Honrando a un héroe, César Eduardo Carvallo

Publicado en El Nuevo Herald 6-1-2016

Por la vía de mi familia paterna, éramos 21 primos hermanos. (Quedamos siete.) Muchos, al igual que mis medios hermanos, eran años mayores que yo, y sus hijos, de mi generación. Por una serie de razones, los más cercanos durante mi infancia habanera fueron el Dr. César Carvallo, su esposa Haydée Álvarez y sus hijos César Eduardo y Jorge. En Octubre de 1962, cuando se fueron de Cuba y se instalaron en Nueva York, nosotros vivíamos en esa ciudad, y de nuevo comenzamos a vernos con frecuencia.

El 21 de enero de 1966, César Eduardo, cuatro meses mayor que yo, ingresó en la Infantería de Marina de Estados Unidos. Fue enviado a Vietnam y asignado a la Compañía Bravo, Primer Batallón, Noveno Regimiento de los “Marines”, Tercera División. Sirvió en el frente 13 meses. Un día antes de la fecha de su regreso, murió de heridas en la cabeza en una emboscada del enemigo en la Ruta 561.3, tres kilómetros al noreste de Con Tieh, en la Operación Búfalo. Era el 2 de julio de 1967.

Al hogar de sus padres y hermano en Rego Park, N.Y. , un amigo había llevado una botella de champán para celebrar su retorno, que ya era inminente. Pero el 4 de julio no fue César Eduardo quien llegó, sino un soldado en uniforme de gala a informar a la familia de su muerte. Diez días después, el 14 de Julio, su hermano Jorge, — que cumplía en esa fecha 22 años — , a solas con su dolor, recibía el féretro en la estación de trenes de Nueva York. Al día siguiente fue enterrado con honores militares en el Saint Charles Cementery de Long Island. Cuando sus padres su mudaron a Miami en 1978, trasladaron el cadáver al Miami Memorial Park, donde actualmente reposa.

César Eduardo Carvallo (1944-1967)

César Eduardo Carvallo
(1944-1967)


César Eduardo era alto, buen mozo, estudioso y bromista, serio y jovial, culto e irreverente, mujeriego y apegado a la familia, gran atleta y bailador. Desde muy joven quiso ser médico, como su padre, y tantos otros en la familia de los Carvallo y los Aragón. En Nueva York estudiaba ya Premédica. En la Guerra de Vietnam, lance corporal César Carvallo, apodado “Doc” por sus compañeros de pelotón, se destacó por la ayuda que prestaba a los heridos. Recibió una medalla de plata y dos corazones púrpura, por heridas y muerte en combate.

En la familia dejó un vacío que nunca se ha podido llenar. La vida de sus padres jamás fue la misma desde el momento en que aquel soldado tocó a la puerta de su pequeño apartamento de exiliados. Ya descansan junto a él. Para su hermano Jorge, sólo 15 meses menor, fue como si le hubieran arrebatado una parte de sí mismo. Los primos regresamos a menudo a las memorias de infancia y adolescencia para recordarlo. En el resto de nuestras vidas –graduaciones, bodas, bautizos, cumpleaños, funerales, reuniones de familia, éxitos, fracasos, viajes – ha estado presente solo su ausencia. Él se ha quedad para siempre joven, de 23 años; nosotros envejecemos. Preferiría que fuera ahora un médico retirado, abuelo, tal vez calvo…Las nuevas generaciones lo conocen solo por fotos e historias.

Cuando se publiquen estas líneas habrá terminado la fecha instituida oficialmente para recordar a los caídos en conflictos bélicos. Para muchos, ha sido fin de semana de compras, playa, barbacoas. Para los que hemos perdido a un ser querido en una guerra –y en los últimos años han sido muchos– es una ocasión en que se abre de nuevo la herida que jamás sanará del todo, pero también se encuentra consuelo en recordarlos y honrarlos como merecen.

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
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3 respuestas a Honrando a un héroe, César Eduardo Carvallo

  1. Gonzalez, Victor J. dijo:

    Este evento tan triste está en una de las tramas de”Memoria del Silencio”. Me emocionó mucho. Víctor J. González ________________________________

    • uvadearagon dijo:

      Así es. Está en la novela, en algunos de mis poemas, en este artículo, porque me sale del alma, pero también porque lo único que puedo hacer por mi primo es asegurarme que cuando ninguno de los que lo conocimos y quisimos estemos ya en este mundo, su memoria perdure. Gracias por su mensaje.

  2. Waldo Gonzalez Lopez dijo:

    Valiosa tu cronica, colegamigo.

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