Mi abuela y los jabones Roger & Gallet

Hoy es Día de las Madres y lo primero que he pensado al despertarme es en una caja de Roger & Gallet. Es más, creo que antes de abrir los ojos sentí su aroma ¿De qué recodo de la conciencia dormida ha surgido el recuerdo de los jabones que prefería mi abuela materna y siempre le regalábamos en esta fecha? A menudo he dicho que la herida más honda que llevo en el alma, es no haberla visto más desde el día que me fui de Cuba. Murió 10 años después en Caracas. En esas fechas yo vivía en Washington, éramos muy pobres, no había tarjetas de crédito, no era ciudadana, y ni siquiera me planteé la posibilidad de viajar a Venezuela. Ahora sé que de alguna manera lo hubiera podido hacer si lo hubiera intentado. No logro perdonármelo.

Los jabones de Roger & Gallet, preferidos por mi abuela

Los jabones de Roger & Gallet, preferidos por mi abuela

He sufrido por años el vacío de su ausencia. Pero hoy, quizás por primera vez, pienso en la tristeza que habrá sido para ella no ver más a dos de sus nietas. Sé que en Caracas la visitaron mis primos Alfonso, Ernesto y Elena, y una vez, con mis padres, Gloria, mi hermana menor. Pero murió sin vernos a mi hermana Lucía y a mí por largos años. Nos escribía a menudo. Rememoro la emoción que sentía al recibir aquellos sobres aéreos de bordes rojos y azules, con los pliegos de papel cebolla escritos por ambas caras. ¡Con qué ansiedad iba descifrando su caligrafía! Hoy que soy abuela y sé cuánto se quiere a los nietos, no puedo imaginarme el dolor que sería vivir lejos de ellos, y no ver a dos de ellos los últimos años de mi vida, no ir a sus graduaciones, bodas, estar lejos cuando nacieran mis bisnietos, conocerlos solo por fotos.

Mi abuela Marcedes (Lila) con su hermano Alberto y su padre Waldo A. Insúa, ambos escritores

Mi abuela Marcedes (Lila) con su hermano Alberto y su padre Waldo A. Insúa, ambos escritores

Mientras tomo el café de la mañana, el periódico del domingo se queda sin abrir. Cierro los ojos y me regresa la imagen de Mama Lila, su cutis sin arrugas, su cabeza cana. Oigo su voz entonando canciones infantiles —“Había una vez un barquito chiquitico…”, leyéndome de las Cien Mejores Poesías de la Lengua Castellana, haciéndome cuentos del abuelo escritor. Veo su escaparate de madera oscura, donde guardaba en perfecto orden, lo que a mis ojos de niña, eran tesoros ocultos, desde su faja de cordones, alguna vieja foto y sus jabones de olor Roger & Gallet, que le llevábamos puntualmente sus niñas en un día como hoy.

Mama Lila con su nieto Ernestico (Ernesto Hernández-Catá) y conmigo, Ginebra, 1950

Mama Lila con su nieto Ernestico (Ernesto Hernández-Catá) y conmigo, Ginebra, 1950

Recuerdo a mi madre en esas fechas, joven, esbelta, preciosa…y le memoria me hace trucos y ahora la veo ya en sus últimos tiempos, en que fue también mi hija, y sin embargo seguía protegiéndome como si yo tuviese 6 años.

No, hoy no quiero recordar. El día comienza y les pertenece a mis hijas y a mis nietos. Es ocasión para estar la familia reunida, dar y recibir regalos y tarjetas, tomar fotos, cenar juntos, compartir planes y sueños. Pero no sé por qué, a cada rato, el aroma de aquellos jabones me regresa e invade mi espíritu de una melancolía muy honda, como la mirada azul de mi abuela.

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
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3 respuestas a Mi abuela y los jabones Roger & Gallet

  1. Wekayak dijo:

    Muy lindo! Que disfrutes del día!

  2. Fifi Smith dijo:

    Felicidades a Uvita en su dia de las Madres. “Madre de sus hijos y de memorias…F

    From my I Phone

    >

  3. Martha Pardiño dijo:

    Gracias, querida Uva, por este recuerdo tan lindo de tu abuela Lila. El nombre y el olor de los jabones preferidos por tu abuela, se quedaron fijos en tu memoria porque ese era el hilo que tenías que halar el Día de Las Madres, para que la caja de jabones se abriera y de ella surgiera el deilicioso olor que te llevó al recuerdo de tu querida abuela. Yo siempre me acuerdo de mi abuela paterna, que era asturiana y divina, y que me enseñó muchos valiosos refranes españoles que ella decía “eran como sentencias”. Felicidades para ti por el Día de Las Madres, que debieran celebrarse los 365 días del año, porque “Las Madres, son eternas”.
    Un abrazo,
    Martha Pardiño

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