¿Ha comenzado la revolución del siglo XXI?

El Papa Francisco quiso sentirse cerca del pueblo en su reciente viaje a Brasil

El Papa Francisco quiso sentirse cerca del pueblo en su reciente viaje a Brasil

Diario Las Americas
Publicado el 08-08-2013

Varias revoluciones –cambios radicales— tuvieron lugar el pasado siglo. Algunas de naturaleza ideológica y política: la rusa, la mexicana, la cubana. Otras de valores y orden social: derechos humanos, civiles, de las mujeres, los gais, las minorías. Varias de índole científico: viajes al espacio, adelantos en la medicina. La lista sería interminable. Quizás la de más impacto y proyección en esta centuria sea, sin embargo, la tecnológica, que ha afectado la forma de hacer negocios, de comunicarse las personas y de que cualquier ciudadano logre convertirse en detective, periodista, comunicador.

Sin embargo, queda mucho por hacer en un mundo poblado de desigualdades, pobreza, violencia, corrupción, avaricia. Ni derechas ni izquierdas, ni el capitalismo ni el socialismo del siglo XXI dan respuestas convincentes a los indignados que protestan en diversas ciudades pero no hallan un discurso coherente, una voz clara, un líder.

Se abre ahora tal vez una esperanza que sorprende a muchos. Y comenzó a través de un grupo de hombres, la mayoría ancianos y conservadores, reunidos en secreto, que supieron o intuyeron que la institución que representaban, con sus grandes santos y demonios, errores y aciertos, necesitaba un cambio radical. Los cardenales eligieron en Roma al primer Papa latinoamericano, el primer jesuita, que en pocos meses ha dado rienda a una revolución religiosa y política que empieza a resonar más allá de la misma Iglesia Católica.

Desde su elección, Jorge Mario Bergoglio tuvo gestos muy claros de que no viviría con los mismos lujos que sus antepasados. Al escoger el nombre del Santo de Asís definía ya el espíritu de sencillez y humildad que iba a marcar su proyecto de Iglesia. En su gira reciente por Brasil el Papa Francisco se ha pronunciado a favor de la justicia social y en contra de la avaricia, el abuso del poder, la corrupción. Pero hizo más. Visitó una favela en Río de Janeiro, se mezcló con la gente y envió un mensaje claro: “La medida de la grandeza de una sociedad está determinada por la forma en que trata a quien está más necesitado.” No quiso convertir su viaje en una visita oficial e ir a Brasilia, sino al corazón de la miseria y la violencia. Y se metió a la gente en un bolsillo: “Habría querido llamar a cada puerta, decir buenos días, pedir un vaso de agua, tomar un cafezinho…

No solo habló a los pobres, también a los drogadictos, los gais, los teólogos de la liberación, los ateos (que pueden salvarse “si hacen algo por los demás”). Pidió a los poderes públicos y los hombres de buena voluntad que no permanezcan indiferentes ante las desigualdades, que contribuyan de acuerdo con sus posibilidades y responsabilidades para desterrar la cultura del egoísmo y el individualismo, y crear la de la solidaridad.

Mostró que no es incorporal, sino de carne y hueso, y que no le teme a la muerte. No quiso recorrer las calles de Río de Janeiro protegido en el papamóvil, sino al descubierto, tocando a la gente, apretando manos, besando a los niños.

Este gesto agradó a los jóvenes, que vinieron de muchas partes del mundo para encontrarse con él durante la Jornada Mundial de la Juventud, razón principal de su viaje. Elogió en las nuevas generaciones su sensibilidad ante la injusticia. Les pidió que no se desaminaran. Les aseguró que el hombre puede cambiar. Puso en sus manos la construcción del futuro. También les pidió sacrificios. Habló contra el exceso de consumismo: “Los jóvenes no solo necesitan cosas”. Les pidió volver a las raíces profundas de la fe cristiana, “los valores inmateriales que son el corazón espiritual de un pueblo”. En todas partes, su mensaje se caracterizó por un marcado contenido social.

A su regreso a Roma, este sencillo sacerdote tan popular hoy como una estrella de “rock”, se enfrenta a la difícil labor de la reforma necesaria dentro de la Iglesia. Algunos de la curia que lo eligieron saben que su poder ha terminado, y posiblemente ellos mismos se marginen. Otros lo combatirán, le tenderán trampas. No será empresa fácil crear “una iglesia pobre”, aunque predique con el ejemplo.

No es realista tampoco esperar grandes cambios en muchas de las posiciones de la Iglesia, como el celibato, la ordenación de las mujeres, y mucho menos sobre al aborto y los matrimonios gais, o siquiera, la aceptación de que los actos homosexuales no sean grandes pecados. Pero al menos el Papa parece haberse dado cuenta que cuando la Iglesia predica sobre temas de la pelvis, la gente no escucha, y ha preferido concentrarse en asuntos del corazón y el cerebro. Es un buen comienzo.

¿Estaremos en la antesala de la gran revolución del Siglo XXI? ¿Habrá este nuevo líder comprendido la causa de ese descontento difuso que tantos sienten? ¿Podrá este religioso vestido de blanco lograr cambios radicales en la Iglesia y en nuestra sociedad?

Por lo pronto, algunos aseguran que ya ha hecho su primer milagro: “que los brasileros amen a un argentino.” El humor a menudo sirve pare decir cosas muy serias. Ojalá el chiste sea el anticipo de una mayor solidaridad humana en el Siglo XXI.

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
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3 respuestas a ¿Ha comenzado la revolución del siglo XXI?

  1. Teresa Fernández Soneira dijo:

    En sólo unos meses nos hemos dado cuenta de que el Papa Francisco es un verdadero sacerdote, entregado a la Iglesia y a sus fieles. Ha bajado de su silla papal en el Vaticano para mezclarse con el pueblo, que fue lo que hizo Jesucristo en su tiempo y es en lo que consiste la verdadera vida cristiana. No le va a resultar fácil al Santo Padre hacer reformas, pero por lo menos las va a intentar, y ya comenzó. Pero el Papa no puede el solo hacerlo todo. Todos nosotros, especialmente los católicos, pues es nuestra Iglesia, tenemos que ayudarlo en un mundo tan alejado de Dios, y tan apegado a las cosas. Hagamos nuestra parte en la parcela donde nos ha tocado vivir, y oremos por él y el inmenso trabajo que tiene por delante. Gracias, Uva, por tu comentario y análisis.

  2. cecilio1942 dijo:

    Una vez más, gracias por sus comentarios tan ponderados como profundos. La tarea que tiene el Papa es tan importante para los ateos como para los cristianos. Y creo que todos tenemos que enviar nuestras energías positivas para que sus enemigos no lo perjudiquen. De todas maneras, él, sus actos, pensamientos y declaraciones, ya representa un gran cambio. Y estoy seguro que no dejará de sorprendernos positivamente.

  3. Armando R Carvallo dijo:

    La verdad es que al Vaticano siempre lo he visto con una desconfianza absoluta… ¡pero este papa ¨suena¨ bien!

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