Cuando salí de Cuba….

Publicado en Diario Las Ampericas 7-17-14

El 13 de julio hizo 55 años que me fui de Cuba. Es un día que recuerdo con claridad sorprendente. Por la mañana temprano me llevaron a Ruston Academy, porque a las 9 a.m. debía tomar el examen de geografía de Cuba del Instituto de El Vedado, al que el colegio estaba adscrito. Era la última prueba para terminar el segundo año de Baachillerato. Fui la primera en entregarla. Minutos después, hizo lo mismo mi mejor amiga, Nancy Kress. Era la única persona a quien le había confiado mi partida. En el baño, sin habernos puesto de acuerdo previamente, intercambiamos regalos. Le di una manilla con mi nombre; ella me obsequió un dije con el suyo. Aún las dos los conservamos.

El avión se iba a la 1:15 p.m., así que cuando llegué a casa no hubo mucho tiempo que perder. Me cambié de ropa, me peiné. (A los 15 años recién cumplidos, no necesitaba maquillaje.) Se me ocurrió ponerme un sombrero para el viaje. Pero después de probármelo descarté la idea y lo tiré sobre la cama. Oí que me llamaban porque se acercaba la hora de partir. En la puerta del cuarto que hasta hacía unos meses había compartido con mi hermana Lucía, me detuve. Observé los grabados de las “maddonas” de Rafael en las cabeceras, las dos camitas con sobrecamas de flores. Sobre la mía, los libros del colegio –entre ellos, “Geografía de Cuba” de Leví Marrero– y la pamela con su lazo blanco que había decidido no usar. Años después comprendí que esa imagen representa lo que dejaba atrás: mi niñez, mi país y un estilo de vida que nunca sería igual.

Recorrí cada habitación queriendo grabar en la mente cada detalle de aquella casa en la que había vivido desde los dos años de edad. Presentía sería un viaje muy largo. Al mismo tiempo, me decía a mí misma que era muy dramática y que pronto regresaríamos. En la maleta sólo había empacado ropa de verano, el anuario del colegio, dos libros, el álbum con los recortes de los primeros artículos publicados y la fotografía de mi padre, fallecido seis años antes. Mi abuela, mi adorada Mama Lila, no quiso ir al aeropuerto a despedirnos. La besé y abracé antes de bajar al primer piso. En el descanso de las escaleras, alcé los ojos y la vi de nuevo. Su mirada gris acero sostuvo la mía. Me sonrió. Las dos contuvimos el llanto. Nunca más volveríamos a vernos.

En la planta baja todo era un ir y venir de gente y de maletas. El recorrido por la cocina, el comedor, la sala, la biblioteca fue más breve. Fuimos al aeropuerto en dos carros. Yo iba en el pisicorre con mi novio –años más tarde mi esposo– en el asiento de atrás. Estaba colocado al revés, es decir, que mirábamos hacia la calle. Apenas hablamos en el camino. Absorbía con la vista las calles, los edificios, los árboles, La Habana. Pasarían cuarenta años antes de que regresara.

En camino al aeropuerto miraba fijamente todas las calles de La Habana para no olvidarlas jamás

En camino al aeropuerto miraba fijamente todas las calles de La Habana para no olvidarlas jamás

Las despedidas en el aeropuerto fueron breves. Mi segundo padre estaba escondido. (En cuanto llegamos a Estados Unidos se asiló en la Embajada de Venezuela.) No queríamos llamar mucho la atención de las autoridades. Mi madre no había cambiado el nombre en su pasaporte, y aparecía como una viuda que viajaba con sus dos hijas menores. Declaró que nos llevaba a que tomáramos un curso de verano. Sin aspavientos ni lágrimas, abracé a mi tía Sara, a mi hermano Bebo, a Lucía, que acababa de casarse. Era la primera vez que nos separábamos. Besé a mi novio. También le di un beso a Gabriel, nuestro chofer. Tomé de la mano a mi hermana Gloria, de siete años, que vestía una saya muy ancha, y tenía la carita demacrada, pues estaba convaleciente de una amigdalitis. Mi madre nos siguió. Caminamos en la pista. Cuando llegué a lo alto de la escalerilla del avión, me viré a ver las palmas, el cielo azul. Respiré profundo, como queriendo llevarme conmigo los aires de la Isla. Adiós, Cuba, me dije a mí misma.

Desde la escalerilla del avión mire las palmas reales

Desde la escalerilla del avión mire las palmas reales

Me pasé llorando los 40 minutos del vuelo hasta Miami. Atrás quedaba todo lo que conocía y amaba y el proyecto de vida que desde temprana edad me había trazado. Mi madre no hablaba una palabra de inglés, y cuando llegamos tuve que hacerme cargo de los trámites en Inmigración y de que no perdiéramos el vuelo a Washington, nuestro destino final. Ya no lloré más. Me di cuenta que había adquirido nuevas responsabilidades. Creo que ese día me hice mujer.

Todos los cubanos recuerdan la fecha en que se fueron de Cuba. La vida se rompe en dos. Hay un antes y un después. Algo dentro de uno se quiebra, como un espejo que se ha hecho añicos y comenzara a partir de ese momento a reflejar imágenes distorsionadas.

Refugiados cubanos llegan a Miami en los años 60

Refugiados cubanos llegan a Miami en los años 60

El inmigrante y el desterrado piensan distinto. El primero mira hacia el futuro, sueña; el segundo se aferra al pasado, recuerda. El inmigrante desea integrarse al país que lo acoge, que sus hijos aprendan el nuevo idioma; el exiliado vive pensando en la patria que ha dejado atrás. Se esfuerza por que los hijos no olviden su lengua y su cultura. El inmigrante lucha por quedarse; el exiliado cuenta los días para regresar.

Hoy en día creo que, dadas las circunstancias, fuimos afortunados. Personalmente, lo que más lamento fue no ver más a mi abuela, la separación de la familia, y no haber estudiado, no haberme hecho escritora en mi país. Sé que muchos perdieron más. Para todos los exiliados, nuestros proyectos de vida y de nación cambiaron drásticamente. Aún tantos años después y pese a varios viajes a la Isla que he hecho a partir de 1999, el aniversario de mi salida de Cuba me llena de tristeza.

Este artículo también puede leerse en http://diariolasamericas.com/blogs/cuba-uva-aragon-2.html

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
Esta entrada fue publicada en Crónicas de viaje, Cubanoamericanos, Diáspora cubana, Historia de Cuba, Mi familia, Mujeres cubanas, Reconciliación de los cubanos, Viajes, Vida de la escritora, Vida en Cuba, Vida en Estados Unidos. Guarda el enlace permanente.

8 respuestas a Cuando salí de Cuba….

  1. Lourdes Geller dijo:

    Maravilloso, mi querida amiga! Cuantos recuerdos que comparto…..además de los sentimientos de la partida de Cuba, recuerdos de lo que también yo conocí…..tu mama, tu casa y su biblioteca, el pisicorre y Gabriel, el colegio…..como disfruto todo aunque sean recuerdos tristes pero son nuestros recuerdos como sólo tu puedes describir……te felicito una vez más…….

  2. teresa fernández soneira dijo:

    Uva, al igual que tú, yo también recuerdo mi salida de Cuba, el 11 de octubre de 1961. Pero diferente a tu experiencia, la mía si fue dramática al llevarse a mi padre preso en la pecera, y a mi una miliciana a un cuarto para registrarme y acosarme a preguntas. Tenía 14 años. El segundo intento de salida fue igual al primero, pero ya esta vez si pudimos dejar Cuba. Cosas que no se olvidan nunca. A la Patria se la lleva siempre en el corazón a pesar de los 50 y tantos años de haberla dejado. Oremos para que un día los cubanos puedan vivir en libertad, y nosotros demos gracias por los buenos (aunque cortos) tiempos que vivimos allí,

  3. Muy bonito, emotivo, y descrito como un film documental…

  4. Waldo Gonzalez Lopez dijo:

    Uva, otra vez, con poesia, regalas una hermosa cronica de evocacion por la no tan lejana Isla. Aunque yo vine mucho despues, y no tengo tal nostalgia, te felicito por tu hermosa cronica..Waldo

  5. Virginia Aponte dijo:

    Me siento cómplice de tu historia y decirte que de ella nace Memoria del silencio es hablar de lo que hemos compartido desde octubre del 2013…yo tampoco volvería a ver a mi abuela… y gracias a tí, quizás regrese a Cuba después de 53 años de haber salido.

  6. Jorge Carvallo dijo:

    Yo personalmente sali con la idea de no volver y de hacer una vida nueva en este pais bajo un regimen completamente distinto. Nunca dude que el Castrismo/comunismo duraria mucho tiempo. Anore a Cuba pero en el fondo de mi alma amaba este pais. No se…a veces pienso que es la misma sensacion de los sentimientos de un nino hacia su madre adoptiva en vez de hacia su madre su madre biologica. No se cual se quiere mas…Como todo lo que escribes, te quedo muy bonito. Love you!

  7. uvadearagon dijo:

    Gracias a todos por sus comentarios. Siempre me parece que los textos se multiplican infinitamente cuando a cada lector le hace reviver sus propias experiencias. En este caso, todos nos fuimos de Cuba pero cada salida, dependiendo de la fecha y de nuestras circunstancias, tiene particularidades distintas.

  8. Jj dijo:

    Sentido testimonio. Seguiremos leyendote por tu blog. Jj

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