El ejemplo de José Luis Sampedro

José Luis Sampedro

José Luis Sampedro

Diario Las Americas
Publicado el 04-17-2013

Acaba de morir el pasado 8 de abril en Madrid, el economista, escritor y humanista español José Luis Sampedro. Tenía 96 años. Vivió una vida plena y dejó una obra extensa y diversa, compuesta principalmente de textos sobre economía, novelas, cuentos y obras de teatro. En 1990 fue nombrado miembro de la Real Academia de la Lengua Española. Su discurso de ingreso fue verdaderamente heterodoxo: un canto a la vida, el amor y la tolerancia. En 2011 se le concedió el Premio Nacional de las Letras Españolas. Recibió numerosos reconocimientos, como doctorados honoris causa de la Universidad de Sevilla (2009) y la de Alcalá (2012). Mereció asimismo el Premio Internacional Menéndez Pelayo (2010). Ese mismo año el Consejo de Ministros le otorgó la Orden de las Artes y las Letras de España. Fue una voz que defendió siempre la libertad individual, la dignidad humana, la justicia. Hasta sus últimos momentos estuvo activo. Crítico severo de los males de nuestra sociedad, apoyó las protestas de los “indignados” españoles en la primavera del 2011.

Vino al mundo en Barcelona en 1917; vivió hasta los 13 años en Tánger. Su padre, nacido en La Habana, leía el periódico “ABC”; José Luis estudió en el colegio del Sagrado Corazón, regido por padres franciscanos. Creció en una familia de la derecha educada. A los 19 años, sin embargo, el anarquismo le parecía el mejor camino. Durante la Guerra Civil, lo moviliza primero el ejército republicano, luego el nacional. No debió sentirse cómodo en ninguno de los bandos. Escribía poesía para sobrevivir las convulsiones políticas. Terminada la guerra, quiso quedarse en su país. En la España de Franco, época que describió como inhumana y antinatural, fue, sin embargo, desde funcionario de aduana hasta catedrático de la Universidad Complutense de Madrid y subdirector general del Banco Exterior de España. Estudió, enseñó, publicó, viajó. En ocasiones, probablemente se vio forzado a callar lo que pensaba. En otros burló astutamente la censura. En todos me atrevería a decir que ejerció en su fuero interno la libertad en que creía. Cuando a finales de los 60 comenzaron a expulsar a sus colegas en la Universidad, aceptó un puesto como profesor invitado en Salfold y Liverpool, Inglaterra. Pero regresó, pidió su excedencia como catedrático y, desafiante, publicó en 1970 la novela “El caballo desnudo”, una sátira sobre la situación de España, donde volcó todas sus frustraciones. Debió de ser una banderilla clavada en el costado del franquismo.

De su quehacer literario quisiera destacar “El río que nos lleva” (1961), novela llevada al cine en 1989, que rinde homenaje a los gancheros del río Tajo, e hizo que 30 años después, en 1991, lo nombraran hijo adoptivo de Guadalajara. En una de sus muchas obras que revela la geografía y las costumbres de distintas regiones de España. “Real Sitio” (1993), por ejemplo, recorre 200 años de la historia de Aranjuez. “La vieja sirena”, sin embargo, transcurre en la Alejandría del Siglo III. Utiliza en ella una prosa poética y técnicas narrativas del “boom”, como el monólogo interior. Su extensa novela, “Octubre, octubre” (1981) podría calificarse como un testamento vital. Quizás su obra más leída sea “La sonrisa etrusca” (1985), inspirada en Miguel, su único nieto. Le aporta una popularidad absoluta. Intelectual siempre atento a los problemas sociales y políticos, fue designado senador en las primeras cortes democráticas españolas en 1977.

Estuvo casado con Isabel Pellicer desde 1944, hasta la muerte de ella más de 40 años más tarde. Tuvieron una sola hija que repite el nombre de su madre. Su segunda esposa, Olga Lucas, colaboró con él en su libro “Escribir es vivir” y narró hace pocos días sus últimos momentos: “Nos dijo que quería beberse un Campari. Así que le hicimos un granizado de Campari. Me miró y me dijo: ‘Ahora empiezo a sentirme mejor. Muchas gracias a todos’. Se durmió y al cabo de un rato se murió”. Supo vivir y supo morir.

El ejemplo de José Luis Sampedro me parece importante. Especialmente en momentos en que las diásporas están empezando a influir en sus países de orígenes, es bueno que todos comprendamos claramente el papel que pueden jugar en la conciencia de los pueblos los intelectuales que optan por quedarse en su país y acompañar a sus compatriotas en etapas difíciles. Ese entendimiento de parte de los que escogen el exilio – decisión siempre dolorosa y difícil– es un ingrediente básico para las transiciones y reconciliaciones. Como lo es el reconocimiento en el país de los que se han marchado como parte de la nación. España es sin duda una buena maestra en estas asignaturas.

El poema de Sampedro, “Credo personal”, termina “Creo en la Vida perdurable.”. La suya lo será.

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
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2 respuestas a El ejemplo de José Luis Sampedro

  1. Armando R. Carvallo dijo:

    Magnífica semblanza, de la que el último párrafo es una joya!

  2. fundmusicalia fundmusicalia dijo:

    ERES TREMENDA ! Empec a leer el interesante artculo, impresionado por la figura y tu sapiencia sobre la misma, pero de pronto le encontr la meloda; habr muchos Sampedros sueltos en Cuba, y es bueno que se vaya concientizando sobre ellos…CDA

    El 17 de abril de 2013 16:18, Habanera soy

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