Elegìa en primavera

Ariel Remos y Uva de Aragón, Miami, 1981

Ariel Remos y Uva de Aragón, Miami, 1981

Diario Las Americas
Publicado el 05-01-2013

Palabras pronunciadas en la misa por el descanso del alma de Ariel Remos en la iglesia de St. Patrick´s, Miami Beach el sábado 27 de abril de 2013

Agradezco profundamente a la familia Remos el privilegio de hablar en esta ocasión en que despedimos a Ariel con tristeza, pero también celebramos su vida fecunda.

Abogado, músico, periodista, personalidad multifacética, Ariel Remos era un hombre de una sola pieza. En el hogar de sus padres, el profesor Juan J. Remos, y su esposa Mercedes Carballal, mujer con exquisita vocación por la pintura, creció entre libros, cuadros y tertulias. Sus hermanos Virgilio, Juan y Mercy disfrutaron como él de una verdadera casa de la cultura cubana, que se trasladó de El Vedado a un apartamento en Beacom Boulevard en Miami, sin que en tiempos buenos o malos, faltaran la música, los amigos y el buen humor.

Hombre público, el mayor orgullo de Ariel era su familia: su esposa, hijos, nueras, sobrinos y la nieta Alejandra que alegró sus últimos años. Conocedor profundo de la filosofía y la metafísica, su vida cotidiana la regía para una sola máxima: la integridad. Su voluntad de servicio venía acompañada por la honestidad de una palabra a la que jamás faltaba. Sus lecturas filosóficas afloran en su libro “Raíces de cubanía”, una colección de viñetas sobre hombres y mujeres destacados. El autor iba siempre más allá de la existencia de cada personalidad, para buscar su esencia; lo sustantivo, no lo adjetivo.

De niño fue precoz; en el hombre maduro, habitó siempre la pureza de un corazón infantil. Amaba la vida; disfrutaba la buena mesa, el buen vino, los amigos. Llevaba en el alma una escondida tristeza. Nadie le escuchó jamás una queja, pero quien supiera ver en su interior, encontraría una honda herida. Nunca superó el desgarrón afectivo de dejar su Patria. Sufrió lacerantes “saudades”. Llevaba a Cuba con él: sus ritmos, sus sabores, las imágenes de sus paisajes. Entendía que todo lo bueno estaba fuera. La Isla se le fue alejando. Se le murió dentro y le pesaba. Perdió la ilusión del regreso que creyó cercano cuando salió del país con Alicia y sus niños pequeños, Alejandro y Ariel.

Para ayudar la precaria economía familiar, en los primeros años de exilio, cantó y tocó la guitarra en restoranes de Miami. Lo hacía muy bien. Creo que hasta le divertía. Con su magnífica voz de barítono hubiera podido triunfar en los salones de ópera de las grandes capitales del mundo. Su sentido de responsabilidad familiar y su excesiva modestia frenaron quizás la búsqueda de oportunidades mejores en el campo de la música. Nunca, sin embargo, negaba a sus amigos animar una reunión. Así sucedió muchas veces en mi hogar. Los arpegios de su guitarra se quedaban luego entre las paredes de la casa, como el eco de una fiesta del espíritu. Nadie como él interpretaba a Sindo Garay. Cantaba además en una docena de idiomas. Le imprimía gracia especial al gallego, sensualidad sin par al francés, ritmos insospechados al italiano, misterios deliciosos al ruso, y una emoción inédita al himno americano, que cantó públicamente para los Presidentes Reagan y Bush con el hijo que repite su nombre y su talento musical, como tantos otros en esa familia prodigiosa.

Su faceta más conocida fue como periodista. Cubrió con profesionalismo desde la apertura del Hotel Omni, hasta la guerra en los campos de Angola. Entrevistas, columnas de opinión, reseñas de ópera, reportajes para Diario Las Américas sobre actividades políticas, académicas o culturales, encontraban en su pluma la medida exacta.

Vio como pocos el problema cubano enmarcado en la lucha de la guerra fría. Su anticomunismo fue feroz. Se convirtió en su razón de ser. Denunciaba conspiraciones mundiales como el Quijote combatía con hidalguía los molinos de viento. Cuando se desmoronaba la Unión Soviética y tumbaban los berlineses el muro a porrazos, aún dudaba de que las imágenes en el televisor fueran ciertas. Tal era su convencimiento honesto en el poderío del imperio de mal.

Este anticastrista y anticomunista visceral, supo, sin embargo, ser siempre respetuoso con los que buscaban vías distintas a las suyas para alcanzar una Cuba mejor. Nunca se le oyó hablar mal de nadie. Era del exilio intransigente, pero, por encima de ello, practicaba la tolerancia y la caridad. Su mundo estaba hecho de palabras, su vida estaba en el verbo; es decir, en sus acciones. Por sus obras lo conocerías. Fue un hombre bueno. No es poca cosa.

Conoció y trató a muchos famosos; nada alteró su innata sencillez. De mano franca siempre extendida y sonrisa abierta a flor de labios, se daba a raudales. Pero había también otro Ariel, de un mundo interior que cuidaba celosamente, como un tesoro oculto. Guardaba su espíritu sutilezas insospechadas, emociones profundas, que muchas veces disimulaba, no por pudor, sino porque, hombre sabio, entendía que del sentimiento genuino, como de todo bien raro, conviene hacer uso máximo.

Fue un caballero medieval por su hidalguía; un hombre renacentista por su humanismo abarcador.

Nuestras familias estuvieron vinculadas desde antes de yo nacer, pues mi abuelo Alfonso Hernández-Catá fue amigo de su padre. Por más de cuatro décadas nos unió una profunda amistad a prueba de todos les vendavales. Se me agolpan múltiples recuerdos, que me deja como un hermoso legado.

Solo me queda repetir el final del epitafio que escribiera Ernesto Montaner a Juan J. Remos: “Y la muerte fue vencida/porque tu vida es la vida/que comienza con la muerte.” Descansa en paz, amigo del alma.

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
Esta entrada fue publicada en Actividades académicas, Actividades culturales, Críticas literarias, Cubanoamericanos, Cubanos famosos, Educación, Estudios sobre Cuba, Historia de Cuba, Libros cubanos, Literatura, Mùsica cubana, Mi columna semanal, Mi familia, Miami, Mujeres cubanas, Noticias internacionales, Pintura, Poesía, Vida de la escritora. Guarda el enlace permanente.

3 respuestas a Elegìa en primavera

  1. Wekayak2 dijo:

    Muy lindo homenaje, Uva! Yo no sabía que había muerto Ariel Remos, pero lo recuerdo con mucho cariño de las clases que tomamos juntos en los años 60 en la Universidad de Miami, con Schwartz, Kirshner, Balseiro, y otros. Lo oí tocar y cantar muchas veces- muy talentoso, y con tremendo repertorio de canciones cubanas.

    Claro que él estaba a un nivel muy superior al mío y al del resto de las jóvenes universitarias que lo admirábamos, pero siempre nos hizo sentir como si fuéramos todos iguales.

    Muy bonito y bien merecido lo que escribiste.

    • REINOL GONZALEZ dijo:

      Uva. Muy lindo comentario sobre un hombre con el cual en silencio yo discrepaba en muchos de sus enfoques. Claro, reconozco como un gran mérito hacer valer el compromiso con él mismo. Muchas veces los opositores a nuestros puntos de vista no dejan de ser paladines. y él lo era. Muy atinado tu artículo. Gracias y saludos.

  2. Armando R. Carvallo dijo:

    No lo conocía, así que muchas gracias por dármelo a conocer…

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