El legado de Monseñor Carlos Manuel de Céspedes

Publicado en Diario Las américas 1-9-2014

Monseñor Carlos Manuel de Céspedes poseía esa aristocracia del espíritu que nada tiene que ver con títulos nobiliarios ni riquezas materiales. Sentía orgullo de su ascendencia ilustre; era descendiente del Padre de la Patria y de dos Presidentes. Cuando muchos se fueron de Cuba, él regresó en 1963. Quiso echar su suerte con los pobres de las parroquias en barrios marginales. Habían cerrado los colegios católicos y logró, milagrosamente, mantener abierto el Seminario de San Carlos y San Ambrosio. En un estado ateo, enseñaba las Sagradas Escrituras. El país se dividía por luchas fratricidas, y él mantenía fija la mirada en la esencia cubana.

Su mayor preocupación fue siempre la juventud, y marcó a toda una generación de cubanos; así me lo escribe desde España una historiadora. En el período especial comprendió cuán desamparados estaban los viejos, y se ocupó de ellos. Desde la Iglesia de San Agustín les ofreció comida, ropa limpia, medicinas. Para pedir por su misión de caridad, se convirtió en humilde mendigo. En Miami y otras ciudades, adonde viajó varias veces a recaudar fondos para su parroquia, muchos lo ayudamos gustosos.

Hombre de curiosidad intelectual insaciable, había acumulado un buen número de libros, que no estaban en sus estantes “como adorno o relleno, sino como fuente y luz”. Los prestaba porque “la única forma de poseer, sin escrúpulos de conciencia, es compartir lo que se posee”. Los vídeos de ópera que le regalaban, los exhibía en la parroquia. En su biblioteca, sentado en su sillón, igual aconsejaba a un joven matrimonio, comentaba el manuscrito de un aspirante a escritor, o conversaba gustoso con tirios y troyanos, citando tanto a los clásicos como a autores cubanos de todos los siglos y signos.

Sus grandes amores –lo repetía a menudo– eran Cuba y la Iglesia. El tercero era la literatura, a la que contribuyó con novelas, poemarios y lúcidos ensayos. El último lo entregó a “Espacio Laical” días antes de morir. Fue, en cierta forma, su testamento. En 16 páginas a un espacio, recorre minuciosamente la problemática cubana, y sus sueños para una Cuba, que, entre otras cosas, ofrezca a sus ciudadanos mejores condiciones de vida. Utiliza con frecuencia las metáforas “la Casa Cuba, el Árbol Cuba, la Nave Cuba.” En su mundo interior revisa, añade y suprime en la construcción del mañana. Confiesa: “mi rumia cubana no deja de estar en movimiento y se detendrá, espero, sólo con mi muerte.” Así fue.

Iglesia de San Agustín en Playa donde Monseñor de Céspedes llevó a cabo su labor pastoral por los últimos 20 años

Iglesia de San Agustín en Playa donde Monseñor de Céspedes llevó a cabo su labor pastoral por los últimos 20 años

En esa Casa Cuba que edificaba “todos tendríamos que participar desde el ruedo, no desde las gradas.” Lo dice con plena conciencia de la pluralidad de la Cuba insular y transnacional. Aboga por un “cambio integral de la sociedad”, que lleve a “una mejor convivencia, a un mayor bienestar”. Sabe que las reformas económicas no dependen solo de los recursos, sino también de “la voluntad política”. No pretende tener todas las respuestas. Se pregunta (o nos pregunta), si no habría que hacer ajustes de orientación ideológica al mismo tiempo.

Le duele que las nuevas generaciones se vayan de la Isla, que la nación las pierda. Reconoce la nostalgia de la futuridad, es decir, la incapacidad de imaginar oportunidades, y sabe el daño que causa. Siente urgencia de “que los jóvenes puedan pensar con cierta confianza en un futuro promisorio, en Cuba.” Aconseja “pactar con la realidad y concertar criterios, que no afecten la soberanía nacional, aunque sí podrían implicar condiciones con relación a teorías sostenidas durante años”.

Enfatiza la necesidad de crear un estado de derecho para una sociedad que llama “socialista democrática o participativa”. Propone con sólidos argumentos restituir, con modificaciones, la Constitución del 40, “fruto de la concertación libre de muy diversas tendencias”. Recuerda que la Revolución Cubana tomó su restauración como lema. Se muestra partidario de la socialdemocracia, aunque se le disfrace con otras etiquetas.

Desea que el pueblo cubano esté inmunizado contra “las falsas hazañas de aventureros superlativos que nos han hecho y hacen daño.” Insiste en que los cambios necesarios han de sostener un “proyecto de promoción humana integral”. Cuba, concluye, es para él un acto de fe, esperanza y amor.

Uva de Aragón y Mons. Carlos Manuel de Céspedes, La Habana, 2009

Uva de Aragón y Mons. Carlos Manuel de Céspedes, La Habana, 2009

Con su muerte el pasado 3 de enero, deja un hondo vacío, pues supo ganarse el cariño y la admiración de muchos de sus compatriotas, por su cubanía raigal, su humor criollo, su generosidad sin límites, su amplia cultura, su respeto genuino a los demás. De Jesús del Monte a Miramar, de Madrid a Miami, de El Vedado a Washington, D.C., los que tuvimos el privilegio de conocerlo y beneficiarnos con su amistad, nos apoyamos los unos en los otros, más huérfanos por su ausencia, pero más comprometidos con su incesante lucha por esa Cuba mejor que tantos soñamos, para la que él, sermón a sermón, clase a clase, ópera a ópera, libro a libro, fue preparando a los jóvenes en la Isla.

Miembros de la iglesia y feligresos acompañan a Monseñor Céspedes a su morada final en el Cementerio de Colón

Miembros de la iglesia y feligresos acompañan a Monseñor Céspedes a su morada final en el Cementerio de Colón

Primera carta que recibí de Monseñor Carlos Manuel de Céspedes en 1994

Primera carta que recibí de Monseñor Carlos Manuel de Céspedes en 1994

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
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6 respuestas a El legado de Monseñor Carlos Manuel de Céspedes

  1. Jesus dijo:

    Gracias por tus semblanzas. Jj

  2. Oilda del Castillo dijo:

    Gracias Uvita por ese “retrato hablado” de Mons. Carlos Manuel de Cespedes. Leyendolo pueden conocerlo aquellos que no tuvieran la suerte de hacerlo. Su presencia seguira viva en la patria y su trabajo tendra permanencia, proveyendo guia a las futuras generaciones. Oilda

  3. Manuel Sanchez Couto dijo:

    “Le duele que las nuevas generaciones se vayan de la Isla, que la nación las pierda”.
    No se pierden porque Cuba sale de los ale con ellos. Cuba no queda vacia solo sacan el tesoro para salvarla. Cuba sobrevive en los corazones del exilio, jamas se perdera.

  4. Teresa Fernández Soneira dijo:

    Descanse en paz el que oyó la voz del Señor cuando le dijo: ‘ven y sígueme’; que se mantuvo fiel al sacerdocio de Jesucristo, y que con espiritualidad y entrega sirvió al pueblo de Dios.

  5. Alejandro Querejeta dijo:

    Gracias por este texto tan hermoso, alentador y justo. Sepa que me devuelve la esperanza que creía perdida para siempre…

  6. cecilio1942 dijo:

    Ha dejado una profunda huella en nuestra sociedad. Gracias

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