Cultura cubana en la diáspora: ¿Ajiaco y ensalada?

Diario Las Americas
Publicado el 05-02-2012

II

Ponencia presentada en el encuentro “Un diálogo entre cubanos” convocado por la Revista Palabra Nueva, Casa San Juan María Vianney, La Habana, 19 al 21 de Abril, 2012

Nada de lo que los cubanos han logrado, especialmente los de la primera oleada, ha sido fácil. Fue ardua labor hacerse escritor en español rodeado de inglés por todas partes, sin UNEAC, ministerios de cultura, editoriales –que vinieron mucho después y son muy modestas– y con el imperativo de sobrevivir económicamente. Los exitosos empresarios de hoy, ayer condujeron taxis para poner un plato de comida en la mesa a sus familias. Y las damas de la clase media cubana de antaño no se quejaron jamás cuando salieron a trabajar en oficinas, factorías, y hasta limpiando en los hoteles o recogiendo tomates — en el caso de mi madre cosiendo en una boutique en Nueva York y luego en la oficina de un banco –, en muchas ocasiones para poder mandar a sus hijos a una escuela católica, y, naturalmente, para aportar al sustento familiar y ayudar a la salida de Cuba de otros familiares. Pero esto sería en verdad tema para otra conferencia.

Refugiados cubanos en los años 60

Refugiados cubanos en los años 60

Lamentablemente, en ocasiones una de nuestras peores características nacionales –la intolerancia– asoma su feo rostro en ambas orillas. Si allá algunos protestan por las actuaciones en Miami de artistas de la Isla, no falta de este lado quien quiera echarle la llave a la cultura cubana y decidir, por ejemplo, que los escritores cubanos que vivimos en Estados Unidos, incluso los que escribimos en español, no pertenecemos a la literatura cubana porque estamos demasiados contaminados por la cultura sajona. En ambos casos son esfuerzos inútiles. Cuanto ha ocurrido en la Isla es patrimonio de todos los cubanos — yo, al menos, lo asumo como mi historia–, como lo es por igual la creación en la diáspora. De lo contrario, tendríamos que empezar por eliminar de nuestras letras a José Martí, que vivió la mayor parte de su vida fuera de Cuba, en particular en Nueva York. De tantísimos niños cubanos que hemos aprendido las primeras lecciones de caridad y justicia social en su famoso poema Los Zapaticos de Rosa, ¿cuántos, como yo en mi infancia, no han creído ver a Pilar en las playas de La Habana del Este o de Varadero, cuando en verdad Martí describía las de Long Island? De la misma forma que nos pertenece la obra de Martí que apenas vivió en la Isla como la de Julián del Casal que nunca la dejó, tan mía es la música de Pablito Milanés y Silvio Rodríguez como de ustedes la de Willy Chirino y Gloria Estefan. El tiempo será el único juez que determinará los que perduren, de acuerdo a sus méritos artísticos, no las ideologías, y mucho menos la geografía.

Celia Cruz pertenece a la cultura cubana

Celia Cruz pertenece a la cultura cubana

Si insisto en la necesidad de que este corpus de obras regrese a la Isla, es porque lo contrario sería hacerle un hurto a nuestro patrimonio nacional. ¿Podríamos pensar en nuestro siglo XIX sin lo que aportaron los cubanos desde fuera, empezando por el Padre Félix Varela, cuya labor por Cuba no es en realidad superior a la que desempeñó como sacerdote en Nueva York y New Jersey, donde se convirtió en un gran polemista a favor de la Iglesia Católica y llegó a dominar el inglés y el irlandés?

Justo es reconocer que se avanza cada día más en admitir que la cultura cubana es una. Participo y coopero en cuánto esté a mi alcance en todo esfuerzo para unir físicamente lo que ya es uno en espíritu. Es posible, sin embargo, que pocos en la Isla tengan conciencia de la magnitud de cuánto han creado los cubanos en el exterior.

Ya lo hemos dicho: no sólo en el mundo de las artes y la docencia se han distinguido los cubanos de la diáspora: también como deportistas, empresarios, científicos, médicos. No se trata de una cultura muerta. Un gran número de esos hombres y mujeres están activos y vigentes, y tienen mucho que aportar al país. Abundan cubanos en el exterior punteros en sus disciplinas que incluso por medio de teleconferencias podrían compartir sus conocimientos con sus compatriotas en la Isla. Sé que la mayor parte lo haría con entusiasmo. Y, a mi modo de ver, nada de ello constituye la imposición sobre los habitantes en la Isla de una forma de ver o de pensar, sino una manera de que el daño que sufre todo país con la migración de talentos, se aminore con la puesta al servicio de Cuba de ese inmenso capital humano.

(Continuará)

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
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Una respuesta a Cultura cubana en la diáspora: ¿Ajiaco y ensalada?

  1. Muy buena y aplastante la mención de Martí, que prácticamente todo lo que escribió lo hizo fuera de Cuba… as usual: ¡BRILLANTE!

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