¡Play ball!

Niños cubanos jugando a la pelota en las calles de La Habana

Niños cubanos jugando a la pelota en las calles de La Habana


Publicado en Diario los Américas 8-15-2013<

A mi padre le encantaba el béisbol. Era un apasionado fanático del club de pelota El Habana. Con parientes, colegas y sus respectivas esposas tenían por lo menos 6 u 8 asientos abonados para todos los juegos de la temporada.

Mi madre, nacida y criada en España, no compartía el gusto de mi padre por un deporte que nunca llegó a entender. Papi, sin embargo, logró trasmitirnos su entusiasmo por el béisbol y el equipo de los leones a mi hermana Lucía y a mí. Entre los recuerdos más felices de mi niñez están los muchos juegos que nos llevó a ver al Estadio del Cerro. MI padre era amigo de Miguel Ángel González, el “manager” del Habana, y muchas veces tras haber ganado un juego importante, nos acercábamos a felicitarlo. Conocimos así a todos los jugadores, y nos firmaban pelotas y nuestros libros de autógrafos, tan de moda en esos años. Incluso una noche mi padre ofreció un cóctel para festejar la victoria del campeonato de 1951-52. ¡Pedro “Perucho” Formental, la Araña Jorgensen, Bert Hass, “Patato¨ Pascual, Edmundo Amorós, el lanzador Hoyt Willhem en la terraza de casa!

Cuando jugaban entresemana, y al día siguiente había que levantarse temprano para la escuela, mi madre no nos dejaba ir, y escuchábamos los juegos a escondidas, en una radio grandísima que teníamos en el cuarto. No sé qué nos gustaba más, si oír la narración de Jessi Losada, o el placer de lo prohibido, pues si Mamá nos descubría, nos ganábamos un buen regaño.

Desde que murió mi padre en 1954, nunca más, ni cuando viví en Nueva York y fuimos a algunos juegos de los Yankees, ni cuando mis nietos comenzaron a jugar en las ligas infantiles, he vuelto a sentir tal fanatismo por un equipo de pelota como en aquellos años de mi infancia habanera.

En Cuba el béisbol continúa despertando pasiones. En 12 y 23, la esquina de la pelota, siempre hay un grupo discutiendo acaloradamente los juegos de la noche anterior, y haciendo predicciones sobre los próximos encuentros. Lo mismo sucede en el Parque Central, frente al Hotel Inglaterra, punto fijo de los fanáticos beisboleros. En todo el país pueden observarse niños jugando béisbol . Inventan un bate con cualquier madera, y fabrican pelotas con los materiales más sorprendentes.

En las últimas décadas, el equipo más popular en la Isla ha sido “Los Industriales”, conocidos como “Los azules”, por el color de sus uniformes (lo mismo que ayer los del Almendares). También les dicen “Los Leones” pues llevan al rey de la selva como símbolo, igual que hace años el equipo del Habana. Quizás Los Industriales representen la fusión del Habana y el Almendares, aquellos equipos que despertaron tanto entusiasmo entre los cubanos en la primera mitad del siglo XX.

Muchos jugadores de Los Industriales se han ido de Cuba, como tantas otras personas, buscando libertad y mejores oportunidades económicas. Algunos han jugado en las grandes ligas, alcanzado éxito y fortuna. Han sido acogidos por los Estados Unidos y el exilio con los brazos abiertos. Atrás dejaron, como nosotros hace cincuenta años, muchos seres queridos, compañeros, casa, costumbres, barrios, vecinos, fanáticos, paisajes, y ese conjunto de valores, extensión geográfica, historia y patrimonio espiritual que llamamos Patria. Le dijeron adiós a lo malo y a lo bueno que habían conocido toda la vida.

Ahora se ha presentado la oportunidad que el equipo de Los Industriales venga a jugar a la Florida con antiguos compañeros que ya están en Estados Unidos, deseosos de abrazarlos y compartir en el terreno de pelota. Se han tropezado con la intolerancia de una minoría de cubanos diametralmente opuesto a que vengan y jueguen.

EL principal argumento que esgrimen para oponerse a la visita de Los Industriales es que representan al gobierno cubano. Me parece que es una falta de respeto a nuestros compatriotas, que desde hace medio siglo, con la excepción de los cuentapropistas en los últimos años, han tenido que trabajar para el estado, pero no por eso dejan de pensar con cabeza propia.

Hace años que insisto en escribir, por polémico que sea, sobre la reconciliación entre cubanos. No se trata solo entre los que nos fuimos al principio y los que están en la Isla. También hay miembros de varias generaciones de cubanos dispersos por el mundo y dentro de Cuba, que guardan agravios. No puede negárseles la ocasión para darse un abrazo. Naturalmente que también abogo porque estos encuentros, ya sean deportivos, académicos, culturales o familiares, se lleven a cabo en la Isla.

Toda oportunidad de que algo tan sano como el béisbol nos una, aunque sea por unas horas, nos brinda un elemento purificador indispensable para esa Cuba mejor que tantos soñamos.

¡Play ball!

Nota de la autora: Después de escrito este artículo, Los Industriales han llegado a Miami pero todavía no han encontrado un terreno que les permita jugar con sus antiguos compañeros. Siento verguenza, y no es ajena, sino propia, porque los cubanos intransigentes, aquí o allá, que los hay en todas partes, son también mis compatriotas y parte de mi historia.

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
Esta entrada fue publicada en Actividades académicas, Actividades culturales, Cubanoamericanos, Cubanos famosos, Deportes, Diáspora cubana, Historia de Cuba, Historia de Estados Unidos, Miami, Reconciliación de los cubanos, Vida de la escritora, Vida en Cuba. Guarda el enlace permanente.

4 respuestas a ¡Play ball!

  1. cecilio1942 dijo:

    Estoy de acuerdo con Ud. Saludos, Cecilio

  2. Me gusto mucho su articulo.Como seguidor de la pelota cubana donde sea comparto sus opiniones.No por vivir en Cuba se representa obligatoriamente al gobierno.La intolerancia a veces abochorna.

  3. María Xosé Porteiro dijo:

    Enhorabuena por tu blog, Uva, y por este artículo en particular que me trasladó a mi niñez en el barrio de Carraguao, tan cerquita del Estadio que se oían los rugidos de los aficionados en las noches de partido. Te envío un beso con aires gallegos para que recuerdes esa parte de tus ancestros estradenses. Espero que te acuerdes de mi y de la presentación de tu libro en Santiago de Compostela, en la Fundación Granell, hace unos diez años con la mediación de Luis Bello que nos puso en contacto.

    • uvadearagon dijo:

      Gracias, Maria Xose. Siempre te recuerdo, al igual que la presentación tuya tan generosa de mi novela Memoria del Silencio, que ahora es también un libro electrónico y pronto saldrá en edición bilingue. Ese viaje a la tierra de mi bisabuelo fue inolvidable. Muchos cariños.

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