Contigo, pan y cebolla

Una escena de "Contigo, pan y cebolla" en el Teatro Akuara

Una escena de “Contigo, pan y cebolla” en el Teatro Akuara


Diario Las Americas
Publicado el 03-27-2013

Enamorarse es, entre muchas otras cosas, sentirse inmune a los peligros. Por eso a menudo las parejas en ese estado de irrealidad, quedan convencidas de que mientras permanezcan juntas, podrán afrontar todas las miserias que les depare la vida. De ahí nace el viejo refrán español, “Contigo, pan y cebolla.” Creo que fue el escritor mexicano del siglo XIX, Manuel Eduardo de Gorostiza, el primero en utilizar la frase como título de una pieza teatral, en la cual intenta probar precisamente lo contrario.

El dramaturgo cubano Héctor Quintero (1942-2011) obtuvo su primer gran éxito en 1964 con la obra “Contigo, pan y cebolla”, que, al igual que “Aire frío” de Virgilio Piñera, se basa en las vicisitudes de una familia cubana para salir adelante, en este caso en la década de los cincuenta. La única entrada de la familia son los $110 pesos mensuales que gana Anselmo Prieto trabajando en una tienda de la Calle Muralla. No en balde el pobre hombre se pasa la vida sacando cuentas. Su esposa Lala está empeñada en aparentar una prosperidad inexistente ante los vecinos –el eterno “que dirán”…– y en buscar un futuro mejor para sus hijos. Anselmito estudia pintura en San Alejandro; Lalita cursa el bachillerato en el Instituto, y se ve obligada a recibir clases de inglés, piano, ballet, baile español o cuanto su madre crea pueda ayudarla a casarse bien. Vive con el matrimonio y su cría, Fefa, hermana de Anselmo, de 70 años, amante de las novelas radiales y los comentarios mordaces sobre las exigencias de su cuñada. La obsesión de Lala es comprarse un refrigerador – tal como la de Luz Marina en “Aire frío” era un ventilador –, en ambos casos un objeto que responde a necesidades cotidianas pero que sirve igualmente como una metáfora plurivalente, representativa de un mejor status social y de la entrada de un aliento de frescura y posibilidades en el círculo cerrado donde mal viven los protagonistas.

La obra tuvo un gran éxito en Cuba y en gran parte de América Latina. Incluso fue llevada al cine en la Isla. Actualmente el director Alberto Sarraín la ha montado en el Teatro Akuara, con el copatrocinio de La Má Teodora y el Archivo Digital de Teatro Cubano de la Universidad de Miami. Sarraín, que nos ha dado tantos puestas en escena novedosas, en este caso es fiel al texto original e incluso a la escenografía del filme. Nos remonta a un hogar modesto de esa época, completo con comadritas, un gran cuadro del Sagrado Corazón en el comedor, novelitas de Corín Tellado, el cobrador que viene a la casa, y la vecina parlanchina que se aparece siempre inoportunamente a usar el teléfono, rol secundario en que se destaca Mabel Roch. Excelente asimismo el trabajo como escenógrafo y vestuarista de Luis Suárez. Los actores logran a cabalidad los personajes: Ivonne López Arenal como Lala, soñadora, exigente y matraquillosa; Carlos Alberto Pérez como Anselmo, atrapado entre la realidad de la vida y las demandas de la esposa; Michelene Calvert como Fefa, esa parienta recogida que no renuncia a sus opiniones y costumbres; Liset Jiménez como Lalita, la hija que se debate entre el respeto a los padres y su desdén por el estudio; Andy Barbosa como Anselmito, que sueña con ser un famoso pintor y termina haciendo letreros para la Droguería Sarrá. La familia prospera muy poco, incluso cuando a Anselmo se le ocurre que vendan durofríos para pagar el dichoso refrigerador, pero se mantiene unida contra viento y marea. Al final, la batalladora Lala muestra la humanidad que lleva escondida, y comprende que hay otros en peores condiciones que ellos.

Cuando se estrenó, “Contigo, pan y cebolla” reflejaba un pasado inmediato. Desconozco los comentarios que pudo haber suscitado en los años 60, pero pienso que podría haberse interpretado como una crítica a la falta de movilidad social durante la República, y en cierta forma, una promesa implícita de que con la Revolución, la falta de oportunidades era asunto del pasado. Vista hoy, casi medio siglo después, la obra mantiene una aterradora vigencia, no solo porque los interiores de muchos hogares cubanos actuales han quedado congelados en la década del cincuenta, sino porque donde quiera que vivamos, el capital mayor de los cubanos, sigue siendo la familia.

“Contigo, pan y cebolla” de Héctor Quintero trasciende la realidad cubana. En la actual crisis económica, una familia estadounidense posiblemente no esté penando por un refrigerador, pero sí hace cuentas para comprar un IPhone, un IPad, un televisor “flat screen”, un GPS, o alguno de los tantos adelantos tecnológicos del siglo XXI. Las madres – y los padres también– seguimos queriendo que los hijos y nietos vivan mejor que nosotros, y muchos hogares acogen a un pariente viejecito, posiblemente con más años y más achaques que Fefa.

“Contigo, pan y cebolla” nos hace reír y recordar una época ya pasada. (La música tiene un efecto profundo sobre la memoria.) A mí también me hizo llorar y pensar. Se las recomiendo.

“Contigo, pan y cebolla se presenta en el Teatro Akuara, 4599 S.W. 75 Ave., Miami, Fl., viernes, sábado y domingo. Para información y reservaciones, llamar al 786 853 1283 786 853 1283 .

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
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3 respuestas a Contigo, pan y cebolla

  1. Armando R. Carvallo dijo:

    Gracias por el acertado análisis de la obra, que es un verdadero clásico de nuestro Teatro…

  2. Martha Pardiño dijo:

    Querida Uva, a mi me encantó “Aire Frío”, tanto que primero fuí a ver la obra con mi suegra y después llevamos a mi marido. Quisiera poder alcanzar “Contigo pan y cebolla” y sacar las entradas para la semana que viene, si todavía está exhibiéndose..
    Un abrazo,
    Martha Pardiño

  3. uvadearagon dijo:

    Martha, “Aire frìo” es una de las mejores obras del teatro cubano. Yo he visto por lo menos cuatro puestas en escena.. Todavìa estàn poniendo “Contigo, pan y cebolla”. No dejes de ir.

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