La voz de José Ignacio Rasco

Diario Las Americas
Publicado el 08-29-2012Parte I

Prólogo de “Acuerdos,   desacuerdos y recuerdos de José Ignacio Rasco, que se presentará en la Casa  Bacardí, el 5 de septiembre a las 6:30 p.m.

José Ignacio Rasco es un hombre multifacético. Abogado, político, periodista, ensayista, profesor. Estudió Derecho, y Filosofía y Letras en la Universidad   de La Habana. Organizó en la Colina Dignidad Estudiantil.  Abrió con su hermano Ramón el bufete Rasco y Bermúdez en la Calle O’Reilly. Ejerció pocos  años, pero se convirtió para siempre en defensor de las causas justas.  Fundó en la Cuba de 1959 el Partido Demócrata Cristiano en un momento en que tanto la   democracia como el cristianismo estaban en peligro. No sorprende que meses   después, en 1960, tuviera que buscar asilo en una embajada. Nunca ha temido   nadar a contracorriente. Ya antes, cuando muchos de su generación abrazaban   la violencia revolucionaria, él veía en las urnas la Liberación Radical — así se llamaba el movimiento que constituyó con Amalia Fiallo y Manuel Artime — que necesitaba Cuba, y apoyó la lucha contra Fulgencio Batista con votos y   no balas.

Publicó sus primeros artículos en Información y otros periódicos de La Habana. Muchos han visto la luz desde entonces en diversos rotativos del mundo pero especialmente en el Diario Las Américas de Miami. Sus columnas se han caracterizado por un estilo definido, de frases cortas, cortantes; de juegos conceptuales que probablemente aprendió leyendo a los clásicos del Siglo de Oro. Domina el lenguaje. Crea y recrea. Retoza con las palabras. Utiliza el humor para decir cosas muy serias. Divierte y enseña. Lo mismo hace en sus ensayos más largos. Es cierto que el estilo es el hombre. Pero por sus obras los conoceréis. Y en Rasco hay que ir también a su biografía para advertir los cuatro puntos cardinales de su trayectoria vital: Dios, Cuba, el mundo y la familia. Nada humano ni divino le es ajeno. Tiene la curiosidad de un niño. También hay algo infantil en la pureza y malicia de este hombre que desde joven fue maduro.

En el colegio de Belén donde sus hermanos y él se educaron, se destacó en los   estudios y deportes, y alcanzó en 1944 el título de Brigadier, la distinción más alta. En ese mismo plantel jesuita comenzó su carrera docente. Más tarde enseñó en la Universidad de Villanueva, y, en el exilio lo hizo tanto en Florida International University como en Biscayne College, (ahora Saint   Thomas University).  Pero no sólo en el aula ha sido profesor. Sus muchas   charlas, sus comparecencias radiales en la “Universidad del Aire” que dirigió por años inspirado en Jorge Mañach, las reuniones y ciclos de conferencias   del Instituto Jacques Maritain de Cuba, su labor en la Biblioteca Ramón Guiteras y en la Editorial Cubana Luis J. Botifoll, han servido para que   comparta algunos de sus amplios conocimientos sobre tantas materias.

La lección mayor que ha dado ha sido la de su propia vida, ejemplo de hombre cívico, que escoge las letras en vez de las armas, el diálogo y no el monólogo, la tolerancia en lugar de la intransigencia.  Aprendió con San Agustín que el conocimiento es amor. Repite a menudo y practica uno de sus  consejos:  “En lo esencial, unidad; en lo dudoso, libertad; pero en todo,   caridad.”  Como San Ignacio, es hombre de acción. Como el santo vasco,   diplomático, líder.

Ocupó altos cargos en el Banco Inter-Americano de Desarrollo en Washington,  D.C., pero ninguno es fuente de mayor orgullo para él que haber sido electo y   reelecto para presidir la Asociación de Empleados.   Con los pobres de la tierra, prefiere Rasco su suerte echar. En el BID ganó asimismo un concurso  por un ensayo sobre la integración latinoamericana– uno de sus caballos de   batalla –, luego publicado en forma de libro.  En su segunda residencia en   Miami a partir de 1974, laboró en el Departamento de Desarrollo de Belen Jesuit Preparatory School, precisamente en los tiempos en que el colegio se expandía de su pequeño local en la Calle 8 a sus amplias instalaciones de   hoy. Fue miembro asimismo de la Junta Directiva de dicho plantel de educación.  La familia belemita lo quiere bien.  El 1ero de diciembre de 2010,   junto a muchas otras organizaciones, le rindieron homenaje en los salones de la Biblioteca Ramón Guiteras en un acto muy concurrido, desbordado de elogios  y cariño.

Animador de la cultura, José Ignacio Rasco fue fundador en 1982, primer presidente y principal motor del Instituto Jacques Maritain de Cuba (IJMC),   inspirado en unos de los intelectuales católicos más influyentes del Siglo XX. Por tres décadas ya, el IJMC ha organizado reuniones íntimas  (esotéricas), por muchos años en casa de José Ignacio y Estela, como lo   hicieron en su tiempo Jacques y Raissa Maritain, al igual que un gran número   de seminarios y ciclos de conferencias, la mayoría recogidos posteriormente en libros.  El IJMC siempre ha mantenido un espíritu pluralista. Por su   membresía y tribuna han pasado importantes personalidades, algunas   lamentablemente ya fallecidas, como los Drs. Humberto Piñera, Fermín Peinado,  José Ignacio Lasaga, Laureano Batista y Enrique Baloyra.

Hombre universal, Rasco es el más criollo de los cubanos, aunque desde hace  medio siglo no haya podido ver las palmas, que como novias, lo enamoran y  esperan. Padre, tío, abuelo y bisabuelo, mantiene aún ternura de nieto.   Querendón y caballeroso, formaba un binomio perfecto con Estela Pascual, la compañera desde los años universitarios, que se le fue en 2011,   discretamente, como era su personalidad. José Ignacio ha compartido con   presidentes y reyes; considera a los amigos su mayor riqueza. Su casa ha   estado perennemente abierta a tertulias y saraos. Siempre recibe con licores   y sonrisas. Su generosidad es proverbial.  En vacas gordas o flacas.

Ha viajado medio mundo y devorado centenares de libros. Se ha sentido siempre   cómodo en el hogar, leyendo y releyendo a San Agustín, San Ignacio de Loyola,   Santo Tomás, Maritain, Félix Varela, José Martí, Jorge Mañach y tantos autores que conoce a fondo.  Es riguroso y bromista. Lógico y espontáneo.   Espiritual y goloso. Pies en tierra, tiene mucho de Sancho. Pluma en ristre,   intenta desfacer entuertos como Don Quijote. Muchas veces lo logra.

(Continuará)

Nota: “Acuerdos, desacuerdos y   recuerdos” de José Ignacio Rasco será presentado en la Casa Bacardí de la   Universidad de Miami, 1531 Brescia Avenue, Coral Gables, el miércoles 5 de   septiembre a las 6:30 p.m. Presentación a cargo de P. Ernesto   Fernández-Travieso, S.J., Carlos Alberto Montaner, Silvia Pedraza y Uva de Aragón.

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
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3 respuestas a La voz de José Ignacio Rasco

  1. Armando R. Carvallo dijo:

    Felicidades a Rasco por el libro y por su vida, y a ti por la reseña. Gracias…

  2. Muy bueno. Como siempre muestras el lado humano de las personas célebres.

  3. José Ignacio Rasco es un cristiano íntegro, un cubano auténtico y un gran intelectual. Su hermana Ofelia, religiosa del Apostolado, ya fallecida, era gran amiga nuestra así como lo era Estelita, su esposa, que también ya está en la casa del Padre. No me pierdo la presentación del libro por nada. Gracias por la reseña.

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