Sobre el Cardenal Jaime Ortega

Recientemente mi amigo Emilio Cueto publicó en El Nuevo Herald el artículo que reproduzco a continuación.   Hubo comentarios tan ofensivos contra el Cardenal y contra Emilio que El Herald se vio obligado a quitarlos.  Yo había enviado uno de los pocos positivos.  Como mis observaciones estuvieron en pantalla solo unas horas,  mandé al periódico una Carta al Editor que no ha sido publicada, porque creo que no existe esa sección desde que permiten las coletillas en la edición digital.   Por ello incluyo en mi blog tanto el trabajo de Cueto como mi carta.  Es un tema polémico y no quiero quedarme callada.  Hay más que podría decir y quizás lo haga en el futuro.  Baste por el momento el testimonio de mi agradecimiento al Cardenal Ortega y a la Iglesia en Cuba por cuanto hacen por el pueblo cubano.  

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EMILIO CUETO: Mi amigo el cardenal Jaime Ortega

A los amigos no se les abandona en tiempos difíciles, y por eso deseo compartir mi testimonio sobre el cardenal Jaime Ortega.

Alentado por su padre a salir de Cuba cuando era joven, Ortega rechazó la oportunidad. Sin duda, escogía un camino difícil. Enviado a los campos de concentración de la UMAP, la pasó duro. Sin duda, es digno de respeto. Habiendo concluido estudios de Teología en Canadá decidió regresar junto a su pueblo. Sin duda, aceptaba un reto descomunal.

Ortega lleva 48 años de vida sacerdotal dentro de la isla (Matanzas, Pinar, La Habana), 34 de ellos como obispo. Durante ese tiempo, muchos son los artículos y homilías que ha escrito y predicado. Para conocer su pensamiento basta consultar la antología  Te baste mi gracia o leer la revista  Palabra Nueva. De todo ello subrayo una frase: “El Amor todo lo espera”. Más fiel a Cristo (Juan, 13, 34; Mateo 5, 44; 1 Cor. 13:4-8), no conozco.

Recientemente, cuando las admirables Damas de Blanco continuaban siendo hostigadas, Ortega personalmente intervino para que se les concediera un poco de espacio. No logró mucho, cierto, pero intentó lo imposible en un país donde la intransigencia es la norma. Luego se interesó por los presos políticos y, al igual que otros hicieron antes -durante Bahía de Cochinos y el “Diálogo” de 1978- con su mediación obtuvo la excarcelación de muchos. Y que quede claro que Ortega no obligó a nadie a irse de Cuba.

Ortega tiene su estilo, que puede no gustarnos; sus palabras no son siempre las más atinadas; ha tomado medidas con las que yo discrepo. Todo lo cual es bien normal, claro. Pero de ahí a acusarlo de ser “lacayo” del gobierno, o “coronel de la Seguridad del Estado” hay un enorme trecho. ¿Se le pudiera pedir más? ¡Por supuesto! Pero, desde mi posición (cómodamente en la barrera, y no en la jaula con los leones), no me siento en condiciones de hacerlo. Al no estar en la trinchera para facilitarle el camino, ni en su retaguardia cubriéndole las espaldas, prefiero darle el beneficio de la duda.

Lo que sí puedo decir es que conozco a Ortega desde hace muchos años y tengo gran admiración por él y su trabajo en condiciones difíciles de imaginar. Lo he acompañado en su recorrido por La Habana al paso de la Virgen y he podido ver la alegría de la gente de a pie al verlo. Un buen pastor.

Por razones de edad, Ortega ya presentó su renuncia al Vaticano y con el tiempo se la aceptarán. El obispo que lo sustituya tendrá la suerte de encontrar una institución a la que se respeta y escucha como nunca antes en medio siglo; un nuevo seminario con varias decenas de jóvenes; un par de sólidas revistas con puntos de vistas alternativos que contribuyen a que la sociedad sea menos monolítica; decenas de obras sociales (asilos, guarderías, comedores, lavanderías) que ayudan a los más desfavorecidos; una pastoral penitenciaria que lleva esperanza a los rincones más oscuros; múltiples espacios para impartir y compartir conocimientos; varias iglesias devueltas luego de cincuenta años en manos ajenas; una nueva casa de ejercicios que construyen los jesuitas; y un pueblo que, dentro de mil dificultades, logra escuchar la palabra de Dios en condiciones menos traumáticas que en años anteriores. O sea, muchísimos cubanos tienen hoy muchísimas más opciones gracias a la labor de Ortega y la Iglesia.

En mis épocas de joven cristiano, la policía atacaba a quienes acompañaban a la Virgen en procesión. Hoy prepara el camino para que Cachita llegue a toda la isla. En los años más terribles se expulsó injustamente a sacerdotes y religiosos. Hoy no son pocos los que logran peregrinar en Cuba. No olvidamos (y en Cuba tampoco) los paredones que sesgaron las vidas de tantos de mis compañeros. Hoy ya no es tan así. Hoy el Estado es más laico que ateo. Hoy la Navidad no es una fiesta clandestina. Hoy muchas personas abiertamente cuelgan imágenes religiosas en las paredes (¡y puertas!) de sus casas o en sus cuellos. Hoy las editoriales oficiales editan antologías de literatura religiosa. Hoy la entrada de Biblias al país no es tan imposible y dos Papas han predicado allá. Aún falta muchísimo -tanto!- por caminar. Pero el 2012 no es 1961.

Para lograr todo esto Ortega (y no solo él) ha tenido, claro, que dialogar con los comunistas. Ellos son El Poder y ese tan complejo como delicado intercambio es ineludible. Pero -ojo- Ortega (y no solo él) lo ha conducido sin hacer concesiones doctrinales o aceptar tutelas improcedentes.

Ojalá, cuando me toque, pudiera yo presentarme al Padre Eterno con una hoja de vida como ésa.


Mi comentario

“Mi amigo el Cardenal Jaime Ortega” por Emilio Cueto (El Nuevo Herald, 6/1/2012) es un trabajo valiente y justo,  con el que estoy totalmente de acuerdo.  Es muy fácil criticar a la Iglesia y al Cardenal, como tantos hacen, desde los aires acondicionados y los estómagos llenos, pero otra cosa es estar en el País. Desde hace muchos años ya, la Iglesia está llevando a cabo una admirable labor social en Cuba.  Se ocupan de las personas mayores y de los niños en edad pre-escolar.  Reparten medicinas a quienes las necesiten, independientemente de su filiación religiosa o partidista.  En la actualidad, incluso ofrecen cursos para pequeños empresarios. Especialmente durante la preparación para la visita de su Santidad Juan Pablo II hicieron una intensa campaña para enseñarle al pueblo los fundamentos de la fe cristiana. A través de sus revistas han ido rescatado una historia que había sido ocultada o tergiversada. La peregrinación de la Virgen de la Caridad por toda la Isla, y el respeto y la devoción con que fue recibida es fruto de esos esfuerzos, a veces silenciosos, de devolverles a los cubanos la fe y su propia dignidad.   Algún día se recocerá el papel clave de la Iglesia Católica en Cuba – que incluye por igual al Cardenal Ortega, el Padre José Conrado, los laicos y el más humilde seminarista — en la transformación de los valores del pueblo cubano para que pierdan el miedo, puedan ser protagonistas de su propia historia y construir así esa Cuba mejor que tantos soñamos.

Uva de Aragón

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
Esta entrada fue publicada en Cubanoamericanos, Cubanos famosos, Historia de Cuba, La Iglesia en Cuba, Reconciliación de los cubanos. Guarda el enlace permanente.

6 respuestas a Sobre el Cardenal Jaime Ortega

  1. Sartorio dijo:

    Concuerdo con el articulista y con el comentario hecho por la Sra. de Aragon.

  2. Yo había leído el artículo en el NH, así como la cantidad de insultos que recibió el articulsita, y ni hablar las que ha recibido el Cardenal. Esas actitudes extremistas es lo que más me preocupa de nuestro futuro. Mi esperanza es que sean minoría…

  3. Alina Sanchez dijo:

    veremos si les gusta lo que digo porque no me gusta Jaime Ortega para nada. Soy de cuba y se lo que digo y no tengo las condiciones de las que habla la periodista, pero no le parece inapropiado hacer un comentario donde esta inmersa una persona recien fallecida: el padre Agustin Roman, quien fue archiconocido por el exilio cubano y se sabe como pensaba y actuaba, Es tambien inapropiado hablar que disidentes que tomaron la iglesia, son lo mas bajo del pueblo cubano, porque si no hay mucha cultura hay un deseo bien grande de acabar con una dictadura que lleva mas de 50 anos, precisamente los mas desposeidos son los que mas sufren la politica
    interna del pais. Donde vives Uva de Aragon en Espana, porque desde alli se puede decir cualquier cosa. Otra asunto que quiero dejar bien claro el merito que le achacan a Jaime Ortega sobre los presos de la primavera negra, no es de el, es de GUILLERMO FARINAS, un disidente que ha enfrentado al regimen. La Habana tenia que liberar a los 75 por las presiones internacionales que genero la huelga de Farinas, pero la dictadura no quiso reconocer a este y rapido le dio la vuelta al asunto y llamo a escena a la marioneta de Jaime Ortega Alamino.

    • uvadearagon dijo:

      No me gusta su comentario, Alina, pero lo publico porque como efectivamente vivo en un paìs donde hay libertad (en Estados Unidos, no en España) acepto opiniones contrarias. El Cardenal Ortega no tiene ese privilegio, pero escogiò quedarse junto a su pueblo, mientras tantos otros nos hemos ido. Por eso no creo en lo más mìnimo que sea una marioneta, sino un ser humano, con aciertos y errores, que actùa dentro de un espacio muy limitad de la mejor forma que pueda.

  4. Clotilde dijo:

    Estás en todo el derecho a defender al Cardenal, inclusive está en el derecho a recurrir al recurso de decir que defiendes a la Iglesia, cuando en realidad lo defiendes a él solamente, pues la Iglesia no está hoy en cuestión. Sin embargo, no podrás negar el actuar anticristiano que ha tenido Jaime y que ha sido motivo de escándalo ante políticos europeos y americanos que con asombro han visto como Jaime ha criticado severamente a opositores y damas de blanco. Si se habla de reconciliación, hay que comenzar por respetar y no denigrar al otro. Cada vez Jaime tiene y tendrá menos gente que lo defienda. Hoy solamente le defiende gente radical de izquierda que poco tiene que ver con la Iglesia, aunque siempre hay excepciones como tu o como Emilio Cueto, que por cierto entiendo que defienda a capa y espada a quien considera su amigo.

    • uvadearagon dijo:

      Estimada Cotilde, Cuando se ataca al Cardenal se ataca a la Iglesia. No utilizo un recurso. No estoy de acuerdo en todo lo que hace o dice el Cardenal pero creo que el balance es positivo. Yo tambièn defiendo a capa y espada a mis amigos. Admiro que Emilio lo haga. Eso no quiero decir que uno no reconozca sus errores o defectos, pero otra cosa es dejar que los injurien. Si hay que comenzar por respetar al otro, tambièn tenemos que respetar al Cardenal, ¿no? y muy especialmente porque como decía Martì en polìtica hay siempre lo que se ve y lo que no se ve. En el caso de Cuba, hay mucho que desde fuera no conocemos.

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