Viaje a la semilla o el regreso de la niña que soñaba con ser escritora

Desde los dos años hasta el 13 de julio de 1959, que me fui de Cuba, dos días después de cumplir 15, viví en la Calle 42 # 115, entre 1era y 3ra en Miramar. Son muchísimos los recuerdos que tengo de “la casa de la Copa”, como también se le dice a la calle 42 por la escultura de esa forma en la 5ta Avenida.

Casa de la Copa; el reino de mi infancia

Casa de la Copa; el reino de mi infancia

En esa casa, reino de mi infancia y adolescencia, se bautizó mi hermana Gloria; murió mi padre. Celebramos cumpleaños, Navidades, santos. Allí aprendí a correr, a subir y bajar escaleras. Jugué con mis hermanas, primos y amigos en sus jardines. Bailé en la terraza. En la biblioteca se casó mi madre con mi segundo padre. En nuestra mesa se sentaron importantes personalidades de la medicina, la prensa, la política. Leí mucho entre las paredes de esa casa, y desde muy temprana edad. Allí pergeñé mis primeras cuartillas y surgió mi sueño de ser escritora.

Con mis hermanas Lucía y Gloria, el día que la menor cumplió un año, el 22 de octubre de 1952

Con mis hermanas Lucía y Gloria, el día que la menor cumplió un año, el 22 de octubre de 1952

No solo guardo infinidad de recuerdos de la casa de la Copa, sino también del barrio: la Farmacia del frente donde igual comprábamos 10 centavos de acetona que una caja de jabones finos para un regalo imprevisto; la bodega de los chinos donde las galleticas María costaban a dos por un centavo; el mercado de Luis, a donde iba a buscar para la merienda africanas a dos centavos, o paquetes de Gacusas por un medio.

Aunque deteriorada, la Farmacia sigue frente a mi casa

Aunque deteriorada, la Farmacia sigue frente a mi casa

La cuadra era larga y desembocaba en el mar, que no podía verse porque allí se erguía el Balneario Universitario. A menudos se veían jóvenes que se bajaban de la guagua en Quinta Avenida y caminaban hasta el club con sus trusas enrolladas en una toalla. Pero a mitad de la cuadra, por la acera de en frente a donde estaba nuestra casa, había una callecita corta, justo al costado del Centro Comercial, que se construyó cuando era yo niña

El Centro Comercial La Copa

El Centro Comercial La Copa

Recuerdo que en la esquina de esa calle estaba Sammy Records, y en el resto de le breve cuadra, una barbería, la Taberna de Pedro y un pequeño establecimiento que me fascinaba: la quincalla de Fuentes. En realidad, no sé si ese era su nombre verdadero, o se le decía así por su dueño, un hombre afable, de cabello negro, gafas de pasta oscura y cristales gruesos. En esa quincalla se podía encontrar de todo, desde Muñequitos a hilos para coser, desde la prensa hasta hebillas para la cola de caballo.

Me unen a esa tiendecita dos acontecimientos importantes en mi infancia habanera. Allí compré por primera vez dos libros con mi propio dinero. No creo que tuviera más de nueve años. Se trataba de unos libritos pequeños de Ediciones Pulgarcito que costaban 10 centavos. Los que escogí fueron una biografía de Eugenia de Montijo, y La Ilustre Fregona, de Miguel de Cervantes. No puedo precisar si algo de lo que sé de la Emperatriz lo aprendí en esas páginas pero recuerdo con exactitud la portada del diminuto volumen con una foto de la esposa del Emperador Napoleon III en un elegante vestido rojo y una especie de peineta que le sujetaba el cabello. De la novela cervantina no sólo guardo la memoria de la portada, sino lo que me gustaron las aventura de los dos pícaros y todas los elogios a Costanza, al punto que la leí tantas veces que casi me la sabía de memoria.

Otra experiencia aún más feliz me une a aquella quincalla a media cuadra de mi casa. Un domingo cuando tenía yo trece años, alguien llamó a casa a felicitarme por un escrito mío publicado en Diario de la Marina. Unos días antes, sin decírselo a nadie, había mandado tres reseñas de libros a un concurso juvenil que auspiciaba el prestigioso periódico. Ese domingo, sin embargo, no echaron en casa La Marina, al que estábamos suscritos, y yo me fui corriendo hasta la Casa Fuentes a comprarlo. En cuanto lo pagué. lo abrí y allí vi, junto a mi foto, por vez primera, mi nombre en letra de imprenta. No puedo describir la emoción que sentí. Regresé a toda carrera a mi casa apretando el periódico contra mi pecho para a compartir la alegría con mi familia, ¡Voy a ser escritora, voy a ser escritora! repetía, como si aquella publicación hubiera sellado mi destino.

Mi primer artículo publicado en El Diario de La Marina

Mi primer artículo publicado en El Diario de La Marina

Han pasado casi sesenta años desde entonces, y en estas fechas me ha sucedido algo insólito. Un amigo, compañero de aulas en esa época en que empecé a publicar mis primeras cositas, viajaba a Cuba en estos días –-colabora con una organización católica que hace una gran labor social en la Isla– y le pidió a un amigo que le buscara un ejemplar de mi libro “El mundo y mi Cuba en el Diario”, recién publicado por Ediciones Holguín. Cuando regresó me envió de inmediato un correo. “Me consiguieron tu libro, pero no donde me indicaste en Calzada sino en la Calle 42 en Miramar.”

Mi primer libro publicado en Cuba

Mi primer libro publicado en Cuba

Yo no lo podía creer y envié a mi prima Betty, recién nombrada presidenta de mi club de lectores en La Habana, a averiguar. Ella pasó por mi antigua casa, recorrió el mismo camino que yo cuando fui en busca de mis primeros libritos y el periódico con mi primer artículo, y fue retratándolo todo. Encontró en el mismo lugar la barbería y la taberna, y la librería donde se vendía mi libro, ¡está en el mismo local que antes la Quincalla de Fuentes!

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El libro no lo pudo retratar porque le dijeron que los 25 ejemplares que les habían llevado se habían vendido en tres días. El volumen contiene artículos sobre mis padres y sobre acontecimientos que ocurrieron en esa casa. ¿Podrán presentirlo los lectores que lo compraron allí?

La niña que en esa cuadra soñaba con ser escritora ha regresado a su barrio a través de su libro.

El viaje a la semilla es circular. La vida gira sobre sí misma, y acaso ya soy la que quise ser.

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
Esta entrada fue publicada en Actividades culturales, Diáspora cubana, Libros cubanos, Mi familia, Mis libros, Mujeres cubanas, Periodismo, Reconciliación de los cubanos, Viajes, Vida de la escritora, Vida en Cuba. Guarda el enlace permanente.

8 respuestas a Viaje a la semilla o el regreso de la niña que soñaba con ser escritora

  1. Waldo Gonzalez Lopez dijo:

    Felicidades, colegamiga, por tu hermosa cronica.,

  2. Coky Michel dijo:

    Me encantó!

    Sent from my iPhone

    >

  3. Virginia Aponte dijo:

    Es para mi una inmensa alegría ver como tu perseverancia te ha dado los merecidos frutos por tu trabajo. Sólo quiero que sepas que cada día respeto más esa voluntad incansable de recuperar nuestra Patria a través de la memoria. Cuenta conmigo en tu empeño para siempre.

    • uvadearagon dijo:

      Gracias. Virgi. Hace como 40 años escribí un cuento de un hombre que perdía la cabeza, y aunque usa otras –de niños, mujeres, sabios– porque más gente pierde la cabeza de lo que uno cree, quiere la suya, porque se da cuenta que no es nadie sin sus recuerdos. Eso somos en verdad, la suma de nuestros recuerdos.

  4. cecilio1942 dijo:

    Muy bello y emocionante recuerdo de la infancia. Y sí, la vida nos depara hechos tan sorprendentes que parecen escritos para dejarnos boquiabiertos… ¡Gracias!

  5. Lucia de Aragon Perez dijo:

    El leer lo que escribes, me ha hecho llorar. No hay duda que ya eres lo que querias ser, y mucho mas.

  6. Rita Geada dijo:

    Uva. muy bello lo que te ha ocurrido. Inolvidable e intensa vivencia que has sabido expresar muy logradamente.

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