Las lágrimas sobre la ensalada: la visita del Papa a Cuba

Esta noche, hace pocas horas, vi en la televisión la llegada de Su Santidad Benedicto XVI a Santiago de Cuba.  Declaró en el aeropuerto que llevaba en su corazón los deseos y legítimas aspiraciones de todos los cubanos, donde quiera que estuvieran.  Dijo  asimismo que estaba convencido de que Cuba está mirando ya el mañana.  Observé después la misa en la Plaza Antonio Maceo, con sus monumentales estatuas, y su bello entorno de palmas y montañas.

Benedicto XVI en Santiago de Cuba

Su Santidad el Papa Benedicto XVI celebra la misa en la Plaza Antonio Maceo en Santiago de Cuba

Escuché las palabras, cargadas de emoción,  del Arzobispo de Santiago de Cuba, Monseñor Dionisio García Ibáñez, y  las voces de los coros entonando himnos religiosos y melodías cubanas.  Observé a  jóvenes y viejos comulgar con devoción.  Pensé en tantas cosas.  En María Cristina Herrera que murió sin regresar a su Santiago natal.  En Emilio Cueto que estaba allí, en la misa, por los dos.  En el anterior Arzobispo de Santiago, Pedro Meurice, que murió en Miami y está enterrado allá, tal vez para expresar hasta sus últimos momentos su amor a la diáspora y a sus feligreses santiagueros.   Pensé en el Padre Conrado y su humilde parroquia de Santa Teresita.  Recordé la historia y mi familia, con hondas raíces en esa tierra oriental.  Llamé a mis hijas y hermana para asegurarme de que también ellas estaban compartiendo la misa con el pueblo cubano.

El Papa me pareció más viejecito y afable de lo que imaginaba.  Nos pidió a los cubanos fe, amor, tolerancia.  Habló de las herramientas de la paz. A la Virgen de la Caridad le rogó que guiara a nuestra nación hacia un futuro de paz, justicia, libertad y reconciliación.

Sé que antes, durante y después de su visita, los cubanos viven –vivimos–  una realidad compleja y dolorosa.  Pero  en ese momento al menos, se sentía una ráfaga de aire fresco que nos acariciaba el alma.  Después de meses de sequía, comenzó a lloviznar. ¿Lloraba Dios con nosotros? Sobre la ensalada que me había preparado para la cena,  yo también derramé lágrimas.  Lágrimas buenas, de amor y esperanza.

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
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3 respuestas a Las lágrimas sobre la ensalada: la visita del Papa a Cuba

  1. Fue emocionante ver a tantos jóvenes auténticamente emocionados.
    Juan Antonio se acordó de tantos que murieron gritando ¡Viva Cristo Rey! La misa fue también para ellos aunque estuviera Raúl Castro.
    Espero que dejen ir a las Damas de Blanco hoy a la misa de La Habana, tal vez sí, para eso pidieron a todos que vistieran de blanco.

  2. Muy emocionante tu comentario, Uva. Y muy aguda la observación de Marlene sobre el pedido a ir a la misa vestidos de blanco… ¡no se les escapa nada!

  3. Teresa Fernández Soneira dijo:

    Gracias por tu bello comentario sobre la visita de Su Santidad a Cuba. Yo también me emocioné y como católica practicante estoy muy contenta de que el Santo Padre visitara Cuba. Ese es el deber del pastor, visitar a sus hijos, y a Cuba más por todas las razones que sabemos. Que la Virgen de la Caridad del Cobre y el Padre Varela intercedan para que a Cuba pronto llegue la libertad.

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