Bicentenario de La Avellaneda

Gertrudis Gómez d Avelllanida (1814'1873)

Gertrudis Gómez d Avelllanida (1814’1873)

Diario Las Americas
Publicado el 05-22-2013

En unos meses, el 23 de marzo de 2014, se cumplirán 200 años del nacimiento en Puerto Príncipe (hoy Camagüey) de Gertrudis Gómez de Avellaneda, una de las figuras más prominentes no sólo de la literatura cubana, sino de la española y universal. Ya su tierra natal prepara la organización de congresos conmemorativos. Probablemente lo mismo sucederá en España y América Latina. Ojalá que un gran número de universidades e instituciones culturales en el mundo entero, aprovechen la ocasión para ahondar más en el estudio de una mujer cuyos textos y actitud vital fueron verdaderamente adelantados a su tiempo. Los cubanos de la diáspora harán bien en impulsar estos esfuerzos.

Desde la infancia, Tula, hija de un padre español, comandante de Marina destinado a Cuba, y de madre criolla, perteneciente a una ilustre y acaudalada familia, mostró inclinación a la literatura y el teatro. Leía febrilmente. Representaba comedias. Redactaba cuentos, poesías. A los 14 años rechazó un matrimonio concertado por su familia y como consecuencia perdió la herencia de su abuelo. Desde entonces no dejó de burlar las convenciones sociales de la era que le tocó vivir, en la que las mujeres ocupaban un lugar inferior. Su novela antiesclavista Sab, publicada en 1941, se adelanta una década a “La Cabaña del Tío Tom”, de la autora norteamericana Harriet Beecher Stowe y refleja además lo bien que la joven escritora había observado la naturaleza y las costumbres en la Isla.

Mucho se ha discutido si La Avellaneda, como a menudo se la llama, pertenece a las letras cubanas o españolas, pues nació en Cuba, a la que siguió unida por la nostalgia y el amor, pero residió casi siempre, publicó, triunfó, murió, y está enterrada en España. La discusión es hoy innecesaria. Pertenece a Cuba por herencia y querencia tanto como José Martí, Alfonso Hernández-Catá, Alejo Carpentier o Guillermo Cabrera Infante, independientemente de su lugar de residencia. No por ello, en un mundo cada vez más transnacional, deja de tener un lugar cimero en las letras españolas y universales.

Como todo ser genuino, fue contradictoria. Corresponde sin duda al romanticismo, pero, quizás porque leyó también a los neoclásicos en sus primeros años, no hay en su obra ese torrente excesivo de sentimentalismo de algunos escritores de su época, aunque sí una fuerza natural de libertad. Se enamoraba tan intensamente que no pudo ser feliz. Sus amores –tuvo varios maridos y amantes—contrastaban con su devoción religiosa. Sintió gozos, depresiones y etapas de paz. Se desbordaba y se contenía, porque su necesidad de expresarse iba atemperada por una clara concepción estética

La extensa obra de “La Peregrina”, pseudónimo que utilizó en sus primeros tiempos, abarca poesías, novelas, y un gran corpus de obras teatrales. Su epistolario es de especial interés ya que refleja sus pasiones, desilusiones, tristezas: los intrincados recovecos del alma de una mujer singular. Todos sus textos merecen en este bicentenario nuevas ediciones críticas, que analicen su legado a la luz de las últimas teorías literarias y feministas.

Fue una rebelde con causa, que no aceptaba la discriminación que sufrían entonces las mujeres. No sólo descartó un matrimonio de conveniencia, sino que tuvo una hija fuera de matrimonio, que lamentablemente murió de pocos meses. No desafió las convenciones sociales sólo en lo personal. Intentó asimismo ser aceptada como miembro de la Real Academia Española de la Lengua. No fue hasta 1979 que una mujer, Carmen Conde, viniera a ocupar la primera silla en dicha institución.

Sería igualmente útil un rescate de la iconografía de La Avellaneda, pues a menudo se reproducen fotos que la muestran como una mujer poco agraciada, cuando en realidad hay otras imágenes suyas mucho más favorables. También se le ha reprochado injustamente que no fuera más crítica de la corona española, y que no se expresara a favor de la independencia de Cuba. Siempre se sintió ligada a la Isla, a la que se refería como “mi patria”. Pero en España hizo su vida, su obra. Murió en 1873, en medio de la Guerra de los Diez Años, que, según criterio de muchos historiadores, no ganaron los cubanos porque gran número de criollos no apoyaban entonces la causa independentista. Hay que juzgar su actitud en este contexto, y no por lo que sucedió años más tarde.

Se han hecho muchas reediciones y estudios académicos de la obra de Gertrudis Gómez de Avellaneda; el bicentenario de su nacimiento es ocasión propicia para volver a ella con nuevos ojos. Pienso que si viviera hoy tendría un blog y una cuenta de Twitter. Siempre fue – y todavía es — una mujer moderna.

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
Esta entrada fue publicada en Actividades académicas, Críticas literarias, Cubanos famosos, El Español, España, Estudios sobre Cuba, Historia de Cuba, Libros cubanos, Literatura, Literatura latinoamericana, Mujeres cubanas, Teatro. Guarda el enlace permanente.

5 respuestas a Bicentenario de La Avellaneda

  1. fundmusicalia fundmusicalia dijo:

    Sobrina: Muy bueno y necesario, dices cosas que otras crnicas, con remilgos del siglo XIX, no mencionan. En mi viaje estuve un rato en la liquidacin de la Universal y entre otras cosas compr una pequea gua de “La necrpolis Cristbal Coln de La Habana”, que muy posiblemente conoces, pero por si acaso, te la menciono porque est interesante, y en la p. 98 trae foto de la tumba y una pequea resea de su vida.Grumpy.

    • uvadearagon dijo:

      Gracias, Cristobal. Tengo el libro sobre el Cementerio de Colón y me asustaste porque pensé que te referías a la tumba de La Avellenada que yo creía, como en efecto es, que está enterrada en Sevilla. En la p. 98 aparece la foto de la tumba de mi abuelo el escritor Alfonso Hernández-Catá. Tengo pedido que me entierren con ahí, con él, pero mis hijas no están muy conformes. Dicen que no podrán llevarme flores. Yo respond que se las pongan a una foto, que como las tuve muy joven, ellas me van a sobrevivir 20 o 30 años pero yo voy a estar muerta para siempre. Bueno, aquí queda para la posteridad mi deseo.

  2. Armando R. Carvallo dijo:

    Yo también quiero descansar para siempre en Colón, así que te entiendo. A lo mejor un día podemos conversarlo con tus hijas y convencerlas… ¡no vencerlas!

  3. Mariela A. Gutiérrez (Waterloo, Canadá) dijo:

    Felicidades por tu artículo del Diario Las Américas sobre La Avellaneda. Habrá indudablemente que celebrar sus 200 años “de vida” (siendo ella una escritora inmortal, gracias a su maravillosa obra). Lo haremos con hermosas conferencias, ponencias y sendos artículos y ensayos que nosotros los críticos que la admiramos tendremos el gran gusto de elaborar.

  4. Hilda dijo:

    Como siempre es un acierto leer lo que escribes. Hay que juzgar a Gertrudis Gómez de Avellaneda. En su tiempo, ser cubana era también decir ser española. Las interpretaciones políticas las pusieron otros después y bueno, en tiempos de radicalismos siempre te quieren poner en un bando, como si el arte perteneciera a algún gremio político. Su obra fue universal y por eso ha trascendido. Como bien dices, ponernos a valorar su pertenencia o juzgar su postura política es perder un tiempo que más vale aprovechar para releer su obra.

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