Mi madre y los caramelos

Mi madre, Uva Hernández-Catà, Madrid, circa 1916

Mi madre, Uva Hernández-Catá, Madrid, circa 1916

A mi madre le encantaban los caramelos. Y también Madrid, donde nació y creció, escenario de los muchos cuentos sobre su infancia y adolescencia que me hizo a través de la vida.

En los años 90 viajé con frecuencia a la capital española y me hospedé muchas veces en los Apartamentos Recoletos, en la Calle Villanueva, al costado de la Biblioteca Nacional.  En esa misma cuadra, llegando casi a Serrano, descubrí  la famosa confitería La Pajarita,  y de inmediato compré un paquete de caramelos para mi madre.  Cuando se los di, el primero que escogió fue el de violetas. El sabor le abrió la llave de los recuerdos.

Caramelos de La Pajarita

Caramelos de La Pajarita

Me contó que cuando era niña, aunque La Pajarita, situada entonces en Sol, era más antigua, La Violeta, que había abierto sus puertas cuando ella era muy pequeña, en la Plaza de Canalejas (donde todavía se encuentra), a un tiro de piedra de la casa de su abuelo, se había hecho muy famosa.  Sus caramelos, elaborados con esencias de violetas, se vendían en pequeñas cajas plásticas transparentes, pero también en envases muy elegantes.  Aún hoy se consideran típicamente madrileños, estos pequeños caramelitos, en forma de la flor que les da nombre. (Aunque la idea de golosinas con sabores de violetas y otras flores proviene originalmente de Francia).

— A mi abuelo le encantaban, y también al Rey Alfonso XIII – me decía siempre mi madre, como si ambos personajes tuvieran para ella la misma categoría.

La Violeta, en Madrid, abrió sus puertas en 1915

Hace dos días, antes de regresar de Madrid a Miami, pagaba unos “souvenirs” que escogí para mis hijas y nietos, cuando la cajera sacó del mostrador una de esas cajitas plástica y me ofreció un caramelo.  Lo tomé sin pensarlo y apenas el gusto de la delicada golosina inundó mi paladar, la presencia de mi madre se me hizo  dolorosamente intensa, casi como ese vértigo que sentimos al asomarnos a la profundidad de un vacío que sabemos nunca se llenará de nuevo.  Y el llanto me subió a la garganta y se mezcló con el sabor de las violetas.

–Perdóneme – le dije a la amable señora – es que eran los favoritos de mi madre…

–Lléveselos usted, para que la recuerde – me contestó.

No pude.

Salí de nuevo a la calles de Madrid, y  me pareció percibir el aroma de L`Air du Temps, el perfume que usaba mi madre.   Sonreí – le sonreí — casi con alegría.  Siempre que viajo a Madrid, ella me acompaña.  Y además, de una forma u otra,  me lo deja saber.

Caramelos de violetas, típicos de Madrid

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
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8 respuestas a Mi madre y los caramelos

  1. ¡Precioso recuerdo! Siempre he pensado que el sentido que con más intensidad guarda los recuerdos es el olor, por lo que es obvio que el sabor viene detrás. Oler o saborear nos trae el recuerdo asociado de inmediato, sin pensarlo, sin ningún tipo de duda. Debiste aceptar los caramelos ofrecidos.

  2. Lourdes Geller dijo:

    Uvita, este relato me ha llegado a lo mas profundo del corazon pues tuve una experiencia muy similar hace un tiempo en una tienda de Paris y con el “Air Du Temps” precisamente que tambien Mami uso por muchisimos anos. Solo el hecho de oler el perfume, se me saltaron las lagrimas tambien pero como no se casi nada de frances, no pude explicarle bien a la dependienta la razon de mi triste reaccion…..
    Como disfruto tus escritos……. Siempre me llevas de una forma u otra a revivir tantos recuerdos!

  3. Estos relatos de familia hacen que tu familia se extienda a tus amigos. Linda historia!!!
    La primera vez que visité Madrid quería identificar en las edificaciones y su esplendor las similitudes con La Habana. Luego de estar lejos durante muchos años de la ciudad donde crecí: los guardavecinos, los balcones, los portones… me hacían recordar y a la vez era diferente. Al final creo que son dos ciudades distintas y que son las experiencias particulares lo que hace a una ciudad especial para cada persona. Para ti, y también ahora para todos tus amigos, los caramelos violetas ahora estarán asociados a ti y a tu mamá cada vez que visite Madrid .

  4. Teresa Fernandez Soneira dijo:

    A mi también me emocionó y me gustó mucho tu relato de los caramelos y tu mamá. Y me trajo a la mente el recuerdo de mis años de juventud en Madrid, cuando estudiaba bachillerato en la calle Narváez, y las salidas los sábados en la tarde con las compañeras del colegio a los cafés a comer patatas fritas y refresco Fanta. Ya ha llovido desde entonces….

  5. José Cabrera dijo:

    Me has hecho llorar. Me encanto la crónica madrileña. Sabes lo mucho que significa esa ciudad para mi. Ahora bien, el exquisito recuerdo de tu madre a través de la memoria de los sentidos me rompió la piñata de los recuerdos. Tu bendita madre también fue (es) parte de mi vida: la quise, la admire y la cito con frecuencia. Dictada por ella, conservo la receta de la mejor carne fría del mundo. Pero el dictado mas importante que me hizo fue uno de elegancia, garbo y salero. Su madrileñismo habanero es uno de mis paradigmas.

  6. jose sanchez dijo:

    un sabor, un aroma, un gesto o una frase, siempre puede despertar ese recuerdo del ser más amado por un ser humano: la madre…en esta lectura sutilmente, através del violeta sabor de una golosina, se nos presenta su presencia, con aires de un tiempo de primavera que nunca pasa… grata lectura

  7. veronicacervera dijo:

    Uva, acabo de descubrir tu blog y estoy encantada (aunque ahora mismo me cuelgan dos lagrimones en la cara por este post).
    Un abrazo,
    Veronica

  8. Luis Mario dijo:

    Magda me dijo: “no te pierdas hoy a Uva”, y no me la perdí. Y fue como reconocer la ternura filial en el sabor de un caramelo disfrutado en Madrid. Un caramelo color violeta con el que la madre de Uva, más allá de la muerte, una vez más, se hacía presente esta vez en el lejano Madrid. Gracias, Uva, por ese regalo tan dulce y tan hondo de quien, como nosotros dos, también perdió a su madre. Digo mal, no las hemos perdido. Ellas siguen con nosotros. En un perfume, una canción, una foto, un caramelo…

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