Harvey: Dolor y esperanza

Publicado en El Nuevo Herald 9-7- 201

La instructora de baile Charlee Rule, a la izquierda, organiza las donaciones de Harvey el lunes, 4 de septiembre de 2017, en su estudio iRule Dance, que alberga a unos 50 voluntarios en Beaumont, Texas. Jay Reeves – AP

El huracán Harvey ha sido para Estados Unidos una catástrofe sin precedentes en toda su historia. Houston se considera la ciudad más afectada, con lluvias de proporciones bíblicas. Las inundaciones han cobrado vidas y destruido o dañado miles y miles de hogares. El número de vehículos declarados pérdida total alcanza la cifra de medio millón. Hombres, mujeres y niños de todas las edades, razas, y clases sociales han sido afectados. Hemos visto a familias enteras sobre el techo de sus casas pidiendo con desesperación que los rescaten; a residentes en hogares de ancianos con el agua por la cintura; a bebitos prematuros ser evacuados de hospitales donde no había las condiciones para tratarlos. Quien haya observado esas imágenes en televisión o internet, no podrá evitar que se le oprima el corazón.

Contemplamos también a muchos que en los peores momentos se crecieron, como policías, bomberos, guardias y voluntarios que rescataron a riesgo de sus propias vidas a los que quedaron atrapados en sus casas o automóviles. Si los lamentables eventos de violencia racista en Charlottesville hicieron pensar que el altruismo y la solidaridad humana que caracterizaban a las comunidades de Estados Unidos habían desaparecido, la ayuda que prestaron a sus vecinos los ciudadanos de Houston y otras zonas de Texas, sin importar la raza o status migratorio, renueva la fe en que este noble pueblo no ha perdido sus virtudes esenciales. La ayuda de muchos otros estados también fue inmediata.

Por el momento la reacción del gobierno federal ha sido adecuada; pero se pondrá realmente a prueba en las próximas semanas, cuando comiencen las deliberaciones sobre un presupuesto de miles de millones de dólares para la reconstrucción de las zonas afectadas. La disyuntiva entre la aprobación de fondos para Texas, o para la construcción del muro en la frontera de México, llevará al Presidente y al poder legislativo a enfrentar una realidad distinta a la de antes del desastre de Harvey.

El presidente Trump y la Primera Dama han visitado Texas en dos ocasiones. Algunos señalan que en su primer viaje en vez de compadecerse por el sufrimiento de sus compatriotas tejanos, Trump mostró alegremente su satisfacción por el número de los que fueron a recibirlo al aeropuerto, tal como si tratara de un acto político. No consideran sincera su empatía, incluso cuando repartía botellas de agua y platos de comida. Otros, por el contrario, aplauden su comportamiento.

En medio de este desastre, al momento de escribir esta columna se esperaba que en cualquier momento el Presidente anunciara el cese dentro de seis meses de DACA, el programa que protege a más de 800,000 jóvenes que vinieron como niños indocumentados a Estados Unidos. Un número considerable vive en Houston, al igual que hay más de medio millón de hispanos indocumentados en el estado de Texas. Muchos de ellos construyeron las casas hoy dañadas, y son necesarios para el trabajo de reconstrucción, pues representan un 8.5% de la fuerza laboral. Aparte de lo que ya han ayudado desinteresadamente con las labores de rescate. Hoy, sin embargo, están en peligro de ser deportados, a no ser que el Congreso intervenga a su favor.

No podemos dejar de pensar en el sufrimiento de los afectados por Harvey. En los primeros días, todos los que fueron rescatados se sintieron felices de estar vivos. Se resignaron a las condiciones en el albergue que los acogía. Agradecieron un plato caliente, pañales de bebé, botellas de agua, una manta. Pero las aguas van regresando a sus niveles y muchos han vuelto a una casa… destrozada. Se trata de mucho más que paredes, piso y techo. Son hogares donde han crecido los hijos, con fotografías de toda una vida. Libros amados. Diplomas de graduación. Recuerdos de un viaje feliz. A veces hasta las cenizas de un ser querido. ¿Cómo se empieza de nuevo una vida? Pues muchos tejanos ya lo han hecho con una determinación admirable. Para los indocumentados, sin embargo, el futuro es un gran signo de interrogación.

No solo se han perjudicado miles de familias. El daño a la infraestructura citadina es también extraordinario. El peligro de enfermedades por las aguas infectadas es inminente. Sin embargo, Houston se va poniendo de nuevo en pie, aunque haya augurios de que la recuperación total tardará años.

A nosotros, los que vivimos lejos, nos toca ayudar de la forma que podamos, ya sea con una contribución a la Cruz Roja, por modesta que sea, o con proyectos para colectar donaciones en aulas, iglesias o grupos comunitarios. Ya hemos visto a varios personas acaudaladas y célebres contribuir grandes sumas y organizar eventos de recaudación de fondos.

En estos momentos, otra tormenta se desplaza por el Atlántico. Nunca se sabe dónde puede tocar tierra, ni si nosotros seremos en algún momento las víctimas de un desastre natural. Lo importante es estar preparados, y saber que a pesar de todo, el país se une cuando en alguna parte sobreviene una catástrofe. En medio de tanto dolor, es una señal de esperanza.

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
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2 respuestas a Harvey: Dolor y esperanza

  1. Coky Michel dijo:

    Muy bueno. Uvita, vamos a tener que posponer nuestra cita: tenemos las dos casas que preparar para la llegada de Irma, y nos estamos volviendo locos. El miércoles próximo? Cuídate! 😘

    Sent from my iPhone

  2. Armando Carvallo dijo:

    Así es…

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