Un mal paso

Publicado en El Nuevo Herald 6-28-2017

Lamento no haber podido escribir desde hace un mes esta columna. Se debió a un mal paso que casi siempre se paga caro, y más a mi edad. No se trata de una metáfora. El pasado 20 de mayo no alcancé a ver un escalón en casa de unos amigos, me caí y me fracturé el fémur en tres partes. El dolor fue peor que el de un parto, y en la operación de cuatro horas me dejaron dentro de la pierna toda una ferretería. La atención en la sala de emergencias y la del cirujano Vivien Fongué en el Baptist Hospital no pudo haber sido mejor. Después, cuando me llevaron a la habitación, la cosa cambió…

Un solo ejemplo: la hemoblogina me había bajado mucho, y tuvieron que hacerme una transfusión. Se la encargaron a unos estudiantes que parecían tres niños jugando a los doctores, al punto que se les cayó la aguja al suelo y empezaron a limpiarla. Ahí puse el grito en el cielo y pedí que llamaran a la enfermera. Una vez más comprobé que las personas muy mayores o que no saben inglés, necesitan todo el tiempo la compañía de un familiar o amigo. Si no hubiera estado alerta, sabe Dios qué me hubiera sucedido.

A los cuatro días me mandaron al West Gables Rehabilitation Center, donde estuve 3 semanas. No es un lugar de lujo; pero los enfermeros, ayudantes y terapeutas no pudieron haber sido mejores ni más cariñosos. Tomé la decisión de que no me me iba a quejar ni deprimir, y que pondría todo mi esfuerzo en hacer la terapia lo mejor que pudiera.

El primer día que me levantaron me desmayé, pero poco a poco fui poniéndome más fuerte, y logré avanzar más de lo que hubiera imaginado al principio. Comencé entonces a ver como posible material literario todo un mundo que antes solo había conocido superficialmente cuando visitaba a algún enfermo. Estoy segura de que ciertos personajes que traté aparecerán de alguna forma en obras de ficción que escriba en el futuro..

A un nivel más íntimo, lo peor para una persona tan independiente como yo fue depender de los demás para todo, lo cual requiere un verdadero ejercicio en humildad. Pero ver a tantas personas mayores en condiciones mucho peores que la mía, me llevó a animar a los demás pacientes durante las terapias, especialmente cuando los veía deprimidos.

Gran parte del personal del Centro era cubano, y cuando le preguntaba a alguien de dónde era, no contestaba que de Cuba, sino de Camagüey, Cienfuegos, Santiago, La Habana. Casi todos llevaban poco tiempo aquí.

Hubo dos momentos en el tiempo que estuve en el Centro de Rehabilitación que me conmovieron profundamente.

El primero fue durante una de las sesiones de terapia, cuando una mujer de 80 años y bellísimos ojos claros aceptó deleitarnos con unos boleros. Había sido cantante en Cuba, y todos, enfermos y terapeutas, cantamos con ella Lágrimas negras, Quiéreme mucho y Aquellos ojos verdes, entre muchos otros. La música en aquel momento demostró ser, según se ha dicho siempre, el lenguaje universal que une a los humanos, despierta recuerdos y ayuda a sanar heridas.

En otra sesión de terapia, un señor muy mayor que dijo vivir en Santa Clara, a menudo se inclinaba muchísimo en su silla de ruedas, hacia delante y a un lado. Los demás pacientes nos poníamos entonces a gritar asustados, convencidos de que en cualquier momento el pobre hombre caería al suelo. Eventualmente lo colocaron en una bicicleta estacionaria, para que durante 15 minutos moviera los pedales. Pero seguía jorobado, inmóvil. Entonces se le acercó una terapeuta, que le preguntó si era él de Santa Clara. El viejecito comenzó a enderezarse, y la ella quiso saber si tenía una finquita, y qué sembraba. Comenzó entonces el paciente a darle a los pedales, a hablar coherente. Ella continuó el diálogo, diciéndole que era de Caibarién, y los dos empezaron a recordar esa zona pesquera, a describir Sagua la Grande y comentar sobre el viaje de Placetas a Cienfuegos. Hablaron de árboles, siembras, monumentos, parques. Durante el cuarto de hora en la bicicleta, aquel viejecito encorvado llegó a pedalear, levantar los hombros y también su espíritu.

Todavía me quedan dos meses de prohibiciones, como las de no poner peso en la pierna operada. Claro que no es fácil. Pero he tenido la suerte de que mi prima Betty González se ofreció y pudo venir de Cuba a cuidarme. Desde el primer día me he sentido rodeada de cariño. Sé que se trata de una situación pasajera, e intento aprender de esta experiencia.

Antes de terminar, deseo hacerles saber mi gratitud a mi cirujano, y a las enfermeras, ayudantes y terapeutas que me atendieron. Lo mismo a mis familiares y amigos, que me han dado ánimo con sus visitas y llamadas, o mediante las redes sociales. Hoy por primera vez me siento feliz frente a mi computadora y escribo esta crónica. Es una buena señal de que me voy recuperando.

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
Esta entrada fue publicada en Cubanoamericanos, Diáspora cubana, La vejez, Mi columna semanal, Mujeres cubanas, Salud, Vida de la escritora, Vida en Estados Unidos. Guarda el enlace permanente.

18 respuestas a Un mal paso

  1. Clara Soto Ivey dijo:

    Me alegra mucho ver tu columna de nuevo y así como el viejito de la finquita, la computadora te ayudará a “levantar los hombros y también el espíritu”.
    Con mis mejores deseos,
    Clara

  2. Oilda del Castillo dijo:

    Uvita no sabia nada, Me alegro mucho de que estes recuperandote. Tus comentarios sobre el Centro de Rehabilitacion me recordo lo vivido junto con mi amiga Nenita luego de su operacion de rodilla y despues de su caida catastrofica que le produjo el derrame cerebral y fue causa de su fallecimiento tres meses despues. Con esas dos experiencias pude comprobar lo necesario de tener amigos y familiares al tanto de los pacientes, pues aunque el personal del Centro cumpla con las indicaciones de los medicos, esto no es suficiente si no tienen el trato personal que necesitan mentalmente. Regreso a Miami a mediados de julio y te prometo visitarte donde estes. Oilda

  3. Pronta recuperación Uva!!!

  4. virginia aponte dijo:

    Darle a cada dificultad el valor del aprendizaje nos hace eternos estudiantes…bien Uva.

  5. Joaquin P Pujol dijo:

    Querida Uva
    Deseandote una pronta recuperacion.
    Un abrazo,
    Joaquin P. Pujol

  6. Cristobal Diaz Ayala dijo:

    Querida sobrina: Bienvenida! Te extrañamos, y admiramos como siempre, tu espíritu de lucha, tu entereza anta las dificultades….CDA

  7. Rita Geada dijo:

    Uva querida: Nada sabía de ese mal paso.Yo también tengo una ferretería desde hace muchos años en mi tobillo dañado que conoces.y ahí los he dejado .Los hierros no molestan sino las consecuencias de la fractura.Al menos a mí. Lo siento mucho.Sé que te recuperarás bien. Te llamaré pronto.Desde hace días pensaba en llamarte para que vinieras a la playa y ahora esto.Será más adelante cuando te recuperes.
    Un abrazo, Rita

  8. cecilio1942 dijo:

    Estimada Uva: Desde aquí es difícil estar al día. No sabía de esta “mal paso” Mis mejores deseos que se recupere y nos siga transmitiendo su sabiduría y humanidad. Besos

  9. Gonzalez, Victor J. dijo:

    Pronta mejoría. Creo que hay tema para una novela. Ojalá. Víctor J. González

    Sent from my MetroPCS 4G LTE Android Device

  10. Silvia Garcia Sierra dijo:

    Nos alegra saber que ya estas recuperada o casi. Nosotros acabamos de salir del Baptist tambien de una segunda operacion del oido interno de Alberto. Ahora estamos en la fase de terapias y ejercicios vestibulares de recuperacion. Esperemos mejores tiempos para visitarte o tu a nosotros. Carinos…Silvia

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