Mis recuerdos del 13 de Marzo

Publicado en Diario las Américas el 7 de marzo de 2007

En septiembre 28 de 1956, mi madre se casó en segunda nupcias con Carlos Márquez Sterling. Fue una ceremonia sencilla, en nuestra misma casa, a donde él se mudó a vivir, con su hijo Manuel, de veintitantos años. Nuestro hogar, que con la enfermedad y muerte de mi padre, se había llenado de luto y sombras, cobró una nueva luz. Manuel invitaba a sus amigos, inventaba veladas para escuchar música o jugar croquet en el jardín. A menudo cenaban con nosotros importantes intelectuales y las sobremesas eran verdaderos tertulias en que se hablaba de todo lo humano y lo divino. También nosotras, las tres muchachitas, a la sazón de 14, 12 y 5 años, traíamos a la casa a nuestras amistades. Éramos una gran familia con un hogar lleno de personas interesantes a todas horas.

Pero había signos de presagios a nuestro alrededor. El 30 de noviembre se produjo el desembarco del Granma. La oposición a Batista aumentaba. Los sabotajes eran constantes. Carlos, especialmente, expresaba de continuo su preocupación por el rumbo que tomaba el país.

El 13 de marzo nos sorprendió a todos en distintos lugares. Nosotras estábamos en el Ruston, situado en el Biltmore, lejos del lugar de los hechos. Carlos se encontraba en su bufete, en la Calle Amargura; mi madre por las tiendas en la Calle Galiano. Manuel, que estaba pelándose en la Manzana de Gómez, fue el que estuvo más cerca y hasta escuchó los tiros. Pocas horas más tarde, todos en casa, comenzamos a tener más noticias y comprender la seriedad de los hechos.

Ataque al Palacio Presidencial el 13 de marzo de 1957

Después de la cena, Manuel insistió en ir a ver a su novia, hoy en día su mujer de hace casi cincuenta años, y se marchó, pese a las advertencias de su padre de que era una noche peligrosa en que no debía salir. Mucho más tarde, cuando ya todos en la casa estábamos acostado, se oyó el timbre de la puerta. Cada uno saltó de su cama y corrimos todos al piso inferior. Se perfilaban dos siluetas oscuras tras el grueso cristal. A las preguntas de mi padre, una voz masculina respondió que era la policía. Mi padre abrió el cristal, pero no así la reja. Uno de los policías le dijo a Carlos que debía acompañarlos a la estación.

Con la mayor serenidad, él preguntó si traían una orden de arresto. Le contestaron que no. –Entonces – dijo– no puedo acompañarlos porque es una noche peligrosa y no debo dejar a mi familia sola.
Mi madre, nosotras las muchachitas, y las sirvientas, todas en pijamas o batas de casa, descalzas algunas, con pantuflas otras, lo rodeamos.

El policía parecía desconcertado. Pregunto si podía pasar a llamar por teléfono.

No –le dijo Carlos con cordialidad y firmeza a la vez. – No puedo abrir la puerta y poner a mi familia en peligro. Deje aquí a su compañero y vaya usted enfrente que hay un teléfono público. El policía lo obedeció.

En ese momento llegó Manuel de ver a su novia. Lo encañonaron. Con los ojos muy grandes nos señalaba hacia un lado, pero no entendíamos lo qué trataba de decirnos. Carlos no abrió la reja aunque su hijo estaba del lado de afuera. Por fin regresó el policía y le dijo que podía quedarse. Se fueron.

Cuando por fin abrimos la puerta y Manuel entró nos dijo muy angustiado que a cierta distancia de la casa, donde desde la puerta no podíamos verlos, había dos carros de policías vestidos de civiles.

–Papá, venían a matarte.
–Bueno, pero no pasó nada. A dormir todo el mundo, dijo Carlos.

Carlos Marquez Sterling y mi madre salen a votar el 3 de enero de 1958. Atrás se ve la reja que no abrió para los policías de Batista

Cuando supimos la noticia del asesinato de Pelayo Cuervo esa noche y días después vimos la foto de su cadáver, que había sido tirado por la zona del Laguito, tomamos conciencia del peligro que habíamos corrido. Pelayo Cuervo era del partido Ortodoxo, al que también había pertenecido Carlos. El no había estado involucrado en el ataque a Palacio, pero nos convencimos que Manuel tenía razón. Si hubiera salido de la casa esa noche, la policía de Batista lo hubiera matado.No sé si el asesinato de Pelayo Cuervo fue orden directa de Batista, pero sin duda esa noche su gente salió a la calle en busca de cualquier sospechoso.

Velorio del politico ortodoxo José Pelayo Cuervo, asesinado por la policía de Batista en la madrugada del 13 al 14 de marzo de 1957

El politico y líder obrero Menelao Mora Morales murió en el ataque a Palacio

Muchas veces en la familia hemos recordado esa noche, pero nunca había escrito ese incidente. Lo hago hoy, 50 años después, porque creo que tiene un valor histórico y porque pienso en Amada, la hija de Menelao Mora, y en Lucy, la hermana de José Antonio Echevarría, y me compenetro con el dolor que sintieron ellas y los familiares de todos los que murieron ese día, y la pérdida que han sufrido por medio siglo.

El carismático líder estdiantil José Antonio Echevarría (centro, saco blanco) fue muerto a balazos minutos después del Ataque a Palacio

Esa noche también pude haber yo perdido a mi segundo padre, y la casa se hubiera llenado una vez más de luto y sombras.

Este artíulo está incluído en mi libro “El mundo y mi Cuba en el Diario” Holguín, Cuba: Ediciones Holguín, 2016, así como en la edición del mismo nombre de Eriginal Books https://www.amazon.com/El-mundo-Cuba-Diario-Spanish/dp/1613700911/ref=sr_1_1?ie=UTF8&qid=1489459969&sr=8-1&keywords=el+mundo+y+mi+cuba+en+el+diario

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
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5 respuestas a Mis recuerdos del 13 de Marzo

  1. Wekayak dijo:

    Ya lo había leído, pero es tremendo artículo que vale la pena leer de nuevo. Yo recuerdo algunos de esos hechos.

  2. uvadearagon dijo:

    Gracias. Son hechos históricos desde una perspectiva que no todos conocen y creo es bueno dejarlo escrito.

  3. Fifi Smith dijo:

    Yo creci en una semejante familia…muchos recuerdos melancolicos

  4. cecilio1942 dijo:

    Gracias por compartir esos recuerdos y permitir conocer mejor a su familia. La realidad es a veces distorsionada y no la conocemos en toda su profundidad. Los testimonios son los que nos permiten entender a las personas y sus actitudes.

  5. uvadearagon dijo:

    Fifi y Cecilio, Gracias por los comentarios. Siempre está la historia oficial y la intrahistoria, como decía Unamuno, esa que no recogen los libros de textos. Cuando uno ha vivido de cerca hechos como el que narro, creo que hay obligación de dar testimonio y dejarlo escrito para l futuras generaciones,.

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