Horror sin sentido…AGAIN!

Algunas de las víctims de Newton, Connecticut

Algunas de las víctims de Newton, Connecticut

Hoy quería dedicar mi columna a la Navidad que se avecina. Sin embargo, siento que debo regresar a un tema del que he escrito ya demasiadas veces. La última fue hace apenas unos meses, el pasado julio, indignada por la masacre en Aurora, Colorado. En esta ocasión el escenario del horror ha sido Sandy Hook Elementary School, en el pequeño pueblo de Newtown, Connecticut, y 20 de las 28 víctimas son niños de primer grado. La nación y el mundo se han conmovido, aunque ninguno nos atrevemos ni siquiera a imaginar el dolor de padres, hermanos, abuelos, familiares por la ausencia definitiva de estas criaturas que apenas comenzaban la vida, y de las maestras que dieron sus vidas para protegerlas.

Hay por lo menos tres aspectos fundamentales de la sociedad que necesitan cambiar si queremos evitar que estas tragedias se repitan con tanta frecuencia. Uno, es la actitud, los recursos, la atención a personas con enfermedades mentales. En casi todos los casos de estos asesinatos en masa el que los lleva a cabo es un joven blanco, inteligente y solitario, de personalidad extraña, muchas veces con un comportamiento que podría haber alertado a otros sobre su necesidad de recibir atención médica. Sin embargo, casi nadie se involucra.

Con los actuales recortes que se proponen al presupuesto nacional, no es razonable pensar que habrá más consejeros en las escuelas ni mayor acceso a psicólogos y psiquiatras. En gran medida será la responsabilidad de padres, abuelos, maestros, compañeros de trabajo, vecinos, en fin, la sociedad, estar alerta para detectar y buscar ayuda para esos jóvenes que la necesiten.

Otro común dominador del perfil de estos homicidas suele ser que se entretenían con juegos de video. No esperemos que sus productores ni los de cine y televisión reduzcan voluntariamente la carga de violencia muchas veces grotesca que caracteriza a esta industria. Ni habrá Presidente, Senador, Representante, Gobernador o Alcalde que logre limitar el contenido de películas, programas, la red, los videos, sin que, con razón, se esgrima como defensa la libertad de expresión que garantiza la primera enmienda.

De nuevo recae sobre la sociedad rechazar activamente la cultura de la violencia que nos rodea. ¿Cómo? Vigilando lo que los menores ven en las pantallas grandes y chicas; boicoteando a las empresas que fabrican y se enriquecen con cualquier tipo de producto – sea un juguete, un filme, una serie en la tele, una canción—que contenga violencia excesiva.

Hasta que no haya un total rechazo de parte de los consumidores, estos portadores de furias y barbarie seguirán dominando el campo del entretenimiento. Y llenándose los bolsillos sin escrúpulos.

Sin duda el renglón mayor, más urgente y más difícil, es el control de armas. Las cifras asustan. En el 47% de los hogares en Estados Unidos hay armas de fuego. Sin embargo, en este momento al menos, un 60% de los estadounidenses reconoce la necesidad de reformar las leyes. En el pasado año, se solicitaron más de 6 millones de permisos para comprar armas, y menos de 1% fueron rechazados. Y no se trata solamente de las víctimas de las masacres en masa, que son las que reciben mayor publicidad. Cada hora mueren en la nación 3 personas a causa de un disparo, a menudo por el solo hecho de estar en el lugar equivocado en el momento equivocado.

Es cierto que este País posee una fascinación por las armas. (Existen más tiendas para comprarlas, que McDonalds.) Es verdad que la segunda enmienda otorga a sus ciudadanos el derecho a poseerlas. Es difícil aceptar, sin embargo, la venta de pistolas y rifles semiautomáticos que son capaces de disparar hasta 100 veces en pocos minutos. Esas armas no deberían estar disponibles a los ciudadanos comunes y corrientes, como era el caso de Nancy Lanza, la madre de Adam Lanza, que poseía legalmente varias, y fue asesinada por su propio hijo con una de ellas. Además de prohibir su venta, habría que retirar de circulación las armas de este tipo que están en las calles.

Este plan tiene un enemigo feroz: la National Rifle Association (NRA), que el pasado año empleó millones de dólares en cabildeo. Una gran parte fue a los bolsillos de Patrick Rothwell, el director de relaciones gubernamentales de la asociación, que fungió por tres años como jefe de personal del “House Republican Policy Committee”. Este hombre dedicó grandes esfuerzos en el 2012 a impedir la aprobación de leyes que permitieran al Enviromental Protection Agency regular el contenido químico de las municiones. O sea, no es solo cuestión de contribuir a las campañas políticas de candidatos dispuestos a proteger la venta de armas, sino también trabajan a favor de que las balas sean cada vez más mortíferas.

Irónicamente, en la misma calle donde se encuentra Sandy Hook Elementary School, a solo unas cuadras de distancia, puede verse un edificio blanco con una gran bandera americana al frente. Son las oficinas principales del National Shooting Sports Foundation, no tan conocida como la NRA, pero la segunda organización más poderosa del país a favor de las armas de fuego.

Como madre de una maestra y abuela de cuatro chicos que acuden a diario a aulas de secundaria o universidades, estas masacres me tocan hondo. Pero no me basta con abrazarlos más fuerte y repetirles cuanto los quiero, no me basta con rezar y llorar por las nuevas víctimas y sus familiares, no me es suficiente admirar el coraje de los muchos héroes de Newtown. Necesito al menos cumplir mi labor como periodista y crear conciencia entre mis lectores que de nosotros depende que cese la cultura de la violencia. Hace falta que se escuche a toda voz a una sociedad que grite “¡Basta ya!” y que lo repita con fuerza hasta que haga efecto. Será el mejor homenaje posible a esas 20 criaturitas y sus maestras que no celebrarán la Navidad nunca más.

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
Esta entrada fue publicada en Actualidad norteamericana, Historia de Estados Unidos, Mi columna semanal, Mi familia, Política en Estados Unidos. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Horror sin sentido…AGAIN!

  1. Armando R. Carvallo dijo:

    De acuerdo totalmente, Uva. Nunca he entendido que se permitan esos juegos violentos de video, ni las películas horripilantes que tanto abundan… es más, las considero más perjudiciales que la pornografía, la prostitución y las drogas, ¡y en esos ámbitos sobran las prohibiciones! La Constitución Americana es GENIAL, quién lo duda, pero eso no quiere decir que algo concebido hace más de 200 años no pueda ser mejorado, perfeccionado… ¡o eliminado!

  2. Martha Pardiño dijo:

    Querida Uva – permiteme que te tutée – ya mande a DLA mi comentario sobre tu artículo con el cual estoy 100% de acuerdo. Esta sociedad de la violencia y del “todo está permitido” es la culpable de estas tragedias donde mueren víctimas inocentes.
    Te felicito, como siempre, has dado en el clavo.
    Un abrazo,
    Martha Pardiño

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