Cultura cubana en la diáspora: ¿Ajiaco y ensalada?

Diario Las Americas
Publicado el 05-16-2012

Ponencia presentado en el encuentro “Un diálogo entre cubanos” convocado por la Revista Palabra Nueva,  Casa San Juan Maria Vianney, La Habana, 19 al 21 de Abril, 2012

IV

Quiero regresar por un momento a nuestras contradicciones.  Los cubanos, aquí, allá, en todas partes, no hemos superado del todo esos extremos que tensan el eje nacional.  Por un lado se enaltece y se ofrecen oportunidades de superación a la mujer;  por otra es obvio que el machismo prevalece no sólo por los pocos lugares que ocupan las féminas en los principales centros de poder político,  sino por el empeño de pensar a Cuba en masculino.  Es decir, asumir posiciones polarizadas, fijas, en vez de fluidas, abiertas al diálogo y las negociaciones.  En nosotros convive la solidaridad con el prójimo y la malsana envidia por el que obtiene éxitos y triunfos.  Nos sostiene, pese a nostalgias y escepticismos, la esperanza de un futuro mejor –ese eterno “vamos a ver”, “ahora sí van a cambiar las cosas”– pero no todos se deciden a ser protagonistas activos de nuestra historia ni a dejar de pensar  que nos llegarán desde fuera, o por arte de magia,  las soluciones que debemos buscar nosotros, todos juntos, hombro con hombro.

Pero quizás ninguna paradoja mayor que la de vivir entre el machete y la rosa blanca.  De ambas orillas de nuestra problemática nacional,  escuchamos los altos decibeles de una retórica bélica, crispada, donde el otro está siempre “absolutamente equivocado”, donde la exigencia de respeto equivale a que se acepte solamente nuestro punto de vista, donde la violencia verbal puede dar paso a la física con demasiada facilidad.  Por otro lado, basta ir a los aeropuertos de Miami o de La Habana, observar a los viajeros pagando a precio de oro el sobrepeso de equipaje , esas “diez y seis onzas de cariño¨  (es frase de Alejandro de la Fuente)  que va en esos “gusanos” –desde medicinas para el abuelo,  bloomers para la madrina, desrizador del pelo para la tía, celular para el sobrino, vitaminas para Yadiris que está embarazada, una pieza para el refrigerador del vecino de la  parienta del suegro, globos violetas y grises que se la han antojado a Yusmeni para sus quince, un diccionario para Iván que trabaja en turismo, y un largo etcétera.  Bien conocen en esta casa las visitas de cubanos de la diáspora –ya sea con Caritas, los Caballeros de Malta u otras asociaciones –que ayudan a las parroquias en la gran labor social que desempeñan.  Y lo hacen también grupos laicos y de otras religiones.

Basta observar por breves minutos los encuentros en el aeropuerto de La Habana, el emocionado intercambio de abrazos y lágrimas,  para saber que los cubanos somos un solo pueblo y que el amor todo lo puede.  La reconciliación que con acertado énfasis nos ha pedido su Santidad se viene materializando en nuestra Isla, quizás de la mejor manera posible, de abajo hacia arriba, de cubano a cubano.  Ya es hora de que los esfuerzos que se hayan hecho en el pasado para formalizar la mejor relación entre los cubanos, independientemente de su lugar de residencia,  se multipliquen y conjuguen con la imprescindible voluntad política para que den fruto definitivo.  A ello, confío, contribuirán, siquiera de forma modesta, trabajos como el documento “La diáspora cubana en el siglo XXI” –coordinado por el Instituto de Investigaciones Cubanas de la Universidad Internacional de la Florida y del cual me enorgullezco de ser coautora–  y encuentros como el que aquí se lleva a cabo en estos días.

Orlando Márquez, Uva de Aragón y Jorge Duany, La Habana

Orland Márquez, Uva de Aragón y Jorge Duany, La Habana

            Luis Aguilar León, profesor e intelectual cubano, ya fallecido, solía decir que cuando fuera posible un rencuentro nacional habría que declarar 72 horas de música y baile de San Antonio o Maisí.  No pensaba en una gran fiesta,  sino en un exorcismo colectivo, en que al entonar unidos boleros, danzones,  puntos guajiros, canciones de trova  –habría que pensar ahora en “rapear” juntos –, al bailar al unísono a ritmo de son, rumba, guaracha,  cha cha chá, al participar alegres en una rueda de casino, pudiéramos sentir más lo que nos une, que pensar en los que nos separa.  Cada paso que demos desde la cultura y otros escenarios hacia un rencuentro nacional –felizmente contaminado hasta el tuétano de un ya incurable pluralismo– estaremos contribuyendo al bienestar y la prosperidad de esta Cuba que tanto amamos.

Todos los contactos entre los cubanos en la Isla y  en la diáspora –congresos académicos, actuaciones artísticas, viajes de familia  y seminarios como el que hoy nos reúne– son esenciales para el desarrollo de ese rencuentro transparente, libre de miedos y malentendidos.  Somos muchos de ambos lados que queremos que otra de nuestras características nacionales negativas que apremia erradicar –la violencia política– pueda superarse mediante el encausamiento sereno de nuestras aspiraciones colectivas.

Nuestra cultura, en su inmensa diversidad y riqueza, ha de ser sin duda uno de los vehículos más efectivos para que podamos rencontrarnos y pegar el hombro en la construcción de una Cuba mejor, que no debe, de modo alguno  excluir a ninguno de sus hijos, sino aprender de la historia para construir los puentes hacia el futuro.

A menudo repito que si me fuera dado un solo deseo para Cuba, pediría que nunca — nunca más– un cubano tuviera que vivir forzosamente fuera de su país.  Desde tiempos inmemoriales el destierro ha sido cruel castigo y no lo deseo para ninguno de mis compatriotas.  Además, ello significaría que habríamos aprendido a convivir.

Sí, confieso, hay una demanda pendiente, y no es,  en lo absoluto, la de las propiedades confiscadas,  sino la devolución incondicional de la porción de Patria a la que todo cubano tenemos inalienable derecho.   Somos un pueblo tan variopinto como cualquier otro. De todo hay en la Isla y en la diáspora como en la viña del Señor.  Calificar la valía moral  e intelectual, y mucho más, el amor patrio,  de los cubanos  de acuerdo al lugar de residencia es un atrevimiento improductivo.  La Patria –o la Matria como prefiere con razón llamarla la feminista Ileana Fuentes– no hace esas distinciones.  La nacionalidad, la cultura cubana es suficientemente amplia para acogernos a todos.  Al ajiaco habría quizás  que añadirle la ensalada, donde los ingredientes no se cocinan lentamente, sino se revuelven, y al unirse mantienen cada uno su sabor propio.  El individualismo no hace daño a la colectividad.  No deja de ser habanero o santiaguero quien se sienta al mismo tiempo ciudadano del mundo.  Bien nos han enseñado el catecismo que todos estamos hecho a imagen y semejanza de Nuestro Señor, pero que cada ser humano es único, irrepetible.  Respetar a cada cubano es respetar a Cuba. Y de eso, quizás, es de lo que se trate. De añadir a nuestra cultura  el irrestricto respeto por la otredad, reconociendo al mirarnos al mismo espejo, que en ese otro también vive y sobrevive nuestra historia y nuestro porvenir.  Muchas gracias.

Anuncios

Acerca de uvadearagon

escritora cubana
Esta entrada fue publicada en Actividades académicas, Actividades culturales, Cubanoamericanos, Cubanos famosos, Estudios sobre Cuba, Historia de Cuba, Historia de Estados Unidos, La Iglesia en Cuba, Mùsica cubana, Mi columna semanal, Miami, Reconciliación de los cubanos. Guarda el enlace permanente.

4 respuestas a Cultura cubana en la diáspora: ¿Ajiaco y ensalada?

  1. Jesus dijo:

    He querido dejar un comentario en las anteriores secciones, pero esta cuarta me obliga a no segurilo posponiendo, especialmente por tu detenerte en el “hecho” de amor –diariamente constatable y cuestionador de todo discurso (o constructo) extremista– que se observa en esos aeropuertos e incluso dentro de los aviones tanto en la ida como en el regreso. Desde tu Caiman en el espejo nos vienes indicandonos esa otra forma de entender “lo cubano” que ha estado siempre alli pero que los discursos o monologos pretenciosamente protagonicos no quieren aceptar. Abrazo, Jesus

  2. Muchas felicidades por tan valioso documento. Expones la problematica cubana de una forma imparcial, sensata y sin apasionamiento, mirando hacia el futuro y con la mente puesta en el bienestar de Cuba y todos los cubanos. Pepin.

  3. oscar klitin dijo:

    Uva, te felicito por un analisis muy comprensivo de nuestra tarea futura de unificación. La democracia no es fácil. Si, personas serías se pueden entrelazar y desarrollar una Patria para todos los puntos de vista. No es mala idea.

  4. me parece que es un documento muy útil y muy valiente. Felcicdades!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s