Todos somos bostonianos

Boston y la naciòn se fortalecen en la tragedia

Boston y la naciòn se fortalecen en la tragedia


Diario Las Americas
Publicado el 04-24-2013

No hace falta repetir lo que ya todos sabemos sobre las bombas en ollas de presión, confeccionadas por los hermanos Tsarnaev, de etnia chechena, que dejaron un rastro de muerte y sangre en la mañana primaveral del maratón de Boston. Todo el país ha llorado a las víctimas, y un abrazo colectivo ha acompañado a sus familias. Merecen nuestro aplauso los actos de heroicidad y solidaridad genuina de los residentes de esa ciudad histórica; y la determinación y eficacia de todas las fuerzas policiacas que en cinco días identificaron a los culpables.

Fue una semana negra. También en la ciudad de West Texas la explosión de una fábrica de fertilizantes segó vidas, dejando una ola de destrucción y horror. Bajo el efecto de tales catástrofes, apenas prestamos atención a que en Chicago una calle se abrió, y tres carros cayeron en un hueco profundo. Por otra parte, bajo una avalancha de nieve en Colorado, perecieron tres personas.

Ante tanta tragedia, uno recuerda con nostalgia los Estados Unidos de hace cincuenta años cuando en pequeños pueblos y grandes ciudades por igual, las familias podían dejar las puertas de sus casas abiertas, sin temor alguno. Fue también una época de gran discriminación racial y de género, y en la que tampoco disfrutábamos de muchos de los adelantos médicos del presente. No todo en tiempos pasados fue mejor.

Sin duda hoy en día nos da la impresión de que sufrimos un número creciente de actos de violencia y otros peligros: ataques terroristas; tiroteos en escuelas, centros comerciales, cines, bancos, muchos con armas automáticas que dejan una estela de muertos; accidentes industriales como el derrame de petróleo en el Golfo y ahora el incendio de los fertilizantes; un aumento en los desastres naturales –tornados, huracanes, inundaciones, tormentas de nieve – todavía, pese a tanto progreso, difíciles de predecir con tiempo suficiente para que la población se prepare.

Aunque se razone que todas estas calamidades no tienen el mismo origen, hay momentos en que uno se pregunta si son producto de una conspiración mundial – como tal vez hubiera pensado el periodista Ariel Remos, recientemente desaparecido –, o si vivimos acaso el fin del poderío de los Estados Unidos.

Sin embargo, vale recordar que si bien nos enfrentamos al terrorismo internacional e interno, el progreso para combatirlos y mantener segura a la población ha sido extraordinario, pese a tragedias como la de Boston.

Algunos arguyen que los juegos de video, las películas, la televisión, la red, contribuyen a la cultura de la violencia, pero estos mismos medios son asimismo de gran utilidad para la educación, la difusión del conocimiento y el entretenimiento. Tal vez la revolución tecnológica, paradójicamente, aumente para algunos el aislamiento y la soledad, puesto que el contacto humano tiende a disminuirse; pero en verdad en el presente se facilitan las comunicaciones de tal manera que igual pueden dos seres queridos hablar y verse los rostros por Skype a millas de distancia, que un médico ayudar a otro en una delicada cirugía que está haciendo en otro continente.

Los “chat rooms”, es sabido, han sido la vía más utilizada por muchos pedófilos para engañar a sus jóvenes víctimas. De igual forma, las redes sociales acercan a familias y amigos que viven a millas y millas de distancias,

Es casi seguro que el aumento en desastres naturales sea producto del calentamiento global, del abuso al medio ambiente. También existen indicadores de que hemos descuidado la infraestructura del país y que hay carreteras, calles, acueductos que necesitan repararse. Muchos grupos cívicos y políticos trabajan a favor de estas causas.

Las soluciones a los problemas del país se buscan siempre a través del compromiso, y se encuentran solamente a través del lento pero seguro proceso democrático.

Por ello, para alcanzar leyes que controlen la venta y posesión de armas –que creo firmemente que debiéramos tener– también hay que escuchar a los que se oponen con el argumento de que viola la segunda enmienda. Evitar violencia en los medios de comunicación, como quisiéramos, no puede ser al precio de que se ejerza la censura. Los ejemplos serían interminables.

Hemos sido testigo en días pasados de un atroz e incomprensible crimen, pero también hemos podido ver la resolución de los residentes de la histórica ciudad de Boston y de todos los ciudadanos del país de no permitir que les arrebaten la esencia de su sistema político ni su estilo de vida. Por su propia naturaleza los Estados Unidos es una sociedad abierta y en su capacidad de mantener esos principios de libertades individuales radica precisamente su mayor fortaleza. No hay que temer. Pese a peligros e imperfecciones, la democracia americana está a salvo. Hoy todos somos bostonianos.

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
Esta entrada fue publicada en Actualidad norteamericana, Historia de Estados Unidos, Mi columna semanal, Noticias internacionales, Política en Estados Unidos, Terrorismo. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Todos somos bostonianos

  1. Waldo González López dijo:

    QUERIDA UVA, TÚ COMO SIEMPRE ESCRIBIENDO TEXTOS DE SUMO INTERÉS Y VALÍA. UN ABRAZO DE TU COLEGAMIGO WALDO GONZÁLEZ LÓPEZ

  2. Armando R. Carvallo dijo:

    Muy bueno e interesante tu análisis. Yo pienso, sin embargo, que igual que hay cosas que se prohíben, sea en un Estado o Federalemente, hay otras que debían prohibirse y no lo son… tampoco hay que temer. Por ejemplo, yo creo que los juegos violentos de video son más perjudiciales que la prostitución. Y cada vez que oigo que ¨LA SEGUNDA ENMIENDA¨… please, ésa se escribió hace más de 200 años y no tiene que ser eterna. Puede que se deba dejar, pero NO porque es la 2da Enmienda. Siempre tiene que haber espacio para rectificar, o para actualizar lo que una vez fue necesario y ya no lo es (recordar que a finales del siglo XVIII no exitían armas automáticas), de lo contrario no habría enmiendas: una enmienda impuso la Ley Seca y otra la quitó… ¿cuál es el problema?

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