Memoria y olvido

Publicado en El Nuevo Herald 12-31-2014

Los cambios en las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, anunciados por el presidente Barack Obama y Raúl Castro el pasado 17 de diciembre responden a una multitud de factores. Hay uno clave: a ambos les interesa que las reformas en Cuba sean ordenadas, que se mantenga la estabilidad. Castro no desea que el desgaste del régimen, la muerte de su hermano o la propia, o acontecimientos en una Venezuela en crisis, tengan en Cuba ninguna repercusión que pueda parecerse siquiera a las protestas callejeras que le han dado la vuelta al mundo en los últimos años. Tampoco la Casa Blanca desea un nuevo Mariel, ni a los exiliados cubanos pidiéndoles que intervengan en la Isla por razones humanitarias si se presentan desórdenes. Han aprendido el peligro de los vacíos de poder. Es preferible evitar el caos improbable pero posible.

El acercamiento no es un camino fácil ni la solución de todos los problemas. Pero quizás tenga un efecto decisivo: que los cubanos en la Isla vuelvan a tener fe en el futuro. Una Cuba cuya población envejece no puede aguantar que continúen emigrando tantos jóvenes. Necesita que trabajen para que la nación prospere. Y las nuevas generaciones serán productivas solamente si esa labor resulta de beneficio para ellos. Como todos los seres humanos, anhelan vivir bien. Aspiran a mejores viviendas, autos, televisores de pantallas planas, laptops, internet, tabletas, teléfonos y poder escoger si van de vacaciones a Varadero o a Cancún. La libertad es, en gran medida, tener opciones.

Claro que la libertad es mucho más que elegir qué se compra. El libre comercio no siempre resulta en libertades políticas, pero algunas veces pudiera adelantar el camino. Mientras menos depende el ciudadano del estado para ganarse los frijoles, más se separa del mismo, hasta que llega a invertirse la pirámide. Idealmente, el ciudadano no responde al estado, sino el estado al ciudadano.

Tal vez ese proceso demore en Cuba, pero no hay por qué esperar para ofrecerles a los cubanos la posibilidad de una casa pintada y lo que a cada uno se le antoje, ya sea necesario o incluso frívolo. Lo merecen. No es momento de alzar índices acusadores ni de aferrarse al pasado, sino de mirar hacia el horizonte de un porvenir mejor.

Respetamos el dolor que pervive en muchos corazones. Pero no estamos obligados a aceptar a quienes hacen del sufrimiento propio o ajeno una carrera, o a quienes —de ambas orillas—se aferran a esquemas rígidos, inamovibles. Aires de esperanza recorren a Cuba, y, también, de temor. Las nuevas posibilidades pueden aturdir. Traen oportunidades que conllevan responsabilidades. El choque entre el discurso oficial de hace décadas y la nueva realidad causa alivio a algunos, desconcierto a otros. Lo mismo sucede en esta orilla.

Lamentablemente, durante las últimas décadas todos los cubanos hemos perdido mucho. El balance lo hará la historia. Ojalá encontremos la fórmula exacta de memoria y olvido, justicia y perdón que nos permita sentar las bases de un proyecto nacional común. Los ganadores serían las nuevas generaciones de cubanos. Se lo debemos.

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
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3 respuestas a Memoria y olvido

  1. Bellísimo artículo, querida Uva. Cariños, Mauricio

    Enviado desde mi iPad

  2. Armando R. Carvallo dijo:

    Nada que añadir… Te deseo un muy FELIZ y EXITOSO AÑO!

  3. Sonia Heros dijo:

    Querida Uva, Que mucho me ha gustado este artículo, me hace tanto sentido….lastima de aquellos que se aferran a la inflexibilidad… Abrazo, Sonia

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