El legado de Elena Mederos

En este Día Internacional de la Mujer reproduzco el artículo escrito hace más de 15 años cuando murió Elena Mederos, luchadora feminista y por los derechos humanos que muchó me enseño y a quien recuerdo siempre con devoción

Elena Mederos de González 1900-1981

Elena Mederos de González 1900-1981

Nuestro Martí decía que “la muerte no es verdad cuando se ha cumplido la misión de la vida” y si a alguna persona puede aplicársele el aforismo martiano es a Elena Mederos de Gónzalez. Su vida fue larga, fecunda, llena, útil; y no sólo por cuanto hizo, sino por su modo de hacer, y por cuanto sembró en los que tuvimos el privilegio de conocerla y trabajar a su lado. Hoy, que la muerte nos la arrebata, nos sentimos desamparados por su ausencia, y abrumados por la responsabilidad inmensa de aceptar y transmitir su legado.

Algún día habrá que escribir la biografía de esa cubana ejemplar que tanto hizo por defender los derechos de la mujer, por dar a los más débiles, por los niños de su patria y del mundo entero. Basten hoy mis recuerdos de Elena.

Biografía de Elena Mederos que recoge sus luchas feministas,  su labor social en el Lyceum, su trabajo en UNICEF por los niños, y por los presos politicos en "Of Human Rights"

Biografía de Elena Mederos que recoge sus luchas feministas, su labor social en el Lyceum, su trabajo en UNICEF por los niños, y por los presos politicos en “Of Human Rights”

No preciso cuando la conocí; fue en Washington, hace más de 10 años. Ya antes había escuchado su nombre y conocía de sus luchas. Me sorprendió encontrar una mujer delgadita, frágil, cuando sabía de la fuerza de su espíritu. Fue, sin embargo, a partir de 1974, que empecé a conocerla mejor. Por iniciativa de Frank Calzón, un grupo de cubanos preocupados por la Patria comenzamos a reunirnos en las aulas de la Universidad de Georgetown con el propósito de trabajar en un proyecto específico que fuera útil a la causa de Cuba. Surgió así “Of Human Rights” la organización a la que Elena dedicó los últimos años de su vida, y cuyo historial es bien conocido ya por todos los cubanos, y por muchos extranjeros.

De 1974 a 1978 trabajé muy cerca de Elena. Los recuerdos se agolpan… Pienso en su apartamento, que compartía con su hija María Elena, tan lleno de su toque personal, huellas de viajes, sus libros. Allí iba mucho yo durante el año 1974 y el 75, pues no trabajaba. Me acompañaba mi hija Cristina, a la sazón en Kindergarten, para quien Elena siempre tenía un maravilloso cajoncito con juguetes y chucherías. Pero tenía mucho más que eso. La palabra exacta de cariño, de estímulo. Al recordar con Cristina —hoy ya una señorita en el umbral de la educación secundaria— aquellas visitas, me ha refrescado un detalle que había olvidado: “Y siempre tenía para mí caramelos de mantequilla de maní porque sabía que me gustaban”. Y es que Elena Mederos era así. Penetraba en el alma tanto de un niño como de un sabio, y sabía dar a cada cual de acuerdo a sus gustos y necesidades.

Elena era una mujer de gran encanto personal. Como todo el que ha vivido mucho estaba llena de anécdotas maravillosas que contaba con gracia y picardía. Pero, tras la anécdota, había siempre alguna lección, alguna moraleja. Era su forma de enseñarnos sin que nos diéramos cuenta. Era también su forma de abrir puertas. La acompañé, en infinitas ocasiones, a visitar editores de periódicos, senadores, congresistas, periodistas, sacerdotes. Su misión era siempre pedir para Cuba. Su táctica —nunca supe si estudiada o natural— pocas veces fallaba. Tenía un modo especial de que el visitante, escuchando su fácil palabra —hablaba un inglés impecable— bajara la guardia, se sintiera totalmente inmerso en la magia de esta viejecita de apariencia inofensiva. Entonces Elena aprovechaba para pedir de modo que la persona llegaba a creer sinceramente que era un privilegio la oportunidad de dar. “Yo creo que usted se va a sentir muy satisfecho de tener ocasión de colaborar con este proyecto”, decía. La vi así ganar muchas pequeñas batallas.

Porque fue eso otra cosa que aprendí de Elena Medros. La guerra se gana batalla a batalla. Hay que hacer cada día lo que cada día parezca útil. Piedra a piedra se construyeron las pirámides. Los sueños demasiado grandiosos a poco conducen; más vale la labor continuada, incansable, como de hormiga.

Para todos lo que trabajamos a su alrededor, Elena ha sido guía, inspiración, modelo. Recuerdo algunas noches invernales, en que, después del trabajo, nos reuníamos en las oficinas de “Of Human Rights” a trabajar, ya fuera doblando cartas y colocándolas en sus sobres, ya fuera separando por “zip codes” los ejemplares de la publicación, o redactando una carta al editor en respuesta a algún artículo del “New York Times”. En alguna ocasión, el cansancio del día y el frío de la noche, hacían desfallecer mi espíritu y me tentaba quedarme en mi casa; pero cuando Elena me llamaba para preguntarme a qué hora la recogería, ¿cómo yo, casi medio siglo más joven, podía sentirme cansada ante el ejemplo de esta mujer incansable? Y entonces, cuando la veía salir del edificio de la Calle Q, con su maletica de papeles, desafiando las bajas temperaturas y los vientos del invierno, sentía una mezcla de admiración y ternura por esa mujer que dedicó su larga vida a hacer por los demás.

DIARIO LAS AMÉRICAS, DOMINGO 1 DE NOVIEMBRE DE 1981

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
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