Las estudiantes y el predicador

Lo recuerdo con claridad asombrosa. Fue en el otoño de 1960. Llevaba poco más de un año en el exilio. Cursaba mi último año de secundaria (high school) en Stone Ridge, el colegio del Sagrado Corazón en las afueras de Washington. Aunque al comienzo me resistí a ir a un colegio de monjas –mi propia madre, por su experiencia con ellas en España en los años 20, nos había dado una visión aterradora de estas religiosas – ya me encontraba a gusto en la escuela. Regresábamos mis compañeras y yo en tren de un retiro en Filadelfia. Habíamos pasado tres días de silencio, oraciones, meditación.

Con mis compañeras de Stone Ridge en una visita al Capitolio, 1961

Algunas chicas, tras callar tanto tiempo, charlaban animadamente.
Otras leíamos o mirábamos distraídamente el paisaje otoñal enmarcado por la ventanilla. De pronto, llegó un hombre alto y delgado a nuestro vagón.

Nunca olvidaré la forma singular de su cabeza, la amplia frente, la quijada cuadrada, el brillo de sus ojos, la sonrisa amplia, y la ondulada y abundante caballera color castaño. Puedo ver aún el movimiento de sus grandes manos y escuchar el tono de su voz.

Mis compañeras estaban nerviosas, excitadas. Lo achaqué a lo buen mozo que era, a la atención que nos dedicaba aquel hombre de unos 30 años. Entonces escuché su nombre que recorría el vagón como un susurro cómplice: Billy Graham.

El Reverando Billy Graham a finales de los años 50

No conocía entonces nada de él ni recuerdo qué nos digo, pero sé que nos tuvo a todas cautivas durante las dos horas del trayecto.

El Reverendo Billy Graham, el predicador más famoso y influyente de Estados Unidos, acaba de morir a los 99 años de edad. Ayudó espiritualmente a varios Presidentes y a muchas más personas humildes. Hizo de la fe evangélica un valladar contra el comunismo ateo. Fue un precursor en el uso de la radio y la televisión para difundir su doctrina religiosa. Llevó su prédica a los hogares del país. Tendió puentes con el catolicismo. En ocasiones, fue controversial. Principalmente, se ganó el respeto del pueblo americano y del mundo.

Recuerdo hoy a aquellas jovencitas con sus uniformes escolares escuchándolo con atención. Y pienso en el privilegio que fue haberlo conocido. Descansa en paz, Reverendo Graham.

Acerca de uvadearagon

escritora cubana
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