Un país en crisis

Publicado en El Nuevo Herald 11-1-2017

Nunca antes desde la Segunda Guerra Mundial, la humanidad ha confrontado un reajuste de valores como en estos momentos. Las causas son múltiples, pero hay dos que sobresalen: el incalculable avance de la tecnología y el aumento, igualmente acelerado, de la violencia y el terrorismo.

La revolución tecnológica nos ha traído infinitos beneficios, pero también la necesidad de evolucionar a una nueva realidad que ha alterado el mercado de trabajo, el comercio, la privacidad, el desempeño de importantes profesiones –como el periodismo–, la vida social, y un largo etcétera. El tema es complejo. Intentaremos en esta columna destacar solamente algunos aspectos de este fenómeno en Estados Unidos.

Ambos partidos políticos tradicionales están en crisis. Es decir, en momentos de separación, disputa, acusación, juicio, resolución. En el Republicano, los bandos se pueden visualizar fácilmente. El de los Mitch McConnel y los Paul Ryan difiere mucho del de Steve Bannon. Del lado Demócrata, las ideas más de izquierda de Bernie Sanders se distancian de las centristas de Hillary Clinton o Nancy Pelosi. En este caso, ninguna de las dos tendencias de los Demócratas ha abrazado el populismo extremo que llevó a Donald Trump a la presidencia y que se ha manifestado en menor escala en elecciones de otros países como Alemania y Austria. Ambos partidos distan mucho de los que representaron, por una parte, Eisenhower, Reagan, los Bush, –padre e hijo–, e incluso Nixon; y, por la otra, Truman, Kennedy, Johnson, Clinton y Obama. Independientemente de cuáles admiremos y cuáles nos disgusten, tenían como denominador común una elegancia, un don de gente, un respeto al sistema democrático y sus instituciones, ausentes en la actualidad.

Presidentes anteriores de ambos partidos han tenido como demominador común la elegancia, y el respeto al sistema democrático, ausentes hoy

El Presidentr Donald Trump no surge de la nada. Es un producto de nuestra sociedad. Ser millonario es también parte del sueño americano. Abundan los hombres ricos vulgares, tramposos, pendencieros, racistas, con pocos escrúpulos a la hora de perjudicar a otros, o caminar por esa raya borrosa que se acerca al rompimiento de la ley. Muchos miembros de su base lo admiran porque es el reflejo de ellos mismos, o de lo que quisieran llegar a ser.

El mayor peligro de Donald Trump a la cabeza de la primera potencia del mundo es tanto interno como externo. Reside principalmente en su inverosímil capacidad para mentir, que comienza en su administración –olvidémonos de la campaña– con su insistencia en que asistieron a su toma de posesión más personas que a ninguna otra ceremonia similar en el pasado. La evidencia fotográfica mostraba tan claramente el error de su percepción, que hay que concluir que se cree sus propias falsedades. Se trate de un mentiroso o un mitómano, el resultado es el mismo. Uno de los principios básicos de la democracia es la verdad y la confianza. El Presidente socava día a día ambos fundamentos del sistema.

La leyende de que George Washington era incapaz de decir mentiras muestra cómo uno de los pilares de Estados Unidos ha sido siempre la verdad

Quebranta asimismo estos cimientos porque parece desconocer otro de los pilares de la democracia: la división de poderes. De ahí que no constituya para él ningún conflicto ético destituir a James Comey, jefe del FBI, porque investigaba las relaciones de la campaña de Trump con Rusia; o más recientemente, pedir al Departamento de Justicia que descubra la identidad de un agente del FBI para levantar un dedo acusador contra Hillary Clinton en el tema de la venta de uranio a Rusia.

También la empatía es característica del pueblo americano. Lo vimos recientemente en Houston cuando los damnificados se ayudaron unos a otros durante las inundaciones. El trato del Presidente a dos familias que han perdido parientes muy cercanos en la guerra; y su comportamiento en Puerto Rico tras el huracán Irma, son ejemplos tristes de su incapacidad de sentir el dolor ajeno.

En el espinoso tema del terrorismo y la violencia, habría que analizar su desprecio por la diplomacia, en el caso de Corea del Norte, y su reacción cuando las protestas en Charlottesville — para dar solo dos ejemplos.

No soy la única que piensa así. En fechas recientes muchos intelectuales, incluso en estas páginas, así como varios miembros del propio partido republicano y los ex presidentes Barack Obama y George W. Bush, han expresado similares inquietudes. Como líder del mundo libre, las actuaciones del presidente estadounidense tienen un impacto más allá de las fronteras nacionales. El orden forjado tras la Segunda Guerra Mundial, fundamentado en que la prosperidad y la paz florecen cuando los pueblos viven en democracia, se tambalea.

Según las encuestas más recientes, el apoyo al Presidente Trump ha declinado a un 36%, la cifra más baja de un presidente en su primer año

No es todo culpa de Donald Trump. Si el Presidente es un producto de los valores de al menos parte del país, entonces se impone la necesidad de un análisis profundo de nuestra sociedad. Será sin duda una dolorosa introspección, pero las crisis también pueden servir para encontrar mejores criterios y rectificar rumbos.

Este artículo también puede leerse en http://www.elnuevoherald.com/opinion-es/article181744511.html

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
Esta entrada fue publicada en Actualidad norteamericana, Derechos humanos, Ecología, Educación, Historia de Estados Unidos, Mi columna semanal, Noticias internacionales, Nuevas teconologías, Periodismo, Pobreza, Política en Estados Unidos, Racismo, Salud, Tecnología, Terrorismo, Violencia. Guarda el enlace permanente.

3 respuestas a Un país en crisis

  1. Cristobal Diaz Ayala dijo:

    Querida Uva; Excelente an’alisis. Siempre la pol’itica norteamericana ha tenido presidents mas o menos incapacitados para el cargo, pero ninguno tanto como este; adem’as, su defecto mas peligroso, es el aislamiento mundial que tuvieron presidentes despu’es de la 1ra Guerra y que afortudamente logr’o eliminar Roosevelt.. CDA

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