La intransigencia como virtud

Publicado en Diario Las Américas 2-20-2014

En mi libro “El caimán ante el espejo”, publicado hace 20 años, señalaba el machismo como uno de los males de nuestra cultura política. Veía la polarización y el rechazo al diálogo como características de una sociedad patriarcal. Comentaba que discrepar de la cultura de la guerra se consideraba un síntoma de debilidad. Establecía “la intransigencia moral como un freno a la modernidad y el progreso.” Hacía referencia a ejemplos de la Cuba republicana, la revolución y el exilio.

Años después, una “marcha de la intransigencia” me llevó a cuestionar seriamente que se pudiera considerar como virtud oponerse incluso a la diversidad de ideas, base fundamental de los sistemas democráticos. Muchos cubanos, tanto en la Isla como en el exilio, no sólo desdeñan el arte del compromiso político, sino que ven con sospecha y tildan de traidores a quienes — aun cuando busquen los mismos fines, y no cedan en sus principios éticos– sean partidarios de procurar la reconciliación nacional.

En un artículo reciente, el profesor Lisandro Pérez sitúa el origen de esta marcada tendencia en nuestra vida política a la propia intransigencia española ante todos los intentos de los cubanos de negociar cambios en el régimen colonial. “El terrorismo de los voluntarios, las detenciones y las deportaciones, el embargo de las propiedades y la violencia en los campos de batalla, le pusieron punto final a cualquier iniciativa pacífica para resolver la cuestión cubana,” escribe Pérez. Y añade, refiriéndose a los albores de la Guerra de 1868: “En adelante, existiría entre los cubanos muy poca tolerancia para aquellos que favorecían la negociación y el apaciguamiento”. No hubo otro remedio que aceptar el machete como la única opción para una Cuba libre. La oferta de reformas de parte de España llegó muy tarde. Se produjeron divisiones en el exilio, y el clima no fue ya propicio para los moderados.

En agosto de 1878, unos seis meses después de terminada la Guerra de los Diez Años, se constituyó en Cuba el Partido Liberal Autonomista. Fue el primer partido político cubano, y sus integrantes acudieron a la arena pública con una sola arma: la palabra. Los autonomistas aprovecharon el espacio que se abría con la legislación post-Zajón.. Representaban un nacionalismo moderado. Escogieron la práctica política constitucional, posponiendo, pero no renunciando a la Independencia. No funcionó como movimientos políticos anteriores – el anexionismo, el reformismo – sino como una institución para mediar ante el Estado. Es decir, comunicar y encauzar las demandas de la sociedad. Enfrentaba los problemas sociales, políticos y económicos desde la perspectiva del liberalismo británico instaurado en Canadá. Imposible resumir su labor entre las dos guerras, pero se puede afirmar que en muchos sentidos su actuación política preparó a los cubanos para la lucha por la independencia.

En la guerra de 1895 existió una pugna entre el civilismo de Martí y el militarismo de Máximo Gómez. Lamentablemente, al comenzar por fin la República en 1902, la historia de los autonomistas cayó en el olvido y el país se irguió sobre el culto a las gestas heroicas de los generales. Se admiraba más el machete redentor que los de debates de la Asamblea de Guaímaro. Nuestros primeros presidentes habían ganado la guerra, pero no supieron construir la paz, y de nuevo surgieron entre nosotros la intransigencia y la intolerancia como valores políticos.

La historia debe servirnos para no repetir errores. Recientemente, una encuesta que arroja un apoyo mayoritario de los exiliados al levantamiento del embargo–aunque también una preocupación por la situación de los derechos humanos– y una entrevista a Alfonso (Alfie) Fanjul que revela haber viajado dos veces a Cuba, y contemplado invertir en la Isla, si bien afirma que por el momento no hay condiciones favorables para ello, han provocado reacciones de violencia verbal e indignación en algunos sectores. De nuevo, se manifiesta la intransigencia e intolerancia de algunos ante posiciones que contemplen el diálogo, las negociaciones, las conciliaciones de intereses, aunque sin renunciar a cambios futuros más substanciales para esa Cuba mejor que deseamos.

Me preocupa que persista entre nosotros, en ambas orillas, la intransigencia anacrónica, porque no sólo no es una virtud sino, como escribí hace dos décadas, representa un freno a la modernidad y el progreso. Son temas a meditar.

Este artículo también puede leerse en http://diariolasamericas.com/blogs/intransigencia-virtud-cuba-dialogo-uva-aragon.html

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
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8 respuestas a La intransigencia como virtud

  1. Hilda dijo:

    Así es Uva, llevas toda la razón en estas reflexiones. La intransigencia funciona entre cubanos históricamente en la esfera política. Me gustaría que siguieras escribiendo sobre esto,porque cuando amplias el diapasón encuentras que, respecto a hacer negocios, el cubano exhibe una cultura económica mucho más flexible. Entre cubanos lo que está bien visto es asumir la rigidez de principios, en ocasiones llega a ser insoportable rayando en la estupidez. El cubano puede admitir que los tiempos han cambiado en Europa, Asia y te hace una valoración íntegra de la evolución y el fin del Apartheid, pero respecto a Cuba se queda enclavado en lo que aprendió hace 30 años y lo peor, no quieras que cambie…no le interesa, sencillamente ya lo sabe “todo”, “nada ha cambiado ni cambiará”, etc. Su propia versión de la Historia patria no la cambia, ni aún cuando le señalas que está equivocado. Créeme lo he vivido en primera persona lo mismo con españoles que creen saberlo todo sobre Cuba, que con compatriotas que residen por aquí. Lo de la intransigencia -como bien apuntas en tu texto viene de la península. Bien sea por miedo a la novedad, por perder espacios de poder, por razones históricas, por poca visión de conjunto y de futuro, por lo que sea, la intransigencia marca el discurso de cualquier cubano cuando se refiere a temas de política. Lo sorprendente es que en otros ámbitos no es así. La república nació lastrada por la cultura y el peso de los generales, pero no hay que olvidar que muchos de ellos también fueron hombres de letras, e incluso buenos en los negocios…entonces la política no fue un arte al que se dedicaran con pasión o voluntad de servicio; de ser así, más de uno se hubiera retirado a tiempo, más bien fue pretexto para justificar cuotas de poder o por temeridad y falso orgullo. Pero me temo que es por esa mezcla de la sangre, que hace que cuando las endorfinas del poder se activan en algunos cerebros, llegan a considerar todo lo que le rodea como su propio feudo particular…eso ha producido tanto daño que hasta hoy y durante muchas generaciones pagaremos las consecuencias. Lo del señor Fanjul lo he seguido con interés. Es un hombre de negocios y valiente…¿que ocurre? pues que muchos han visto “traicionados” sus rígidos postulados, pero eso sólo es una pose exterior más que una convicción. Supongo que los que se manifiestan contra las visitas de Fanjul a Cuba temen perder un poderoso aliado. Como te explico, esto es como Fuenteovejuna, o todos o nadie…si Fanjul decidiera invertir, ellos pierden una figura de los actualmente poderosos y exitosos hombres de negocios que en un mañana puede abanderar no sólo una transición sino una hipotética recuperación de bienes perdidos en Cuba…no sólo es política es, al fin y al cabo un adelantarse sobremanera a intentar frenar las intenciones de un “supuesto” poderoso aliado que desertaría de 5? años de intransigencia y otra vez venga a hipotecar un hipotético futuro que sólo está en la cabeza de cuatro iluminados y mientras tanto el pueblo de Cuba…sumido en su dolor se siente herido…etc, etc, etc…

  2. Es verdad, la intransigencia política es un viejo mal de los cubanos y si queremos tener una sociedad verdaderamente libre habrá que ponerle remedio. En primer lugar, devolverles a los cubanos su historia, porque nadie que se haya educado en el sistema escolar de la Revolución, a no ser que haya estudiado por su cuenta, conoce la verdadera historia de Cuba, sino la farsa politizada que le han enseñado. Pero no sé, me parece que no se trata solamente de intransigencia, aunque ésta sea una gran parte del problema. Creo que también a ciertos sectores del exilio cubano, quizá los de más antigüedad, les cuesta aceptar que en estos cincuenta años de Revolución la sociedad cubana ha cambiado muchísimo, que la Cuba de hoy se parece poco a la Cuba que ellos dejaron, y que los valores y las creencias de las generaciones actuales de cubanos difieren en más de un sentido de los de la Cuba antes del 59. Y por el lado de los cubanos en la isla, su rechazo se debe no sólo a la intransigencia política sino a una maniobra muy hábil del régimen cubano que les ha hecho creer que los exiliados vendrán a reclamar las propiedades confiscadas al principio de la Revolución, lo que para muchos en Cuba significa perder su casa, su medio de subsistencia, su puesto en la cooperativa, etc, porque ése fue el destino de muchas de esas propiedades. Para los cubanos, tratando de sobrevivir en medio de una pobreza aplastante, esta amenaza es devastadora. Yo creo que el diálogo se debe encaminar hacia reconciliar ambas partes, la que se fue y la que se quedó, y a demostrar que en una Cuba democrática no va a haber revanchas, sino que todos vamos a trabajar juntos para reconstruir el país. Dicho todo esto, a mí no me gustaría que el señor Fanjul invirtiera en Cuba. La trayectoria de los Fanjul en la Florida, en cuanto al medio ambiente y a los derechos de los trabajadores, es espantosa. Yo quiero construir una Cuba mejor, no reemplazar la Cuba post-revolucionaria por todos los males sociales y económicos de la Cuba antes del 59, sin ninguna de sus ventajas.

  3. Armando R Carvallo dijo:

    Absolutamente de acuerdo con Uva, Hilda e Inés. Y si bien todas las partes siempre han sido intransigentes en nuestra historia, lo del patriarca mayor, el rey omnipotente, es el non plus ultra… ¡y pensar que convenció a la mayoría del pueblo, en función de esa intransigencia, de cortar con padres, hijos, abuelos, primos!… ¡inaudito!… ¡e imperdonable!

  4. Martha Pardiño dijo:

    Querida Uva, hace 20 años, Alberto y yo fuimos a la presentación (creo que fue en el FIU), de tu libro “El caiman frente al espejo”, y compramos un ejemplar que ambos leímos. Hay muchas cosas que tenemos que sanar en Cuba cuándo sea libre. Por ejemplo, hay que cambiar la mentalidad de ese “hombre Nuevo”, fatídico invento de los Castro, que ha parido a un hombre que no le importa la patria, que no quiere trabajar, que vive del “bisnes”, cuya traducción es: ROBAR, que no conoce la verdadera historia de Cuba, que se la pasa callejeando por las sucias y rotas calles de la isla, y que ¡hasta vende su joven cuerpo! para conseguir un jean, un par de zapatos o un plato de comida que poner en la mesa familiar. Desde luego que la juventd cubana de hoy no tiene la culpa, pues al no tener esperanzas ni futuro, lo único que anhelan en LARGARSE DE LA ISLA-CARCEL.
    En cuanto a invertir en Cuba mientras la tiranía de los Castro pisoteen los derechos humanos, la justicia y la libertad, creo que es inmoral que Fanjul o cualquier otro cubano,

    negocie con Cuba.
    Te felicito por tu artículo, Martha Pardiño

  5. Virginia Aponte dijo:

    Después de leer una reflexión tan valiosa y equilibrada sobre un tema demasiado álgido para nosotros los cubanos, me atrevo a decir que pensar en los millones de seres humanos que hoy pueblan nuestra isla sufriendo escasez, ésta es una manera de considerar que ellos pueden mejorar su existencia si somos capaces de darles la mano.
    Me hacen recordar las palabras de una mujer admirable, Simone Weil: “Si un desconocido que yace en la calle tiene hambre uno debe darle de comer, incluso si no tiene suficiente para sí mismo, no por amor de Dios sino porque tiene hambre, eso es amar al prójimo como a uno mismo…”
    Virginia Aponte

  6. Fifi Smith dijo:

    (Breve comentario) El pueblo Cubano exilado se mantiene intransigente y dividido en cuanto a Cuba y al embargo — sin embargo 🙂 ese mismo tipo de intransigencia en esferas politicas abunda globalmente. Somos producto de nuestras experiencias, aun cuando “universalizarlas”
    no funciona. (Cliche’ — “Cada Persona es un Mundo”)

  7. fundmusicalia fundmusicalia dijo:

    Muy bueno. Hay que salirle al paso a estas cosas. Su po a poco el verte, apenas un momento para saludarnos. Tanto Marisa com yo, haremos todo lo posible en el prximo viaje, de poder estar contigo y conversar como Dios manda…Tu to.

    El 20 de febrero de 2014, 1:47, Habanera soy

  8. uvadearagon dijo:

    Gracias a todos por sus comentarios. La mayoría creo que concuerdan y amplian lo escrito por mí y es precisamente lo que deseaba hacer; abrir el debate. No estoy de acuerdo con uno de los comentarios, pero precisamente practico lo que predico, de modo que me alegra que en este blog aparezcan distintos puntos de vista, mientras se expresen con respeto. Y sí, volveré al tema y a destacar asimismo actitudes de mayor tolerancia en el exilio y en Cuba, porque también existen.

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