¿Peligra nuestra democracia?

Publicado en El Nuevo Herald 2-7-2018

La historia de la división de poderes en los gobiernes tiene raíces antiguas y un largo proceso de evolución. En la antigua Grecia, hace ya más de dos mil años, Aristóteles advirtió en “La Política. Los tres poderes”: “En todas las constituciones hay tres elementos sobre los cuales debe meditar el buen legislador lo conveniente para cada régimen. Si estos elementos están bien establecidos, necesariamente también lo está el régimen, y los regímenes difieren unos de otros en lo que difieren cada uno de estos elementos”.

El concepto de la división de poderes se remonto a la antigua Grecia

Para Aristóteles, la finalidad del Estado era la promoción de la virtud y la felicidad de los ciudadanos. En cierto sentido, la política era para él la continuación y culminación de la ética. Basado en sus ideas, en el siglo II A.C. el escritor grecorromano Polibio profundiza el concepto con la idea de que los gobiernos necesitan equilibrar estos poderes; es decir, lo que hoy entendemos como sistema de “pesos y contrapesos”.

Si damos un salgo al siglo XVI el asunto se retoma cuando Gasparo Contanini estudia la Constitución de la República de Venecia, donde el poder estaba en manos de la aristocracia, que representaba solo un 5% de la población. Para evitar que sucediera lo mismo en la República de Florencia, se establece que el Rey, los nobles, el clero y el estado llano compartan las funciones de gobernar. La idea, naturalmente, era evitar la acumulación del poder en una persona o un grupo reducido.

Sin embargo, para que se pasara en la práctica a la verdadera división de poderes fueron necesarios más cambios. En 1657, el movimiento político inglés de los Levellers publica el libro “An examination of the political part of Mr. Hobbes´ Leviathan”, que afirma: “Hay un triple poder civil, o al menos, tres grados de ese poder: el primero es el legislativo, el segundo el judicial y, el tercero, el ejecutivo”.

Una de las figuras más influyentes en la elaboración de este concepto fue John Locke. Para él era de suma importancia el poder legislativo, porque sus miembros deben ser elegidos por el pueblo, y por tanto su autoridad reside en el consenso popular. Todos los poderes deben tener límites, y el gobierno no tiene sentido si no redunda en una mayor libertad y seguridad civil para los ciudadanos.

Ya en plena era de los Enciclopedistas, Charles de Montesquieu hace grandes aportes a estos conceptos pues asigna funciones claras y específicas a cada órgano del Estado. Propone un modelo válido universalmente, no limitado a un Estado específico. Su obra fundamental, El espíritu de las leyes, ha sido la base sobre la que se han establecido muchos estados modernos.

No hay palabras suficientes para reconocer la importancia de las contribuciones de Jean Jacques Rousseau, que en El contrato social explica la relación entre gobernantes y gobernados, y entre los individuos y la colectividad a que pertenecen.

La legitimidad del Estado está dada por la primacía de la voluntad general sobre la voluntad particular de los gobernantes, cualesquiera que éstos sean, y cualquiera que sea la forma de gobierno. Para Montesquieu, por ejemplo, el esquema de construcción del Estado varía de acuerdo con las condiciones de la población y del territorio, mientras que para Rousseau el principio sobre el que se construye el Estado es intocable, cambiando únicamente la Administración o el Gobierno.


A medida que va evolucionando el concepto de limitar los poderes del estado, va creciendo asimismo la idea de la necesidad de un estado de derecho y el respeto a las libertades individuales.

No es por casualidad que los fundadores de los Estados Unidos incluyeran en la Declaración de Independencia el derecho de los hombres a “Life, Liberty and the pursuit of Happiness” pues ya había una sólida base filosófica que indicaba como responsabilidad de los gobiernos contribuir a la felicidad de los ciudadanos.

En los Estados Unidos, la democracia moderna de mayor éxito, ha habido momentos en que se ha temido que el balance de poderes esté amenazado, pero siempre se han evitado crisis constitucionales serias.

Actualmente nos encontramos en uno de esas encrucijadas históricas, en que el poder ejecutivo desea controlar el judicial, y el legislativo hasta el momento parece estar dividido. Confiemos que si se produce el desequilibrio de los poderes, haya todavía legisladores que comprendan que el poder que detentan surge del mismo pueblo que los ha elegido; que su actuación no debe regirse por intereses personales o partidistas. De ellos depende el futuro del sistema democrático de gobierno; y no solo el de Estados Unidos, sino quizás también del resto del mundo.

Este artículo también puede leeerse en http://www.elnuevoherald.com/opinion-es/article198497404.html

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
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4 respuestas a ¿Peligra nuestra democracia?

  1. Armando Carvallo dijo:

    Muy bueno… as usual!

  2. Wekayak dijo:

    Excelente! Cómo vas?

  3. uvadearagon dijo:

    Gracias. Voy mejorando poco a poco.

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