por lo que fue. Pero también me duele, y mucho, La Habana cotidiana de hoy, tan difícil para muchos que quiero y viven allí.

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