Descansen en paz: Carlos M. Luis y Juan M. Clark

Portada de "Mito y Realidad", libro al que Juan Clark dedicó años de esfuerzos

Portada de “Mito y Realidad”, libro al que Juan Clark dedicó años de esfuerzos

Carlos M. Luis, escritor, crìtico de arte, curador

Carlos M. Luis, escritor, crìtico de arte, curador

Diario Las Americas
Publicado el 03-07-2013

Lo recuerdo claramente. Fue a finales de 1978 o principios de 1979. Vivía yo en Miami hacía solo unos meses y trabajaba en ALA (Agencia Latinoamericana de Prensa) con Arturo Villar en la calle Salcedo de Coral Gables. Un día, caminando por la zona a la hora de almuerzo, noté que remodelaban uno de los locales en Aragón, donde ahora se encuentra Books and Books, que en esa época ocupaba un lugar mucho más pequeño en la acera de enfrente. Curiosa, entré. Vi a un hombre en “blue jeans” y camiseta, de pelo crespo, rodeado de sacos, tablones de madera y materiales de construcción, subido a una escalera. Cuando bajó, le dije mi nombre y que trabajaba al doblar. Se presentó como Carlos Luis y me informó que iba a abrir una galería de arte.

Me habló con entusiasmo de su nuevo proyecto. Desde entonces, regresé casi a diario a observar cómo Carlos Luis y sus pocos ayudantes iban preparando el lugar para la apertura de Meeting Point. Incluso en una ocasión ayudé a Ramón Guerrero a colgar sus fotografías para una exhibición. No sabía entonces que ya Carlos M. Luis era un escritor, crítico y curador de reconocidos méritos, ni podía prever que su nueva galería iba a ser tan importante para Miami y para mí.

En esos años de a finales de los 70 y principios de los 80, Meeting Point se convirtió en lo que su nombre prometía, un lugar de encuentro de pintores, coleccionistas de arte, escritores. Allí presenté en 1981 mi libro “Entresemáforos. Poemas escritos en ruta”. Recuerdo asimismo una lectura de poemas de Rossardi, inolvidable por el incesante croar de un sapo en el patio interior, irritante entonces, pero que hoy nos reímos mucho al recordarlo.

Carlos M. Luis era un hombre sencillo, con conocimientos profundos y complejos sobre el surrealismo – que desde joven le fascinó – tanto en la pintura como en la literatura. Ya cerrada la galería continuó contribuyendo a la vida cultural de Miami con sus conferencias y magníficos artículos de crítica de arte en “El Nuevo Herald”. Siempre acompañado de Martica, mujer de eterna juventud incluso con su hermoso cabello cano, a menudo me lo encontraba en exhibiciones de arte, siempre amable pero algo distraído o distante, como el recuerdo que guardo de él subido a aquellas escaleras el día que lo conocí. Ha fallecido recientemente a los 80 años. Me enteré tarde y no acudí a los funerales. Desde estas páginas le rindo mi sincero homenaje a quien tanto contribuyó a la vida cultural de Miami.

Apenas hace una semana hemos sufrido otra sensible pérdida, la del sociólogo, ex profesor de Miami Dade College y autor del monumental libro “Cuba: Mito y realidad. Testimonios de un pueblo”, Juan (Johnny) Clark. También lo conocí acabada de llegar a Miami de Washington en 1978. Johnny trabajaba en su libro, para el cual hacía entrevistas a personas recién llegadas de Cuba. En 1980 se produjo el Mariel, y no daba abasto recogiendo información, al punto que su gran obra no se publicó hasta 1990 (con una segunda edición en 1992). Vivía obsesionado buscando fondos para emplear a algún asistente y tabular la información, en una era anterior a las ordenadoras.

Clark, que había combatido con la Brigada 2506 en Bahía de Cochinos, y sufrido prisión en Cuba, sentía la necesidad de comprobar la falsedad de la imagen favorable sobre la Revolución que prevalecía en esos años en gran parte del mundo, incluyendo el ámbito académico estadounidense. Era minucioso, y las 711 páginas de su libro ofrecen un recorrido detallado de los aspectos más sombríos de la política, la economía, la situación de la iglesia, la represión, las prisiones y la vida en Cuba de 1959 a 1990.

Johnny era un hombre decente, bueno, trabajador, amable, con una sola obsesión: Cuba; y un solo amor: su esposa Clarita, los hijos, nietos. Comparecimos juntos en algunos paneles. Recuerdo una ocasión en los 80 que nos invitaron a los dos a hablar en una universidad en New Orleans. Sucedió lo mismo en el colegio Belén y la última vez fue en la Torre de la Libertad. No siempre coincidíamos en los enfoques, pero nada mermaba el cariño ni el respeto mutuo. Su padre y el mío se habían conocido, y muchas veces le escuché hablar de esa amistad. Ahora lamento no haber prestado atención, no recordar los detalles. Uno siempre piensa, engañosamente, que habrá otro encuentro, otra ocasión, que la vida no termina…

La cantidad de personas que asistieron a su velorio confirman cuánto significaba Juan Clark para esta comunidad y para sus muchos amigos, ex alumnos y colaboradores. Hace unos años fuimos diciendo adiós a la generación anterior: los Leví Marrero, las Lydia Cabrera, los Mijares. Ahora se está yendo otra, que conocí en su plenitud al llegar a esta ciudad. Con ellos se va parte de la historia de Miami, de la cultura del exilio y de mi propio corazón.

Carlos Luis vivió inmerso en el caos y el universalismo surrealista; Clark, enfocado en los más mínimos detalles de la vida en Cuba. Que descansen en paz estos dos amigos tan distintos pero unidos en su afán de aprender y compartir sus conocimientos. Los sobrevive su legado.

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
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Una respuesta a Descansen en paz: Carlos M. Luis y Juan M. Clark

  1. Hilda Otero dijo:

    Gracias Uva por la semblanza de ambos escritores. Más allá del importante legado intelectual que dejan nos dejas ver el lado sensible y humano de quienes contra toda adversidad defendieron la identidad cubana fuera de la isla. Descansen en paz.

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