Salvemos a los jóvenes

Publicado en El Nuevo Herald 2-20-2018

Un grupo de manifestantes yace en el suelo, exigiendo una reforma al control de las armas, en Washington, el 19 de febrero. Zach Gibson Getty Images

La secundaria Marjory Stoneman Douglas, donde el pasado día de San Valentín un adolescente consiguió asesinar a 17 personas y dejar a 14 heridos, entre alumnos y maestros, se encuentra a poco más de 20 millas de Indian Trace Elementary, donde mi hija mayor es maestra de segundo grado. Uno de los jóvenes muertos estudió en la primaria donde ella trabajaba. Aunque esas masacres en las escuelas me han estremecido siempre, y he escrito varias veces sobre el tema, en esta ocasión me ha afectado más porque la violencia tuvo lugar aquí en la Florida, y cerca de donde trabaja mi hija. Mi temor por su vida y la de sus alumnos aumenta.

Me ha conmovido la muerte de estos jóvenes en el umbral de sus vidas, y el dolor de sus padres, hermanos, abuelos y amigos. Considero héroes al profesor y a los dos entrenadores que fallecieron por proteger a sus estudiantes. Rezo por ellos y por la recuperación de los heridos. Y ruego a Dios que proteja a mi hija y sus pequeños alumnos.

También estoy muy enojada, al igual que los familiares de las víctimas y gran parte del país. Empiezan a surgir manifestaciones y muchos, incluyendo algunas madres, le reclaman directamente al presidente Trump que actúe. Esta masacre ha logrado asimismo que los estudiantes se organicen y reten a los políticos a que tomen las medidas necesarias. Están convocando a una marcha en Washington y otras ciudades del país para el 24 de marzo. Estoy segura de que un gran número de jóvenes dirán presente.

Ya ha sucedido suficientes veces para que podamos ver los factores que se repiten cuando ocurren estas masacres en las escuelas: los asesinos son jóvenes blancos, con problemas mentales o de personalidad, y que casi siempre han podido comprar legalmente armas semiautomáticas y una gran cantidad de balas.

La forma de evitar o disminuir esas tragedias consiste de tres elementos básicos: poner en vigor determinadas leyes que dificulten o prohíban la compra de armas, especialmente las automáticas; brindar más atención pública y ayuda a personas con enfermedades mentales; promover una relación más estrecha entre la policía y las escuelas, que permita a padres, estudiantes, administradores y maestros, reportar conductas sospechosos.

Es inconcebible que un joven no pueda comprar una cerveza hasta los 21 años, pero que a los 18 años le sea posible comprar legalmente un rifle AR-15. Esta arma semiautomática ya ha sido utilizada en varias de las masacres más recientes como las de Aurora, Colorado; Newtown, Connecticut; San Bernardino, California; Sutherland Springs, Texas; y ahora, Parkland, Florida. Es un arma mortífera por la rapidez con que se puede disparar y por el daño que causan sus balas. Es también la favorita de muchos cazadores y propietarios de armas. Pesa poco, es fácil de manejar, y sus dueños se sienten como si fueran militares de verdad. De hecho, una de las primeras versiones las utilizaron los soldados en Vietnam.

Durante una década, de 1994 a 2004, los AR-15 estuvieron prohibidos. Durante esos diez años se cometieron 15 masacres. De 2004 al presente, más de 150. No es difícil concluir que la prohibición de los AR-15 y otras armas similares sería un paso importante.

¿Por qué no sucede? Porque la National Rifle Association (NRA) hace “donaciones” de millones de dólares a muchos políticos, especialmente legisladores republicanos. Varios de los que en estos días manifestaron su pesar por las víctimas, han recibido gran “ayuda” del NRA a lo largo de sus carreras. En las elecciones de 2016, invirtieron $50 millones. Por ejemplo, en la campaña presidencial apoyaron a Donald Trump con $21 millones, tanto en anuncios a su favor como otros atacando a Hillary Clinton. Las respuestas vagas del senador de la Florida Marco Rubio inmediatamente después de la tragedia no deben sorprendernos: el NRA lo ha subvencionado con más de $3,300,000. Estas son cifras del prestigioso Center for Responsible Politics, que han sido difundidas por la prensa.

Muchos políticos se preocupan más por el apoyo económico del NRA y por no ofender a su base del electorado, que incluye a propietarios de rifles y otras armas de fuego, que por la vida de nuestros jóvenes. Sin embargo, cuando cualquier político sale electo para un cargo público, no representa sólo a los que votaron por él o ella, sino a toda la población de su distrito, estado o nación. Es el momento para que tomen conciencia de que la matanza de Parkland ha colmado la copa. El disgusto nacional crece…

Quisiera que todos tornáramos nuestro dolor en energía positiva. Levantemos nuestras voces –como ya lo han hecho varios periodistas en estas páginas de el Nuevo Herald– de todas las formas posibles para cambiar las cosas. Debemos estar al tanto de la posición pública, del récord de votación y de la calificación que otorga la NRA a cada político. Votemos en noviembre de este año a favor de los que estén dispuestos a dar la batalla en todos los frentes por nuestros hijos, nietos y maestros.

Tenemos que salvarlos. Ya no es cuestión de política.

Es de vida o muerte.

Este artículo también puede leerse en http://www.elnuevoherald.com/opinion-es/article200975084.html

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
Esta entrada fue publicada en Actualidad norteamericana, Control de armas, Derechos humanos, Educación, Elecciones 2016, Historia de Estados Unidos, Mi columna semanal, Mi familia, Miami, Política en Estados Unidos, Vida en Estados Unidos, Violencia. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Salvemos a los jóvenes

  1. Sonia Heros dijo:

    Querida Uva, Nadie puede presentar una situación, una complicada y horrible situación, en mejor forma que tu. Gracias por tu análisis con el cual concuerdo en un 100%. Ojalá se tomen las acciones legales para poner fin o al menos minimizar estas matanzas inhumanas. Un abrazo para ti, Sonia

    Sent from my iPhone

    >

  2. TERESA EMILIA FERNANDEZ S dijo:

    Uva, muy bueno tu artículo de hoy. Hay que alzar la voz porque las cosas no pueden seguir así. Gracias por escribir sobre este tema que incumbe a todos por igual.

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