La inesperada visita de mi abuela

El domingo pasado fui a ver a mi prima Marta Ceberio (antes Marta de Aragón), de mi misma edad, que lamentablemente está en un centro de rehabilitación por un problema en una pierna. Para distraerla, y porque me encantan ese tipo de historias, comencé a preguntarle sobre su familia materna. Me habló del bisabuelo alemán que se enamoró en Puerto Rico, se cambió el apellido a Bruno y se quedó en la Isla del Encanto. Una de sus hijas fue a Cuba de visita, vio izarse la bandera el 20 de mayo de 1902 desde una azotea, donde también las vio –a ella y la bandera– un cubano que la enamoró… Esos fueron sus abuelos. También me contó de una antepasada de nombre Cecilia –pero no Valdés, le bromeé…– que, como Marta, cantaba, y que me prima se asustó cuando le enseñaron su foto por el gran parecido que tenía con ella. “Fue como verme a mí misma”, me dijo.

Entonces le comenté que había encontrado en la red una fotografía de mi abuela jovencita, junto a su padre el periodista gallego Waldo A. Insúa y que también me había impresionado cuánto mis hijas y yo nos parecíamos a Mama Lila, como le decíamos a mi abuela materna. (Marta y yo, como es de suponer, estamos emparentadas por vía paterna, pues su padre Adolfo era hermano de mi padre, Ernesto, ambos médicos y el primero también dentista.) Busqué entonces la foto de mi abuela en mi teléfono y se la enseñé.

Rato más tarde vino la enfermera a darles las medicinas a mi prima y a su compañera de habitación. Unos minutos después la otra paciente nos comentó que no sabía si era que las pastillas a veces le producían alucinaciones pero que había visto a una mujer joven, de pelo negro y largo, vestida de oscuro, que nos había venido a ver y se había parado a mi lado.

–No pude verle la cara… pero tenía en el cuello como un encaje blanco…– añadió.

Marta y yo nos miramos asombradas. Volví a buscar la foto de mi abuela en el teléfono y se la mostré a la señora.

–Yo no le vi la cara, insistió, pero sí, así estaba vestida y peinada…

–Es mi abuela de joven, le dije, y murió en 1968.

La mujer no se inmutó. Nos contó que no era la primera vez que veía a personas muertas.

Mi abuela Mercedes Lila, con su hermano el escritor Alberto Insúa y su padre el periodista Waldo A. Insúa

Mi abuela Mercedes Lila, con su hermano el escritor Alberto Insúa y su padre el periodista Waldo A. Insúa

En estos días trabajo afanosamente en la producción de mi obra “Memoria del silencio” y aunque mi abuela no es un personaje de la misma, sí hay múltiples referencias a ella, no como Mama Lila, sino Mama Luya. Mi dolor por no haberlo visto más desde que me fui de Cuba está presente en el escenario. Es mi pequeño tributo por todo el amor que me dio en mis primeros quince años.

En la foto ella debe tener más o menos la misma edad que tenía yo cuando nos despedimos aquel 13 de julio de 1959 y yo cuento con casi la misma que ella entonces. ¿Habrá venido para darme las gracias por tenerla siempre presente o acaso, más bien, para consolarme? De todas maneras, me ha conmovido inmensamente la inesperada visita de mi abuela.

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
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2 respuestas a La inesperada visita de mi abuela

  1. ¡Qué bonito tributo a tu abuela, y con ella, a todos los que nos precedieron!

  2. Virginia Aponte dijo:

    Conocer a Mamá Luya es un regalo que no olvidaré jamás…gracias amiga por dejarme entrar en ese mundo maravilloso de tu memoria.

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