Yo también soy ciudadana de Fergueson

Publicado en El Nuevo Herald 8-27.2104

El pasado 9 de agosto Darren Wilson, un oficial de la policía de Ferguson, Missouri, le disparó a Michael Brown, de 18 años. Se sospechaba que el muchacho había participado minutos antes en el robo de tabacos en una tienda del barrio. No estaba armado. Las declaraciones de los testigos difieren sobre lo que sucedió. Pero no hay dudas de que seis balas entraron el cuerpo del adolescente. El tiro fatal fue en la cabeza. Otro dato es indiscutible. Wilson es blanco, Brown era negro.

Michael Brown se había graduado recientemente de High School

Michael Brown se había graduado recientemente de High School

Los ciudadanos se volcaron a la calle a protestar. No es de extrañar. Ferguson, un suburbio de San Luis, cuenta con un 74% de población afroamericana. Sin embargo, el alcalde y la mayoría de los policías son blancos. Desafortunadamente, hubo algunos saqueos. La reacción de la policía fue salir en tanques como si fuera a la guerra. Tomó varios días y la presencia del fiscal general Eric Holder para aliviar las tensiones.

La trágica muerte de Michael Brown parece una película que ya hemos visto muchas veces. Se trata de una muestra de un grave problema racial en Estados Unidos, donde la justicia no es ciega ante el color de la piel. No basta con reconocerlo. Hay que ir al origen del problema.

Los negros en Estados Unidos son más pobres. Lo vimos con horror cuando el huracán Katrina en Nueva Orleans, pero no aprendimos la lección. La pobreza muchas veces se debe a falta de oportunidades y lleva a altas tasas de criminalidad. La policía desconfía de los jóvenes negros y no los respetan. Cuando los detienen por la más mínima razón, a menudo es con actitud ofensiva. Agrava el asunto la facilidad con que cualquiera compra un arma. Los policías disparan en ocasiones porque temen estar en peligro, aunque después se demuestre que no era cierto. Necesitan estar mejor entrenados para enfrentar estas situaciones.

Para colmo, el gobierno federal ha cedido a cuerpos de policía equipos militares excedentes de las guerras. Se han convertido en pequeños ejércitos, y un soldado ve a los demás como a enemigos. La confianza entre la población negra y la policía se ha quebrantado. El contrato social implícito en la democracia no existe entre ellos.

La policía salió a las calles de Ferguson como si fuera a una guerra

La policía salió a las calles de Ferguson como si fuera a una guerra

En el caso de la muerte de Michael Brown es imprescindible una investigación imparcial y una sentencia justa. Pero hay que hacer más. Hay que romper la cultura de la violencia, la delincuencia, la pobreza, y la muerte de jóvenes negros a manos de policías o “vigilantes” blancos.

El primer paso es invertir más en la educación y en centros de recreación donde estos jóvenes puedan, desde pequeños, pasar las horas fuera de la escuela practicando deportes, aprendiendo a tocar un instrumento musical, recibiendo entrenamiento en un oficio. Las iglesias podrían involucrarse como guías espirituales y cívicas de las familias. Los pequeños negocios deben recibir incentivos para ofrecer trabajos a tiempo parcial a los estudiantes en edad laboral. Hay que sacar a los jóvenes negros de la desesperanza.

Lamentablemente, la elección de Barack Obama no ha mejorado, sino empeorado, las relaciones raciales. En un país donde el racismo está muy lejos de erradicarse, para muchos ha sido difícil aceptar a un presidente negro. Abundan comentarios sobre el presidente Obama de parte de algunos blancos que no solo constituyen una actitud irrespetuosa hacia el cargo que ocupa, sino que demuestran un desprecio visceral por los compatriotas negros.

No podemos permanecer ajenos a un problema que afecta a toda la nación. Especialmente los hispanos que vivimos en Estados Unidos, miembros por igual de un grupo étnico minoritario, debemos todos sentirnos hoy ciudadanos de Ferguson.

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
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