Los ángeles de cascos blancos

Publicado en El Nuevo Herald 12-29-2016

En la primavera árabe del 2011, un grupo de estudiantes de secundaria en Deraa, Siria del sur, escribieron con pintura consignas revolucionarias en las paredes de su escuela. Fueron arrestados, torturados. Provocaron que cientos de miles de sus compatriotas se lanzaran a las calles para exigir la renuncia del dictador Bashar al Assad, que en el año 2000 había sucedido a su padre, Hafez Assad.

La violencia se convirtió en una guerra civil. En el 2012 la lucha ya se había extendido a Damascus, la capital, y a Alepo, la segunda ciudad más importante del país. Para el 2015, las Naciones Unidas calculaban que un cuarto de millón de sirios había muerto en la contienda. Assad no sólo empleó todo tipo de armas contra los civiles, sino que impulsó a la mayoría sunita contra otras sectas, e involucró en el conflicto a fuerzas regionales y otras naciones poderosas. En el último año hemos sido testigos no sólo de la oleada de 4 millones y medio de refugiados sirios que huyeron de su país, sino de la destrucción de Alepo, la antigua metrópolis del imperio otomano, cuyas raíces datan del tercer milenio antes de Cristo. Pero si la pérdida de reliquias históricas resulta lamentable, el asesinato de millares de civiles es un crimen de lesa humanidad.

Desafortunadamente, la oposición moderada ha sido superada por grupos de tácticas brutales, en especial el autodenominado Estado islámico (EI) y otros afiliados de al Qaeda. Desde el 2014 Estados Unidos, con el Reino Unido y Francia, han llevado a cabo ataques aéreos contra el EI, pero evitando atacar las fuerzas del gobierno. A partir del 2015, Assad ha contado con el apoyo decisivo de Rusia, que con su campaña aérea sostenida ha facilitado que el gobierno retome territorios antes controlado por los rebeldes.

Foto de AP muestra la destrucción de Alepo en Noviembre de 2016

Foto de AP muestra la destrucción de Alepo en Noviembre de 2016

En estas guerras dentro de otras guerras, todos debemos decir “Mea culpa, Alepo” pues ni Estados Unidos, ni la Unión Europea, ni las Naciones Unidas han hecho lo suficiente para salvar a la ciudad y sus habitantes. Todos los días vemos en la pantalla chica el horror; y, como anestesiados, no protestamos, no lloramos, sino seguimos preocupados por nuestro país, nuestras vidas, nuestra cotidianidad.

Siempre, en medio de la maldad, surgen muestras de la compasión y el sacrificio de que son capaces los seres humanos. Cuando en el 2012 la ciudad de Homs fue arrasada tras meses de ataques que el ejército sirio repetiría por todo el país, los cuerpos de los fallecidos en zonas de oposición quedaban sin enterrar, y los heridos abandonados. Se formó un grupo ad hoc de ciudadanos que acudían a ayudar después de cada ataque. Carecían, sin embargo, de suficiente preparación y organización para la tarea.

Gracias al entrenamiento y la ayuda de gobiernos y organizaciones no gubernamentales (ONG) de varios países, se estableció finalmente en el 2014 la Defensa Civil Siria, conocidos como los Cascos Blancos. Procedentes de distintas comunidades sirias, estos hombres y mujeres son taxistas, banqueros, ingenieros, estudiantes, amas de casa, sastres, farmacéuticos que arriesgan su vida por salvar a sus compatriotas.

Corren a las ciudades bombardeadas y excavan entre los escombros. Muchas veces encuentran cadáveres; pero otras tantas detectan un pequeño ruido, un dedo que se mueve entre las piedras, el leve aliento de una respiración que surge de las ruinas. Entonces trabajan con furia, y el milagro de la vida les estalla entre los brazos. Más de 78,000 personas han sido rescatadas gracias a esta ayuda humanitaria. No ha sido sin costo. Por lo menos 140 voluntarios han muerto en estas misiones.

Uno de los cascos blancos lleva a un niño en brazos que han salvado milagrosamente de los escombros

Uno de los cascos blancos lleva a un niño en brazos que han salvado milagrosamente de los escombros

El régimen de Assad se empeña en destruir cualquier grupo organizado, por mínimo que sea. Una de las tácticas principales del gobierno ha sido la de destruir sistemáticamente, en franco desafío a los convenios de Ginebra, los hospitales, clínicas, bancos de sangre y depósitos de medicinas. Ahora los gobiernos de Assad y Putin atacan también a los Cascos Blancos con bombas, misiles, y, para desprestigiarlos, con acusaciones de que son aliados de los terroristas.

El conflicto sirio dura ya seis años, a un precio incalculable en vidas, niños huérfanos, pueblos desplazados, ciudades destruidas. En medio de la violencia y el horror, estos ángeles con cascos blancos nos confirman que aún perdura la bondad humana. Y no sólo en Siria. Si lo intentamos, con un poco de suerte, muy pronto reconoceremos a nuestro alrededor a otros espíritus compasivos. Tengamos fe de que en el 2017 los ángeles buenos triunfen contra los malos.

El mundo lo necesita.

Read more here: http://www.elnuevoherald.com/opinion-es/article123163834.html#storylink=cpy

Anuncios

Acerca de uvadearagon

escritora cubana
Esta entrada fue publicada en Actualidad norteamericana, Derechos humanos, Historia univeral, Mi columna semanal, Noticias internacionales, Política en Estados Unidos, Terrorismo, Violencia. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s