Revisión de la Historia

Publicado en El Nuevo Herald 8-21-2017

Cuando era niña llegué a Madrid con mi familia un 20 de mayo. Mi hermana Lucía y yo nos sorprendimos de que la fecha de la independencia de nuestra Patria no se estuviera celebrando. Cuando nos pusimos a gritar “¡Viva Cuba Libre!” en el balcón del hotel, mi padre nos atajó y explicó cómo la victoria de Cuba había sido una derrota para España. Además, días después nos mostró una estatua del General Valeriano Weyler, el hombre más odiado por los cubanos, y un héroe para los españoles.

El General Valeriano Weyler

La lección me sirvió para toda la vida. La historia tiene distintas interpretaciones según quién la cuente. Con el paso de los años aprendí más: la historia no se trata de algo fijo. Se revisa. Incluso es obligación de las nuevas generaciones hacerlo, aportar puntos de vista menos parcializados y descubrir datos que pudieran haberse ocultado o perdido.

Hago estas reflexiones con motivo del movimiento para eliminar en Estados Unidos las estatuas del General Robert E. Lee, y otros símbolos de los confederados, como su bandera. Hay que recordar que lucharon en la Guerra Civil en contra de la autoridad del gobierno Federal y a favor de mantener en el Sur un estilo de vida y ganancias económicas sostenidas por el trabajo y el abuso de los negros. (Utilizo ese vocablo porque así –y con epítetos mucho peores– se referían a los afroamericanos entonces.)

Estatua del General Robert E. Lee en Charlottsville, Virginia, recientemente objeto de disturbios, y finalmente removida

Esta postura no debe extrañar. En España, a solo poco más de cuarenta años de la muerte del dictador Francisco Franco en 1975, las estatuas del Caudillo y la mayoría de la parafernalia simbólica del franquismo han desaparecido. Es más, la Ley de Memoria Histórica de 2007, establece la retirada de estos símbolos de lugares públicos. Tampoco en Alemania e Italia permanecen en parques y plazas las estatuas de Adolfo Hitler o de Benito Mussolini. Ni en Moscú se alza ya Stalin majestuosamente tiránico sobre los moscovitas. No hace tanto vimos a los iraquíes derribando la estatua de Sadam Hussein.

ültima estatua del General Francisco Franco en España, retirada de Santander en 2008

No estoy comparando al General Robert E. Lee con estos terribles dictadores. Lee fue un destacado militar que creía, como muchos en su época, que el derecho de tener esclavos provenía de Dios. En realidad, no parece que hubiera conocido los aspectos más crueles de la esclavitud, pues vivió mucho tiempo en el norte de Estados Unidos. Incluso, al terminar la guerra, se opuso a que se construyeran monumentos a los confederados, alegando que retrasaría la reconciliación necesaria. Pero en lo que se asemejan los generales confederados y sus banderas a otras tiranías de la historia, es que sus posturas ideológicas costaron millares de vidas. Las glorias que buscaban causaron profundos sufrimientos, llanto y sangre a los afroamericanos de entonces. De ahí que vale más dejar en museos y libros de historia los símbolos de aquella tragedia, y no hacer despliegue público de imágenes dolorosas y ofensivas a los descendientes de quienes la sufrieron. ¿Querrían los cubanos una estatua del General Weyler en La Habana o Miami? ¿Verían con agrado la mayoría de los venezolanos un monumento a Juan Vicente Gómez o Marcos Pérez Jiménez?

Marcha en Charlotsville de neofacistas y supremacistas blancos

Hay más. Algunas estatuas de confederados se levantaron a mediados del Siglo XX, como respuesta al movimiento pro Derechos Civiles. Su propósito no era histórico, sino expresar hostilidad ante una corriente que aspiraba a conquistar derechos civiles que aún se les negaban a los afroamericanos casi dos siglos después de la Guerra Civil. La simbología de los confederados ha sido siempre una banderilla clavada por neofascistas y supremacistas blancos en el corazón de la sociedad afroamericana. Debe, por el contrario, prevalecer una revisión de la historia que alimente la memoria colectiva con una perspectiva de justicia y verdad.

La esclavitud fue fuente de grandes sufrimientos y pérdidas de vidas

Aunque se eliminen las estatuas, no acabarán ni el racismo ni los prejuicios. Tampoco los disturbios causados por los que creen superior a la raza blanca. y expresan su rencor contra los afroamericanos, judíos e hispanos. Debería ser el Presidente Donald Trump quien tomara el liderazgo con una llamada a la cordura y la unidad nacional. No ha sido así. Queda, pues. en manos de todos los demás – políticos, instituciones, empresas, ciudadanos—predicar juntos a favor de los antídotos necesarios: el respeto a la ley y la diversidad. Y una virtud más difícil de definir, pero muy eficaz: el amor. La reciente marcha en Boston ha sido una buena señal de que existen valores suficientes en Estados Unidos para contrarrestar las voces del odio.

Miles marchan en Boston el 19 de agosto en contra del racismo y el odio y a favor de la unidad nacional

Este artículo también puede leerse en http://www.elnuevoherald.com/opinion-es/article168440517.html

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
Esta entrada fue publicada en Actualidad norteamericana, Derechos humanos, Historia de Estados Unidos, Mi columna semanal, Política en Estados Unidos, Racismo, Vida en Estados Unidos, Violencia. Guarda el enlace permanente.

8 respuestas a Revisión de la Historia

  1. Jose Cabrer dijo:

    Acertado artículo. Has tocado la debida cuerda. La pregunta que tenemos que hacernos los cubanos es si al final de castrismo vamos a dejar los monumentos erguidos por la revolución.

  2. Aurora Morcillo dijo:

    Buenísimo!!

    Aurora Morcillo
    Professor of History
    Director Spanish and Mediterranean Studies Program
    Spain.fiu.edu

  3. TERESA EMILIA FERNANDEZ S dijo:

    Estoy de acuerdo con tu punto de vista. Solo quiero añadir que algunos de los monumentos que quieren tumbar, o que ya han tumbado, estaban en pie desde hace ya más de 100 años, mientras que los de Mussolini, Franco, etc., los tumbaron relativamente pronto luego de que esos dicadores dejaran de existir. En Cuba, por ejemplo, tumbaron hace ya mucho tiempo, la estatua de Tomás Estrada Palma, dejándole solos los zapatos. En resumen, la historia es la historia, sea buena o mala, positiva o negativa, y esos monumentos representan la historia de los Estados Unidos.

    • uvadearagon dijo:

      No soy partidaria por lo general de que se remuevan monumentos históricos (como la estatua de Estrada Palma) pero en el caso de las de generales confederados, lo apoyo por lo que ofenden a la población afroamericana. La historia es la historia, y el General Lee perdió, no quiso que le hicieran monumentos, y abogó por la reconciliación del Norte y el Sur. Los símbolos de los confederados los han usadado por lo general los supremacistas blancos para ofender a los afroamericanos. Por eso las estatuas podrán ltener 100 años, pero no se levantaron cundo perdieron la guerra. // Lo que tú haces con tus libros sobre las mujeres cubanas en las guerras de independencia es precisamente por lo que abogo al hablar de la revisión de la historia , y al igual que algunas estatuas podrán estar de más, hay otras que deberían erguirse.

  4. Jorge Alberto dijo:

    Excelente comentario. Sabias palabras que ayudan a encontrar respuestas. Yo apelo al respeto por los intereses de todos (dígase minoría o mayoría). El gobierno puede contribuir mucho a la actuación cívica de bien. ! Ojo con él sectarismo!. América es grande y puede seguir siéndolo.

  5. Cuba Nuestra dijo:

    Van mal los iconoclastas de cualquier época. No es que las estatuas sea inocentes, ellas emiten un mensaje de quienes las levantan, pero una vez estos derrotados ya no hay peligro este discurso escultórico, ellas quedan como lo que siempre debieron ser, símbolos de una época y obras de arte.

  6. Cristobal Diaz Ayala dijo:

    Excelente como siempre tu artículo, solo agregando a lo que acertadamente dice Teresa Emilia, que en Cuba sin embargo, el inmenso monumento a José Miguel Gómez, fue respetado por Fidel, y éste a su vez, como sabiendo lo que le espera en el futuro a sus restos en Cuba, creo dejó prohibido monumentos a su memoria, y yacen sus restos bajo un enorme pedrusco…CDA

    • uvadearagon dijo:

      CDA – Según conozco, el monumento a José Miguel Gómez fue respetado pero no aíi su estatua que fue removida y que apareció misteriosamente de nuevo en su lugar hace unos pocos años, Sin embargo, ahora hay, sino un movimiento, al menos una canción llamada la Calle G en que los afrocubanos piden que se quite de nuevo por lo de la Guerra del 12 en que mataron a tantos de ellos. No soy partidaria de quitar todas las estatuas. Sin duda no la de Estrada Palma. En el caso de los símbolos de los confederados en Estados Unidos, es por lo que ofenden a la población afroamericana.

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