Vigencia de Alfonso Hernández-Catá

Alfonso Hernández-Catá 1895-1940

Alfonso Hernández-Catá
1895-1940

El pasado 8 de noviembre se cumplieron 63 años de la muerte del escritor Alfonso Hernández-Catá en un accidente de aviación en Brasil, donde representaba a Cuba como ministro Plenipotenciario. Tenía 55 años, una extensa obra publicada, y el convencimiento de que se preparaba para escribir sus mejores libros.

Pese al tiempo transcurrido, su labor literaria y trayectoria vital mantienen vigencia. Su vida basculó entre Cuba y España. Residió en diversas ciudades. Viajó extensamente. Fue de los primeros autores de la isla traducido a múltiples idiomas. En la primera mitad del siglo XX, fue un escritor global. También, sufrió una especie de destierro, pues muchos de sus contemporáneos lo tildaban de español e intentaron negarle la porción de Patria literaria a la que tenía indiscutible derecho.

Años después de su muerte, otros de sus compatriotas han sufrido rechazos similares. Ya hoy en día, sin embargo, se les reconoce a todos como parte de la literatura cubana.

También los temas universales de su narrativa –se destacó principalmente en el cuento y la novela corta – , cuando en Cuba y en casi toda la América Latina la literatura se centraba en lo local y nacional, muestran que se adelantó a su tiempo.

Fue, además, uno de los pocos escritores profesionales de su época. Es decir, pese a su puesto diplomático, se dedicó y vivió principalmente de los derechos de autor de sus publicaciones, en su gran mayoría en España.

La tradición de las novelas de dictadores la comenzó en nuestra América un español, Ramón del Valle Inclán, con Tirano Banderas (1926), aunque tiene antecedentes en el ensayo Facundo: civilización y barbarie del argentino Domingo Faustino Sarmiento.

En 1933 Hernández-Catá publica la colección de cuentos Un cementerio en las Antillas, fuerte crítica y caricatura esperpéntica de Gerardo Machado. El libro ve la luz meses después del derrocamiento de Machado, aunque fue escrito con anterioridad. Se adelantó, pues, por más de una década a El Señor Presidente (1946) de Miguel Ángel Asturias, y a tantas otras novelas sobre gobernantes despóticos, como Yo el supremo de Augusto Roa Bastos (1974), El recurso del método (1974) de Alejo Carpentier, El otoño del patriarca (1975) de Gabriel García Márquez, y La fiesta del chivo de Mario Vargas Llosa (2000), entre otras.

Vivió de niño en el indómito Oriente cubano durante la Guerra de Independencia, en la que su familia materna participó -su abuelo José Dolores Catá fue fusilado en 1874 en Baracoa por conspirar contra España, y su tío Álvaro Catá peleó con Maceo durante la guerra del 95.

Siempre guardó un recuerdo emocionado de esas luchas. Sin embargo, porque fue testigo en suelo europeo de los horrores de la Primera Guerra Mundial, escribió contra las contiendas bélicas, y fue, según él mismo se describía, pacifista. No hay otro escritor cubano de su generación de quien pueda decirse lo mismo, pero hoy en día ya somos muchos los que creemos en las vías pacíficas y rechazamos la violencia para encauzar los cambios que necesita nuestro país.

La profundidad de su entendimiento de la psiquis humana es otra muestra indiscutible de su modernidad. En años recientes, con tantas matanzas sin sentido perpetradas a veces por personas en apariencia normales que luego se ha sabido sufrían desajustes emocionales, se ha revivido la preocupación por las enfermedades mentales.

En varios de los cuentos de Hernández-Catá, (especialmente los de su libro Manicomio) el autor se afana en precisar el momento preciso en que algo se quiebra dentro y se pasa de la cordura a la locura. Es un cuestionamiento que aún no tiene respuesta. Otra de sus últimas narraciones, Los cuarenta kilos de Enrique Verona, gira sobre la falta de aceptación social que sufre un hombre gordo, otro asunto de actualidad.

Tal vez la novela que más muestra cuán avanzado era para sus tiempos es El ángel de Sodoma, de 1927, sobre el homosexualismo. Hace pocos años, la revista La Habana Elegante la reprodujo en su totalidad.

En fechas recientes ha habido tres reediciones de la novela, una de ellas en Cuba, donde también se ha publicado parte de su epistolario. El ángel de Sodoma cuenta asimismo con una versión electrónica. O sea, los lectores del siglo XXI pueden leer a Hernández-Catá en un Kindle o tableta.

No es la única de sus obras disponible de esta forma. También existe una colección de sus cuentos que se descarga por $0,99, lo cual lo hace accesible a muchos lectores en todas partes del mundo. La búsqueda en Google con su nombre entre comillas arroja casi 100.000 referencias. No está mal para un escritor autodidacta que murió en su plenitud hace más de medio siglo.

Epistolario de Hernández-Catá publicado en Cuba en 2004. Recopilación y prólogo de Cira Romero

Epistolario de Hernández-Catá publicado en Cuba

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
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3 respuestas a Vigencia de Alfonso Hernández-Catá

  1. Qué bueno tu artículo. Uno de mis autores favoritos. Hay un cuento suyo sobre un grupo de leprosos, muy fuerte, de los mejores que he leído. Buscaré El ángel…
    Saludos desde Taos…

    • uvadearagon dijo:

      Ese cuento, que si mal no recuerdo se titula “En la zona de sombra” es de su libro “Manicomio” de 1931, para mí una de sus mejores obras. No dejes de buscar “El angel de Sodoma”, verdaderamente adelantado a su tiempo.

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