La casa de Mama Luya

Cuaderno de Viaje III

La Habana. 13 de febrero de 2015. Después de la inesperada visita al interior a la casa de mi infancia en la Calle de la Copa, mi amiga Marta me llevó, como ha hecho otras veces, al antiguo hogar de mi tía Sara y mi abuela materna, Mama Lila. Ahora me acompaña, Jeffrey Barnett, para quien se trata principalmente de uno de los escenarios importantes de mi novela “Memoria del silencio”, a la que le dedicó cinco veranos a traducirla y que hemos venido a presentar en la Feria del Libro.

En mi primer viaje de regreso a Cuba en 1999, una de las primeros lugares que visitamos mi hermana Lucía y yo fue esta casa en el Reparto La Sierra, llena de tantísimos gratos recuerdos. No sabíamos la dirección exacta pero llegamos perfectamente. Vimos en la acera a una mujer de unos treinta y pocos años, y le preguntamos tímidamente si ahí vivía Estrellita, la chica que con su esposo trabajaba para mi abuela y mi tía en 1961, y que ellas se habían esforzado para que pudieran quedarse en la casa. Lucía y yo nos habíamos ido adolescentes y regresábamos sesentonas. Pero aquella joven mujer que no había nacido entonces ni había visto fotos recientes de nosotras, nos miró una vez y entró a la casa
gritando:

–Papá, Papá, aquí están Lucía y Uvita.

Con Samá. Paula (Estrellita), sus hijas Ana María y Maritza y una de las nietas

Con Samá. Paula (Estrellita), sus hijas Ana María y Maritza y una de las nietas

Desde entonces los Samá han sido mi familia de La Habana. Cada vez que voy me reciben con gran cariño, se las arreglan para tenerme preparado las comiditas más sabrosas, y han buscado algún recuerdo de familia que regalarme. En una ocasión me entregaron el misal de mi abuela. Por nuestra parte, hemos tratado de ayudarlos lo más posible. A través de estos años, he ido conociendo mejor a sus hijas y nietos, y ya todos se han robado mi corazón. Lo más sorprendente es que tantas cosas se mantienen igual. Muchos adornos son los mismos. Muchos muebles permanecen en el mismo lugar. En el primer viaje nuestra emoción fue indescriptible, pero ahora cada visita me produce la cómoda sensación de llegar a mi casa.

Muchos llibros, adornos y muebles permanecen en el mismo lugar despúes de más de cincuenta años

Muchos llibros, adornos y muebles permanecen en el mismo lugar despúes de más de cincuenta años

Como de costumbre, en este viaje me dieron una cálida acogida, que se extiende siempre a quiénes me acompañen. Después de que me “confesaran” sobre todos los miembros de la familia me entregaron cuatro fotos maravillosas de mi abuelo. Estrellita – que en realidad se llama Paula, pero que mi abuela la apodó de esa manera – nos tenía preparadas croquetas, frituras de malangas, plátanos maduros y un flan. No los sirvió en los platos de la vajilla de mi abuela, que sólo usa en ocasiones especiales. Cuando lo comenté que todo lo que comía allí me daba la sensación que me lo había preparado Mama Lila, me contestó;

–Ella fue quien me enseñó a cocinar, yo todavía uso sus recetas…- y me fue describiendo cómo hacer la salsa bechamel, que también hacía mi madre. Naturalmente que conseguir todos estos ingredientes en Cuba tiene un mérito que conmueve.

El flan preparado con la receta de mi abuela y servido en los platos de su vajilla

El flan preparado con la receta de mi abuela y servido en los platos de su vajilla

A Jeffrey – me lo ha dicho después – le fascinó que yo le contara que en esa casa vivió Rómulo Gallegos con su familia cuando salió exiliado de Venezuela tras el golpe de estado, y que a las tertulias que allí celebraba mi tía Sara acudía la flor y nata de la intelectualidad cubana, de Alejo Carpentier a Luis Carbonell, de Raú Roa y Ada Kourí a Bola de Nieve, del caricaturista David a Enrique Labrador Ruiz, y un largo etc.

Con Jeffrey Barnet. Yo estoy sentada donde siempre lo hacía mi abuela y Mama Luya, el personaje de la novela

Con Jeffrey Barnet. Yo estoy sentada donde siempre lo hacía mi abuela y Mama Luya, el personaje de la novela

La casa no es ya sola la de mi abuela y mi tía, ni la de los Samá, sino la de los personajes de mi novela. En esa casa vive y muere Mama Luya, y tras cuarenta años de exilio, a ella regresa Lauri. En el pasaje a continuación, llega con su hermano menor Pedritín y su hermana gemela Menchu a reencontrarse con su madre:

“A veces me parecía que era niña otra vez y que íbamos a casa de mi abuela. De pronto todo me era tan familiar como si nunca me hubiera ido. Cuando llegamos y vi la casita tan despintada sentí un latigazo de dolor y de vergüenza.
La reja del jardincito del frente, las losetas verdinegras que llegaban hasta los tres escalones de entrada, el farolito de la luz, todo estaba idéntico. Nunca antes había sentido una emoción mayor, pero, al mismo tiempo, me encontraba serena.

La Casa del Reparto La Sierra en 1999

La Casa del Reparto La Sierra en 1999


—Déjame entrar sola. Como estoy vestida igual que tú y no ve bien, y como no me espera, me confundirá contigo.
—Entra diciéndole «¿Qué hay, viejita, dormiste bien el mediodía?», y dale un beso.
Seguí las instrucciones de mi hermana.
—Bien… mijita, dormí bien y tuve un sueño muy lindo. Enseguida te lo cuento, pero primero alcánzame un vaso de agua.
Entré derecho a la cocina. Se me llenaron de lágrimas los ojos cuando vi los mismos vasos de aluminio que teníamos cuando me fui, cada uno de un color distinto. Nunca más había pensado en ellos, y ahora recordaba perfectamente que el de Mamá era el verde. Pero no estaba allí. Entonces se me ocurrió abrir el refrigerador y lo encontré dentro.
—Toma, Mamá.
—Gracias, mija.
Me senté en la butaca al lado de mi madre. Tenía unas ganas locas de abrazarla, de echarme en su regazo llorando, pero me contuve.

Butacas donde Mama Luya y Lauri se sientan

Butacas donde Mama Luya y Lauri se sientan

—Bueno, ¿no me vas a contar el sueño?
—No lo recuerdo bien… tú sabes como son los sueños… pero era algo de un hombre que tenía dos hijos, uno que se va por muchos años y el otro se queda…
Me quedé sin respiración. ¿Me habría reconocido?
—¿Y…?
—No… son boberías mías… luego te lo cuento… ven… acércate, que ahí estás a contra luz y casi no te veo…
Me senté en el suelo, a los pies de mi madre, como cuando niña lo hacía a los de mi abuela. Me acarició el pelo.
-Tú sabes que con este problema de la vista, a veces ando bizca…
—¿Sí?
—Fíjate que raro, tú estás aquí conmigo y a mí me parece como si te viera por ahí por un pasillo… ¿No será tu hermana…? ”

Para más información sobre Memoria del Silencio/The Memory of silence ir a http://www.csuchico.edu/cubanabooks/TITLES/memory_of_silence.html

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
Esta entrada fue publicada en Crónicas de viaje, Cubanos famosos, Diáspora cubana, Historia de Cuba, Libros cubanos, Literatura, Mi familia, Mis libros, Mujeres cubanas, Mujeres famosas, Realidad cubana, Reconciliación de los cubanos, Viajes, Vida de la escritora, Vida en Cuba. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a La casa de Mama Luya

  1. cubanabooks dijo:

    Reblogueó esto en cubanabooksy comentado:
    Uva de Aragón revisits Mama Luya’s house in Havana… Read on to experience the background for her novel The Memory of Silence/Memoria del silencio…

  2. Virginia Aponte dijo:

    Somos memoria y sin ella quedamos en un limbo que no nos permite regresar a la casa.

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