Margarita Oteiza: mi maestra

Publicado en El Nuevo Herald 11-29-2017

Casi todos tenemos la suerte de haber tenido durante la infancia alguna maestra que hemos recordado siempre por su impacto duradero en nuestra vida. Soy afortunada. Tuve varias, entre ellas Margarita Oteiza, mi profesora de inglés en octavo grado en Ruston Academy en La Habana.

Miss Oteiza era entonces muy joven –calculo que no más de 25 o 26 años – alta, esbelta y con una larga y hermosa cabellera negra. No dudo que todos los varones de la clase estuvieran enamorados de ella. Sin alzar la voz jamás, siempre calmada y amable, se daba a respetar. Mañana a mañana estudiábamos ortografía, gramática, expresiones idiomáticas. Si nos portábamos bien, los viernes la maestra nos compensaba leyéndonos obras literarias en la lengua de Shakespeare. Nos sentábamos en forma de semicírculo a su alrededor y la atendíamos como embrujados. Un día nos leyó un cuento de Edgar Allan Poe y sentí una especie de escalofrío. No era por el tema macabro de la narración. Presentí que había topado con algo distinto de lo que conocía hasta entonces.

Con ella, como con todos los maestros en el Ruston, se podía conversar en los pasillos, antes o después de las clases. Le expresé mi curiosidad por el escritor americano y me mandó para la biblioteca donde la Doctora Raquel Romeu me entregó dos libros, uno de relatos cortos de Poe, y otro sobre su teoría literaria. El primero lo devoré en pocas noches. El segundo cambió mi vida. Aprendí las sabias máximas del autor sobre las narraciones cortas: que sea breve y todo contribuya al tema principal; escoger de antemano el tono, el tema, el ambiente (que no es lo mismo que la trama o el estilo); establecer un climax y terminar con un final que sorprenda al lector. En fin, Poe apostaba por el cuento cerrado, donde nada sobrara ni nada faltara. Esas lecturas de mis 13 años me enseñaron a escribir cuentos. Años más tarde, a menudo tuve oportunidad de agradecérselo a Miss Oteiza.

Mucho después he sabido que desde mediados de 1960 hasta principios de 1961 que se fue de Cuba, Margarita Oteiza ayudó a Mr. James Baker, director de Ruston Academy, a recoger y llevar los documentos a casa de los padres que deseaban sacar de Cuba a sus hijos por el programa de Pedro Pan. Cuando por fin llegó a Miami, enseñó inglés a esos muchachos, primero en una casita en Brickell, y luego en el campamento de Matacumbe, bajo un gran árbol y con viejos asientos de ómnibus como improvisados pupitres. Se desplazaba por la US 1 y una carretera de tierra en un viejo carro verde al que había que echarle agua con botellas de Coca Cola porque tenía un hueco en el motor. Se ganó el respeto y el cariño de sus alumnos. En una entrevista de 2010 comentó que le extrañaba el nombre del programa, porque Pedro Pan era un niño feliz, y aquellos cubanitos estaban siempre tristes.

Debió ser una época difícil para ella también. Su esposo Alberto González Recio, que había luchado contra Batista, pronto comenzó a conspirar contra Castro. Salió del país y se unió a la Brigada 2506. Murió en la invasión del 17 de abril. Años después Margarita se casó de nuevo y tuvo los hijos que tanto ansiaba.

Sus vínculos con Ruston Academy, donde estudió desde el quinto grado hasta terminar el Baachillerato y el “High School”, y donde enseñó durante seis años, se mantuvieron siempre. Fue una de las principales organizadoras de primera de las muchas reuniones que hemos tenido los ex alumnos y maestros de ese magnífico centro docente, y presidió primero, y fue miembro desde su fundación en 1992 hasta su muerte, de la Junta de Directores del Ruston Baker Education Instiution, que soñaba con poder reabrir el colegio en Cuba. Hasta el final, lucía su larga cabellera negra.

Hace unos meses, tal vez un año, una compañera de clase me dijo que Margarita sufría de Alzheimer y estaba en un “home”, que a veces conocía y otras no, y que ella no sabía si ir a verla. Le insistí que fuéramos juntas. Nunca me avisó.

Hace pocos días me ha enterado de su fallecimiento a los 84 años de edad. Con ella se me muere de nuevo mi adolescencia, mis años de estudiante en las aulas llenas de luz de Ruston Academy. Pienso en sus hijos. No sé cómo localizarlos. Ojalá llegue hasta ellos y hasta todos sus ex alumnos este adiós adolorido a mi maestra de inglés, a quien siempre agradeceré sus enseñanzas y en especial la de la obra de Edgar Allan Poe, que tanta influencia ha tenido en mi narrativa. Gracias de nuevo, Miss Oteiza.

Este artículo también puede leerse en http://www.elnuevoherald.com/opinion-es/article186756573.html

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
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Una respuesta a Margarita Oteiza: mi maestra

  1. Armando Carvallo dijo:

    Precioso y merecido reconocimiento. Yo tengo muy buenos recuerdos de magníficos maestros y maestras del Bachillerato, como los Drs. Yáñez (Ingreso), Clavijo (Historia), Ferrer (Español) y Trelles (Geografía), y las Dras. Calduch (Español), Cebrián (Zoología y Botánica) y Asunción Álvarez (Matemática).

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