Cuaderno de Viaje I

La Habana. 13 de febrero. He venido a Cuba con Jeffrey C. Barnett que dedicó cinco veranos a traducir mi novela “Memoria del silencio” y que creo que actualmente se la sabe mejor que yo… Vamos a presenterla en la Feria del Libro, lo cual aún no me parece realidad.

Al día siguiente de nuestra llegada, como habíamos planeado, salimos a hacer un recorrido por algunos de los escenarios de la novela. Nos lleva en su carro mi amiga y compañera de aulas Marta Rosa Morales. Nos dirigimos primero a la casa de mi abuela paterna, Lucía del Pazo de Aragón, en la Calle C entre 23 y 21. No sé por qué en tantos viajes anteriores no he pasado por esta casa. No tengo el número pero estoy segura de que la reconoceré. En efecto, creo que es una de ellas… pero no es del todo igual y me entran dudas. Martha recorre la cuadra. Ninguna otra se parece a mi recuerdo. Mi amiga da la vuelta a la manzana. Se detiene. Llamamos a mi prima Margarita, que vivó muchos años allí con mi abuela y su madre, mi tía Margot. En el acto nos dice que es al número 504, y cuando regresamos comprobamos que es la misma que yo creía.

Mi prima Margarita Sosa de Aragón, en la casa de la Calle C donde vivía con su madre y abuela, circa 1951

Mi prima Margarita Sosa de Aragón, en la casa de la Calle C donde vivía con su madre y abuela, circa 1951

Se me agolpan los recuerdos. Casi todos los domingos de mi infancia veníamos aquí. Alrededor de Otra Mamá, como llamábamos a mi abuela, se reunían los mayores mientras que los niños jugábamos afuera a los escondidos, las estatuas, los pasos americanos. En un pasaje de la novela, uno de los personajes, Lauri, rememora esos domingos, y de pronto las estatuas se queden quietas, congeladas. Jeffrey, en su prólogo del libro, lo considera una metáfora de lo que Cuba se ha convertido para muchos exiliados, una imagen estática, inmóvil. Pero para Menchu, la hermana que se queda en Cuba, la casona de El Vedado continúa siendo un lugar importante, pues su novio venía al portal a enamorarla, y se escondían en el pasillo exterior a besarse. Años más tarde, después de la caída del comunismo, cuando ya no viven allí, Lázaro regresa a esos mismos pasillos a pegarse un tiro.

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Cuando llegamos a la casa me parece más pequeña (cosa que me ha sucedido con pocos lugares) pero, además, el garaje a mano derecha, y su ancha entrada en la que jugábamos, ya no están. Veo a una señora que va a entrar a lo que parece una adición, le pregunto si vive allí, si sabe si antes había en ese lugar una zona ancha de cemento…Contesta que vive con su hija…que no sabe…y se va.

La mujer entra a una parte de la casa que no era así antes...

La mujer entra a una parte de la casa que no era así antes…

Sale de la casa principal un señor vestido en traje de ejercicios, como los que usa Fidel, y me pregunta si yo busco comprar.
– No, ¿por qué? ¿Esta casa está a la venta? Le pregunto.
– No, pero usted parece una mujer rica y extranjera.
No podía haberme molestado más el comentario.
– Se equivoca. Soy una mujer retirada y nací a unas cuadras de aquí. Tan cubana como usted.
Le hago la misma pregunta que a su vecina y me contesta.
– Sí, antes, en el capitalismo, ésta era una casa grande donde vivía una sola familia rica, y en efecto allí había un garaje o zagúan, pero ahora el socialismo ha construido nueve apartamentos para que puedan vivir más personas.
Me indigné:
– Aquí no vivía ninguna familia rica, sino mi abuela, que era viuda de un médico y farmacéutico que le daba medicina a los mambises y tuvo que exiliarse. Trabajó mucho, y la casa era alquilada. Todos sus hijos eran profesionales y la ayudaban, y ella vivía aquí, en los bajos, con su nieta y su hija menor, que era abogado
– Yo también soy profesional…
– Pues yo no tengo la culpa si en el socialismo usted no puede vivir como mi abuela…

Durante mi infancia, del otro lado de la casa  an un area de cemento de un ancho similar a éste, que daba al garaje, jugábamos a los pasos americanos

Durante mi infancia, del otro lado de la casa an un area de cemento de un ancho similar a éste, que daba al garaje, jugábamos a los pasos americanos

El señor entró a la casa. Recobré mis recuerdos, las risas de mis primos jugando…Tomamos fotos. Le expliqué a Jeff cómo era la casa antes…Y pensé que Otra Mamá, por quien no tuve oportunidad de hacer mucho durante su vida, quizás estuviera sonriéndole a la nieta que la había defendido.

Me parecía escuchar las voces de mis primos...

Me parecía escuchar las voces de mis primos…

Continuamos nuestro recorrido. Nos esperaban nuevas aventuras, totalmente insospechas…

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
Esta entrada fue publicada en Crónicas de viaje, Cubanoamericanos, Diáspora cubana, Mi familia, Mis libros, Mujeres cubanas, Realidad cubana, Reconciliación de los cubanos, Viajes, Vida de la escritora, Vida en Cuba. Guarda el enlace permanente.

4 respuestas a Cuaderno de Viaje I

  1. Armando R. Carvallo dijo:

    Ese ciudadano con el que conversaste creo es una excepción fuera de la media del cubano promedio, pero de que los hay, los hay… ¡y lo encontraste! Voy a conservar ambas fotos. Lindos recuerdos…

  2. uvadearagon dijo:

    La verdad es que debi conversat mas con el. A veces hay cubanos que dicen cosas que no creen cuando no saben con quien esran hablando…

  3. cubanabooks dijo:

    Reblogueó esto en cubanabooksy comentado:
    Author Uva de Aragón blogs about her recent trip to Havana, where she launched The Memory of Silence/Memoria del silencio with translator Jeffrey C. Barnett.

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