La reconciliación entre cubanos

Diario Las Americas 
Publicado el 06-20-2012

Parte II

El artículo de la semana pasada sobre la reconciliación entre cubanos   rompió un récord de visitas a mi “blog”. Recibí muchos comentarios. La   mayoría a favor; algunos pesimistas; otros francamente en contra. Sin duda   hay gran interés por el tema.

No es asunto fácil, y no pretendo estar en posesión de la verdad, ni tener todas las respuestas. Deseo simplemente lanzar ideas al ruedo. Quizás sería más fácil imaginar la Cuba ideal que desearíamos que señalar el camino para alcanzarla. Veamos como agarramos este toro por los cuernos.

Primero que todo, no quiero referirme, al menos en esta oportunidad al tema de la justicia. No sé si en Cuba habrá algún día un proceso formal de resolución de conflictos, una Comisión de Verdad y Justicia, y un Instituto de Recuperación de la Memoria Histórica. En otros países han sido útiles.   Tampoco soy experta en transiciones, de modo que no buscaré un modelo para la Isla. Ni voy a tocar hoy el tema de la Iglesia. Quiero, sencillamente, como primer paso, referirme a lo que a mi entender sería conveniente que sucediera en los corazones cubanos.

Comencemos por definir términos. Acudo a la primera acepción que la Real   Academia Española ofrece de “reconciliar”:  “volver a las amistades o atraer y   acordar los ánimos desunidos.” En gran medida esto lleva sucediendo desde más   de 20 años entre cubanos, y de la mejor manera posible: de primo a primo, de   amigo a amigo, de familia en familia. Y lo que se aprende en estos rencuentros es que hay ciertas señales de la tribu que nos identifican, son  visibles en todas las orillas, y tras desconfianza y temores iniciales, a la larga nos reconocemos y se produce el abrazo conciliador.  Queda pendiente,  sin embargo, la interrogación, ¿después del primer momento, podremos superar las diferencias y trabajar juntos?

Abrazos entre cubanos

Abrazos entre cubanos

No siempre es igual de fácil. Para muchos, de distintas edades, ese doloroso   desgarramiento que es el exilio causó un verdadero trauma psicológico. Es   natural. No nos ha pasado sólo a los cubanos. Vivir en el destierro es también vivir a destiempo. Cada herida, causada por la persecución propia o a los padres, la humillación de ir a visitar a un pariente a prisión, o algo  tan aparentemente insignificante como verse en la llamada pecera de Rancho Boyeros   –donde hace años ponían a los que iban a marchar antes de salir los   vuelos–, puede quedar fija en la psiquis. Se hace muy difìcil para muchos superar el miedo, la indignación, incluso el deseo de venganza. Es como si uno se quedara trabado en ese momento preciso. Se avanza en todos los aspectos de la vida, pero no en cuanto a Cuba, que se convierte en un paraíso perdido y al mismo tiempo algo oscuro, difuso, impenetrable, sin faz humana, o acaso con sólo un rostro: el del mal. Lo entiendo perfectamente porque por muchos años fue cómo me sentí. Este sentimiento se agravaba por la falta de comunicación durante dos décadas, como si Cuba hubiera caído en un agujero negro.

¿Y los que se quedaron? Muchos –lo descubrí en mi primer viaje a Cuba en 1999– sufrieron el mismo desgarramiento por los adioses de los que se fueron,   multiplicado por la partida, a veces sin decir adiós, de cada primo,   pariente, compañero de clase o de trabajo. Cada esquina estaba habitada por el fantasma de un ser querido que había marchado. Hubo que ir tachando teléfonos y direcciones en las libretas.

A no ser en los casos de familiares muy cercanos, pronto las 90 millas se   convirtieron en 20, 30, 40, 50 años o más de silencios, de vidas vividas en mundos muy distintos. Hay más. De cada lado oíamos lo peor de los de la otra orilla. En medio de la retórica de la guerra fría, los cubanos en la Isla pasaron a ser los malditos comunistas, mientras nosotros para ellos, los   gusanos, burgueses, explotadores, la mafia de Miami. Ya en ambos lados sabemos que no es así, pero lo que nadie ha podido medir es el efecto en la psiquis colectiva de este tipo de fusilamiento moral del otro.

Aunque mucho ha llovido desde entonces, aún en ambas partes hay estereotipos   que se repiten y mentalidades fijas en una realidad de hace medio siglo. En un viaje reciente a España, mi sobrina nieta le preguntaba a su madre si ella  recordaba algo sobre Franco porque tenía que hacer una tarea sobre esa época.   Para la chica de 17 años y su madre que rozaba entonces los 40, el tema era  puramente histórico, aunque entre los españoles de generaciones mayores  queden aun responsabilidades y heridas. Lo mismo sucede ya a muchos jóvenes cubanos. El régimen no ha cambiado y lamentablemente aún hay represión, pero ni el aura revolucionaria de los años 60 ni el dolor tan profundo de las primeras víctimas de aquel torbellino tiene vigencia para ellos.

Conviene acordar los ánimos desunidos de la mejor manera posible: con el   trato personal. Por eso abogo por eliminar las restricciones de viaje de  ambos lados. El conocimiento, aseguraba San Agustín, es amor. Los cubanos de  todas las orillas, igualmente víctimas de las divisiones y rencores que quisieron sembrarse entre nosotros, tenemos que hacer un esfuerzo por ponerle rostro humano a los del lado opuesto, volver a las amistades, a aquella bendita frase de “esto se arregla entre cubanos.” No es lo único que hace falta; pero es un paso crucial para poder, hombro con hombro, caminar juntos hacia el   mañana.

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
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9 respuestas a La reconciliación entre cubanos

  1. SRA; TENIA QUE HABER VIVIDO UD LAS COLAS QUE SE FORMABAN EN LA CABANA HA PLENO SOLPARA PODER LLEVAR UNA MISERABLE JABA CON ALIMENTOS A LOS FAMILIARES PRESOS Y HABER SIDO HUMILLADA POR EMILIO (J DE ORDEN INTERIOR ASSESINO Y ABUSADOR), FUI TESTIGO DE COMO LE DIJO A LA SENORA MADRE DE VARGAS GOMES(HIJA DEL GENERALICIMO M GOMEZ) QUE SI SU PADRE VENIA VISITAR UN CONTRAREVOLUCIONARIO, TENIA QUE AGUANTAR SOL. TENDRIA UD QUE HABER SUFRIDO QUE SUS HERMANOS CUBANOS LE TIRARAN HUEVOS PIEDRAS POR QUERER ABANDONAR EL PARAISO COMUNISTA,TENDRIA HABER SENTIDO EL DOLOR DE VISITAR LA TUMBA A MEDIO TAPAR DE SU PADRE FUSILADO PO CUBANOS; EN CUBA NUNCA PODRA HBER RECONCILACION, HASTA QUE COMO DIJERA AGUSTIN TAMARGO Q E P D NOSE HAGA UNA CURA DE CABALLO.

  2. HABANERO2000 dijo:

    Comparto tu opinion, respecto a los viajes a Cuba. Gracias por utilizar una foto que capta el momento del primer abrazo entre mi mamá y yo, a mi llegada a Cuba. No tengo idea de como llego la foto a tus manos, pero el espiritu de nuestro abrazo, encaja muy bien, dentro del espiritu de tu articulo.

  3. CantaClaro dijo:

    Mi unico hermano al saber que yo venia con mi familia para USA en 1965, me dijo “si te vas habras muerto para mi, ya no tendre hermano”. Por desgracia mi hermano paso al oriente eterno hace unos diez anos. Trate de enviarle ayuda y siempre la rechazo, a mis sobrinas medicinas y articulos para la casa y se negaron. En verdad cumplio lo que dijo “habia perdido un hermano”. De nuevo amiga Uva cual es el significado de la palabra reconciliacion ?. Gracias

  4. Uva, TOTALMENTE de acuerdo con lo que expone. Me da pena con aquellos que no son capaces de aceptar y entender la “reconciliación”… valga para ellos el ejemplo del franquismo y su sobrina de 17 años y su madre. Al fin y al cabo, irremediablemente, así será.

  5. Clotilde dijo:

    La república de Cuba tiene que vivir un fuerte proceso de reconciliación nacional. La nueva democracia no se puede edificar sobre el odio y la venganza. No debemos ser esclavos del pasado. Sin embargo, creo que los que defendemos estos valores, debemos también hacer un llamado real y creíble al cese de la violencia estatal, así como siempre rechazar cualquier desprecio a las víctimas. Las víctimas (no sus odios) deben contar en la Cuba de mañana. Eso se traduce en apoyo moral, legal y económico. La república deberá ser generosa y respetuosa. Lograr este equilibro entre respeto a las víctimas y a la vez no ser esclavo del pasado, será uno de los retos más importantes.

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