Hasta luego, primo Alberto

Diario Las Americas 
Publicado el 03-07-2012

Uva de Aragón y Alberto Sánchez Álvarez-Insúa, Salamanca, 1996

Uva de Aragón y Alberto Sánchez Álvarez-Insúa, Salamanca, 1996

La primera vez que visité Madrid en 1950 con mis padres y hermana Lucía, fuimos a casa de Alberto Insúa, hermano de mi abuela materna.  No creo que a mis seis años supiera entonces que era un escritor famoso. Pero siempre recordé que me regaló una moneda, y que jugamos con su nieto Alberto. Muchos años después, en los ochenta, cuando viajaba a la capital española, mi madre me pidió que visitara a su prima Sara. Pasamos una tarde encantadora con ella y su esposo Mariano Sánchez de Palacios, escritor y crítico de música.  Nos   mostraron con orgullo, elegantemente enmarcada y colocada en lugar destacado, la foto del único hijo, Alberto, aquel niño con que había jugado tres décadas antes, ya un hombre joven, muy guapo. Al despedirnos, Don Mariano me obsequió un abridor de plata, que he usado a menudo todos estos años. No entendí hasta mucho tiempo después el significado de aquel gesto. Era un hombre mayor que se iba desprendiendo de sus cosas para perdurar en el recuerdo de los demás.

No fue hasta los años noventa que volví a hacer contacto con mi primo Alberto Sánchez Álvarez-Insúa. En mis viajes a Madrid vi una vez más a su madre, ya viejecita; conocí a su esposa Marién, sus hijos Sara y Alberto, cené en su casa y descubrimos cuántas cosas teníamos en común. Alberto era un intelectual, humanista, crítico literario, coleccionista de las muchas   publicaciones en que colaboraron nuestros respectivos abuelos, Alberto Insúa  y Alfonso Hernández-Catá, que eran cuñados. Alberto y yo compartíamos un marcado interés en la historia familiar, incluyendo la trayectoria de nuestro   bisabuelo común, Waldo A. Insúa, también escritor. En 1996 cuando presenté en Madrid y Salamanca mi libro sobre Hernández-Catá, Alberto me acompañó en ambas ciudades, y descubrimos que él y mi hermana Lucía –que también viajó a España conmigo en esa ocasión– habían nacido el mismo día del mismo año, 22 de julio de 1942.

Waldo A. Insúa, y sus hijos Alberto y Mercedes Lila

Desde que nos reencontramos hace unos 20 años, no hubo ocasión en que fuera yo a Madrid,–y fueron muchas– en que no viera al primo Alberto.  Siempre meinvitaba a cenar. Me parece que siento su mano en mi brazo guiándome por las   calles de esa ciudad que tanto amo. No hubo conferencia o presentación de libro mío a lo que no asistiera.  Además, nos manteníamos en contacto por   correo electrónico. Siempre servicial, cuando localicé por la red una novela   escrita por mi tía Sara Hernández-Catá bajo el seudónimo Sara Martí, el primo Alberto me la compró en una tienda de libros viejos y me la envió.

Hubo una época en que respiraba con dificultad, más de la que pudiera justificarse por el exceso de kilos. Se operó, bajó de peso y se veía rejuvenecido. La última vez que lo vi fue en noviembre de 2009. Su hija Sara lo había hecho abuelo en 2007 y me mostró orgulloso la foto del pequeño  Javier.  Parecía feliz.

Nada me preparó para recibir un año más tarde un correo de su hija en que me decía que su padre había fallecido. Su muerte conmocionó el mundo cultural madrileño porque el primo Alberto era mucho más importante de lo que su modestia me había permitido ver. He aquí parte de la nota publicada en El País el pasado 7 de noviembre:

“La muerte en Madrid, el pasado 1 de noviembre, de Alberto Sánchez   Álvarez-Insúa, a los 69 años, a consecuencia de complicaciones pulmonares sobrevenidas en pleno proceso posoperatorio, deja un profundo hueco en la vida intelectual madrileña. En ella destelló durante décadas con luz propia.

Humanista y científico, literato y químico, consagró su vida al conocimiento,  la investigación científico-literaria y la divulgación de la cultura desde el  Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), donde dirigía desde  2005 la revista Arbor. Hombre de izquierda –llegó a ser concejal del Ayuntamiento de Madrid con Juan Barranco–, mostró siempre un sentido del  humor que le llevaba a ejercer el saber y a contemplar la cultura con mirada risueña y creadora, extraña a los rigores académicos, la misma mirada que más añoran desde su desaparición sus numerosos amigos, señaladamente del CSIC y del   Instituto de Estudios Madrileños, que Alberto Sánchez Álvarez-Insúa presidía desde hace apenas unos meses.

Había nacido en Madrid en julio de 1942 en el seno de una familia vinculada a las letras. Nieto del escritor Alberto Insúa, comprimió su apellido en  homenaje a su ilustre abuelo cuya estela, resplandeciente aunque poco conocida, debió de guiarle a la hora de orientar sus pasos hacia el estudio y   ulterior reflejo escrito de figuras literarias de extraordinaria valía, como  la de Emilio Carrere, al que Sánchez Álvarez-Insúa dedicó uno de sus mejores  estudios.

Sus conocimientos sobre los literatos finiseculares, del modernismo a las vanguardias, sin descartar a campeones de la pluma como Ramón del Valle-Inclán, recibieron acomodo en centenares de artículos y decenas de publicaciones.”

Este es sólo uno de los muchos artículos aparecidos en la prensa española sobre él, que me han revelado aspectos de su biografía que no conocía, y que me hacen admirarlo aún más.

El último correo electrónico suyo, aún en la memoria de mi ordenadora y de mi corazón, es de septiembre del pasado año, mes y medio antes de su muerte, en respuesta a mi anuncio de un posible viaje a Madrid con mis nietos en diciembre de ese año, que por fin no llegó a materializarse. Me escribió: “Te   estaré esperando impaciente. Muchos besos. Alberto.”

Alberto querido, te sé ya reunido con esos antepasados que tanto nos inspiraron en nuestras carreras literarias y que tanto nos unieron a lo largo de nuestras vidas. Es el único consuelo que hallo al pensar que en mi próximo  viaje a Madrid no estarás para recibirme. Te has ido primero, antes de   tiempo. Hiciste mucho en tus 69 años de vida, pero ¿no te quedaba una larga  lista de cosas por hacer? Con tu muerte, otros me han contado tus logros, de los que nunca presumías, hombre sencillo que fuiste. Se nos quedó tanto pendiente en nuestras conversaciones siempre inconclusas…

Tu abuelo Alberto me regaló un duro, tu padre un precioso abridor de plata, y  tú,  ¡tanto amor, tantos recuerdos que no caben en estas páginas! Contigo se me han muerto de nuevo mi abuela Mama Lila, mi tía Sara, mi madre y sus cuentos de infancia. No nos dijimos adiós. Tampoco puedo hacerlo ahora. Solo, hasta luego, primo Alberto, hasta luego.

 

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Acerca de uvadearagon

escritora cubana
Esta entrada fue publicada en Actividades académicas, Actividades culturales, Críticas literarias, Crónicas de viaje, Cubanos famosos, España, Libros cubanos, Literatura, Mi columna semanal, Mi familia, Mis libros, Viajes, Vida de la escritora. Guarda el enlace permanente.

3 respuestas a Hasta luego, primo Alberto

  1. Adriana Alvarez-Insua dijo:

    Gracias Uva por tan dulces y emocionados recuerdo.
    ¡Qué familia! ¡Cuánta sangre de escritores!.
    Lástima que no heredé ni una gotita.
    En la foto que publicas, el primo Alberto es muy parecido a mi hermano Alberto Enrique Alvarez-Insua. La de Don Waldo la tengo vista entre las fotos de mi abuela Mercedes, su nuera.

  2. jose sanchez dijo:

    Cómo el destino con un roce somero en aquel entonces cuando niños en Cuba, sembró una semilla regada por la sangre, germinando en una amistad de profundas raíces años más tarde…lazo de familia que la muerte no desata, mas fortalece…Que descanse en paz!

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